jueves, 10 de septiembre de 2026

🟡APOLOGÍA A LA VIDA 🟡


 SEPTIEMBRE AMARILLO: MES SOBRE LA CONCIENTIZACIÓN DE LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO 


APRENDER A VIVIR NO ES UNA COSA FÁCIL, LO MÁS IMPORTANTE ESTÁ EN INTENTARLO


Por...MARK
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🟡A MODO DE APERTURA🟡 

INTRODUCCIÓN

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   Vive, celebra que ahora puedes respirar, celebra que tienes la capacidad de ver otra vez salir el sol y que puedes verlo caer allá en el horizonte, para darle paso a esa fantástica roca misteriosa llamada luna.

   Vive, que nada ni nadie se interponga en tu camino ni en tu sueños, solo tú eres el responsable de guiar tú vida hacia donde el destino te llame. No desesperes ni sucumbas, el dolor es parte del progreso y no hay progreso del que no se haya aprendido alguna lección valiosa.

   Ya tu sola presencia simboliza para este mundo un valor incalculable. No alcanzas a dimensionar lo necesario que eres para muchas personas. No alcanzas a comprender que el mundo está hecho para que vos también convivas con los demás, porque sin vos todo esto se cae. Cada uno de nosotros ocupa un lugar importantísimo y no estaría bueno abandonarlo, tan sólo por un capricho.

   Al final, quien gana en todo esto, es aquel que ha logrado conquistarse a sí mismo.




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DESARROLLO

1
   No hay necesidad de ocultar el dolor y no existen motivos para creer que así, suprimiendo las emociones más naturales, uno vaya a lograr ser más hombre. Al contrario, quien desperdicia su vida en intentar hacerse pasar por un valiente, mientras que «abajo de la alfombra» guarda toda su mugre, no termina siendo más que un cobarde ¿Qué rédito se puede obtener del hecho de no sacar del pecho lo que duele? Pues ninguno, sólo demuestra que hay detrás una necesidad de aparentar llegar a ser algo que no se puede ser. No hay que ir por ahí fingiendo bienestar cuando de forma privada, vivimos en el más cruento de los infiernos.


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2
   Nadie tiene porque estar viviendo una pesadilla. Nadie en este planeta debe sufrir, ni aunque sea un poco. Todos debemos ser capaces de poder sacar ese dolor, todos debemos ser capaces de poder vivir, aún cuando todo parezca que no tiene un sentido claro. La vida es bella tanto en sus estados de felicidad, como en sus momentos de dolor. Hay que aprender a balancearse entre una cosa y la otra. Es verdad también que la prolongación del sufrimiento es capaz de hacernos perder cualquier interés por vivir, pero también es curioso el hecho de que en la tristeza es cuando más vivos nos sentimos. Las grandes enseñanzas son aquellas que nacen desde el dolor, desde la idea de un sufrimiento que parece eterno, pero como dijo Eric Draven «No puede llover todo el tiempo». El dolor entonces no puede ser sostenido, porque necesita ser vaciado, necesita ser vomitado, para limpiar al ser de tanta negatividad. Considero al dolor como un gran maestro pero no como el inicio del fin de la vida, más bien el dolor nos hace sentir vivos que es diferente. La felicidad muchas veces es superflua, banal, casi sin sentido, pero el dolor es real, sólo hasta que nos golpeamos el dedo, lo valoramos, mientras tanto aceptamos al dedo como algo normal ¿Qué quiero decir con esto? Que en la mayoría de los casos, el dolor se vuelve una herramienta para poder valorar lo que se tiene, y es una puerta que, una vez que la atravesamos, se nos presenta ante nosotros la idea de una realidad en la que el momento es ahora, y no existe otra forma de experimentar la vida que no sea ésta. Pero, nada debe ser tomado como algo que se sostenga en el tiempo, debemos experimentar el dolor y la felicidad en su justa medida.


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3
   Que la aflicción no te gane cuando todo a tú alrededor parezca derrumbarse. Si la soledad golpea tu puerta, déjala entrar, no le ofrezcas resistencia, con ella aprenderás a valorar los momentos en los que desees estar tan sólo con vos mismo. En esa comunión con tu propia mente, cuerpo y espíritu, llegarás a conocerte, saber quién eres, y qué es lo que te está impidiendo alcanzar aquello que ahora parece imposible.

   Las tristezas son obstáculos que debemos sortear para alcanzar nuestra verdadera esencia. Nunca debes olvidar, que dentro de este enmarañado ecosistema, eres una parte importante. Nada puede funcionar sin tu presencia, todo está exactamente pensado para que cada ser humano pueda escribir su historia al ritmo que se le ha asignado. De ahí que no te apures en adelantar aquello que en tiempo y forma te será dado. Es normal caer en la ansiedad y la desesperación, pero parte de tu sentido en este terruño, es el de sobreponerte a aquello que parece imposible.


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4
   Las salida de los problemas nunca son del todo claras, muchas veces hay que insistir e insistir hasta que alguna puerta se abre y ahí descubrimos algo que al principio estaba velado para nuestros ojos inexpertos. La vida ofrece múltiples respuestas ante nuestras malas experiencias, lo importante es estar atento ante esos momentos en los que todo parece que nada va a recuperar su color. Lo maravilloso que tiene la vida (viéndola como a esa maestra trascendental), es el hecho de que al final nos demuestra que nada está perdido.


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5
   Que nadie ni nada robe esa necesidad tuya de querer vivir. Aún en el dolor busca la paz en lo que te motiva. Practica la serenidad, ama a todos, porque el dolor es una buena forma de empezar a aprender que muchas veces el amor es la clave de todas las cosas.

   El amor es una fuente inagotable, está presente en cualquier instancia de la vida, está aún en la más cruenta de las experiencias.

   Pero tu problema no se resume solamente al dolor, sino que es más que eso, porque al final nadie nos ha dicho que la vida es lo suficientemente dura, masoquista y desagradable, eso lo vamos aprendiendo a medida que vamos experimentando las desilusiones.

   De igual modo sólo hay una forma de poder vivir, de poder hacer todo lo que soñamos: se trata de hacer lo correcto, de seguir nuestras pasiones, de amar a todos y a todo. Ser amor en esencia, aún cuando estemos consumidos por la oscuridad, puede ser un gran remedio para combatir esas mentiras que nos han enseñado desde que nacemos.

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6
   El arte de vivir se aprende mediante la improvisación, ante un grupo de total desconocidos que también están actuando en este gran teatro que es el mundo. Nada termina siendo lo suficientemente real, al final las cosas se desarrollan como en una ficción, cada quien trata de interpretar su papel como mejor le salga. Como resultado a todo esto, no gana el mejor actor/actriz, sino aquel que ha logrado aprender y dejar algo valioso en su paso por esta roca flotante. La vida no se mide en logros superfluos, sino más bien en acciones bienhechoras, que sirven de inspiración para las almas que vienen y vendrán.




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🟡A MODO DE CLAUSURA🟡

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Ojalá y Si Pudiera


Ojalá estuvieras aquí. Ojalá ese maldito momento nunca se haya producido. Ojalá esos pensamientos tan inoportunos jamás se hayan cruzado por tu mente. Si pudiera daría todo de mí para traerte de vuelta. Si pudiera haría retroceder el tiempo para darte ese abrazo que quizás, en algún momento, te hizo falta.


Estoy rodeado de tantos «ojalá» y «si pudiera», que se me ha ido el tiempo en ello, imaginando escenarios en los que todavía estás acá o en los que intento salvarte la vida— a pesar de que no puedo ni con la mía. Pero sabés que yo hubiera estado ahí, aunque vos no lo hubieras querido. Vos sabes que yo te hubiera golpeado la puerta y te hubiera dado un abrazo (de esos que se dan con el alma) a pesar de que soy un tipo frío y la mayoría del tiempo no quiero hablar con nadie.


¡Ma que frío, ni frío! Ahora soy un mar de lágrimas, que llora desesperadamente por aquello que no tiene solución ¿Qué esperanza le queda a alguien que ya está roto? ¿Ahora quién buscará tu sonrisa? ¿Quién escuchará esos viejos discos que tan felices nos han hecho?


Sé que la muerte no es el final. Sé que sos parte de la infinitud. Me conformo con saber que al menos ya has transmutado a lo que siempre quisiste ser. Deseo que en ésta rueda de reencarnaciones, pueda algún día volverte a ver.


Maldito momento. Ahora voy a estar sometido a una fecha de la cual jamás podré desprenderme— ahora me enojo con los que han inventado el calendario— ¿Para qué se hicieron los días? ¿Para señalar los sufrimientos? ¿Para enmarcar los logros fallidos? ¿Para recalcarme que ya es tiempo de olvidarte?


«Que se le va hacer, son cosas de la vida» trato de decirme. Se supone que lo normal es morir a una edad más o menos acorde a lo que dicta el destino (o sea de viejo) pero el suicidio es tan extraño, porque uno se mata dos veces, es decir que antes de tomar la decisión de matarse, uno ya está muerto en vida. Realmente entonces se puede morir dos veces, pero no vivir dos.


Espero que lo que alguna vez quisiste, al menos en el otro mundo se te haya cumplido. Al menos ahora ya no sufrís... ¡Qué frase cliché! ¿Cómo sé qué no hay sufrimiento allá? ¿Cómo sé qué no van a castigar tu accionar? Espero realmente que nadie tome represalias. Quiero creer en el paraíso como algo bello, no como un campo de concentración para almas inmortales.


El funeral fue tranquilo. No pude evitar llorar. Once años de amistad compartida, y ahora todo ha sido borrado por un balazo bien dado en el pecho ¿Por qué no me dijiste las cosas que te estaban afectando? ¿Por qué me ocultaste todo eso que te estaba robando la alegría? Quizás no te hubiera solucionado la vida, pero hubiera estado ahí, ayudándote a buscar una respuesta. Nadie tiene que afrontar las cosas solos.


Tanto secreto para qué ¿Para irte así como si nada? Tanto misterio para qué ¿Para dejarme vacío? De todas formas te perdono, no puedo enojarme con vos, hay que tener realmente los huevos bien puestos para matarse. Pero eso no justifica nada, eso no significa que algo en mí te odie, aunque sea un poco, por el pensamiento egoísta. Pero tranquilo, es tu sufrimiento y yo no podría entenderlo (como vos no entenderías el mío).


