MÁS QUE UN SIMPLE ANARQUISTA
UNA MIRADA PERSONAL SOBRE SU VIDA, SUS IDEAS Y SUS OBRAS
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«Soy demasiado libre para eso. No sirvo para integrar rebaños»
(Raúl Prchal - «El Francotirador»)
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Este escrito
está dirigido
a la memoria del
gran Raúl Prchal
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I
Efectivamente no soy un conocedor de todas las cosas, pero siempre intento estar al tanto de nuevas ideas o de pensamientos que vengan a nutrir mi intelecto, para así expandir mi conciencia hacia límites mucho más allá de lo común.
Siempre lo que llega a mí vida, es para aportar algún significado profundo, con el cual poder definir aún más esto que soy. Y siempre me percibí como un «distinto», uno de esos ratitos cuyas ideas son tan disparatadas que parecen nunca llegar a encajar en la vida moderna, pero se ve que es porque nadie ha visto que, en lo que yo y muchos otros han dicho, existe un poco de verdad.
Me declaro como un ferviente antisistema, principalmente anarquista y posiblemente un idealista de vidas perfectas, pero no en el término vulgar con el que se conoce a la palabra «perfecto», sino que me refiero a una forma de llevar la existencia en la cual el hombre y la mujer sean más humanos, para así darle paso a las virtudes más elementales. Es decir, mi prédica se basa en extender un mensaje que no encaja con el estilo de vida que en la actualidad se está practicando. La forma en la que estamos desarrollando ésta vida, está dejando de ser experimentada como una realidad en la cual podemos conectar con nosotros mismos, a ser vivida como una especie de espiral de competencia, un laberinto en donde luchamos por ser mejor que otros, tener más dinero, el mejor auto, cuando en realidad el materialismo hueco, producto del consumo innecesario, lleva, inevitablemente, a la pérdida de sentido de la propia vida.
De ese concepto principal son «las virtudes elementales», que se desprenden múltiples ramas de mi pensamiento. Estas ramas conducen a áreas concretas, como pueden ser: lo político, lo social, lo cultural, lo intelectual y lo espiritual. Quién pueda darse una vuelta por el blog, encontrará evidentemente esos seis ejes claramente explicitados en más de mil entradas publicadas. La idea central es generar conciencia, es recuperar la humanidad y ahí entran pues las virtudes, a saber: el amor, el conocimiento, el arte (y todo lo positivo). Hoy parece ser, que debido al avance avasallante de la tecnología, hemos ido perdiendo las capacidades relacionadas al mejoramiento de la vida espiritual del ser, que está compuesta, no por una creencia en alguna religión, sino en la conexión con su propia humanidad. De ahí que mi discurso muchas veces se transforme en una visión un poco negativa sobre la propia tecnología y sobre todo, con la forma — equivocada, según yo— en la que estamos llevando la vida.
Al calor de todo lo dicho hasta aquí, surgen entonces muchas preguntas, pero la más intensa y constante es ¿Cómo hacemos para salir de todo esto? La respuesta parece fácil, pero requiere de un compromiso que no lo es. Cuando miramos la historia, podemos observar a muchas personas que, a lo largo de la propia historia de las civilizaciones, se han negado a adaptarse a las normas sociales que son impuestas, sin importar si estamos de acuerdo o no. Algunos de estos nobles humanos han muerto en el olvido y otros nos han dado la posibilidad de saber que si puede vivir fuera de lo que podamos considerar como «establecido» o «bueno».
De todos estos seres maravillosos, encontré en la figura de el gran Raúl Prchal, una luz al final del túnel, gracias a el me di cuenta que nada estaba perdido, y que mientras se lo intente todo esfuerzo vale la pena.
Lo conocí a través de un documental que pueden encontrar en Youtube, llamado «La Realidad no Existe». El título sugerente y una miniatura en la que aparecía Raúl, con esa barba y ese pelo rebeldes, me hicieron pensar en que allí se encontraba lo mejor del anarquismo y la filosofía existencialista más potente, algo que fue inmediatamente confirmado cuando empecé a ver semejante obra audiovisual.
Antes de darle play al video, ignoraba por completo la figura del propio Prchal, sinceramente nunca había escuchado hablar de él, ni siquiera en ningún otro escrito anarquista o en algún fanzine de esos que suelo descargarme cada tanto. Pero eso no me importa en lo más mínimo, porque nunca es tarde para aprender de la sabiduría de aquellos grandes maestros. Sin lugar a dudas cuando terminé de ver el documental, me sentí completamente conmovido, había encontrado en la figura de Raúl, una especie de guía, pues me identificaba plenamente con cada una de sus palabras. Sentía que había en él algo de maestro, y mucha verdad en sus palabras.
