PRESAGIOS PARA ESTA NUEVA HUMANIDAD
MÁS QUE SOLO UN TEXTO MISTERIOSO
Por...MARK
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INTRODUCCIÓN
Lo siguiente que van a leer no se como describirlo, me llegó de casualidad, y yo tampoco no supe como tomarlo. Son al parecer unas cinco visiones que tuvo una especie de monje antiguo, en las que experimentó las más altas revelaciones.
Me pareció interesante publicarlas en este blog, ya que es un sitio que se dedica a la reflexión profunda y a la búsqueda exhaustiva del conocimiento.
Todo esto tiene como propósito alimentar el alma y alentar a las personas a que empiecen con el ejercicio interno que exige el autoconocimiento.
Siempre trataré de compartir aquí, todo lo que tenga relación con el mejoramiento del alma. En éstas épocas oscuras es de necesidad vital buscar siempre la luz, independientemente del estado en el que nos encontremos.
Ahora bien, usted puede tomar esto como una especie de falsificación, es decir una obra enteramente de ficción o encontrar las sutilezas del alma que nos pueden conducir a ser mejores seres humanos.
De aquí en adelante, todo depende de usted. Yo no puedo hacer más nada, necesitamos que la humanidad sola se de cuenta que está andando los caminos inducidos por el Maligno y es necesario que empiece a enderezar el rumbo o de lo contrario, todo lo que conocemos como vida, habrá desaparecido.
Fuimos puestos en esta bola terrosa con el fin último de asegurar su protección y supervivencia, como así también garantizarle una vida sana a las plantas y a los animales ¿Qué estamos haciendo mal entonces? Nos estamos fijando en nuestro egoísmo y dejamos en segundo o tercer plano lo más importante. Ese pensamiento es algo que evidentemente hay que corregir.
*DESARROLLO
I
LA SABIDURÍA
Me vi envuelto en ese sueño raro, que me trasladó al mundo onírico del universo inmaterial, que sostiene a cada uno de los espíritus que rigen la Vida en la Tierra. Vi, con mis ojos translúcidos, la Divinidad que habita en este planeta y que es semilla en cada uno de sus hijos humanos.
Me descubrí en ese sueño, rodeado de gente que nunca había visto, pero que por alguna extraña razón sentía en mi anterior que los conocía. Sus miradas producían un calor en mi piel vaporosa, sentía que hervía con una temperatura superior a la que uno puede soportar.
Entonces me desintegré, me volví molécula, me convertí en un átomo. Pude vibrar y experimentar mi realidad a un nivel superior, pues no sentía la energía, yo era la energía.
Por lo visto me dividía y subdividía, logrando así integrar en mí cada pizca de conocimiento. Podía entenderlo todo, ver el Universo, saborearlo, olerlo, tocarlo, sentir la textura eterna de ese vacío que lo consume todo en su negrura imperecedera.
Después me volví a unir, fue como un segundo nacimiento. Cuando desperté, supe en mi interior que hoy sabía más que ayer.
II
AMOR PROPIO
Tiempo después, en una noche de tormenta huracanada, volví a tener otra experiencia tan vívida como la del sueño anterior. Me encontraba yo en una habitación completamente blanca, de ella colgaban una serie de doce cuadros y en cada uno de ellos se hallaban ciertos símbolos que yo asumí, me indicarían algo. Me puse a pensar y en definitiva esa era la solución. Cada uno de los cuadros funcionaban como piezas de un rompecabezas.
Los descolgué a todos, teniendo mucho cuidado de no romper nada, y a base de prueba y error, armé la figura. Que no era más que una estrella de David que contenía en su interior la esencia del Espíritu Divino [el nombre prohibido del Supremo]. Armar todo me llevó un total de seis días, aunque el tiempo en esa habitación era distinto al tiempo de cuando uno está despierto en la realidad.
Después de que colgué las piezas—o los cuadros— en orden, una puerta al fondo se abrió, revelando ante mí, una negrura tan intensa que no pude evitar sentir algo de miedo. Entonces, una voz en mi cabeza me dijo: «Todos los caminos que conducen al saber, al principio son negros ¡Ve y anda, que tú eres la luz!».
Entonces fui y la puerta atrás mío se cerró, y justo en ese instante se encendió la luz en ese nuevo lugar, y me encontré parado en una habitación completamente roja. Allí no había nada aparente, más que una serie de libros tirados, comprendí que tenía que ir hacia ellos, y cuando los tomé, estos libros estaban escritos con recuerdos de mis memorias, pero eran aquellos recuerdos que cualquier persona querría evitar. Allí estaban apuntadas mis vergüenzas, mis defectos, mis problemas, los momentos de ira, todas las mentiras que dije, las veces que me enojé sin razón.
