-.- INTRODUCCIÓN -.-
Volviendo a los cuentos
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había escrito algún relato, o cuento breve. Lo que fue este año me la pasé entre ensayos y publicaciones en el blog, hasta que me volvió a picar este bichito de la escritura, y decidí hacerlo con un personaje ya característico de mi repertorio, aunque haya permanecido oculto en sus inicios —pero de eso hablaremos más adelante.
Ahora solo quiero hacer una pequeña introducción para hablar un poco de la importancia de escribir, no solamente cuentos, sino también relatos, novelas, ensayos, poesías, etc, al final lo más hermoso que tiene todo esto, se encuentra en esa mirada personal y creativa que uno puede darle a lo que está redactando.
Es indispensable hoy por hoy volver a la escritura y verla como un ejercicio importante para el autoconocimiento, y el descubrimiento de aquellas cosas que muchas veces permanecen ocultas, pero que al liberarlas, mediante un impulso creativo, salen a la luz para iluminarnos o hacernos ver cosas que antes no entendíamos (o para sanar lo que nos hace mal).
Volver al cuento significa para mí, reencontrarme con esa vieja pasión y ese gran amor por la fantasía, por dejar volar la mente, por creer que soñando se pueden lograr las cosas.
La Cucaracha
Este personaje (La Cucaracha) no es nuevo, lo creé por allá en el año 2017 o 2018, cuando estaba muy metido con la película y el cómic de Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons), me fascinaba esa idea de héroes no tan poderosos,salvo el Dr. Manhattan, pero el resto eran humanos como tal. Recuerdo mi obsesión por Nite Owl, a la vez que en ese momento, había aparecido en mí vida otro personaje clave, llamado The Tick o en español La Garrapata (Ben Edlund). La comedia que este último personaje manejaba, y sobre todo el hecho de ser medio ridículo, me dio pie a crear a La Cucaracha, un personaje al puro estilo argentino.
[Hay que mencionar también la influencia de personajes como The Phantom de Lee Falk]
En un principio no iba a estar solo, aparecerían junto a él una especie de liga de superhéroes. Empecé entonces a escribir un intento de novela que, como es de público conocimiento, no pude terminar. Pero luego, uno o dos años después, hice un cómic de La Cucaracha, basándome en el «Especial Paramilitar de Navidad de Lobo», en donde este sostiene una guerra contra Papá Noel. Este cómic lo publiqué en el blog, recién en el año 2022, pero lo había dibujado dos años antes, en el 2020. (En ese momento me encontraba en la creación de otro personaje llamado El Hombre sin Cara, una especie de detective, y junto a La Cucaracha, fueron publicados en la página llamada «Tu Cómic» 一 si no mal recuerdo 一 pero sin mucho éxito).
Ahora, con estas nuevas ganas de querer escribir algo, lo retomo con el fin de cerrar su idea, de darle ya una personalidad definida, y porque no, ser el puntapié inicial para que algo nuevo surja en base a este ser tan querido (al menos por mí).
I
Existen muchos tipos de héroes. Los hay con capa y sin capa, en los cómics, en el cine o en las series, pero hay otros que son de carne hueso. Me atrevería a decir que más humanos que usted y yo. Quizás no sean los mejores, ni tengan el porte y los poderes del típico héroe americano, pero al final del día nos vamos a dormir sabiendo que es nuestro personaje ilustre. Es argentino y eso ya basta para justificar cualquier intento de acción heroica.
Cuando lo conocí, yo trabajaba en ese momento escribiendo artículos y haciendo entrevistas a grandes hombres y mujeres de la República, que luego salían publicados en una revista muy importante llamada «Miradas». El ejemplar se editaba en ese momento junto al diario «Amanecer Informativo», bajo la estricta dirección del Gringo Rossi, y salía todos los viernes a las seis de la mañana.
Fue el mismo Gringo quien me dijo un día que le hiciera una nota a aquel tan extraño personaje, pero no por eso menos conocido.
