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miércoles, 18 de diciembre de 2024

¿ESTAMOS SEGUROS?


INTERNET: ¿UN PELIGRO DE FÁCIL ACCESO?


NUESTRA SEGURIDAD DENTRO DE LA RED, CIBERCRIMEN Y OTRAS IRREGULARIDADES

(¿Es qué acaso nadie va a pensar en los niños?)


Por…MARK
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CAPÍTULO 1

  La internet no es un lugar seguro, eso lo sabemos. No podemos confiar en las plataformas a las cuales les cedemos nuestros datos sin ningún tipo de problema, creyendo que nos van a garantizar un buen servicio, y sobre todo, que no van a usar esa información en nuestra contra ¿No es así?
   La propia internet está plagada de vacíos legales y terribles agujeros negros, que nos dejan a nuestra suerte, estando a merced de estafadores y delincuentes cibernéticos, que saben cómo vulnerar nuestros «confiables sistemas de seguridad». Y no es porque, en mí caso sea alguien que sabe muy poco de tecnología y metodologías de seguridad en línea, existen casos en donde ha corrido peligro la información de empresas que verdaderamente cuentan con un servicio de seguridad, pagando a los mejores especialistas que mantienen resguardados datos sensibles. Entiendo que esto es algo que va más allá de todo lo que vengo diciendo. A pesar de ya convivir y haber integrado a la tecnología en nuestro diario vivir, no podemos librarnos de estás cuestiones que van a seguir pasando hasta que no exista una correcta regulación de seguridad tanto en redes sociales, como en cualquier otra plataforma.
   Actualmente en Argentina no existe una clara medida en cuanto a los hackeos de cuentas y el siguiente vaciamiento de las mismas. Pues tanto la entidad bancaria como el mimo seguro, no lo consideran un delito per se, ya que aseguran que no se trata de un robo porque el usuario de la cuenta, además de ser engañado por la manipulación del asaltante, ya sea porque se hace pasar por un amigo/familiar, o por una compañía de servicios, le entrega ciertos datos sensibles con los cuales el estafador puede ingresar, bloqueando el celular de la víctima e ingresando a cada una de sus cuentas. Ahora, la nueva moda de cibercrimen, es la de enviarle un código para que el estafado lo ingrese ya sea en un mensaje de texto o vía Whatsapp a un cierto contacto. En solo cuestión de minutos, su teléfono será completamente violado, los malvivientes tendrán acceso a las aplicaciones que el sujeto normalmente usa y robar su dinero, pero no es solo eso, tienen también acceso a los chats de WhatsApp, pudiendo leer cada cosa que hablamos con las personas que tenemos agendadas.
   Está tendencia nos deja indudablemente indefensos frente al ataque de personas que poseen la capacidad de vulnerar lo que en principio creemos seguro ¿No era que los mensajes de WhatsApp estaban cifrados de extremo a extremo? ¿Hasta qué punto podemos confiar en las palabras de una empresa que posee nuestros datos?


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CAPÍTULO 2

   Me acerqué a algunas personas de la localidad en la que vivo para preguntarles (a modo de entrevista breve), si han sufrido alguna especie de engaño a través de sus celulares o si conocían a alguien que haya pasado por una situación similar.
   Un mecánico de la zona, al que llamaremos por su inicial «M» me dijo lo siguiente: 

M— A mí me pasó esto hará una semana. Yo soy mecánico viste, tengo mí taller y me va muy bien. Me llaman un día al teléfono y me dicen que son de la Cooperativa de acá y que están haciendo un relevamiento del barrio porque tienen que cambiar algunos medidores porque estaban fallando. Me dicen entonces que uno de los que van a cambiar es el mío, entonces me dice que días pueden venir a hacer su laburo. Yo les dije que abro a las ocho de la mañana y cierro a eso de las cuatro, cuatro y medía. Cuando me llamaron eran las tres y cuarto. Bueno, me dicen que ellos ahora me iban a mandar un mensaje de texto con un código que yo lo tenía que envíar a este número pero por Whatsapp, para que ellos puedan agendar el lugar, el día y la hora. Termina la charla y corto. Me llega el mensaje, copio el código, agendo el número al WhatsApp y les reenvío el código. Apenas marcó las tildes azules, de que lo vieron, se me apagó por completo el celular. Después me dí cuenta de lo que había pasado. Me habían cagado.