Me quedé estupefacto, pero sabía que algo tenía que hacer, las leí, y releí una y mil veces, hasta que de tanto internalizarlas y aceptarlas como parte de mí, un peso inmenso me abandonó y la paz reinó en mi corazón. Vi como los párrafos escritos en las hojas se empezaban a borrar y los libros se desvanecían.
Cuando quise darme cuenta, me encontraba otra vez en la oscuridad y a allá, a unos tres metros de mí, se abrió otra puerta, ahora de ella resplandecía una luz dorada e intensa. Nuevamente la voz en mi mente habló: «No te negarás nunca, te debes ver como lo que eres, nada incorrecto sale ni saldrá de tí, mientras sepas quién habita en tu interior».
Fui a la otra puerta y la atravesé. Automáticamente la habitación anterior desapareció. Me encontré entonces en una pieza exquisitamente adornada, era como una gran sala de estar, pero con varios libros colocados en sus estantes, mientras dos sillones de tela azul descansaban frente a una estufa hogar encendida. El crepitar del fuego me relajaba.
Me senté en uno de los sillones, era extremadamente cómodo, de pronto un sueño profundo me invadió y otra vez la voz que me decía: «Duerme querido alumno, el viaje recién está comenzando y debes tener las fuerzas necesarias para afrontar los próximos desafíos».
Después de que aquella voz terminó de hablar, me dormí. Sentía como el sillón levitaba, a la vez que ascendía no sé hacia donde, pero sentía que flotaba hacia alguna dirección.
Finalmente, con los primeros rayos del sol me desperté. Esa mañana, ya sin tormentas a la vista, al mirar mi reflejo en las aguas cristalinas de un río cercano, ya no me recriminé el porqué de mis penurias, más bien me vi y me amé como lo que era.
III
LA VERDADERA CONFIANZA
Cierta noche negra de invierno gélido, tuve otra visión. Me hallaba yo en medio de una selva, completamente rodeado de una vegetación densa, y un sol abrasador que castigaba mi cuerpo sin ningún tipo de piedad. Estaba perdido, no podía hallar salida alguna de ese laberinto verdadero, además no sabía cómo había llegado hasta ahí.
Pero finalmente, después de meditarlo unos minutos—que parecieron horas— avancé. Me daba la sensación que la vegetación cada vez se cernía sobre mí y tuve miedo de que me tapara por completo y muriera asfixiado. Gracias al Supremo, eso no sucedió, pero si pasó algo más grave.
Tal vez llevaba caminando un par de días, cuando al apoyarme frente a un árbol para poder descansar el cuerpo, una vil serpiente hija de Satán, mordió de manera vehemente mi brazo derecho. El dolor fue instantáneo al igual que la fiebre. Giré y vi a ese reptil inmundo, convertirse en una especie de humano ofídico, que salió corriendo hacia la espesura, no sin antes dejarme una sonrisa de burlona victoria.
En ese momento creí que iba a fallecer. La sensación de muerte era completamente desesperante. Probé aplicándome algún ungüento que sabía hacer con ciertas hojas silvestres, pero con un poder curativo sin igual. Para más mala suerte, no surtieron efecto.
Cuando creía que ya iba a desfallecer, aparecieron delante mí dos figuras misteriosas. Una era enteramente luminosa y de color blanco, la otra era de una luminosidad opaca y de color negro. La presencia blanca aseguró ser mi amigo, y la presencia negra dijo ser mi enemigo, después ambas afirmaron que eran capaces de curarme, pero solamente debía confiar en uno de ellos.
Mire hacia el cielo despejado e imploré por ayuda, necesitaba sí o sí una solución a este problema, sino terminaría muerto. Les pregunté a las dos figuras que me mostraran cuáles eran las soluciones para mí problema y la verdad que las dos me parecieron suficientes para tratar este asunto. Me puse a meditarlo, hasta que de la nada, un fallo repentino en la luz de la figura blanca me hizo dudar. Era igual al titilar de una llama que quiere apagarse. Me levanté y me puse frente a frente con la figura, su luz parecía apagarse, me dio la impresión de que era falsa. Con mi brazo izquierdo libre, la golpeé y noté como se resquebrajaba una especie de cristal, entonces cuando se hubo roto por completo, ese ser mitad serpiente y mitad humano, apareció ¡Estaba usando un disfraz!