Sabía de su existencia, pero nunca había creído conveniente poder entrevistarlo. La revista «Miradas» generalmente hablaba de grandes eruditos, médicos, docentes, filósofos, pensadores, pero un superhéroe del siglo XX, nunca se nos hubiera ocurrido, o más bien creía que no me sería permitido.
Pero Rossi me dijo que había hablado con el que se encarga de la parte creativa de la revista y le dio la autorización para que yo le hiciera una nota. Ese mismo día, sentados en un café, teniendo en frente a la majestuosa plaza San Martín, me pasó un sobre con la dirección de éste personaje, en donde había un número de teléfono, un recorte de prensa y una foto en blanco y negro. Le dije que me iba a poner en contacto con él lo más rápido posible.
Cuando llegué a mi casa, a la noche, me senté frente a la ventana, en el clásico escritorio que todo periodista debe tener, es decir, medio desvencijado y lleno de papeles, anotaciones y cosas que jamás terminé. Miré la foto, ahí aparecía este extraño hombre, se veía alto, más o menos de un metro noventa de altura, vestido con ese típico traje de maya, complete entero, con una capucha a lo Batman y con unas antenas largas que se sostenían firmes, para después caer en las puntas. Tenía buen lomo, al parecer entrenaba, de lo contrario no tenía otra forma de explicar esa complexión. Aparecía en esa misma imagen una mujer con un niño y al lado un oficial de policía. En el reverso de la foto se veía una fecha: «Septiembre de 1979».
Dejé la foto a un lado y observé aquel recorte de diario (también antiguo) aparecía la misma foto que miré recién, pero al lado se leía lo siguiente:
«Esta mañana, en la calle Lucio V. López y Laprida, una mujer fue víctima de un ataque brutal por parte de un grupo de dos malvivientes, para intentar arrebatarle la cartera. Los gritos de su hijo, que cuenta con apenas un año de edad, alertaron a nuestro protagonista principal La Cucaracha, quién haciendo uso de sus habilidades de superhéroe, logró reducir a los malhechores, que finalmente, gracias al accionar del oficial Miguel Ángel Portillo, jefe de la seccional Gral. San Martín, fueron encerrados en el calabozo a la espera de su sentencia. Otro día en el que La Cucaracha no defrauda a la hora de salvar a los ciudadanos».
La existencia de la cucaracha era una historia increíble, y convertía a la ciudad en una centro de atracción para los que buscaban conocer aquel noble personaje.
Puse la foto y el recorte en un folio para guardarlos en una carpeta. Por último tomé una tarjeta que estaba adentro del sobre en donde se leía la dirección y el número de teléfono de este personaje. Me decidí a hacerle una llamada mañana por la mañana, ya eran cerca de las diez de la noche, y no quería andar importunando a estas horas. Total estaba seguro de que iba a aceptar darme una nota, sobre todo sabiendo lo importante que era para nuestra localidad.
II
Cuando lo llamé por teléfono para agendar la entrevista, hubo algo que me pareció extraño, su voz no sanaba gastada, como alguien que ya está viejo, de hecho sonaba con demasiada vitalidad, casi juvenil. Eso me hacía ruido, sobre todo si tenía una foto de él a finales de los años 70's. Sin embargo no le di mucha importancia, lo tomé como un detalle al pasar y quedamos en vernos en su casa el lunes de la semana que viene a las diez de la mañana.
Hoy estábamos a jueves, tenía un tiempo para preparar todo lo relacionado a la entrevista, preguntas, posibles repreguntas, pero lo más importante, tenía tiempo para investigar, quería saber más de él. Si bien ya de chico había sido criado con su historia, puesto que era un personaje destacado y sobre todo, con la idea de hacer siempre un bien a la sociedad, combatiendo el crimen más aberrante, y hasta el día de hoy seguía apareciendo para hacer justicia.
