La Historia de Mi Vida
Por...Mark
Ya son casi las cinco de la mañana y estoy sentado en
mí escritorio, lápiz en mano, para tratar de escribir alguna historia para el
concurso. Las bases dicen que el tema es libre, pero de todas formas en mí
mente se ha creado un torbellino de ideas que no me permiten redactar algo de
calidad, o que yo considere de calidad. Si bien tengo casi quince días para
poder hacer algo decente, no se me ocurre nada. Lo único que puedo pensar es
que ya es lunes y tengo que ir a trabajar dentro de unas horas. Otra vez otra
noche dominguera de desvelo apasionada por el deseo seductor de querer escribir,
que termina por ende en un lunes a las cinco acostándome para llegar al trabajo
a las ocho. Igual eso no me preocupa, la historia que debo escribir sí.
Trabajar no era complicado, atiendo el
almacén que era de mis padres, ambos habían decidido retirarse de ese negocio
por un asunto entre ellos, y para no cerrar el local me pusieron a cargo, o tal
vez yo estoy haciendo como que nada paso, y en realidad me pusieron a cargo
porque tienen miedo de que yo, su único hijo, crezca con alguna vocación
artística.
—¡El
arte es para los que les gusta morirse de hambre! —decía mi papá orgulloso de
su comentario cavernícola, cada vez que salía el tema, en la mesa familiar, sobre lo que a mí me
gustaba.
Pero, en fin, trataba de no pensar en eso. Trabajaba
desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche― una verdadera desgracia
el maldito horario de corrido―, y luego llegaba a mí casa, un pequeño sucucho en
donde era feliz, y donde me pasaba las horas sin el agobio del trabajo,
dibujando, pintando o escribiendo.
Las noches de desvelo son un deleite que me
hacen feliz, son las únicas horas en donde puedo apartarme, desconectarme por
un tiempo del mundo que me rodea, y ser yo mismo. Amo ser yo, la música de
fondo, y la imaginación desenfrenada. Lo malo de todo el asunto era el hecho de
que a veces me quedaba dormido, y no llegaba con la puntualidad requerida por
mis padres, aunque eso no me importaba, lo único que quería era ganar ese
concurso, si es que podía, y además demostrarles a los dos que yo no era un
fracasado, y que lograría llegar lejos con la pasión por el arte. Por eso fue
que, en unas de esas noches de éxtasis, una idea cruzó centellante sobre mí
cabeza, y me dejó alucinado. Era la mejor historia que se me había ocurrido en
toda mi vida, por lo que tomé el lápiz, y me puse manos a la obra.
Me pase la noche entera escribiendo, tanto
que cuando aparte la vista para ver el reloj, ya eran las siete y media de la
mañana ¡Como vuela el tiempo cuando uno está inspirado!
Al volver del trabajo a la noche, me ocupe
de transcribir el relato a la computadora para su previa relectura y evidente corrección.
Deje reposar el texto unos dos días, lo volví a leer, corregí más detalles, y
finalmente lo envíe. Ahora solo queda esperar, tenía tiempo hasta el 26 de
agosto, por lo cual yo lo mandé un 23, y recién los resultados estarían en
septiembre. Un tiempo prudencial pero justo.
Entre los días de trabajo, el tiempo fue
pasando cuando un correo electrónico de quienes organizaban el concurso me
notificó que había ganado el segundo premio, no lo podía creer, lo había
conseguido. No importaba si no estaba primero, pero alguien lo había
considerado lo suficientemente bueno como para darle un segundo lugar.
Ese día entré y salí del trabajo contento,
pero no regresé a mí casa, fui a lo de mis viejos a decirle lo que había
conseguido, cuando llegué me atendieron como siempre, con su típico cariño de
padres que se quieren separar, pero a la vez no saben vivir el uno sin el otro
(si, así de tristes son sus vidas). Finalmente, entre mates y mates les di las
buenas nuevas, cuando les dije la noticia, se me quedaron mirando hasta que mí
viejo rompió el silencio:
—Che,
acodarte que mañana entrás a las 6:45, viene el repartidor con el camión a
traer el pedido, no te vayas a quedar dormido—me dijo en un tono serio.
Bueno, después de todo lo había intentado, o más o menos eso pensaba, cuando el camión del repartidor estacionó en frente, rompiendo con mis pensamientos.
FIN.