RESISTIENDO A LA MODERNIDAD
BREVE DESCARGO
Por...MARK
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¿Cómo descubrí que no tenía ganas de hacer nada? Creo, para empezar, que la pregunta está mal formulada o tal vez (y solo tal vez) debería ser diferente, más bien tendría que preguntar ¿Por qué tengo que hacer algo? Esa creo que es la manera correcta de empezar a entender las falencias de la productividad moderna.
Vamos corriendo en la rueda del hamster, persiguiendo objetivos vacíos, metas que nunca alcanzaremos del todo y sueños que se cumplen a la mitad, pero pese a todo ahí seguimos, empecinados en aceptar que estamos cansados, negados a la idea de detenernos un momento a tomar aire, a reposar el cuerpo.
Hemos hecho del descanso un lujo que solo los vagos o los millonarios pueden darse ¡Cuántas mentiras fuimos construyendo con el paso del tiempo! Creamos un barrera protectora, cuasi indestructible, que blinda al trabajo y lo hace inalcanzable a las críticas y a su vez, todo aquel que ose al menos elevar el tono y discutirlo, será visto como un hereje, que solo dice incoherencias.
Parece que el trabajo es algo intocable, y lo veo ahora en la Nación Argentina, en la que después del ascenso de la derecha por parte del liberal Javier Milei, se ha elevado el espíritu del trabajo a un carácter de semi dios, y quien niegue el poder sobrehumano del trabajo, es un «comunista» o un «zurdo socialista». Parece que existe en este siglo XXI, seres que imposibilitan el aspecto crítico de la mente humana, y nos quieren prohibir criticar al trabajo, siendo también una parte de la vida que evidentemente no está libre de cualquier comentario negativo o positivo.
Todo es materia criticable, nada está fuera de esa ley, y el trabajo merece las mismas críticas que la religión o la política.
Pero volviendo al punto, no hacer nada es una señal de resistencia, y manifestar la idea de no tener ganas, es también un acto de desobediencia a las normas positivistas de la sociedad actual, donde uno tiene que tener ganas y poder con todo, aunque ese «todo» nos supere.
Si no frenamos los niveles de productividad, terminaremos bajo el yugo del estrés y el burnout, teniendo que retirarnos al estúpido homeoffice o tomándonos períodos de distanciamiento de las actividades laborales, algo que es positivo, pero no sé hasta que punto las empresas estarán dispuestas a aceptar eso, ellas solo quieren esclavos funcionales, que estén dispuestos a todo, ya sea estando enfermos o no.
Las crisis económicas, la falta de trabajo (como la que vive Argentina) generan dos cosas que son observables a simple vista, por un lado la preocupación del futuro en cuanto al crecimiento económico y un presente en el que el dinero nunca parece suficiente y por otro lado, la falta de trabajo genera en una población joven un sentimiento de culpa por no poder acceder a un empleo formal que les permita desarrollarse en los aspectos más importantes, como el acceso a una obra social o en lo más común, una independencia económica de sus padres.
Pero sin lugar a dudas los que más sufren son las generaciones más jóvenes, pues se perciben como verdaderos marginados, al ver como lo único que tienen en oferta son auténticos trabajos de mierda, donde serán exprimidos por un mísero sueldo, ganado tras aguantar explotación laboral y maltratos por parte del o los superiores.
Los trabajos de mierda, son una constante en las épocas de crisis, si bien permiten ganar experiencia y un vistazo a lo que es trabajar, no benefician en nada a la salud mental ni al autoestima de las personas. Pero no dejan de ser un salvataje para aquellos que quieren salir del paso.
Por otro lado, la idea de emprender está cada vez más idealizada, brindando una ilusión de que te vas a hacer millonario, cuando no es así, y en la mayoría de los casos, los emprendimientos ni siquiera progresan.
Para poder ver un potencial de crecimiento en el camino de la emprendeduría, se necesita una visión que vaya más allá del hecho de hacerse rico, es decir: una mirada que esté centrada en el aquí y ahora, viendo al dinero como una consecuencia y no como un objetivo.
Analizando todo con más profundidad, podemos notar una presión invisible sobre los hombros de aquellos que deciden patear en contra del sistema. Presión que los lleva a explotar, porque parece imposible querer jugar un rol que esté por fuera de todo lo que nos rodea. Querer salirse de la vida moderna trae como consecuencia la exclusión social o las miradas juzgadoras de quienes no entienden la postura.
De ahí que, no hacer nada, es una forma de resistencia que solo aquel que lleva esa bandera entiende y entenderá.
Está bien no tener ganas, está bien no querer hacer algo, por lo que no importa lo que los otros piensen, sino que es más importante lo que nosotros sentimos.
¡GRACIAS POR LEER!






















