Tengo entendido que no fue una figura mediática, nunca aceptó entrevistas, a no ser que sean de forma escrita. Encontré en internet una copia del semanario «El Nacional», donde se encuentra una extensa nota, en donde La Cucaracha explica muy por encima sus motivaciones, sus sueños y su propósito. Dicen por ahí, algunos medios un poco amarillistas, que nunca se sacó su traje, es decir que su identidad hasta el día de hoy parece un misterio. Ni siquiera para votar, de hecho en el padrón electoral, cuando me fije, figura como La Cucaracha ¿Acaso estamos ante alguien que fue devorado por su propio personaje? Porque de lo contrario no me explico cómo puede ser que durante décadas no se haya revelado su identidad. Hasta Batman a veces falla en ocultar quién es ¿Qué tiene entonces de especial La Cucaracha?
Desentrañar sus métodos era para mí lo más importante, evidentemente no iba a revelar su identidad ¡Sí no lo podía hacer ni el presidente, menos lo voy a hacer yo! Aunque existía la posibilidad de que si mis preguntas eran lo bastante inteligentes, tal vez lograría hacerle «pisar el palito» y así sacarle información relevante. No quería que mi entrevista fuera igual a las otras que ya le habían hecho, necesitaba hacer algo diferente, darle un giro de tuerca que refleje otros aspectos del héroe local.
El sábado me había puesto en contacto con un amigo, muy fanático de los cómics y del mundo de los superhéroes. Entre un par de vinos, se puso a contarme que la historia de La Cucaracha, se remonta a inicios de 1900, cuando apareció por las calles de la ciudad protegiendo a niños y damiselas indefensas. Al principio la gente le tenía miedo, pero después se fueron acomodando, sobre todo cuando vieron que estaba del lado de los buenos. Lo que convenció a la ciudad, fue cuando La Cucaracha sola, se enfrentó a la mafia del «Tuerto» D'Alessio, un italiano que había llegado a estas tierras buscando fortuna y aprovechándose de los demás. Dicen que recibió un par de balazos, pero aún así finalizó su misión, capturó al tano y a la semana siguiente La Cucaracha reapareció como nueva, nadie se lo explicaba, pero ahí estaba ese héroe nacional, nacido mucho antes que los famosos americanos.
III
Llegó finalmente el lunes.
A las ocho de la mañana llegué a la oficina de redacción, le avisé al Gringo de la nota y no tuvo ningún tipo de decoro al disimular una alegría inmensa. Yo no comprendía que tanta publicidad le hacían a un héroe del siglo XX. Evidentemente algo raro tenía, pero tampoco era para tanto.
—¿Cómo que no es para tanto?— me dijo indignado al escuchar mi comentario— Vos andá y vas a ver, te va a cambiar la vida, te lo aseguro, y dale un saludo de mi parte.
¿Qué le mande un saludo? ¿De parte del mismísimo Gringo Rossi? ¿Es que acaso se conocían? A ver, él me había dado ese sobre, aunque también se lo podría haber dado otro y él solo hacérmelo llegar a mi. En todo caso, los misterios ya se iban a develar en unas pocas horas.
Fui hasta mi oficina, abrí el cajón y saqué la grabadora junto a una cámara de fotos. Calculaba que no se iba a negar a ser retratado solo para estar en la tapa de la revista, de lo contrario tendría que hablarle a Jorgito Belmonte, un gran ilustrador, para que me hiciera un dibujo de La Cucaracha en base a mis descripciones. En todo caso era más fácil la foto.
Salí de la redacción, subí al auto y me fije en la dirección. Antes de salir llamé a La Cucaracha para avisarle que estaba en camino, él dijo que fuera tranquilo total tenía todo el día.
El auto arrancó y partí hacia aquel lugar alejándome de todo el centro urbano, estaba casi a la altura de la ruta principal pero muy al fondo, oculto. Sonreí al imaginarme un panorama al estilo clásico de una «baticueva», a estas ya nada me sorprendía.
El sol de verano comenzaba a picar en mi piel, adentro del auto sonaba algo de Creedence, mientras ensayaba en mi mente las preguntas trampa, esas que como sagaz periodista, me iban a dar mucha información valiosa.