Me acuerdo de tu odio por las matemáticas, y mirá cómo son las vueltas de la vida, que ahora sos un número más dentro de una estadística, y es una estadística que preocupa.


Últimamente la vida se ha vuelto lenta, vacía, casi como una especie de pausa generalizada. Todos los días hay alguien a quien llorar. Todos los días alguien hace lo mismo que vos hiciste. La desesperación se lo está comiendo todo y el cansancio se acumula ¿Qué va a ser de nosotros? Si vamos a este ritmo ¿Alcanzarán los cementerios para albergar tantas vidas robadas?


No quiero ni pensar más en eso. Le esquivo a cualquier intento que hace mi mente para traerte de vuelta. No es que no quiera recordarte, es más bien que me pesa tú imagen. Ayer eras parte vital de mi existencia y ahora eres esencia esparcida por el cosmos.


No voy a negar que te extraño, no voy a negar que hay días en los que me levanto con una impotencia que me desgarra.

Cuando tengo la posibilidad de soñarte te veo ahí, siempre con esa sonrisa, mirándome, te noto tranquilo y eso me tranquiliza, pero apenas abro los ojos, no puedo evitar llorarte.


Que difícil es entender porque algunos hacen lo que hacen, sobre todo para los que estamos de este lado. Al menos nos une esa conexión tan profunda como lo es el amor, al menos sé que todo puede cambiar, al menos sé que estando allá, en medio de las nubes, aún piensas en mí como yo lo hago.




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miércoles, 9 de septiembre de 2026

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN: Una guía para la supervivencia (Apéndice + PDF descargable)

 



-. APÉNDICE .-

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GUÍA PARA LA SUPERVIVENCIA


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Dieciocho consejos que me hubiera gustado escuchar cuando estaba en mis peores momentos


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1- Antes que nada, identifica lo que te está pasando. Intenta desentrañar de dónde viene ese dolor, de dónde nace ese malestar que te aqueja ¿Es algo que pasó durante el día? ¿Es algo que llevas desde hace mucho tiempo? ¿Lo has experimentado antes? Discernir esas cosas es muy importante para entender las causas de los sucesos que acontecen continuamente.


2- No saques conclusiones apresuradas, eso muchas veces no es bueno. Trata de mantener la calma, respira y analiza. Hablar con un amigo o un familiar es necesario, pero habla sin miedos, con absoluta confianza. Si sientes que no te entienden o tratan de juzgarte, intenta no hacerles caso. Prueba hablar con otras personas sin perder el foco de tus preocupaciones, no intentes discutir con quienes no pueden ponerse en tus zapatos, así evitarás malgastar tu energía en conversaciones que no llevan a ningún punto deseable.


3- Si el problema persiste y tiende a sobrepasarte, no lo dudes más, busca la ayuda de un profesional. No sientas vergüenza a la hora de hablar de tus problemas con un desconocido, verás que al principio se siente un poco incómodo, pero con el paso de las sesiones te irás acostumbrando y de a poco empezarás a soltarte. Con las citas al psicólogo, observarás las mejoras, siempre y cuando estés dispuesto a salir adelante (de lo contrario no te servirá de nada y habrás perdido tu dinero o tu tiempo).


4- Si tienes que tomar medicación, no te sientas mal por ello. Hoy, es más normal que nunca el hecho de tomar algún medicamento para la depresión o para la ansiedad. Nadie puede prohibirte eso, es igual que alguien que toma pastillas para el corazón ¿Qué sentido tendría juzgarlo, si al final se trata de un elemento que nos ayuda a estar bien? Eso sí, sé responsable con ella, tómala de la manera correcta, es decir en la forma en la que te la recetó el psiquiatra, y verás los cambios positivos que se producen en vos.


5- Si eres constante con la terapia y la medicación, podrás funcionar perfectamente. En este punto, es importante que ante cualquier cosa que te saque de tu bienestar, sea comunicado a tu psicólogo, con el fin de que éste pueda brindarte una ayuda sobre cómo afrontar ese nuevo problema y evitar así algún inconveniente mayor.



6- Busca actividades que acrecientan tu bienestar. Acércate al arte, a la música, la lectura o al deporte, cosas sanas que van a nutrirte a nivel anímico/espiritual aún más y aportarán un valor agregado, que te motivará a seguir creciendo. Los hábitos saludables son muy beneficiosos para el fortalecimiento de la mente y te mantienen alejado de las malas ideas. Si crees que es necesario, por ejemplo, acercarte a una iglesia (de la religión que más creas conveniente) no dudes en hacerlo, todo lo que sea bueno para tí, indudablemente es bueno para tu proceso de sanación.


7- Elimina de tu vida a las personas que no te suman. Quienes no te entienden, te critican, te juzgan o hacen de tus padecimientos un absurdo, no dudes en alejarte de ellos. A veces, esas distancias son necesarias, pues si sigues rodeándote de ese tipo de personas altamente negativas, nunca podrás mantenerte a flote como se debe. Lo sé, al principio cuesta, pero una vez que lo logras, te habrás quitado un gran peso, y sentirás tu mente mucho más liviana y libre de cualquier atadura negativa.


8- Tan solo se vos mismo. La autenticidad ayuda a mantener el equilibrio y te hace permanecer centrado en tus convicciones, más allá de si otros las entienden o no. Asumir la responsabilidad de ser uno mismo es difícil, es la parte más dura de la existencia en comunidad, pero si logras ese equilibrio, ya habrás ganado muchas cosas, una de ellas: serás original y nadie podrá quitarte ese título.


9- No le tengas miedo a las recaídas. Todos, en cualquier momento podemos recaer, es una parte normal de cualquier patología, con la diferencia de que en lo personal, noto que el peso de los comentarios son más fuertes para aquel que recayó de nuevo en una crisis depresiva o ansiosa, atribuyéndoselo a su falta de voluntad, su poca necesidad de cambiar, etc. No tienes por que hacerle caso a nadie, si has recaído coméntaselo a las personas de confianza que valen la pena, y a los demás no les digas nada (o hazlo en otro momento). Algunos sostienen que la recaída significa volver a empezar, en muchos casos es así, lo cual no está para nada mal (a veces es necesario ese reseteo) y en otros casos requiere tan sólo un ajuste de medicación o un poco más de trabajo con el terapeuta. Nada es imposible de solucionar mientras te dejes ayudar, y hagas oídos sordos a las palabras de quienes no comprenden por su propia e innata tozudez.


10- A veces no poder lidiar con todo es una buena señal. Estamos condicionados a rendir al cien por ciento en casi todo. Ya sea en el trabajo, en la facultad, en la casa o en la calle, tenemos que estar continuamente haciendo entre una y más tareas, porque el tiempo se agota, el día es corto y necesitamos acaparar todo cuanto sea posible. Pero como bien dice ese antiquísimo dicho popular: «el que mucho abarca, poco aprieta». Rendirse o decir «no puedo» también es parte del proceso. Aceptar que tenemos limitaciones, no nos hace unos fracasados, sino que nos vuelve más humanos, más conscientes de nosotros mismos, sabiendo hasta dónde podemos llegar y hasta dónde tenemos que decir basta. No te culpes por tener que dejar cosas en el camino, a veces para poder avanzar en la vida, ir liviano de equipaje es el objetivo principal para tener estabilidad.


11- Los factores externos son muy importantes. Muchas veces no es tu culpa, a veces la depresión o la ansiedad, se presentan de forma externa, aquí claramente el fenómeno ambiental, cultural, social, político y económico afecta negativa o positivamente a las personas. Como pudieron observar (y leer) este ensayo giró en torno a varias problemáticas derivadas de una mala gestión de la política pública y al aumento del desempleo, lo que acarrea consumo de sustancias y tendencias suicidas, por parte de una sociedad que se siente totalmente desprotegida. El entorno entonces, predispone al sujeto hacia ese tipo de padecimientos, inclusive tendiendo trabajo, porque hay quienes su mayor crisis ansiosa se da a fin de mes, cuando se encuentran con cero pesos en la cuenta bancaria. Por ejemplo, para quien no crea en este asunto del entorno como desencadenante de los síntomas depresivos/ansiosos, tomemos como ejemplo el caso de México y el problema con el narcotráfico. Se estima que debido a la violencia sistemática que se vive en diferentes localidades del país, por parte del crimen organizado, la tasa de depresión y ansiedad se ha disparado de un veinte por ciento inicial a un setenta por ciento en el año 2026. Eso entonces confirma que muchas veces, el lugar en el que nacemos, nos predispone a sufrir alguna patología mental.

Después, si quieren, en otro ensayo futuro (que no tengo planeado ahora) podremos entrar en cuestiones como si la depresión se da de manera endógena (biológica) o es una cuestión hereditaria.


12- A diferencia de lo que piensas, eres más fuerte de lo que crees. No tienes que cometer el error de confundir fuerza con heroicidad, son cosas diametralmente opuestas. Para ser fuerte no necesitas demostrar ninguna tendencia heroica o algún accionar propio de un semidiós mitológico. Con todo lo que estás soportando, te aseguro que eres más fuerte que cien dioses griegos. No temas, lo estás haciendo bien, reconoce que vas por buen camino, aunque a veces ese mismo sendero se vuelva oscuro o pesado. Sabrás siempre como mantener el ritmo a pesar de las turbulencias de la vida, y cuando sientas que pierdes el equilibrio, detente, no importa a donde estés, mira tu entorno, respira, tómate un momento para vos y luego cuando estés listo continúa. Los pasos para atrás o los retrocesos, no son una mala señal, es también un indicador de que estás tal vez soportando de más. Por eso es que eres fuerte, por eso es que no te rindes. Aún sabiendo que ya no exista nada que venga a salvarte, de igual manera tú continúa esa procesión directa hacia tu verdad.


13- La depresión y la ansiedad te brindan una valiosa lección: valorar los momentos en los que estás bien. Aférrate a esos instantes en los que derrochas alegría y disfrutas estar bien. Esos son momentos para compartir, para hacer planes como juntarte con tus amigos, hacer las actividades que te apasionan, etcétera. Aprovechalos porque cuando la oscuridad vuelva de nuevo, tendrás consuelo al saber que cuando estabas bien te sentías vivo.


14- No le pidas a cada cosa que sucede en tu vida una explicación. De vez en cuando los acontecimientos pasan y ya, no todo tiene una explicación justa y exacta. Si te pasas el día enredando tú mente en esas averiguaciones sin sentido caerás nuevamente en la depresión o en la ansiedad, al no poder descubrir ese misterio. Lo mismo con el comportamiento de las personas, no te pongas a entender el porqué del actuar de tal o cuál, cada quien es libre de hacer lo que sea. Mejor ocupa tu energía y tu tiempo en explicar tus propias acciones. Así te entenderás mucho mejor.