Mark—¿Nunca te diste cuenta que se trataba de una estafa? ¿No notaste nada raro?

M— Es que todo parecía de lo más normal, yo hablé muchas veces a la cooperativa y se cómo te atienden. Acá pasó lo mismo, la chica que parecía de la Cooperativa me atendió muy amable y además cuando los agendé al WhatsApp, tenían todo muy igual, tenía el mismo logo que la Cooperativa, además decía que era una cuenta de empresa. Entré como un caballo.

Mark—¿Y qué pasó después que te enteraste?

M—No sé, habrán pasado ocho minutos, y el teléfono volvió a andar, todo estaba relativamente normal, pero cuando entré a las aplicaciones del banco, me habían choreado todo lo que tenía. Entonces entro a WhatsApp como para avisar lo que me pasó y me di cuenta que usaron mí WhatsApp para pedir plata, no solo a mis familiares, también a los clientes que tengo agendado.

Mark—¿Realizaste alguna denuncia?

M—No, no me dieron pelota. Lo que si, la jugada de estos choros me salió cara, tuve que gastar unos seiscientos cincuenta mil pesos para devolverle a algunos clientes la plata que supuestamente yo les pedí que me transfieran con la excusa de que tenía que comprar un repuesto y cosas así. Que se yo, me destruyeron.

   Así como esta persona uno se encuentra con muchas situaciones similares en la que los usuarios, además de pagar la mantención de la cuenta bancaria, abonan un seguro que no brinda ninguna protección al usuario. 
   Somos presas fáciles del engaño, por más conciencia que nos intenten inculcar, si no existe una media real desde los gobiernos para proteger a la gente, nada cambiará.
    Pareciera que a más progreso tecnológico, estamos más entregados a no poder defendernos. El ciudadano de a pie, el hombre y la mujer común, que hacen su vida con normalidad, no están al tanto de los sistemas de seguridad adicionales que algún experto puede llegar a tener instalado, para de alguna manera protegerse. El cibercrimen es un delito ya catalogado, pero no se hace nada cuando eso sucede, no se llega mediante una investigación, al resultado de saber quiénes son los que están detrás de esos hackeos o esos mensajes fraudulentos.
    A veces me pregunto ¿Si el FBI tiene un control total y tiene a grandes hackers trabajando para ellos, porque no pueden interferir o hacer algo con sitios tan desagradables como la Deep Web? Pueden rastrear a un terrorista por Facebook Marketplace pero no pueden ir contra los que venden contenido prohibido y cosas ilegales en páginas tan aberrantes. Es una cuestión lógica que más de una vez me la he planteado, no es extraño pensar que si no hacen nada, por algo es. No sé, no estoy hablando de corrupción, pero hay algo extraño ahí. 
   Es interesante como de forma consciente creemos que realmente estamos a salvo cuando hay todo un entramado de tráfico de datos que no sabemos a dónde van a parar. No olvidemos ese juicio a Facebook, hoy rebautizado Meta, por el mal uso de los datos de sus usuarios, que los vendía a empresas para que nos pudieran ofrecer sus productos que vayan acorde a nuestro perfil. Cómo si ya no tuviéramos que renegar bastante con los anuncios tremendamente insoportables de Youtube, como si todo en la vida se tratara de consumir sin ninguna especie de filtro. Es que esa es la idea, inducir el consumismo en las almas jóvenes, para seguir favoreciendo a las empresas explotadoras como la tan polémica Temu, y hacer girar la rueda de la contaminación global. De todas formas ese ya es un debate aparte, lo importante aquí, es que nos están usando, somos conejillos de indias a los que estudian mediante el bastardo algoritmo, obteniendo así lo que ellos quieren (y el bien más preciado), que es nuestra atención. 
   Nuestras horas en pantalla generan dinero, y generan tráfico que hace que el algoritmo se mueva averiguando que nos gusta, que nos desagrada, creando así una versión perfecta de nuestros deseos, pues no les conviene darte contenido que no te sume, lo importante es que todo lo que ellos te ofrecen, sea justo para tu medida.  
   De esto no podemos hacernos los desentendidos, somos nosotros los que accedemos a sus términos y condiciones, que jamás leemos pero que de buena gana le damos «Aceptar». De ahí que mis palabras hayan sido: «como de forma consciente creemos que realmente estamos a salvo», nadie está a salvo en esta jungla que es internet. Por lo que es necesario transitar con cuidado, siendo cauteloso y sobre todo, no vender nuestros datos por nada.