A las 9:30 de la mañana me encontraba frente a un portón de madera muy bien cuidado, estaba sin traba, lo abrí y crucé, luego lo cerré y proseguí la marcha. Empecé a subir por un camino empinado, algo pedregoso, pero en muy buen estado. Ante mí sólo había un árido paisaje, luego de pasar por esa subida un poco difícil, ya el camino se normalizaba, y comenzaba a divisar algunos árboles, que luego se fueron uniendo en frondoso bosquecillo, por el cuál él camino se abría paso, mientras el sol resaltaba el potente verdor de aquellas plantas.
Después de unos veinte minutos, llegué a una gran puerta de rejas protegidas por un tapial, en donde montando a él, se hallaban las esculturas de dos gárgolas. Me quedé mirando, como esperando a que alguien saliera a mi encuentro para abrirme la puerta, pero ésta se abrió sola, ni bien alcancé a pasar se cerró detrás de mí con un movimiento tranquilo. Seguí avanzando, ya la vegetación se hacía algo tupida, casi selvática, y fui a parar al interior de un jardín finamente decorado con flores de todos colores y hermosos frutales. Paré la marcha y me bajé. Ante mí estaba la visión increíblemente grandiosa de una estructura similar a una fortaleza, era como encontrar un castillo perfectamente construido en este siglo.
Era hermoso en todos sus detalles, una construcción que sabía equilibrar lo antiguo con lo moderno.
Miré a mi alrededor y estaba como en una especie de Edén artificial, dentro de una ciudad que al parecer tenía un señor disfrazado de superhéroe ¡Sí que le había ido demasiado bien en el negocio de estar del lado de los buenos! Yo ni trabajando horas extras en la redacción sacaba lo suficiente como para poder vivir así.
Estaba tan alucinado mirando todo lo que había a mí alrededor, que no escuché acercarse a un hombre joven, que cuando me saludó no pude evitar sorprender me.
— Disculpe si lo he asustado— dijo con una sonrisa un poco tímida.
—No se preocupe, al menos no podrá matarme— le respondí entre risas.
—Usted debe ser el periodista de la revista «Miradas» ¿No es así?
— Si el mismo vengo a hablar con laaaa...
— La Cucaracha— me corto las palabras de la boca— Pase lo está esperando.
Entramos a la casa y si ya desde afuera era algo de no creer, adentro todo parecía de película. Muebles antiquísimos, reliquias antiguas, todo estaba perfecto, sin ninguna partícula de polvo. Había fotos de personas que no conocía, y otras que evidentemente sí, como una fotografía de Juan Domingo Perón, otra de Humberto Ilia, una de Alfonsín y otra con Néstor Kirchner. Al parecer se trataba de alguien que le interesaba la política ¿O era simple compromiso?
El hombre me hizo pasar a una sala para esperarlo, allí había un par de sillones, un estante abarrotado de libros y una pintura de la misma Cucaracha al lado de un perro — quizás suyo, no sabría decirlo.
No habían pasado ni diez minutos cuando la puerta en la habitación en la que me encontraba se abrió y ahí estaba él.
A pesar del nombre, su imagen imponía respeto, era alto, un metro noventa aproximadamente, el traje era de un color marrón y bien pegado al cuerpo, tenía ojos negros, estaba bien afeitado, poseía una contextura atlética, por lo que al parecer tendría unos treinta y cinco años pero ¿No se trataba de alguien de principio de 1900? Me iba a explotar la cabeza.
Nos dimos la mano y me pidió que me sentara. Me sirvió un whisky y él solo tenía agua en una botella, me dijo que no era de héroes tomar alcohol. Dejó los vasos en una mesita y se sentó frente a mí, cruzando la pierna izquierda en posición relajada, con ambos brazos recostados en el apoyabrazos del sillón.
— ¿Está listo para hacer las preguntas? — Me dijo.