15- No busques excusas. Si alguien te invita a ir a tal lado, a juntarte con alguien, y vos no querés, no pongas excusas, di la verdad. Si no tienes ganas de salir diles: «no tengo ganas». Si no quieres ir directamente diles que no quieres ir y ya. No tienes porque sentirte obligado a hacer algo que no te agrada o simplemente no te interesa. Verás con esto que aprender a decir que NO, te aportará mucha paz mental. Claro está que habrá quienes efectivamente no entenderán esa negación y entrarán en conflicto con vos, ante esos problemas es mejor ignorarlos. Recuerda siempre que ante todo, eres libre de decidir.


16- Eres tu aliado y tu enemigo a la vez. A veces obramos con aciertos y otras veces con errores. Debes felicitarte cada vez que hagas algo bien y tomar medidas cuando cometas algún error. Cada vez que te equivoques no te fustigues más. Mejor observa, anota y aprende.


17- No le tengas miedo a la muerte. Contempla a la muerte como lo que es, un ángel que solo está para cumplir con su trabajo. No apresures su llegada, mejor es vivir, aunque cueste, pero vivir.


18- Concientiza. Que tu experiencia sirva para inspirar a otros. No es de sabios guardarse los conocimientos.



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FIN.


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Descargue el ensayo en formato PDF aquí:
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martes, 8 de septiembre de 2026

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN: Una guía para la supervivencia (Parte 2 + Conclusión)

 





-. PARTE 2 .-

LO EXTERNO TAMBIÉN FORMA
PARTE DEL PROBLEMA


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[Y mientras tanto, tomamos una pastilla porque esa es la única forma de poder salir a la calle sin miedo a que la vida nos lleve puestos…]


……


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Silencio



   Un joven en medio de este caos decide terminar con su vida, y nadie dice nada. Alguien se queda sin trabajo y sucumbe a la desesperación y nadie dice nada, todos permanecen en silencio, intentando lidiar con sus vidas, para así lograr concentrarse mínimamente en sus propios intereses, siendo estos los únicos que les dan un refugio y los hace sentir seguros.

   Si miramos las estadísticas 一 que no son nada alentadoras一 los datos arrojan que el suicidio, tan sólo en el año 2025 (apenas hace unos ocho meses atrás) escaló a un veintitres por ciento, siedo en total cinco mil doscientas personas las que habrían decidido terminar con sus vidas, una cifra verdaderamente alarmante.

   Para lo que va de este 2026, la tasa aumentó un treinta y ocho por ciento de personas afectadas por el suicuidio y el problema es que sigue aumentando, debido a la gran crisis de salud mental, que se debe a la ruptura de un sistema económico, político y social en decadencia. Los grupos más afectados son los adolescentes, mujeres y adultos mayores. Sin embargo, las tendencias muestran que la mayor predisposición al suicido se da en hombres, con un promedio ¡del ochenta por ciento a nivel nacional! La tasa actual alcanza al once por ciento de los hombres entre cien mil habitantes. Por otro lado, las mujeres ocupan el segundo lugar y no han hecho más que aumentar en los últimos treinta años. En cuanto a los adolescentes, entre varones y mujeres, se dio un alza del doce por ciento cada cien mil habitantes. El promedio de edad de los chicos y chicas que toman esa drástica decisión rondaba hace un par de años atrás, entre los quince y los diecinueve años, pero ahora se ha visto que la tendencia está entre los diez y los diecinueve años. (Toda esta información se puede encontrar más detallada en el informe sobre «Suicidó en la Adolescencia: Situación en la Argentina»).

   Dentro de los adultos mayores se puede establecer, según nos dicen los datos, que hay cincuenta y cinco por ciento de adultos mayores de setenta y cinco años que deciden tomar la decisión de desaparecer de la peor manera, esto según lo que dijo la OMS (Organización Mundial de la Salud). Al parecer en las personas gerontes, existe una tendencia al suicidio ligada a la depresión severa, la soledad (sin vínculos sociales), la pérdida quizás de una pareja de toda la vida (viudez), la falta de una jubilación digna y un abandono por parte de familiares totalmente irresponsables.

   ¿Qué se hace entonces con toda esta información? Aparentemente nada. Las autoridades que tienen el poder de cambiarlo todo parecen guardar un oscuro silencio (casi cómplice me atrevería a decir). Según los datos obtenidos de varias fuentes y estudios, se puede aseverar que cada veinticuatro horas ocurre un intento de autolisis, que muchas veces supera ese intento y se cobra la vida de algún abuelo, una joven mujer de bien o un hombre honrado.

   La vida efectivamente se ha vuelto complicada, ya nada parece agradable, las calles son escenarios de pequeños actos de microviolencia, la economía asfixia,el trabajo agota más que nunca, el tejido social está completamente fracturado, todos estamos más violentos, hay guerras y crisis políticas a donde sea que uno dirija la mirada. Y mientras tanto, tomamos una pastilla porque esa es la única forma de poder salir a la calle sin miedo a que la vida nos lleve puestos, porque es eso o permanecer en el más completo ostracismo, alejado de todo y de todos. Y no es sólo el hecho de que tomemos un antidepresivo y ya está, sino a que además tenemos que lidiar con gente que cuestiona nuestra medicación, atribuyendo su carácter innecesario, como si tomar un psicofármaco fuera algo inútil, cuando se ha comprobado con estudios que el medicamento es una solución mucho más favorable que solo la terapia.

   Ahora, hablando de medicamentos ¿Qué dicen los datos sobre esto? Según los datos del COLFARMA (Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires), los antidepresivos, ansiolíticos y derivados, han aumentado un treinta y un por ciento en hombres adultos y un catorce por ciento en mujeres adultas. Siendo más específicos se registra un siete por ciento en el aumento de ventas relacionadas con sedantes e hipnóticos, mientras que los antidepresivos han aumentado un dos por ciento de sus ventas. Estas tendencias, no se quedan acá, sino que van en un aumento constante debido a las situaciones de crisis económica, social y laboral, puesto que la gente está buscando una manera de poder calmar su mente y dejar de preocuparse aunque sea por un rato. Y lo entiendo, es muy complicado acallar todos esos pensamientos que nos atormentan y no nos dejan pegar un ojo. Hablando ahora de dormir, los medicamentos para el sueño y evitar el desvelo o el insomnio, han tenido un alza del siete por ciento, y generalmente la gente los compra porque están en una situación de estrés o ansiedad desbordante.

   Continuando con los medicamentos, es interesante hablar de sus elevados costos y el sacrificio que hacen muchos para poder llegar a comprarlos, con tal de calmarse un poco. Se cree que estamos hablando entre cinco mil y treinta mil pesos (como lo más accesible), hasta llegar a los cien mil pesos en algunos casos. Esto beneficia ampliamente al sector farmacéutico que lucra descaradamente con los padecimientos de los ciudadanos de un pueblo en decadencia.

   Ahora vayamos a otro punto ¿Qué hay de las sesiones psicológicas y psiquiátricas en estos tiempos? ¿Se tiene algún registro? Para sorpresa de nadie Argentina es el país con mayor cantidad de psicólogos per cápita, y aun así no basta para atender a toda una población. Guiándonos por las estadísticas se afirma que hoy, un veintinueve por ciento de la población total de Argentina, se encuentra bajo tratamiento psicologico/psiquiatrico, mientras que del otro lado, existe un cincuenta por ciento que no lo está, pero no porque no lo necesiten o estén «bien», sino que no pueden acceder a ella a causa de no poder pagarla. Siendo más detallistas, podemos argüir que tres de cada diez personas están actualmente trabajando sus problemas en terapia. De esa brecha de tres de cada diez, se dice que el cuarenta por ciento, ha encontrado 一o encuentra一 actualmente, muchas veces un impedimento económico que le impide ir a las sesiones de forma continua.

   Analizando todo esto vemos que la cosa es realmente grave y no se trata de un juego. La impotencia es contra el gobierno que no parece reaccionar y las políticas de cada provincia o municipio, que no quieren ofrecer ninguna solución adecuada que pueda subsanar este malestar, o al menos intentar generar un cambio medianamente positivo.

   La falta de personal capacitado para situaciones de emergencia o crisis y la marginalidad de muchas personas que deciden apartarse de la vida, porque saben que allá afuera no van a poder sobrevivir, es realmente triste y duele ver día a día el drama de quienes dan todo por un país que no les otorga nada ¿Es eso cierto? Si no me creen miren por ejemplo la cantidad de suicidios que se han dado en el ejército argentino, la ruina en la que se encuentran las mutuales, lo desamparados que están los hospitales, la falta de empatía con los médicos, enfermeros y docentes, ni hablar de las salitas asistenciales de barrio y de las clínicas privadas.

   Esto nos afecta a todos, independientemente de la escala social en la que uno esté posicionado o si está en el sector público o privado.

   Yo creo que llegó el momento de romper ese silencio, de mostrarnos más, hay que dejar de estar al lado del camino, tenemos que salir a hablar sobre lo que nos pasa en el diario vivir, no hay que esperar hasta que el estado haga algo (porque siempre pide algo a cambio), lo importante al final es el acompañamiento, el entendimiento real y el apoyo mutuo.


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El colapso de la productividad


   Quiero ser directo con esto, por lo que voy a ir inmediatamente al grano, dejando las introducciones largas o medianas para los capítulos siguientes y pasaré a los datos más importantes que atañen a esta parte del escrito. Bien, yendo ya al asunto, se estima que en la Argentina se han perdido trescientos treinta mil puestos de trabajo, por ende a su vez muchas personas han perdido su poder adquisitivo. En un análisis micro se ve que el terreno de la construcción y la industria ha sufrido una caída de sesenta y un por ciento de puestos de trabajo formales, mientras que el comercio y los servicios representan cifras similares.

   Esto evidencia un grave problema a nivel estructural en lo que respecta a lo económico. Tomando como ejemplo el comercio, ha habido una caída no solo en falta de empleo sino en el propio consumo de las personas, demostrando que en algunos sectores del país, mucha gente se priva de alguna comida porque no llegan con el dinero. Esta parálisis de la economía, afecta indudablemente a la cuestión mental, sumándole también el aumento de la desnutrición infantil y de la marginalización, que lleva a muchos a tener que buscar en la basura algo con lo que poder llenar sus barrigas.