Con observar donde vivía, ese lugar mágico llamado «Huayra Huasi» («Casa del Viento» - traducido del Quechua) y su hermosa Comunidad Anarquista Transitoria, descubrí que al final hay más gente deseosa de querer transformar sus vidas y llevarlas para el lado de la libertad, en donde reine ese contacto con el hombre y la naturaleza, algo que hemos ido perdiendo con el pasar del tiempo.
La decisión de vivir sin luz, sin gas, sin electricidad y sin internet, no es la decisión de un loco, es más bien la decisión consciente de quién ha decidido alejarse de los lujos modernos, que solo propician el extravío de la mente, y hacen del hombre un ser ignorante de toda ignorancia. Para muchos sería imposible vivir sin luz y sin gas, mucho menos sin internet, porque estamos tan acostumbrados a ella, que su sola falta nos hace temblar de miedo. Hemos desarrollado la vida en base a un dispositivo que, minúsculo, ha logrado controlarnos mejor que cualquiera gobierno autoritario.
Nos guste o no vivimos bajo la dictadura del consumo, todo es sumamente difícil, más cuando estamos encerrados como hámsters, corriendo por una jaula sin ningún tipo de sentido o rumbo fijo.
Cuando todo parezca desmoronarse, serán lugares como «Huayra Huasi» y personalidades tan destacadas como Raúl Prchal, quienes nos guiarán hacia una salida mucho más provechosa y así desconectarnos de este mundo que nos mantiene aferrados a una realidad que no existe.
(«El Francotirador» - portada de la primera edición)
II
Con tan sólo tres capítulos «El Francotirador» es un libro que te cambia la manera de pensar. No hay manera que la historia no entre en tu mente consciente y te haga dar ese giro que estabas buscando.
Al principio no comprendía el porqué del nombre ¿Qué tiene que ver con todo esto un francotirador? Cuando nombraban el libro en el documental al principio pensé que se trataría tal vez de algunas reflexiones compiladas del propio Prchal, pero me sorprendió encontrarme con algo muchísimo mejor. Porque aquí las reflexiones tomaban un color novelesco, aportando un sentimiento mucho mayor, porque uno se da cuenta que a medida que va leyendo, los personajes no son simples creaciones, cada uno tiene un sentido, un propósito que está ligado al de cualquier persona real.
La historia nos sitúa juntos a dos personas, los dos protagonistas más importantes: Pepe y Alfonso. Pepe es un doctor a punto de jubilarse, vive una vida de burgués y añora su pasado con mucha tristeza. El otro Alfonso, es el mejor amigo de Pepe, éste nunca terminó la escuela, es un hippie anarquista que se dedicó toda su vida a conquistar la libertad, dice que la universidad «te llena la cabeza» y fue por Argentina y el mundo, buscando la aventura.
La historia nos cuesta que ambos convivieron un tiempo en Huacapunco, Pepe trabajaba en un hospital, tenía el sueño de formar una clínica para salvaguardar la vida de las personas que vivían allí en los cerros, a su vez Alfonso estaba de mecánico, pero ya había pasado por varios trabajos. Ambos estaban en Huacapunco, hasta que por cuestiones de la vida Pepe volvió a las calles de Rosario, donde puso un consultorio y formó una familia junto a Rosita, su esposa. De su amigo Alfonso supo poco y nada.
En su época de juventud Pepe también había sido un anarquista y un hippie que se la había pasado de comunidad en comunidad, buscando la libertad, pero después de estudiar la carrera decidió dejar eso de lado para establecerse con su familia en un lugar que le permitiera poder vivir cómodo. Alfonso, por su parte, hacía la suya sin depender del tiempo.
Pero no todo era tan fácil para Pepe, después de vivir mucho tiempo entre pacientes y estudios de medicina, algo en él no andaba bien. Continuamente a su mente llegaban los recuerdos de una juventud tan hermosa, donde se sentía completamente libre. Fue entonces que empezó a cuestionarse sobre su existencia y su correspondiente sentido ¿Qué estaba haciendo con su vida? ¿Por qué había renunciado a poner esa clínica en Huacapunco? ¿Qué le impedía volver a viajar y encontrar esa libertad perdida?
Ante Pepe se abre entonces el síntoma del vacío, además de extrañar profundamente a su amigo y a las personas que había conocido en sus viajes por Europa, después de que, una vez recibido y gracias a su altas calificaciones, obtuvo una beca para ir a Alemania.