En un principio no iba a estar solo, aparecerían junto a él una especie de liga de superhéroes. Empecé entonces a escribir un intento de novela que, como es de público conocimiento, no pude terminar. Pero luego, uno o dos años después, hice un cómic de La Cucaracha, basándome en el «Especial Paramilitar de Navidad de Lobo», en donde este sostiene una guerra contra Papá Noel. Este cómic lo publiqué en el blog, recién en el año 2022, pero lo había dibujado dos años antes, en el 2020. (En ese momento me encontraba en la creación de otro personaje llamado El Hombre sin Cara, una especie de detective, y junto a La Cucaracha, fueron publicados en la página llamada «Tu Cómic» 一 si no mal recuerdo 一 pero sin mucho éxito).
Ahora, con estas nuevas ganas de querer escribir algo, lo retomo con el fin de cerrar su idea, de darle ya una personalidad definida, y porque no, ser el puntapié inicial para que algo nuevo surja en base a este ser tan querido (al menos por mí).
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La Cucaracha
Por..MARK
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I
Existen muchos tipos de héroes. Los hay con capa y sin capa, en los cómics, en el cine o en las series, pero hay otros que son de carne hueso. Me atrevería a decir que más humanos que usted y yo. Quizás no sean los mejores, ni tengan el porte y los poderes del típico héroe americano, pero al final del día nos vamos a dormir sabiendo que es nuestro personaje ilustre. Es argentino y eso ya basta para justificar cualquier intento de acción heroica.
Cuando lo conocí, yo trabajaba en ese momento escribiendo artículos y haciendo entrevistas a grandes hombres y mujeres de la República, que luego salían publicados en una revista muy importante llamada «Miradas». El ejemplar se editaba en ese momento junto al diario «Amanecer Informativo», bajo la estricta dirección del Gringo Rossi, y salía todos los viernes a las seis de la mañana.
Fue el mismo Gringo quien me dijo un día que le hiciera una nota a aquel tan extraño personaje, pero no por eso menos conocido.
Sabía de su existencia, pero nunca había creído conveniente poder entrevistarlo. La revista «Miradas» generalmente hablaba de grandes eruditos, médicos, docentes, filósofos, pensadores, pero un superhéroe del siglo XX, nunca se nos hubiera ocurrido, o más bien creía que no me sería permitido.
Pero Rossi me dijo que había hablado con el que se encarga de la parte creativa de la revista y le dio la autorización para que yo le hiciera una nota. Ese mismo día, sentados en un café, teniendo en frente a la majestuosa plaza San Martín, me pasó un sobre con la dirección de éste personaje, en donde había un número de teléfono, un recorte de prensa y una foto en blanco y negro. Le dije que me iba a poner en contacto con él lo más rápido posible.
Cuando llegué a mi casa, a la noche, me senté frente a la ventana, en el clásico escritorio que todo periodista debe tener, es decir, medio desvencijado y lleno de papeles, anotaciones y cosas que jamás terminé. Miré la foto, ahí aparecía este extraño hombre, se veía alto, más o menos de un metro noventa de altura, vestido con ese típico traje de maya, complete entero, con una capucha a lo Batman y con unas antenas largas que se sostenían firmes, para después caer en las puntas. Tenía buen lomo, al parecer entrenaba, de lo contrario no tenía otra forma de explicar esa complexión. Aparecía en esa misma imagen una mujer con un niño y al lado un oficial de policía. En el reverso de la foto se veía una fecha: «Septiembre de 1979».
Dejé la foto a un lado y observé aquel recorte de diario (también antiguo) aparecía la misma foto que miré recién, pero al lado se leía lo siguiente:
«Esta mañana, en la calle Lucio V. López y Laprida, una mujer fue víctima de un ataque brutal por parte de un grupo de dos malvivientes, para intentar arrebatarle la cartera. Los gritos de su hijo, que cuenta con apenas un año de edad, alertaron a nuestro protagonista principal La Cucaracha, quién haciendo uso de sus habilidades de superhéroe, logró reducir a los malhechores, que finalmente, gracias al accionar del oficial Miguel Ángel Portillo, jefe de la seccional Gral. San Martín, fueron encerrados en el calabozo a la espera de su sentencia. Otro día en el que La Cucaracha no defrauda a la hora de salvar a los ciudadanos».