   A toda esta situación la bauticé como el «colapso de la productividad». Se nos ha enseñado desde que somos niños, que nada más que el esfuerzo duro y el trabajo continúo nos puede llevar a un éxito rotundo (meritocracia), cuando en realidad no es así. Esa mentira nos la hemos tragado sin protestar, pero nunca nadie nos explicó que ese éxito es aleatorio y no depende únicamente del «trabajo duro» y el «esfuerzo sobrehumano», sino que existen otras variables de esta realidad, entre ellas la más importante: el aspecto económico del país. Un país en crisis económica y política (podría decir social y cultural también) muchas veces no ofrece una posibilidad material para transformar la vida mediante la necesidad de «trabajar duro».

   A los ojos de todos, podemos atestiguar que la meritocracia no funciona de la forma tan bella en la que se nos presenta, porque sin oportunidades de acceder a trabajos formales, bien remunerados (con todo lo que eso conlleva) es imposible. Y luego nos dirán «las oportunidades hay que crearlas uno» ¿Y cómo hago para crearme una «oportunidad» cuando económicamente todo está en la quiebra? ¿Cómo se le explica a alguien que estudió tres, cuatro o cinco años una carrera universitaria y no encuentra trabajo, que se cree una «oportunidad»?

   Pero atención, no me respondas todavía, miremos estos datos. Según el promedio general del país, nos encontramos con un diecinueve por ciento de jóvenes que comprenden entre los dieciocho y veinticuatro años que no pueden acceder a un trabajo formal, con el fin de pagar una carrera por ejemplo. Ahora, según el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) esta cifra ha tenido un incremento de un siete por ciento en lo que va del año. En cuanto al famosa «brecha de género» (y para aquellos que la niegan) el mismo INDEC certifica que el cuarenta por ciento de las mujeres no pueden acceder a un trabajo y se encuentran, hoy por hoy, en un sector bastante vulnerable, mientras que hay un veintitrés por ciento de hombres que no puente conseguir trabajo.

   Hablando de sectores vulnerables, existe un treinta por ciento de jóvenes que viven en la pobreza o en una situación de indigencia, y están prácticamente aislados de cualquier sistema laboral o deben ejercer trabajos informales (en negro) a cambio de unas pocas monedas y sufrir una explotasión desmedida.

   Tocando el tema del trabajo informal, debido al echo de que no está registrado, eso dificulta la capacidad de medirlo, se presupone que hay un setenta y cinco por ciento de jóvenes en situación de trabajos en negro, mientra que hay entre un quince y un dieciocho porciento de jóvenes que trabajan de forma registrada (en blanco). Nótese pues la diferencia ¿Eso es lo que brinda la meritocracia? Déjeme decirle que para mí, eso es un subproducto de la injusticia.

   Este es el resultado del colapso de la productividad, ya nada es tan fácil como parece, y lo peor de todo es que esa franja del cuarenta por ciento en mujeres y del veintitrés por ciento de hombres, que están desempleados, no es porque quieren, sino porque se ven imposibilitados. A partir de esa problemática se despierta el auge de la ansiedad y de la depresión, porque el sistema productivista condena a aquel que no está haciendo nada y lo maneja con un solo medio, tan efectivo como letal: la culpa.

   No hay nada más horrible que sentirse un inútil a los ojos de los demás, pero los demás no hacen nada por hacer más llevadera la vida de los que sufren, solo complican aún más la existencia de los desdichados, mediante sus juicios y malos pensamientos.

   Efectivamente, esta crisis de la productividad solo vino a realzar de forma esperpéntica la naturaleza maliciosa del ser humano.


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El consumo para no pensar



   Cuando un número de jóvenes se encuentra entre la crisis económica, el desempleo y la falta de esperanza, se produce entonces el caldo de cultivo perfecto para que nazca el consumo y el abuso de sustancias, como un medio que proporciona una forma de distracción de la realidad, para tratar (en vano) de esquivar un poco el malestar.

   Un sector mayoritario de la población joven, y no tan joven, a veces recurre a la droga, al alcohol, al cigarrillo o hasta el consumo desmedido de pastillas con el fin de soportar la existencia.

   Se analiza que el cincuenta por ciento de jóvenes que están transitando una etapa de desempleo son propensos a caer en el consumo, en especial de cannabis y otros psicoactivos. La vida nocturna, y la falta de una responsabilidad clara incrementan las acciones. Las salida de los fines de semana que acaban en borracheras o en trifulcas violentas, son cosecuencia de ese descontento reprimido, que muchas vece no se puede expresar en palabras.

   La familia también influye, puesto que quienes vienen de un hogar que está en la lucha diaria por poder conseguir dinero, y la carga emocional de los hijos (o el hijo) por sentirse culpable al no poder ayudar a los que le dieron la vida, generan una serie de conductas que pueden impulsarlo también hacia los caminos menos buenos, como la delincuencia, algo que a nivel juvenil va en aumento.

   La falta de una seria expectativa laboral desgasta a cualquiera, y más a alguien que tiene que ver como sus sueños y sus deseos de progreso se caen a pedazos. Eso evidentemente genera un daño, en la mayoría de los casos irreversible, porque ata al sujeto a la idea de una especie de inutilidad perpetua, donde tiene que verse obligado a dejar de lado todo lo que alguna vez soñó, para agarrar cualquier trabajo que le permita hacer algún dinero, con el cual seguir alimentando la rueda del vicio.

   Muchos de los jóvenes que se encuentran en trabajos precarios, ven al abuso de sustancias como una vía de escape segura, para evadirse de una realidad que lamentablemente siempre va a estar allí. También puedo verlo como una forma de protesta ante un sistema que no defiende los derechos de los más jóvenes, aunque ese tipo de manifestación no hace más que destruirlos en un corto o largo plazo.

   Es muy triste ver como hay personas que se autodestruyen solamente por no encontrar un lugar, que en definitiva les ha sido negado, pero que en vez de resignarse, solo quieren morirse. Es lo que podría catalogarse como: un suicidio lento.

   Mi visión personal no puede entender al consumo de sustancias como una forma de afrontar la realidad (aunque no lo es). Yo, a pesar de haber estado y seguir estando en la lona, sin terminar de levantarme, nunca pensé recurrir a las drogas, el alcohol o al cigarrillo. No se si se deba al hecho de que tengo demasiado metida en la cabeza la ideología Straight Edge, o que sinceramente no lo necesito.

   De cierta manera entiendo a quienes buscan alternativas para escapar de la agobiante sensación de estar vivo. No los justifico, pero si puedo dejar un mensaje importante en este capítulo, es que las drogas nunca serán la respuesta y no sirven en ningún aspecto de la vida.

 (Evidentemente estoy dejando de lado los psicofármacos o los medicamentos tradicionales, que si realmente son necesarios y muy beneficiosos para nosotros).


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Políticas ineficientes



   Son alrededor de un millón las personas alcanzadas por el desempleo y los desajustes económicos (en todo el país), a su vez por lógica, podríamos decir que tal vez cerca de medio millón de personas están ahora padeciendo un trastorno mental a causa del desempleo, e incluso hay quien estando en un trabajo, también padece alguna afección. Lo importante es ver qué medidas han tomado los gobiernos argentinos en los últimos tiempos, y al parecer no existe ninguna que venga a darle un mano a los que la están peleando día a día con su depresión o ansiedad.

   Podríamos decir que después de la ley 26.657 (Plan Nacional de Salud Mental y la integración de la atención comunitaria) no ha pasado más anda, de hecho, muchas de las personas que están padeciendo un trastorno mental se encuentran limitadas, por culpa de un sistema de salud que no sabe cómo responder ante tanta gente que acude con urgencia a los hospitales y clínicas.

   Si bien la Integración Comunitaria (parte de la ley mencionada arriba) promueve el abordaje en centros de atención comunitarios, la realidad es que estos no dan a basto o en su mayoría, no cuentan con los profesionales necesarios para, por ejemplo, ayudar a una persona que se encuentra en una crisis grave y está pensando en suicidarse. Esto se debe a que no todos los psicólogos están capacitados para atender las diferentes situaciones que el mundo de ahora ofrece, y hay quienes realmente se especializan, pero acceder a ellos suele ser costoso.

   Otro punto que evidencia la falta total de políticas públicas, es el recorte presupuestario, haciendo que por ejemplo las mutuales no le pagan a los psicólogos y estos tengan que encarecer sus consultas o que se vea interrumpida la distribución de medicamentos, al producirse una escasez. En cuanto al desfinanciamiento, por ley el estado debe asegurar un piso del diez por ciento de su presupuesto al tema de la salud mental, sin embargo eso no se respeta, dejando a las personas a la deriva (o a la buena de Dios para ser más exactos).

   Con estos datos, estamos en condiciones de afirmar que no existe una verdadera ayuda gubernamental ni un consenso de todas las provincias para poder, de una manera contundente, subsanar este asunto de la salud mental y ayudar de una vez por todas al pueblo argentino.
   Una vez más 一 y para sorpresa de nadie 一 el estado vuelve a defraudarnos.


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De carácter urgente


   Es de extrema necesidad que el gobierno nacional se ponga de una vez por todas a trabajar, para dar una respuesta ante la oleada de afecciones mentales que asolan a este territorio. Deberá rever su ley y generar espacios de contención para quienes quieren hallar un poco de seguridad, además de capacitar a todos los profesionales (o lo que quieran) para saber cómo afrontar este tipo de situaciones y así salvar la vida de muchas personas.

   Esto no es un interés económico o de aspecto político, no me interesa la línea de ningún gobierno, solo quiero las soluciones necesarias que el estado argentino (y cualquier estado del mundo) debe darle a sus ciudadanos. La tranquilidad, la seguridad, la educación y la salud son también aspectos que hacen de la vida más llevadera. No deberá descuidar a la población más joven, que es la que recibe los coletazos más duros de toda ésta situación, siendo más vulnerable. Así también no debe olvidarse de los sectores LGBTIQ+, las mujeres y los adultos mayores. Tendrá que buscar la forma de equilibrar su presupuesto— quizás incrementarlo — para que pueda alcanzar a todos y nadie se quede afuera.