Fue este mismo vacío el que de alguna manera puso fin a la vida del propio Pepe, las largas noches de insomnio dándole vueltas a los recuerdos, no lo dejaban vivir. Una mañana lo encontró su esposa desplomado sobre el escritorio de su consultorio. Tiempo después, en algún lugar de los cerros, hallaron muerto a un pobre linyera, que nadie supo saber quién era, pero por lo que se cree, se trataría de Alfonso.
La idea de «El Francotirador» es clara, los protagonistas, son soñadores, son francotiradores de utopías, que firmes e inmutables apuntan siempre a un objetivo claro, con el fin de lograr la meta de ser libres de cualquier atadura.
El libro fue escrito entre los años 1984-1986 y editado en el año 1987. La segunda edición vio la luz en el año 2009 y la primera reimpresión corregida salió en el año 2011.
El propio Raúl dijo que la escribió con el fin de dejar un legado, y sobre todo, para abrir las mentes de los que realmente están dispuestos a cambiar sus vidas y dar el salto hacia la conexión con lo elemental y porque no, ser también un hábil francotirador.
(«El Francotirador» - portada de la segunda edición)
III
«Escribir, editar, triunfar» eran los objetivos que el propio Raúl tenía para sí, escritos en la pared de su castillo de adobe. Esas tres afirmaciones las repetía como un mantra, que lo guiaría hacia la culminación de esa idea. Finalmente logró los tres objetivos, quizás no fue un escritor reconocido nacionalmente, pero su obra independiente caló muy fuerte en aquellos que la hayan leído (y estoy hablando desde mi propia experiencia personal, de lo contrario no estaría escribiendo esto).
Comparto con el gran Prchal esa utopía de que la escritura a uno lo va a salvar, pero no haciéndonos más ricos, sino más sensibles, más expresivos, así ganando libertad. Esto sucede con el arte en general. Considero que la vida de Raúl Prchal, es una vida dedicada al amor al arte, al amor por las ideas anarquista y un total aprecio a la vida simple, caracterizada por la ausencia de aquellas cosas que la modernidad denomina como «básicas»: internet, celulares, computadoras, tablets , luz, gas, la propia electricidad. Ésta es la verdadera vida sobria de la que tanto hablaba el brillante Pepe Mujica. Aunque parezca ideal (simple) no quiere decir que sea fácil, a los que ya estamos enchufados a todo este sinfín de necesidades superfluas, nos resultaría muy tortuoso adaptarnos a este tipo de vida, no digo que nunca lo logremos, pero nos llevará su tiempo, sólo armados de coraje y predisposición lo logremos. Así imagino yo a Raúl Prchal, siendo un valiente que se arriesgó a perseguir lo que sueña, sin sentir miedo a lo que vayan a pensar los demás, y siempre con un objetivo firme: «escribir, editar, triunfar».
Después de todo, la vida se resume en una sola palabra: experiencia. Estamos acá para vivir, para sentir, para experimentar el dolor, la felicidad, el placer y el disgusto. De eso trata todo.
Hablo cuando puedo sobre las enseñanzas de don Prchal, y me doy cuenta que mis allegados me miran raro. «¿Y éste loco de dónde salió?» deben decir para sus adentros, nadie comprende esa valía de la vida simple, de lo sencillo, del aprecio a lo poco, del desapego hacia el dinero, de la necesidad del arte como único medio para afrontar la vida. Tampoco pretendo que lo entiendan pero ¿Realmente estoy tan loco por desear una vida simple, alejada de los lujos? Yo quiero creer que no, al menos yo no me considero como tal, creo que soy más bien un soñador o mejor dicho, un francotirador más, que va por la vida disparando utopías, esperando acertarle a alguna.
¡Muchas gracias por leer!
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La «Huayra Huasi» en fotografías y otros creaciones del gran Raúl Prchal
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- LINKS DE INTERÉS:
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* Documental «La Realidad No Existe» sobre la vida de Raúl Prchal
(https://youtu.be/tPdrtq-WfxA?si=S6bcfH3qR9_OcOCH)
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* Raúl Prchal Web (canal de YouTube)
(https://www.youtube.com/@raulprchalweb)
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* Post Huayra Huasi (canal de YouTube)
(https://www.youtube.com/@postHuayraHuasi)
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* La Muerte del Sol (película)
(https://www.youtube.com/watch?v=t0Li5vWZFKk)
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* Raúl Prchal, el Quijote de Humahuaca (nota Radio Alegría Libertaria)
(https://alegrialibertaria.org/wp/raul-prchal-el-quijote-de-humahuaca/)
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* La Historia de Raúl Prchal y la Comunidad Anarquista Transitoria (nota Página 12)
(https://www.pagina12.com.ar/750218-la-historia-de-raul-prchal-y-la-comunidad-anarquista-transit/)





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