La existencia de la cucaracha era una historia increíble, y convertía a la ciudad en una centro de atracción para los que buscaban conocer aquel noble personaje.
Puse la foto y el recorte en un folio para guardarlos en una carpeta. Por último tomé una tarjeta que estaba adentro del sobre en donde se leía la dirección y el número de teléfono de este personaje. Me decidí a hacerle una llamada mañana por la mañana, ya eran cerca de las diez de la noche, y no quería andar importunando a estas horas. Total estaba seguro de que iba a aceptar darme una nota, sobre todo sabiendo lo importante que era para nuestra localidad.
II
Cuando lo llamé por teléfono para agendar la entrevista, hubo algo que me pareció extraño, su voz no sanaba gastada, como alguien que ya está viejo, de hecho sonaba con demasiada vitalidad, casi juvenil. Eso me hacía ruido, sobre todo si tenía una foto de él a finales de los años 70's. Sin embargo no le di mucha importancia, lo tomé como un detalle al pasar y quedamos en vernos en su casa el lunes de la semana que viene a las diez de la mañana.
Hoy estábamos a jueves, tenía un tiempo para preparar todo lo relacionado a la entrevista, preguntas, posibles repreguntas, pero lo más importante, tenía tiempo para investigar, quería saber más de él. Si bien ya de chico había sido criado con su historia, puesto que era un personaje destacado y sobre todo, con la idea de hacer siempre un bien a la sociedad, combatiendo el crimen más aberrante, y hasta el día de hoy seguía apareciendo para hacer justicia.
Tengo entendido que no fue una figura mediática, nunca aceptó entrevistas, a no ser que sean de forma escrita. Encontré en internet una copia del semanario «El Nacional», donde se encuentra una extensa nota, en donde La Cucaracha explica muy por encima sus motivaciones, sus sueños y su propósito. Dicen por ahí, algunos medios un poco amarillistas, que nunca se sacó su traje, es decir que su identidad hasta el día de hoy parece un misterio. Ni siquiera para votar, de hecho en el padrón electoral, cuando me fije, figura como La Cucaracha ¿Acaso estamos ante alguien que fue devorado por su propio personaje? Porque de lo contrario no me explico cómo puede ser que durante décadas no se haya revelado su identidad. Hasta Batman a veces falla en ocultar quién es ¿Qué tiene entonces de especial La Cucaracha?
Desentrañar sus métodos era para mí lo más importante, evidentemente no iba a revelar su identidad ¡Sí no lo podía hacer ni el presidente, menos lo voy a hacer yo! Aunque existía la posibilidad de que si mis preguntas eran lo bastante inteligentes, tal vez lograría hacerle «pisar el palito» y así sacarle información relevante. No quería que mi entrevista fuera igual a las otras que ya le habían hecho, necesitaba hacer algo diferente, darle un giro de tuerca que refleje otros aspectos del héroe local.
El sábado me había puesto en contacto con un amigo, muy fanático de los cómics y del mundo de los superhéroes. Entre un par de vinos, se puso a contarme que la historia de La Cucaracha, se remonta a inicios de 1900, cuando apareció por las calles de la ciudad protegiendo a niños y damiselas indefensas. Al principio la gente le tenía miedo, pero después se fueron acomodando, sobre todo cuando vieron que estaba del lado de los buenos. Lo que convenció a la ciudad, fue cuando La Cucaracha sola, se enfrentó a la mafia del «Tuerto» D'Alessio, un italiano que había llegado a estas tierras buscando fortuna y aprovechándose de los demás. Dicen que recibió un par de balazos, pero aún así finalizó su misión, capturó al tano y a la semana siguiente La Cucaracha reapareció como nueva, nadie se lo explicaba, pero ahí estaba ese héroe nacional, nacido mucho antes que los famosos americanos.