   Por otro lado, es responsabilidad de los ciudadanos acompañar a los que la pasan mal, escuchar sin juzgar y estar en lo posible presentes, aunque la otra persona no desee tener alguna interacción social. Lo digo con conocimiento de causa, porque yo también, en los momentos de crisis prefiero huir de todos porque siento que no quiero molestar, y eso está mal, lo importante es buscar personas con las cuales sentirse seguros, entendidos y abrazados.

   Es de carácter urgente la acción necesaria y conjunta para afrontar la crisis de salud mental. Si todos tiramos para diferentes lados, es imposible que lleguemos a un lugar concreto. Ahora, si todos vamos hacia un mismo objetivo, definitivamente saldremos victoriosos. Llevará su tiempo, pero ya llegará el momento de festejar el triunfo.

   También, es de carácter urgente dar charlas y discusiones en las escuelas sobre la importancia de la salud mental, y lo vital que es hablar sobre lo que uno siente. Hay que promover desde una edad temprana que nadie puede juzgar nuestros sentimientos cuando peor lo estamos pasando, porque quien se sincera sobre lo que está sufriendo, es porque realmente está absolutamente desbordado. Hay que enseñar también la importancia de una escucha atenta, que no critique a quien se encuentra mal, que no juzgue sus pensamientos y que sea más bien, esa escucha, un acto de amor absoluto.

   Es de carácter urgente, un poco más de paciencia, un poco más de amor con aquellos que están derrotados por la vida y se hallan sumidos en la oscuridad.

   Es de carácter urgente que se puedan hablar las cosas y no haya que fingir estar bien para no querer mencionar aquello que lastima sólo por miedo o vergüenza.

   La crisis de salud mental saca a relucir las diferentes falencias de una sociedad fragmentada, sin trabajo y económicamente rota. Por eso estás propuesta y por eso todo este escrito, que no tiene otra intención más que la de poder acercar un granito de arena a la lucha contra ese Goliat que parece hasta incluso, casi vencernos. Lo demás ya queda en las manos de los profesionales y en la de los que hoy ocupan un cargo público y se hacen ricos con el dinero robado al pueblo (a estos últimos les aseguro que ya les llegará la venganza).

   Mientras tanto, la ciudadanía debe seguir enfocada en mejorar, en no dejarse vencer, en buscar alternativas, en nunca perder la fe, y sobre todas las cosas, nunca debe dejar de creer en sí misma ni en su poder.


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-. CONCLUSIÓN .-


   Vamos a cerrar este ensayo diciendo que todo en cuanto sea posible requiere de la cooperación de cada una de las personas, con el fin último de querer salir adelante, de querer crecer como seres humanos íntegros.

   Aquí me centré un poco en mi historia y mi visión de la situación desde una perspectiva personal, aunque sin ahondar en ciertas cosas que son de carácter privado y no deseaba mencionar. También puse sobre la mesa las fallas del sistema de salud, propias de un gobierno que hace caso omiso al reclamo de sus ciudadanos y que deja a muchas personas en la ruina absoluta. Nada aquí fue dicho en vano, cada dato está completamente respaldado y puede ser constatado tan solo con darse un tiempo al navegar en las redes sociales.

   Ahora, en este apartado de la conclusión, quiero ser breve, y más que nada hacer un llamamiento a todas las personas, para que sepan que no están solas en esto y que existe para todo una salida posible. Claro que también el entorno influye, muchas veces de forma negativa, pero no hay que dejarse doblegar. Por eso ya desde las primeras páginas de este texto, los aliento a buscar ayuda, porque la soledad en estos casos agrava el asunto. No tome mi ejemplo, yo no soy una brújula moral ni nada por el estilo, pero también escribí esto, porque es una forma de redimirme ante mis actuaciones tan erráticas.

   Si de algo estamos seguros es de que la unión hace a la fuerza, por eso rodéate de gente positiva, que te ame y aprecie como eres. Siéntete bendecido de tener un círculo de contención (hay personas que ni siquiera tiene algo así) y si puedes, se vos también el pilar de contención para alguien más que también te necesite.

   Si algo me ha enseñado la depresión y la ansiedad, es que siempre hoy es por mí y mañana será por tí… Así que por favor, no te rindas.



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SIGUE EN LA PRÓXIMA PARTE...







sábado, 5 de septiembre de 2026

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN: Una guía para la supervivencia (Parte 1)

 


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-. PARTE 1 .-

ESTO ES LO QUE SOY


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[ No sé cómo vinieron, ni cuando yo las invité, pero un día como cualquier otro la ansiedad y la depresión entraron muy campantes al interior de mi mente…]


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El dilema de Ser



   No sé cómo vinieron, ni cuando yo las invité, pero un día como cualquier otro la ansiedad y la depresión entraron muy campantes al interior de mi mente. Como verdaderos okupas, tomaron posesión de mi mente, de mis sentidos y de mi alma, y se pusieron manos a la obra para intentar guiar mi vida por los andariveles de una existencia que se perfilaba difícil—algo que efectivamente más adelante iba a poder confirmar.

    Era yo apenas un niño cuando empecé a experimentar esos cuadros de ansiedad al ver como la casa, los domingos, se llenaba de gente. Mi mente, en ese momento, con apenas siete u ocho años, no podía entender porque ese flujo de personas me sofocaba tanto. Ni mucho menos entendía porque sentía eso sí eran todas personas cocidas: tíos, primos, etcétera.

   Ahí fue cuando tuve contacto con la ansiedad social, algo que durante mi estadía en el campo, solo me afectaba los domingos, pero que, cuando me tocó mudarme a la ciudad, allí todo cambió.

   Lo que antes era un flujo de gente un día de fin de semana, en la ciudad era un movimiento continuo, algo que para quien viene de un solitario campo, es muy impactante. Ni hablar en el periodo educativo. En la escuela de campo éramos como máximo, en nivel secundario, ocho personas, de la nada, en la ciudad, pasé a encontrarme con un aula de treinta alumnos, completamente descontrolados que miraban raro al chico de campo. Allí la ansiedad, desde el primer día, se me disparó a niveles que muchas veces eran disimulados por mí para que nadie sospechara lo que me estaba pasando.

   Evidentemente el choque de mentalidades entre alguien que viene del campo y los muchachos y muchachas de la ciudad era evidente. No compartía cosas con ellos, no salía a bailar, no jugaba tanto a los videojuegos, ni era un enamoradizo de cualquier jovencita. Yo venía de la tranquilidad de estar en mi casa, del disfrute de un buen rock and roll, de los mates, el dibujo y la lectura.

   Como suele pasar entonces, nunca me adapté a ese entorno, resistía cualquier invitación a locales bailables, puesto que nunca tomé alcohol (y hasta el día de hoy sigo sin tomarlo). Eso evidentemente, marca una diferencia, lo que me imposibilitaba muchas veces encajar en los grupos.



   Las conversaciones pudorosas sobre alguna compañera, que hacían algunos chicos, me incomodaban demasiado, puesto que me era imposible hacer una observación de la mujer como objeto. Eso de cierta manera desgasta, el no poder encajar en ciertos grupos, de alguna manera me estaban afectando, sumado también a que siempre fui el nerd de la clase, al que todos los profesores aman, porque es el único que cumple con las entregas de trabajos o hace bien los exámenes. Claro está que eso también genera una división y puede derivar, como en mi caso, en algunas burlas para nada divertidas para mi, claro está.
     Con la sensación de sentirme diferente y no poder encajar en ningún grupo — algo que me hacía sentir muy mal— caí en la depresión. Me di cuenta que entre tanta gente en la ciudad, de igual manera seguía estando como en el campo, solo y con mis intereses. Durante la secundaria fue una espina que me persiguió día a día. Hoy, tomo el hecho de no encajar como una victoria, y abrazo mi diferencia aceptando ser un maldito incomprendido.


   Con el pasar del tiempo la situación en la escuela se volvió agobiante e intenté dejarla, algo que me llevó por primera vez a terapia, en un intento de mis padres de querer buscar un porqué de mi accionar, ya que siempre fui un chico estudioso, múltiples veces abanderado y dos veces mejor promedio. Ahí me di cuenta lo espantosa que es la depresión, que una vez ha infectado tu cuerpo, se encarga de arrebatarte todo lo que más te gusta. Es como si se encargara de succionar lo mejor de vos, para dejar solo un despojo de lo que alguna vez fuiste.


   Luego vino el psiquiatra y por consiguiente la medicación. En un principio me daba vergüenza asumir todo eso, pero luego comprendí que no hay nada de malo en ello. Si para el dolor de cabeza tengo que tomar un Ibuprofeno, para la depresión también tengo que tomar mi risperidona.


   Una vez me dieron el diagnóstico, pude terminar de entender qué era lo que verdaderamente me atemorizaba por dentro.
   Sabía entonces, que de ahora en más no me quedaba más remedio que luchar.
   Como pude y gracias a la comprensión de la escuela, terminé el secundario. Ya había entonces cerrado una etapa, ahora tenía que afrontar el siguiente nivel.


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Tiempo de paz




   Ya estando más tranquilo porque el secundario había quedado atrás, me di cuenta que la medicación realmente me estaba haciendo bien, a tal punto que sentía que lo pasado en la escuela, ahora podía interpretarlo de otra manera.

   Concurría efectivamente a terapia psicológica, una vez por semana, y cada quince días visitaba al psiquiatra.

   A partir de ese momento de estabilidad emocional, volví a reconectar con algunas pasiones como: leer historia antigua y filosofía, además de retomar la escritura desde un punto de vista más maduro y empezar a animarme otra vez con el dibujo. Con este último pasó algo muy importante, pero para eso vayamos por el principio.

   Desde mi niñez en el campo, siempre estuve rodeado de libros y en especial historietas, algo que me permitió, no solo conocer de recursos narrativos, sino también aprender a dibujar. El arte gráfico fue entonces, desde mi infancia, un aspecto que al día de hoy, bien o mal, me hace destacar.

   Me pasaba las tardes enteras, en aquella paz del campo, copiando a Superman, a Batman, a «Mark y los Mutantes», entre otras cosas.

   Con el tiempo esa capacidad de copiar me permitió memorizar músculos, movimientos, gestos, para así crear mis propios personajes. En esa experimentación llegué al mundo de la caricatura humorística y a hacerme un gran aficionado del humor gráfico.

   Todo iba bien hasta que llegaron las invitadas indeseadas. Cuando caí en la más profunda depresión y en la desesperación de la ansiedad, tuve que renunciar al hecho de poder leer, de poder dibujar o escribir. Eso estaba limitado por cuestiones personales (digamos que fue un gran bloqueo).

