Por allá en la antigua China, vivía un viejo campesino que se dedicaba todo el día a trabajar la tierra para poder alimentar a su familia, que consistía en el y sus tres hijos ya que su esposa había fallecido hacia más de dos años.
Con gran entusiasmo el se levantaba temprano para cultivar su pequeña hectárea de tierra en donde tenía una gran variedad de verduras, que luego vendía en la ciudad a cambio de dinero o a veces comida e incluso algo de ropa
Con el tiempo sus hijos crecieron y el fue envejeciendo poco a poco, y fue cuando sus hijos se dedicaron a cuidarlo y a trabajar aquella tierra que era de ellos
Un día el campesino murió, era una tarde de lluvia y cuentan sus hijos que a partir de ese día la granja ya no fue como antes. Pero los tres hermanos siguieron adelante para honrar la memoria de su padre.
Trabajando duro obtuvieron buenas ganancias y vendieron la casa en la que se habían criado y con el poco dinero que les quedaba, a causa de malos negocios y una vida mal llevada en la ciudad volvieron al campo a la vieja casa en donde sus vidas habían comenzado.
Y fue allí cuando otra vez se sintieron niños de nuevo y lloraron la pérdida de su padre, pero este desde su lugar en las alturas le dio a sus hijos todo lo que necesitaban y fue así como la tierra que era mala dio las primeras semillas y las plantas volvieron a crecer, porque ellos sabian que a pesar de todo su a padre aun los quería.