Este amigo me comentó que nunca nadie logró vencerlo, si es verdad que estuvo un tiempo ausente, en especial durante los 90's, pero después reapareció en plena crisis del 2001, para tratar de contener a la turba de gente que estaba saqueando y arruinando la ciudad. Más allá de la aparente «inmortalidad» y la capacidad de no envejecer, La Cucaracha no tenía ningún poder sobrehumano, no podía volar, no escuchaba a través de las paredes, no lanzaba rayos X, ni poseía una fuerza descomunal. Es un humano como vos y como yo, un poco raro, pero un humano al fin.
Me enteré además que armó una pequeña comisión con otros héroes argentinos, esto fue durante los 60's pero no prosperó, todos tenían que luchar contras sus egos, todos querían ser más, y al final se repartieron cada cual a su lugar de origen.
Dicen que La Cucaracha se enamoró una vez, y ese amor lo sigue hasta el día de hoy, no sabe quién es, no sabe ni cómo se llama, pero dicen que está en su casa (eso es algo que ya el lunes averiguaré).
Cuando me senté el domingo a la noche con toda esta información recaudada, me di cuenta que esto evidentemente era cosa seria, no estaba tratando con un loquito que se creía un superhéroe, acá había algo más, algo mucho más profundo, que quizás no tenía una respuesta concreta, pero que tal vez mañana podría al menos intentar develar.
Me enteré además que armó una pequeña comisión con otros héroes argentinos, esto fue durante los 60's pero no prosperó, todos tenían que luchar contras sus egos, todos querían ser más, y al final se repartieron cada cual a su lugar de origen.
Dicen que La Cucaracha se enamoró una vez, y ese amor lo sigue hasta el día de hoy, no sabe quién es, no sabe ni cómo se llama, pero dicen que está en su casa (eso es algo que ya el lunes averiguaré).
Cuando me senté el domingo a la noche con toda esta información recaudada, me di cuenta que esto evidentemente era cosa seria, no estaba tratando con un loquito que se creía un superhéroe, acá había algo más, algo mucho más profundo, que quizás no tenía una respuesta concreta, pero que tal vez mañana podría al menos intentar develar.
Llegó finalmente el lunes.
A las ocho de la mañana llegué a la oficina de redacción, le avisé al Gringo de la nota y no tuvo ningún tipo de decoro al disimular una alegría inmensa. Yo no comprendía que tanta publicidad le hacían a un héroe del siglo XX. Evidentemente algo raro tenía, pero tampoco era para tanto.
—¿Cómo que no es para tanto?— me dijo indignado al escuchar mi comentario— Vos andá y vas a ver, te va a cambiar la vida, te lo aseguro, y dale un saludo de mi parte.
¿Qué le mande un saludo? ¿De parte del mismísimo Gringo Rossi? ¿Es que acaso se conocían? A ver, él me había dado ese sobre, aunque también se lo podría haber dado otro y él solo hacérmelo llegar a mi. En todo caso, los misterios ya se iban a develar en unas pocas horas.
Fui hasta mi oficina, abrí el cajón y saqué la grabadora junto a una cámara de fotos. Calculaba que no se iba a negar a ser retratado solo para estar en la tapa de la revista, de lo contrario tendría que hablarle a Jorgito Belmonte, un gran ilustrador, para que me hiciera un dibujo de La Cucaracha en base a mis descripciones. En todo caso era más fácil la foto.
Salí de la redacción, subí al auto y me fije en la dirección. Antes de salir llamé a La Cucaracha para avisarle que estaba en camino, él dijo que fuera tranquilo total tenía todo el día.
El auto arrancó y partí hacia aquel lugar alejándome de todo el centro urbano, estaba casi a la altura de la ruta principal pero muy al fondo, oculto. Sonreí al imaginarme un panorama al estilo clásico de una «baticueva», a estas ya nada me sorprendía.
El sol de verano comenzaba a picar en mi piel, adentro del auto sonaba algo de Creedence, mientras ensayaba en mi mente las preguntas trampa, esas que como sagaz periodista, me iban a dar mucha información valiosa.