   Pero cierto día, mientras estaba en mi casa escuchando algo en la tele, de la nada la angustia me atravesó de una manera intensa. En un primer momento me asusté, creí que la medicación estaba fallando y no quería tener una crisis, por lo que me senté en el escritorio que teníamos (en una de las primeras casas en las que nos fuimos a vivir) y tomando lápiz y papel comencé, sin pensarlo, a hacer algo para tratar de sacar o frenar lo que me estaba sucediendo.

   Al cabo de una media hora me di cuenta que la acción de dibujar me tranquilizó y el resultado de esa misma acción me dejó más que sorprendido. A simple vista parecía un dibujo estéticamente pobre — mal hecho me atrevería a decir. Sin embargo había algo en ese dibujo, en esas líneas, en esos simbolismos que solo yo podía entender ¡Porque era justo lo que yo estaba atravesando!

   Automáticamente guardé la ilustración y esperé a la sesión con la psicóloga. El día llegó, acudí a la cita y le mostré la obra, explicándole todos los procesos por los que había pasado.

   A partir de ese día me di cuenta que para mí, el dibujo y posteriormente la pintura, eran más que simples expresiones.

   Había logrado hacer de estos medios un canal para poder poner en imágenes lo que yo sentía o pensaba. Así fue como el arte pasó a ser una expresión necesaria para mí alma, lo que me llevó a verla casi como un Dios.


   Esos primeros años fueron tranquilos, se me pasaron entre trabajo duro en la terapia y el trabajo duro que viene después para poder mantenerme lo más fuerte posible.

   Ahora miro a mi yo del pasado y lo abrazo con todo mi corazón por haber disfrutado esos años al máximo, porque evidentemente no sabía lo que le esperaba más adelante.



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Viviendo con el enemigo



   Entonces evidentemente llegó un momento en el que ya no iba a tener diecisiete años toda la vida y en algún momento tenía que salir al mundo. En un instante los años de paz terminaron, y vi el agobio de tener que encajar en un sistema que yo siento, no está hecho para nosotros, o al menos eso parece.

   Hice un pequeño curso de cuatro meses sobre diseño gráfico y pretendí con eso comerme al mundo. Con mi ansiedad evidentemente no estaba listo para un ambiente universitario, de hecho la primera vez que estuve en uno fue en al año 2019, cuando empecé por primera vez Bellas Artes y dejé por culpa de esa sensación de no sentirme cómodo en un aula. Lo mismo me pasó cuando quise estudiar Marketing Digital y Seguridad e Higiene.

   Nadie lo entendía pero para mí, entrar a un aula era revivir momentos de la secundaria, a pesar de que yo creía, como dije más arriba, que todo había quedado atrás. Después me di cuenta que no todo es tan fácil de superar.


   Finalicé entonces ese pequeño curso y me di a la tarea de empezar a buscar un trabajo, algo que no conseguía por ningún lado. Esa situación era desesperante pero no a los niveles en los que llegaría más adelante. Encontré al final un empleo en donde no me pagaban, más bien eran unas pasantías, pero lo dejé (y de la peor manera) porque el jefe era alguien que le vivía gritando a sus empleados y tratándolos como trapos. Imagínese pues mi experiencia, saliendo a un mundo completamente nuevo, en terapia, medicado, con ansiedad social y depresión y encima tener que aguantar a un jefe malhumorado, eso por supuesto que no lo iba a poder soportar.

   En mi familia esa noticia no cayó muy bien, pero al final se superó. En mi mente mientras tanto ardía el deseo constante de ser un artista, ansiaba con toda mi alma poder vivir del dibujo, de la pintura y ocasionalmente de la escritura. Eso no era tolerado por mi familia, que no podía entender estas inclinaciones tan extrañas, hacia algo que socialmente se considera una actividad de «muertos de hambre». Pero yo no creía que eso fuera así, por lo tanto me esforcé en practicar todos los días para dar lo mejor de mí. Armé portfolios con mis obras, cree textos de prueba, que luego envié a empresas y demás, pero solo recibí silencio o alguna contestación algo alentadora, pero nada más que eso.


   Con la terapia me iba muy bien, el problema era la realidad, no conseguía trabajo, tenía la fantasía de irme de la casa de mis padres para hacer mi vida, pero sin un sustento económico era muy difícil ¿Quién iba a pagar las cuentas? ¿Cómo iba a hacer para comer? No quería depender de mis progenitores, algo que la historia me lo terminó por confirmar (pero no nos adelantemos)

   Del periodo de paz, vino la etapa oscura otra vez. Me empecé a sentir mal, sin posibilidades de crecimiento, con la esperanza de no encontrar nada, de no poder hacer mi vida como era debido. A cada oportunidad que tenía mandaba un curriculum, pero el silencio que tenía de respuesta me deprimia, y esta puta ansiedad me privaba de poder salir presencialmente a pedir trabajo, algo que si ahora lo pienso, no ha cambiado tanto, aunque estoy un poco más suelto que hace nueve años atrás.

   Con el pasar de los días comencé a no aguantar la presión, y esta vez volví a la ansiedad y a la depresión. Me sentía perdido, hablaba con la psicóloga o con el psiquiatra y no me sentía yo, era como si una versión mía, que yo no podía siquiera controlar, estuviera haciendo las cosas por mí. Me sentía como el personaje de «El Extranjero» de Albert Camus, un extraño en mi propia piel.

   Pero sin embargo le di pelea, trataba de mantenerme enfocado en mis cosas, siempre estaba buscando algo creativo para hacer, por ejemplo empecé a dar los primeros talleres de dibujo. El primer intento fracasó, pero ya después los otros dieron un poco más de frutos, y empecé a manejar algo de dinero, aunque no era lo suficiente como para poder mantenerme por mi cuenta, al menos podía costear mis cosas como: hojas, lápices, lapiceras, fibrones, etc.


   Sin embargo, no todo era felicidad, había días en los que me costaba salir a la calle, aún cuando lo hacía me sentía completamente mal al estar rodeado de gente, pensando mil y un cosas sobre mí: «que van a decir sobre como camino», o «como voy vestido». Siempre en mi historia estuvo presente ese trauma basado en la idea que toda familia tiene y se resume en: «que va a pensar la gente». Esa idea inculcada es algo que trato de desapegarme, y aun no lo logro de la forma en la que yo realmente quisiera.

   Más allá de todo intentaba hacer lo que podía, descubrí que para poder pasar esa ansiedad social (o hacerla más leve) si usaba auriculares para mi era mucho mejor, concentrarme en la música me permitía tener el foco de atención puesto en otra cosa y desligarme de las miradas oscuras, hasta incluso me olvidaba de que no tenía trabajo.


   Al final del día no era tan difícil darse cuenta que esta era una batalla entre yo y mi Yo, donde era a su vez mi propio verdugo. Sabía entonces que si quería lograr algo significativo y que me sirviera de provecho para mi existencia, primero debía conquistarme a mí mismo.


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Frustraciones y demás castigos



   Luchando contra mi mismo y todo lo que eso conlleva, logré ponerme de novio y ese fue el impulso para irme a vivir con mi novia (los dos solos), pero yo todavía seguía sin encontrar un trabajo. Estaba dando clases de dibujo, pero para dos personas mi ingreso era paupérrimo. Otra vez entonces fue enviar curriculum, golpear puertas e insistir, pero nada, todo parecía complicarse cada vez más.

   Al principio sobrevivimos con unos pocos pesos, pero como en todo país subdesarrollado, los precios aumentan y esas pocas chirolas se convierten en nada. La presión empieza a aumentar y empiezo a caer en cuenta de algo que para mí fue demoledor: para los ojos de los demás yo era un simple vago que no quería trabajar ¿Todo porque simpatizo con el anarquismo? ¿Ser de izquierda significa no querer trabajar? ¿O tal vez se deba a mis inclinaciones artísticas? Nunca lo sabré.

   Volviendo al tema, cada día que pasaba era difícil, la necesidad de alimentarse ganaba siempre, no quería pasar lo que había vivido en mi años de infante en el campo, cuando a veces comíamos durante una semana arroz, fideos o huevos fritos (o cualquier otra variante) porque era lo único que había. Yo realmente quería darle a mi novia lo mejor, pero me era imposible. Así fue como me hundí en la desesperación otra vez, todo fue una frustración tras otra y empecé a pensar en que tal vez este era una especie de castigo divino, en el cual me veía obligado a retorcerme de hambre, como el parásito que creía que era. Generalmente estos pensamientos no son aleatorios, van siempre acompañados de esa sensación de muerte, de querer desaparecer, porque cuando se pierde la esperanza, ya se ha perdido todo.

   Ese tipo de ideas negativas son muy preocupantes, en especial para quienes están con nosotros, pero no podía evitarlo, creía que así, por la senda fácil, iba a poder escapar de una realidad que se cerraba cada vez más sobre mi cuello, impidiéndome respirar.

   Me ahogaba en mis propias ideas, me sentía un inútil, alguien que no valía, no entendía que pasaba ¿Era mi curriculum? traba de actualizarlo cada vez que era necesario ¿A lo mejor era mi experiencia? De hecho no tenía ninguna, si no me había llamado de ningún lugar.


   Se podría intuir que esta nueva recaída se da principalmente por la falta de trabajo, a pesar de todo yo nunca dejé de dibujar ni de escribir, seguí aferrado a eso dos aspectos que, hasta el día de hoy, son mi refugio cuando todo me sobrepasa. Pero la búsqueda de trabajo me persigue. De esto que estoy contando ya pasaron seis años y sigo desempleado. Ahora estoy parado en otro momento de la vida, oscuro sí, pero tratando de sobrevivir cada día. Me da vergüenza decirlo pero mis padres me pasan dinero, desearía que no fuera así, pero esta es la situación que me toca, yo se que no les molesta, pero para mí es muy frustrante no poder valerme por mí mismo.

   En Junio cumplí los veintinueve años, y estoy más perdido que cuando tenía doce, al menos a esa edad sostenía el sueño de ser paleontólogo, hoy no sé si ser artista o quizás dejarlo todo para ser albañil, o tener algún trabajo de ese estilo. Al menos sería lo único seguro.

