LA NOCHE ES LA MADRE DE TODA INSPIRACIÓN
PARA LOS LIBRES DEL MUNDO
Por...MARK
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La ciudad a simple vista parece dormida, pero entre las madrugadas se
oculta también parte de su alma. Allí, en medio de todo ese silencio nocturno,
aparece algún que otro vagabundo de la oscuridad, deseoso de
nuevas aventuras, buscando alguna emoción que lo haga sentir
vivo una vez más.
Los borrachos y las putas son otro tipo de personaje,
de esos hay en casi cualquier parte.
Son como el eslabón más importante de la cadena.
Los hombres y las mujeres de la noche, buscan una cama en
la cual desperdiciar un par de horas en el juego del amor.
Luego irán por otras bocas, por otros cuerpos.
La noche baña todo con su magia.
Le indica a los viejos que ya es hora de irse a dormir y a los más
jóvenes los activa para que salgan a explorar este nuevo universo,
porque cada noche tiene su encanto y una no es igual a la otra.
A mí en cambio me gustan más las madrugadas en mi casa,
cuando en la soledad del barrio me encuentro frente al silencio.
Ese momento en el que no hay nadie más
que yo en la morada, es para mí reconfortante.
No suelo ser un tipo que salga por las noches, soy de carácter tranquilo,
y usualmente me duermo temprano.
Costumbres de alguien que se crió en el campo, en una época donde no
teníamos luz eléctrica, y había que irse a dormir apenas oscurecía.
Por otro lado, me gusta experimentar el hecho de estar una noche sin dormir, estando solo en mi casa, bajo la seguridad del arte.
Pero eso no quita que no me haya sentido alguna vez dueño de
las calles por las que camino.
Quién no ha podido sentir, alguna vez en su vida, esa sensación
que le otorga a uno la seguridad de saberse dueño de algo que no
le pertenece a nadie, pero que uno reclama para sí por decreto.
A esta ciudad no le debo nada, pero me ha entregado todo
¿Cómo debo corresponderle? Si al final quiero escapar de acá.
Necesito salir de sus mismas veredas gastadas, de sus edificios que se
enroscan como serpientes en mi cuerpo.
De igual manera hago lo que puedo.
Disimulo una sonrisa durante el día— como hace la gran mayoría—
y a la noche soy otra persona.
Casi que la ansiedad y la depresión no me tocan.
Aunque no salga de mi casa me siento poseído por
ese ímpetu que nos da la luna.
La noche guarda secretos que durante los momentos
de sol, nunca se revelan.
La noche captura con su magia aquellos aspectos sutiles que
durante el día no sé alcanzan a percibir.
En sus calles de madrugada y sobre todo las menos transitadas,
uno se encuentra a sí mismo, se mira, se abraza y se perdona.
Cada tanto uno puede encontrarse a alguna parejita en una esquina,
comiéndose las bocas con amor, y a uno eso le hace pensar que no
está todo perdido, que aún queda algo de buenos sentimientos entre
nosotros los humanos, que tan fríamente actuamos,
tener la suficiente inteligencia para poder ver más allá.
El que busca siempre encuentra, y el que encuentra ya
no vuelve a ser el mismo de antes.
Con los primeros rayos del sol, todo vuelve a su rutina aburrida,
los vampiros de la noche corren a esconderse, no desean quemar
su piel, porque aun todavía conservan el olor perfumado
de algún amor fugaz.
Si uno anda con cuidado y presta mucha atención, puede ver
como ésta fila marcha, completamente encapuchada (como entes moribundos),
dando pasos agitados, buscando llegar a las casas para esconderse en
sus ataúdes y dormitar hasta que la noche vuelva a reinar otra vez.
Así es la ciudad en la que vivo.
Así es todo por acá.
Al ritmo del sol todo empieza a tomar otro color.
El sol me abraza desde la ventana.
La madrugada me encontró despierto una vez más,
el mate está caliente y no puedo dejar de pensar,
que tal vez nada de esto es casualidad y lo mejor
será tomar partido y empezar el día con la mejor cara.
De todas formas no tengo nada mejor que hacer
que tirarme a leer en el sillón o ponerme a dibujar,
esperando a que la noche se presente y me de otra vez
la libertad y me entregue al anonimato de ser uno
más de esos vampiros con ojeras.
Maldita ciudad, no puedo odiarte ni tampoco amarte.
Bendita sea esta toxicidad que me hace ser parte de
algo que me empuja a caer a tus pies.
Eres como una amante celosa.
Eres nuestra y no eres de nadie.
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