En ese momento se puso de rodillas implorando que no le hiciera nada, pero fue la justicia Divina la que lo llevó a la rastra hasta las profundidades de la tierra.
Confíe entonces que la figura negra era la verdadera presencia de quien me iba a salvar. Le extendí mí brazo y con un solo roce de su mano ya estaba curado, la fiebre se había disipado.
La presencia negra entonces empezó a transmutar en una luz intensa y brillante. Habló una voz que me dijo: «Has obrado bien».
Aquella luz me condujo al final de la selva, y cuando quise despedirme, me desperté. Esa mañana comprendí cuáles eran las verdaderas personas en las cuales debía confiar.
IV
APRENDER A ESCUCHARSE
Una noche de primavera, caí entregado al sueño y obtuve así la cuarta visión. Me encontraba yo ahora en un desierto muy caluroso, con un sol que ardía y unas noches que eran frías. No sabía a dónde ir, ni que hacer, por lo que caminaba casi siempre sin sentido, a tal punto que parecía que andaba en círculos.
Cierto momento se me presentó una figura de un monje, al parecer antiguo, lo digo por su aspecto y la presencia que tenía. Me preguntó si estaba perdido y le dije que sí, entonces me dijo: «Siga la ruta que lleva a su corazón, esos son los verdaderos caminos».
Me quedé sentado en medio de la arena caliente, pensando en aquello. En eso vino otro sabio, y vio mi cara de consternado, le pregunté sobre lo que me dijo el monje y la postura que debía tomar. Entonces este sabio me dijo: «El corazón sabe cuáles son las respuestas, lo importante es mirar. Aprenda a mirar mi amigo y llegará, más temprano que tarde, a la respuesta». Y así sin más se marchó.
Cuando se hizo de día seguí caminando, estaba más perdido de lo que me encontraba antes. Calculé que llevaría unos diez días andando. En eso encontré una especie de casona semidestruida, entré en ella y encontré al tercer sabio, estaba en posición de loto, con los ojos cerrados [después descubrí que era ciego]. Apenas me puse frente a él, me dijo: «No puedes escuchar tú corazón y estás perdido» ¿Cómo lo supo? No lo sé. «Sería muy fácil para mí darte una salida, pero estaría perjudicando tu proceso. Te has acostumbrado tanto a la comodidad del mundo material que ya no puedes escucharte». Estiró su mano y me dio un hoja de papiro antiguo. «Esto es un mapa—me dijo— cuando sepas escuchar a tu interior, te llevará hacia el camino correcto».
Le agradecí el gesto y salí de allí, ya lejos de aquel lugar abrí el rollo antiguo pero para mí sorpresa estaba vacío, no existía ninguna ruta, ni ninguna señalización. Al principio pensé en tirarlo, pero una voz en mi cabeza me dijo: «Ya es hora de bajar a los caminos del alma, recupera la quietud. Es ahora o nunca».
Cuando la voz se extinguió, caí preso de un sopor tan intenso que ahí mismo me dormí. Entonces vi desde las alturas el desierto, y de pronto apareció la salida de aquel lugar.
Cuando me desperté tomé el mapa, y allí aparecieron, como por arte de magia, todas las rutas que debía tomar. Siguiéndolas con diligencia, salí de allí.
Y apenas hube encontrado la salida, me desperté. Entonces aprendí que debo hacerle más caso a mí Yo interior.
*
V
VALENTÍA Y PODER
Cierta noche común y corriente, tuve la quinta y última visión, que fue para mí, más reveladora que las cuatro anteriores.
En esta ensoñación me encontraba yo en una sala de carácter pobre, es decir adornada humildemente. Era como si se tratará de la vivienda de una familia que no poseía los suficientes recursos. Estaba yo sentado en un pequeño banco de madera, contemplando un paisaje tranquilo, desde una ventana abierta de par en par.
El lugar tenía para mí un poder sorprendentemente hipnótico. Hasta que de repente, un ruido a mis espaldas me hizo mirar hacia atrás y allí vi, parado frente a mí, la figura de un anciano de mil arrugas, que a duras penas podía moverse. Estaba ataviado con una túnica blanca aunque ese color original ya había quedado en el pasado, pues estaba tan sucia que en ciertas partes ya se había tornado negra.
Me saludó entonces sin mover los labios, y me di cuenta que era la misma voz que me había hablado en las anteriores visiones. Ahora por fin podía integrarle un cuerpo y un rostro.
— Espero que te encuentres bien hoy—me dijo.