   Pienso que ese castigo no me va a abandonar jamás ¿Pero qué tengo que hacer? ¿Cambiar de mentalidad? ¿Falsificar un currículum? Ya no sabría decir que es lo correcto, lo único que se me ocurrió una vez, fue intentar matarme. No fue un intento como tal, más bien fue un pensamiento intrusivo muy fuerte, por lo que terminé sedado en el hospital durante una noche. Todo porque había dejado atrás un trabajo, medianamente estable de limpieza en un geriatrico de mala muerte, donde el maltrato, la explotación y la mala paga eran parte de todo ese lugar. Lo dejé después de un año y algún par de meses, porque sentía que no me estaba haciendo bien, no quería ser cómplice (de forma indirecta) de ciertas contravenciones y malas prácticas que en ese lugar se estaban dando con respecto a los pacientes. A la semana que me fui me quebré, me sentí un maldito imbécil, porque me di cuenta que en mi egoísmo por querer poner mi salud mental primero, me había quedado sin dinero, o por lo menos con el único medio que me daba un sueldo que, a duras penas, llegaba a la cualidad de digno.



Cuando regresé a mi casa después del hospital me di cuenta que ese lugar de trabajo me había hecho mal, me había obligado a perder mi estabilidad, porque prefería el maltrato, la pésima paga y todo lo oscuro que pasaba ahí, en vez de priorizar mi equilibrio. Después, viviendo el día a día, me di cuenta que son muchas las personas que se encuentran en esa situación donde se ven empujadas a desempeñarse en trabajos de mierda, donde se los trata peor que un trapo de piso, para cobrar unas monedas con las cuales no logran cubrir ni la mitad de sus gastos básicos ¿Vale la pena un esfuerzo así? Mi mente racional me dice que no, pero la realidad nos empuja a eso. Cuando el hambre aprieta hay que hacer de tripas corazón y darle para adelante, total para muchos la salud mental es un chiste o algo que no es tan grave a ojos de quiénes hablan sin conocer.


   Nunca creí que la falta de trabajo llegaría a afectarme de esta manera, sumándole también la presión tributaria y todo lo demás. El mundo actual sólo mueve sus pies por el dinero, y nada puede venir a suplantar ese estilo de vida. Es una lastima lo que hemos hecho con el mundo: por un lado están los estresados por el trabajo agobiante y extenuante, en el medio están los laburantes informales que lo dan todo y reciben lo peor y despues estan los deprimidos como yo, quienes, marginados por la vida, no pueden vislumbrar nada bueno para ellos, es como si existiera una limitación o un barrera invisible que no nos permite llegar al lugar que queremos ir.

   Para el sistema actual los deprimidos son los peores, porque somos los olvidados, porque somos inútiles, mientras que los estresados y los informales son quienes le proveen aún más su riqueza. Nosotros no producimos, es más, para este sistema siempre seremos un gasto, porque drenamos el sistema de salud mental, pero casualmente estamos haciendo demasiado ruido y de la peor manera posible. El alarmante aumento del suicido en jóvenes y adultos es algo que preocupa y enciende todas las alarmas, pero ¿Qué sentido tiene si no se está haciendo nada para remediarlo? ¿Qué inversiones ha hecho el gobierno nacional para ayudar a afrontar las crisis de salud mental en las diferentes provincias de la República Argentina? A simple vista parece que nada. (No voy a enredarme tanto con el tema del suicidio, ya que es algo que trataremos en la segunda parte mas a profundidad, junto a estadísticas y números reales, que realmente le ponen a uno la piel de gallina).


   El desempleo evidentemente deprime, uno vive con la culpa de no estar haciendo nada, porque la mayoría cree que es uno el que no está saliendo a buscar trabajo ¿Pero cómo se le explica a alguien que ya se intentó de todo y aun así no sucede nada? Caer en la desesperación me llevó a un punto en el que estuve una semana sin poder dormir, porque me daba vueltas la cabeza, buscando mil y un maneras de hacerme sentir culpable, creando escenarios en donde era sometido al juicio moral de los demás, y déjenme decirles que aun estando medicado me sentía como en aquella primera recaída.

   De ahí entonces nace esto, de la importancia de poder compartir lo que nos pasa, porque es en el dolor donde más nos tenemos que unir, sobre todo para darnos cuenta que no estamos solos en esta pelea diaria contra un destino frustrante.


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No eres suficiente




   Algo que suele presentar la persona deprimida, es la idea de que nunca llega a ser suficiente. Es decir, nunca llega a poder concretar algo porque su voz interna, altamente negativa, constantemente le dice que no puede o que no lo intente. De ahí que el deprimido suele ser un poco quedado, y no se atreva a realizar actividades que para los demás son comunes.

   Otro rasgo a destacar, es la completa falta de motivación. Por más que alguien le diga que «se ponga las pilas» o que «le eche ganas», nunca van a conseguir que el deprimido actúe, porque este se halla sometido a la falta de ganas más fuerte a la que una persona pueda enfrentarse. No se le puede exigir voluntad a alguien que la ha pedido, por lo que forzar al deprimido a hacer cosas, suele muchas veces, ser contraproducente.

   La experiencia me trae a la mente ese discurso, o más bien ese soliloquio que uno hace, cuando dialoga internamente y se da cuenta que está más perdido de lo que alguna vez estuvo. Es como si la misma depresión causara una especie de efecto amnésico que impide cualquier acción y no solo eso, sino que además la depresión, en su más pura crueldad, priva al deprimido de poder gozar de aquellas cosas que antes disfrutaba.

   En una de mis últimas crisis, me di cuenta que ponerme a dibujar me alteraba, porque al ilustrar mis sentimientos y verme cara a cara con esa emoción dibujada, hacia que mi estado de cólera escalara tanto que terminaba rompiendo la ilustración en mil pedazos, mientras en mi interior decía: «por tú culpa estoy así, no te quiero ver más».

   Considero que perder la pasión por las cosas que uno antes amaba es una situación completamente injusta, porque uno no se siente suficiente ante la vida, y se autopercibe más bien como una carga, como alguien que solo entorpece la vida de los demás y que es mejor no haber nacido.


   La idea de no haber sido engendrado y escupido al mundo, es muy común en el depresivo. Se ve así mismo como una molestia y ve a la vida como algo que no tiene valor (visto evidentemente desde el punto de vista de una tristeza profunda).

   La depresión también se presenta como una negrura en el alma de aquellos pobres desdichados —como lo soy yo— y esta una negrura que parece estar grabada de forma permanente, porque por más que uno tenga días en los que se sienta menos deprimido, de igual manera sabe que ese espectro oscuro nunca lo ha abandonado y más bien está esperando el momento perfecto para atacar de nuevo. Ella es así, se divierte haciéndote creer que tienes el control y en el momento en el que un haz pequeño de luz impacta en nuestra alma, esa sombra negra viene de nuevo a consumirlo todo y uno se entrega porque no le queda otra.


   Podríamos decir que la depresión no solamente pasa por nosotros, sino que evidentemente también lo que sucede afuera nos afecta, ya sea que venga por parte de un familiar cercano o de un desconocido. Uno en la depresión maneja una sensibilidad especial en la que todo nos molesta o todo nos hace llorar. El depresivo no sabe de punto medio, vive las emociones a un extremo, pero rara vez son emociones positivas.

   Pero volviendo al punto, lo que digan los demás es importante, aunque sabe que si le dicen que «no es suficiente» o que «no vale para nada», no les hará mucho caso, pues solo son la confirmación de sus propios pensamientos, dichos por alguien de afuera. Ahora, la reacción es distinta cuando se le pide algo que no puede hacer, porque está imposibilitado mentalmente para hacerlo, allí definitivamente sucumbirá al fatalismo más vil y se recordará a sí mismo de que no es suficiente, a pesar de que ha hecho el mejor de los intentos.


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No te entiendo


   Cuando estuve atravesando la primera etapa depresiva y después ya en la actualidad, caí en cuenta que evidentemente, muchas veces el depresivo o el ansioso son unos incomprendidos ante la sociedad, pero principalmente se da porque esta última es la que no quiere entender. Me tocó ver como a las personas con alguna patología mental se las ridiculiza, o se piensa que no es tan grave ¿Por qué pasa eso? Si al final una depresión o los ataques de ansiedad, tienen la misma gravedad que una dolencia física. Es más, me atrevería a decir que en cuanto a la mente, es mucho más importante, ya que regula nuestro comportamiento y nuestro funcionamiento en el discurrir de los días.

   Es importante la idea de una mente sana, aunque en estos tiempos parezca imposible. No nos olvidemos que la depresión y la ansiedad no nacen de la nada, hay múltiples factores que pueden generarla y la mayoría de las veces depende del entorno en el que nos estemos desarrollando o de la familia de la que provenimos.

   Pero estoy seguro que más allá de las crisis y los ataques, uno siempre se tiene que enfrentar al no entendimiento de un otro, que se cree en la posición de señalar que es verdad y que no. Evidentemente nadie puede entender una depresión si no se la ha atravesado, aunque eso no quiere decir que el que está en esa situación está fingiendo o esté queriendo llamar la atención, es más, el llamado de atención sugiere algo mucho más grave que debe ser atendido con urgencia.

   Más de una vez me han dicho, cuando comento lo que me pasa, que no me entienden, que al final es «todo mental» y como podía ser que me dejara controlar por la propia mente, sabiendo que yo tengo voluntad para controlarla a ella. Al final hago caso omiso a ese tipo de declaraciones y me dedico a guardar silencio, demás está decir no se puede hablar con alguien que no entiende lo grave del asunto.

   No solo se trata únicamente de «controlar la mente», porque si fuera por eso todos los depresivos del mundo estarían curados, sino que por ejemplo, la depresión se presenta como un vacío tan grande, en donde conviven la tristeza con la desazón, el dolor con la angustia, la idea de una existencia negada y la presencia oscura, pero familiar, de la muerte. Esto no es controlar la mente, sobre todo cuando se convive diariamente con pensamientos de lo más pesimista, que nos empujan más y más hacia el abismo.


   Para poder llegar a controlar (más o menos) la mente, ciertamente se necesita de un entorno tranquilo. Un depresivo o una ansiosa, claramente no podrían sobrellevar bien su afección, si se encuentran, por ejemplo, dentro de un núcleo familiar conflictivo/tóxico o en un entorno que permanentemente se torna hostil.

   En mi caso, la angustia por el desempleo hace que tenga momentos de desaliento, en donde me culpo a mi mismo y me doy azotes por no poder realizar una actividad humana normal, como la de poder trabajar. Eso en definitiva no solo afecta a mi cuestión financiera, sino que claro está, todo este asunto me lleva a una sola conclusión: no encuentro trabajo + estoy deprimido porque no encuentro empleo = la culpa es absolutamente mía por no hacer suficiente.

