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domingo, 11 de diciembre de 2022

La Historia de mi Vida (Relato corto)

 

La Historia de Mi Vida

Por...Mark

   Ya son casi las cinco de la mañana y estoy sentado en mí escritorio, lápiz en mano, para tratar de escribir alguna historia para el concurso. Las bases dicen que el tema es libre, pero de todas formas en mí mente se ha creado un torbellino de ideas que no me permiten redactar algo de calidad, o que yo considere de calidad. Si bien tengo casi quince días para poder hacer algo decente, no se me ocurre nada. Lo único que puedo pensar es que ya es lunes y tengo que ir a trabajar dentro de unas horas. Otra vez otra noche dominguera de desvelo apasionada por el deseo seductor de querer escribir, que termina por ende en un lunes a las cinco acostándome para llegar al trabajo a las ocho. Igual eso no me preocupa, la historia que debo escribir sí.

   Trabajar no era complicado, atiendo el almacén que era de mis padres, ambos habían decidido retirarse de ese negocio por un asunto entre ellos, y para no cerrar el local me pusieron a cargo, o tal vez yo estoy haciendo como que nada paso, y en realidad me pusieron a cargo porque tienen miedo de que yo, su único hijo, crezca con alguna vocación artística.

—¡El arte es para los que les gusta morirse de hambre! —decía mi papá orgulloso de su comentario cavernícola, cada vez que salía el tema, en la mesa familiar, sobre lo que a mí me gustaba.

   Pero, en fin, trataba de no pensar en eso. Trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche― una verdadera desgracia el maldito horario de corrido―, y luego llegaba a mí casa, un pequeño sucucho en donde era feliz, y donde me pasaba las horas sin el agobio del trabajo, dibujando, pintando o escribiendo.

   Las noches de desvelo son un deleite que me hacen feliz, son las únicas horas en donde puedo apartarme, desconectarme por un tiempo del mundo que me rodea, y ser yo mismo. Amo ser yo, la música de fondo, y la imaginación desenfrenada. Lo malo de todo el asunto era el hecho de que a veces me quedaba dormido, y no llegaba con la puntualidad requerida por mis padres, aunque eso no me importaba, lo único que quería era ganar ese concurso, si es que podía, y además demostrarles a los dos que yo no era un fracasado, y que lograría llegar lejos con la pasión por el arte. Por eso fue que, en unas de esas noches de éxtasis, una idea cruzó centellante sobre mí cabeza, y me dejó alucinado. Era la mejor historia que se me había ocurrido en toda mi vida, por lo que tomé el lápiz, y me puse manos a la obra.

   Me pase la noche entera escribiendo, tanto que cuando aparte la vista para ver el reloj, ya eran las siete y media de la mañana ¡Como vuela el tiempo cuando uno está inspirado!

   Al volver del trabajo a la noche, me ocupe de transcribir el relato a la computadora para su previa relectura y evidente corrección. Deje reposar el texto unos dos días, lo volví a leer, corregí más detalles, y finalmente lo envíe. Ahora solo queda esperar, tenía tiempo hasta el 26 de agosto, por lo cual yo lo mandé un 23, y recién los resultados estarían en septiembre. Un tiempo prudencial pero justo.

  Entre los días de trabajo, el tiempo fue pasando cuando un correo electrónico de quienes organizaban el concurso me notificó que había ganado el segundo premio, no lo podía creer, lo había conseguido. No importaba si no estaba primero, pero alguien lo había considerado lo suficientemente bueno como para darle un segundo lugar.

  Ese día entré y salí del trabajo contento, pero no regresé a mí casa, fui a lo de mis viejos a decirle lo que había conseguido, cuando llegué me atendieron como siempre, con su típico cariño de padres que se quieren separar, pero a la vez no saben vivir el uno sin el otro (si, así de tristes son sus vidas). Finalmente, entre mates y mates les di las buenas nuevas, cuando les dije la noticia, se me quedaron mirando hasta que mí viejo rompió el silencio:

—Che, acodarte que mañana entrás a las 6:45, viene el repartidor con el camión a traer el pedido, no te vayas a quedar dormido—me dijo en un tono serio.

   Bueno, después de todo lo había intentado, o más o menos eso pensaba, cuando el camión del repartidor estacionó en frente, rompiendo con mis pensamientos.

FIN.