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CAPÍTULO 3

   De todo esto, un adulto responsable puede tratar de proceder con algo de seguridad, pero los que realmente están siendo perjudicados son los niños. Se les enseña con una liviandad absoluta que pueden entrar al mundo de la internet como si todo fuera seguro pero no es así.
   Ellos son vulnerables y aún no están preparados para discernir sobre lo que están viendo, ni mucho menos lo que están haciendo al ingresar a alguna página o juego que requiere que les brinden ciertos dados que son sensibles.
   Ni hablemos de la incursión de menores de edad en redes sociales, aportando contenido, ya sea subiendo fotos o videos que nunca saben dónde van a terminar. Es de esperarse de que siempre existe algún pervertido que debe stalkear las fotos y perfiles de menores. Es casi como un hecho cotidiano porque estos perversos lo demuestran de una forma tan abierta en sus redes personales, que a veces da miedo.
   Por eso es importante el control parental para asegurar lo que estos chicos y no tan chicos están consumiendo de manera online. Es importante que ante todo se resguarde la seguridad de los menores, sin descuidar la de los adultos.


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BREVE ANEXO

   Es interesante como las charlas sociales últimamente están ligadas al imparable avance tecnológico que nos obliga a subirnos a una oleada de cosas tan impensadas de las cuales aún no estamos preparados. Ni siquiera la misma policía logra cubrir los miles de delitos cibernéticos que ocurren año tras año, puesto que mientras ellos se preparan para el hoy, los grandes hackers o los malvivientes detrás de las estafas están mil años más adelante.
   Creemos confiable a la internet, pero nos confunde su oleada de actualizaciones y laberínticos caminos que desembocan en intrincados recovecos, donde podemos ser presas fáciles de algo que se presenta inocente. De igual manera su inmensidad es tan grande que no es que el «laberinto» no tenga salida, sino que éste más bien es tan grande que no podemos ver lo que hay más allá de lo visible. 
   El engaño entonces prima, porque nunca podemos estar seguros al cien por ciento de que ese sitio al que accedemos es una página verdadera y no una réplica exacta para sacarme información sensible, como contraseñas o claves de home banking.
    Tenemos que estar al tanto de todas las artistas, de todas las posibilidades que nos podemos topar en el mundo de la red. Tampoco se trata de afrontar la realidad digital con miedo, sino más bien estando atentos a lo que estamos haciendo.
    Así es como entonces lo que parece un tema de seguridad, se vuelve una especie de tema de relevancia social, porque al final los afectados somos nosotros. Esto no solo es un llamamiento a tener mayor vigilancia de la tecnología, sino empezar a desconfiar de ella, en cualquier sentido y en cualquier momento, porque si nosotros no somos los primeros en resguardar nuestra privacidad ¿Quién más lo hará entonces? ¿Será tal vez el estado? ¿Las corporaciones? Déjenme decirles queridos lectores, que si ese es el futuro, en donde los poderes vengan a dominar nuestra privacidad online, les afirmo que es ahí cuando estaremos perdidos.


https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-26388-141790/texto

https://www.argentina.gob.ar/jefatura/innovacion-publica/direccion-nacional-ciberseguridad/normativa

https://www.argentina.gob.ar/seguridad/investigacion/ciberdelito