   Yo no tengo ninguna responsabilidad sobre la crisis económica actual y la imposibilidad de tener el derecho a un trabajo digno. Como así también, no es mi culpa que no me entiendas, tal vez sea porque soy infinitamente complejo, como lo somos todos en definitiva. Pero eso, mi estimado amigo o amiga, no te da el derecho a invalidar los aspectos más relevantes (y agobiantes) de una depresión o de la propia ansiedad social, adjudicando todo a una falta de control de la propia mente, cuando bien sabemos, porque se ha demostrado a lo largo del tiempo, en diferentes estudios psicológicos-neurológicos, que eso no es tan así.


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Parte del uno por ciento



   Me toca formar parte de ese minúsculo grupo de gente, que se califican como incomprendidos, algo que es real al cien por ciento ¿Pero que significa en esencia ser un incomprendido? Podríamos decir que se trata de una persona cuyas ideas, pensamientos, reflexiones y hasta gustos, no se alinean con el común de la sociedad. Es, en suma, una contemplación del mundo y de la vida, completamente diferente a lo que ve y experimenta el resto.

   Podríamos decir que es hasta incluso atractiva la idea de ser un incomprendido, pero no es así, dentro de las personas que padecemos depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno, y más si le sumamos una visión particular de las cosas, eso no cae bien dentro de la sociedad contemporánea, es más eso a la sociedad no le agrada demasiado.

   Cuando uno empieza a dejar volar sus pensamientos e ideas a través del arte, como es mi caso, es evidente que puede llegar a chocar con una otredad que no está preparada para ese tipo de expresiones, y que ni siquiera hace el más mínimo de los esfuerzos para intentar al menos comprenderla. Eso empieza a encerrarnos en una espiral de control social (verdaderamente agobiante) donde nos sometemos de manera involuntaria, al juicio moral sobre lo que se debe o no se debe hacer ¡Ay de aquellos que se creen moralistas y no tienen consciencia ni de su propia moral!

   Este impacto entre lo que uno considera una expresión natural de su ser, y lo que los demás consideran un «pecado», nos posiciona literalmente entre la espada y la pared. Lo más lamentable es la autocensura de la propia expresión, un acto totalmente injusto para cualquier artista que desee, por medio de las expresiones pictóricas, escritas o musicales, intentar expiar ese mal, para sentirse más liviano, aunque sea por un corto periodo de tiempo.

   Entonces sentirse incomprendido juega un papel mucho más importante, sobre todo cuando empieza a adentrarse en ese círculo infinito de represión, lo que genera aislamiento y mucha soledad.


   A todos en definitiva nos gusta ser entendidos, y nos alteramos cuando queremos explicar algo pero nadie nos entiende y hasta se nos juzga. Aquel que ya tiene un trastorno depresivo o ansioso, evidentemente se sentirá mucho peor, porque ve su medio de sanación, completamente obstruido por la idiotez de quienes creen estar posicionados en el pedestal de la superioridad moral ¿Desde que poltrona están sentados? ¿Quién los autorizó a dar una opinión?

   Es importante entonces señalar que las expresiones deben ser tomadas como un acto de libertad, el paciente que sufre un trastorno depresivo severo, o una ansiedad que le carcome los nervios, tiene derecho a manifestar, en sus expresiones artísticas, todo lo que sienta, más allá de que las imágenes resultantes sean de un contenido gráfico violento o pinten la cara de la locura.

   Y hablo desde el arte porque es mi forma de transformar lo que me pasa, y es el medio más cercano para hacerlo. No hay que imposibilitar las diferentes formas de ilustrar un sentimiento, más bien hay que acompañar, no juzgar.


   Es cierto que existen expresiones como las mías, llenas de violencia y odio, que pueden alarmar a cualquiera, por eso, antes de empezar con la moralina barata, es necesario conocer el contexto, puesto que nada surge de la nada. Ninguna forma de expresión puede nacer por sí sola, siempre está ligada a una experiencia previa y a los sentimientos que nacen desde esa propia experiencia.

   Por otro lado, el resultado artístico debe leerse en función de lo que es: arte. No hay nada más alla de una par de líneas y algo de color aplicado para darle fuerza a la imagen. Lo demás corre a libre interpretación de aquel que mira, lee o escucha la obra, pero ojo, siempre debe hacerse entendiendo el contexto situacional. No se puede agarrar una obra aleatoria y hacer un juicio moral y ético de ella, como si no pasara nada, cuando en realidad, esa obra no fue creada de una nada azarosa, sino que está narrando un sentimiento, una emoción o un suceso puntual en la historia del intérprete.


   Como conclusión a este apartado, podemos decir que no hay que juzgar a quien se siente un incomprendido, este mucha veces no encontrará las palabras adecuadas para hacerse entender, y siendo sinceros, nadie hace el esfuerzo necesario por querer entenderle. Es más fácil reaccionar antes que escuchar.

   El incomprendido se ve forzado entonces a reducir su círculo social al máximo, rodeado de quienes no lo juzgarán (si es que no se decanta por el camino de la soledad) y tratará siempre de mantenerse al margen de todo, en cuanto le sea posible.

   Creo que durante la adolescencia yo sufrí el lado más cruel de esa incomprensión al no encajar con aquellos que lo único que compartía era la misma edad. Lo importante y como lección final, es menester decir que no se necesita la validación de nadie para ser algo o ser alguien. Nuestra valía como seres humanos es intrínseca a nuestra naturaleza. Vos vales más de lo que crees.


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Vidas sintéticas

 

   La automatización de la vida genera que vayamos desarrollando nuestra existencia de una forma en la que nada o casi nada resulta tan real como parece. Los ritmos acelerados, el constante ir y venir, más la presión económica y política, desgastan a cualquiera. Muchos actualmente caen presos de la depresión, de la ansiedad, del estrés o del burnout. Según los estudios más recientes, tan solo en Argentina, tres de cada diez persona adultas sufren de depresión, lo que lleva evidentemente a una mala vida, por ejemplo existe un cincuenta y ocho por ciento de la población nacional que tiene problemas de sueño: insomnio o alteraciones a la hora de dormir.

   También, dentro de los adultos, existe una línea que diferencia a hombres de mujeres. Se podría decir que dentro de este veintiocho por ciento (tres de cada diez), existe una diferencia marcada entre mujeres y hombres, acrecentada por la desigualdad salarial, los roles de género y la situación económica muchas veces de pobreza. Esto también aplica para los adultos mayores, que se encuentran en un estado de total vulnerabilidad, frente a un estado que no hace nada por ellos.

   Según estudio realizados en el territorio nacional por el Observatorio de Deuda Social Argentina de la UCA, para el año 2010 el aumento de afecciones mentales en mujeres era de un dieciocho por ciento, y se acrecentó rápidamente a un veintiocho por ciento

   Por otro lado, el sector más joven se encuentra atravesado por una franja del setenta por ciento, que aquejan malestares como la depresión y más aún, acentuado por vivir en situaciones de vulnerabilidad relacionados con pobreza y falta de acceso a condiciones básicas. Efectivamente, la necesidad de vivir dignamente y un sistema que no favorece esa necesidad, empuja a muchas personas a padecer estas cuestiones que son totalmente negativas, afectando a la vida diaria. Un joven deprimido o ansioso, no puede concentrarse en los estudios, no puede tener oportunidades de un mejor desarrollo y solo se incrementa aún más su frustración cuando se da cuenta que no puede acceder a puestos laborales de calidad que posiblemente le brindarán una mayor estabilidad.


   La cuestión económica/laboral es muy importante. La mayoría de las veces se piensa que, por ejemplo, la depresión es un lujo que pueden darse aquellos que tienen el dinero suficiente como para poder no trabajar, algo que es totalmente falso, y lo vimos arriba con la incidencia de la pobreza en el aumento de dicha afección. Ahora, el dinero también es vital para atravesar la depresión, porque quien no tiene un buen capital, le es completamente imposible acceder a una consulta con un profesional, por el elevado costo de la misma. Ni hablar de la medicación, que si no se cuenta con una mutual mas o menos buena, son extremadamente caros. Y por si fuera poco, esta relación entre la economía y la falta de trabajo, no hace más que profundizar las desigualdades sociales, creando separatismo y desunión.

   Pero por ahí, para quien no pueda pagar un psicólogo o psiquiatra, muchas veces tiene como recurso fiel la salud pública, sector que desde el año 2020 viene completamente colapsado en materia de salud mental, con profesionales que son de dudoso carácter (permítanme decir), aunque como punto fuerte, uno puede acceder de forma gratuita a los diferentes medicamentos. Y con respecto a eso, múltiples estudios revelan que en la Argentina post pandemia, existe un alza en el consumo de psicofármacos dentro de la población más joven, como así también dentro del núcleo de los adultos mayores. Otra vez vemos cómo esta forma de ver la vida, afecta siempre a los más vulnerables, a los que tienen que cargar el peso de sentirse culpables por sus padecimientos, ante una sociedad que avanza, los juzga y no los entiende, más bien los abandonan a la buena de Dios.


   La vida actual dejó de ser una vida, para pasar a ser una amalgama de situaciones en las que uno solo tiene que centrarse en trabajar y pagar, en correr y no parar. Teniendo todas las comodidades para el disfrute, la existencia ha pasado de ser grata a una carrera sin sentido, en donde no hay meta a la cual llegar, porque en definitiva nadie sabe a dónde va o qué camino tiene que recorrer.

   Hemos hecho todo de plástico, descartable y sin valor. Todo perdió su esencia, ahora los hogares se adornan con plantas falsas, casi no se usan cuadros, todo es minimalista, los edificios se alzan como gigantes grises e imponentes (pero sin vida), mientras que en sus jaulas de treinta y cinco por treinta y cinco metros, las almas se encierran apabulladas por una sociedad oscura, enajenadas por tanto ajetreo, son como alienados en una gran institución metal que ellos llaman, de buena gana, ciudad.


   Que la vida perdió el sentido no es ninguna novedad, lo que más importa es lo que haremos nosotros con esa información ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? Nadie puede decirlo, todo últimamente se ha tornado tan hostil, tan lejano, que intentar preguntarse el porqué del sentido de las cosas, resulta hasta extraño.


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SIGUE EN LA PRÓXIMA PARTE...