A las 9:30 de la mañana me encontraba frente a un portón de madera muy bien cuidado, estaba sin traba, lo abrí y crucé, luego lo cerré y proseguí la marcha. Empecé a subir por un camino empinado, algo pedregoso, pero en muy buen estado. Ante mí sólo había un árido paisaje, luego de pasar por esa subida un poco difícil, ya el camino se normalizaba, y comenzaba a divisar algunos árboles, que luego se fueron uniendo en frondoso bosquecillo, por el cuál él camino se abría paso, mientras el sol resaltaba el potente verdor de aquellas plantas.
Después de unos veinte minutos, llegué a una gran puerta de rejas protegidas por un tapial, en donde montando a él, se hallaban las esculturas de dos gárgolas. Me quedé mirando, como esperando a que alguien saliera a mi encuentro para abrirme la puerta, pero ésta se abrió sola, ni bien alcancé a pasar se cerró detrás de mí con un movimiento tranquilo. Seguí avanzando, ya la vegetación se hacía algo tupida, casi selvática, y fui a parar al interior de un jardín finamente decorado con flores de todos colores y hermosos frutales. Paré la marcha y me bajé. Ante mí estaba la visión increíblemente grandiosa de una estructura similar a una fortaleza, era como encontrar un castillo perfectamente construido en este siglo.
Era hermoso en todos sus detalles, una construcción que sabía equilibrar lo antiguo con lo moderno.
Miré a mi alrededor y estaba como en una especie de Edén artificial, dentro de una ciudad que al parecer tenía un señor disfrazado de superhéroe ¡Sí que le había ido demasiado bien en el negocio de estar del lado de los buenos! Yo ni trabajando horas extras en la redacción sacaba lo suficiente como para poder vivir así.
Estaba tan alucinado mirando todo lo que había a mí alrededor, que no escuché acercarse a un hombre joven, que cuando me saludó no pude evitar sorprender me.
— Disculpe si lo he asustado— dijo con una sonrisa un poco tímida.
—No se preocupe, al menos no podrá matarme— le respondí entre risas.
—Usted debe ser el periodista de la revista «Miradas» ¿No es así?
— Si el mismo vengo a hablar con laaaa...
— La Cucaracha— me corto las palabras de la boca— Pase lo está esperando.
Entramos a la casa y si ya desde afuera era algo de no creer, adentro todo parecía de película. Muebles antiquísimos, reliquias antiguas, todo estaba perfecto, sin ninguna partícula de polvo. Había fotos de personas que no conocía, y otras que evidentemente sí, como una fotografía de Juan Domingo Perón, otra de Humberto Ilia, una de Alfonsín y otra con Néstor Kirchner. Al parecer se trataba de alguien que le interesaba la política ¿O era simple compromiso?
El hombre me hizo pasar a una sala para esperarlo, allí había un par de sillones, un estante abarrotado de libros y una pintura de la misma Cucaracha al lado de un perro — quizás suyo, no sabría decirlo.
No habían pasado ni diez minutos cuando la puerta en la habitación en la que me encontraba se abrió y ahí estaba él.
A pesar del nombre, su imagen imponía respeto, era alto, un metro noventa aproximadamente, el traje era de un color marrón y bien pegado al cuerpo, tenía ojos negros, estaba bien afeitado, poseía una contextura atlética, por lo que al parecer tendría unos treinta y cinco años pero ¿No se trataba de alguien de principio de 1900? Me iba a explotar la cabeza.
Nos dimos la mano y me pidió que me sentara. Me sirvió un whisky y él solo tenía agua en una botella, me dijo que no era de héroes tomar alcohol. Dejó los vasos en una mesita y se sentó frente a mí, cruzando la pierna izquierda en posición relajada, con ambos brazos recostados en el apoyabrazos del sillón.
— ¿Está listo para hacer las preguntas? — Me dijo.
CONTINUARÁ...



































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