— Maestro mío, lo estoy, me encuentro de buen ánimo, no hago más que recibir y practicar sus enseñanzas— le respondí al tiempo que me echaba sobre sus pies.
— Olvida toda posición de reverencia, eso guárdala para ti mismo, puesto que eres el único a quién debes de respetar— hizo una pausa en lo que yo me sentaba de nuevo en el banquillo— Los maestros no merecemos tanta adulación, pues caeremos presa entonces en el pecado de la vanidad, y no tenemos porque incurrir en pecado semejante, si al final somos seres como tú o como cualquier otro.
— Pero mi señor, es usted un maestro ¿Cómo puede ponerse a la altura de un mortal como yo?— pregunté asombrado.
— Por ser más conocedor que tú en las materias que aún desconoces, no significa que sea mejor que él albañil, que el contador o que el pobre que no tiene más alimento que una porción de pan diaria —sus palabras eran tranquilas pero duras, comprendí entonces que me había equivocado.
— Le pido perdón maestro si lo he ofendido— y me arrodillé de nuevo a sus pies.
— No hay ofensa si yo no me siento ofendido, levántate y sígueme— dijo al tiempo que se iba por la puerta de entrada de aquella casa.
Caminamos más o menos unos quinientos metros, y llegamos a un árbol que daba frente a un río de cristalinas aguas. Nos sentamos a la sombra de esa gran planta, y permanecimos en silencio más o menos unos veinte minutos.
Entonces el sabio habló:
— ¿Qué te preocupa mi querido aprendiz? — él parecía leer mi mente— siento tu corazón intranquilo.
— Quiero saber que va a ser de mí —respondí— ¿Cuál es la finalidad de todo esto?
— Mira, tú tienes el mismo propósito que cualquier ser humano, por lo que sí te elegí a tí, es por una casualidad— si voz era calma.
— ¿Cuál es mi propósito?— pregunté.
— Ayudar a la humanidad— me respondió.
— ¿Y cómo lo hago?— insistí.
— A través de tu voluntad, y con el poder de mis enseñanzas.
Entonces me hizo cerrar los ojos y empezó a recitar unas palabras en un idioma antiquísimo. De la nada caí en un estado de meditación tan profundo que empecé a ser invadido por un éxtasis terrible. Imágenes venían a mi mente, eran las de un futuro en ruinas, que podía ser evitado si la humanidad se volteaba a escuchar a los Profetas de la Paz.
Y ahí tuve presagios de sangre y de fuego, de violencia y llanto. Todo era dolor, tanto así que no pude evitar llorar. También divisé a varios hombres serpiente dañando a la gente, y también a supuestos seres de luz, que eran falsos amigos. Después me vi a mí mismo intentando frenar toda aquella locura. Mis esfuerzos eran tan vagos que la ola de dolor me rebasó.
— Mantén la calma— me dijo el sabio.
Entonces respiré hondo, tranquilicé los latidos de mi corazón, y todo en la visión cambió. Cobré unas fuerzas sorprendentes, y logré sobreponerme a toda esa ola de degeneración maligna. De la nada, un potente rayo blanco descendió del cielo y me golpeó de lleno, sentí como inmediatamente mis fuerzas se duplicaban, mí poder crecía, y el mal atemorizado retrocedió.
— Así se hace mi aprendiz— hizo una pausa y me miró— ya estás listo.
Me desperté sobresaltado, tenía en mis manos la posibilidad de darle un mejor futuro a esta humanidad. Era hora de ponerme en acción.
Después de despertar de aquel sueño, me sentía poderoso.
*
*NOTAS FINALES:
I
AGRADECIMIENTOS
Antes que nada y primero que todo, agradezco al Supremo por haberme enseñado tanto, nunca he ingerido tanto conocimiento como en este último tiempo. Después, en segundo lugar, le agredezco a mis padres que gracias al milagro de la Concepción me dieron la bendición de encontrarme vivo para experimentar la realidad y poder entenderla en todas sus capas. Y en tercer y último lugar, le agradezco a cada ser vivo, animal y vegetal, por alimentar el deseo de querer prolongar su existencia mediante la promulgación de la paz a nivel mundial.
II
DESPEDIDA
Antes de cerrar con este pequeño manuscrito, tengo que pedirle un favor a la humanidad, y es que por el bien de todos, necesitamos actuar a favor de una causa común: la de buscar el bienestar y la paz, no como una medida inestable, sino como un acontecimiento necesario para el mejor funcionamiento de nuestra especie y de todas las que habitan a nuestros alrededor.
¿Es acaso mucho pedir? Yo sinceramente creo que no.
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