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jueves, 10 de octubre de 2024

EL ARTE DESPUES DEL ARTE

 MARK, AL CONFESIONARIO


ENAMORADO DE LO GROTESCO


Por...MARK
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  Hacer un dibujo o una pintura es algo fácil, cualquiera puede crear lo que quiera desde su imaginación más pura y sincera, sin embargo la mayoría preferiría retratar la belleza del mundo, captando potentes retratos realistas de personas perfectas, o ilustrarían paisajes sacados de lo más profundo del mundo, en zonas donde el ser humano aún no ha puesto su mano corrupta. Sin embargo, son pocos en comparación a los otros, los que buscan ilustrar el costado perverso y violento del mundo. En mi caso por ejemplo (y es de lo que voy a hablar), no tengo ningún tipo de prurito a la hora de traspasar al papel imágenes salvajes que me delatarían como un sádico, pero nada más lejo que eso, solo intento resaltar aspectos que son papables en la vida común y sobre todo, en un mundo tan convulso, donde la violencia humana está presente hoy más que nunca. Pero no es una violencia marcada por guerras mundiales como ya pasaron otras generaciones, aunque al día de hoy siguen habiendo conflictos armados en Europa y en el Medio Oriente. Mi misión es retratar la violencia diaria, la que se vive en las calles, en las escuelas y en los barrios (ni hablar de la violencia policial o política).

  Hoy transcurrimos tiempos de paz ficticias en donde se cree que la violencia es un elemento cotidiano y pasa porque vivimos en una sociedad decadente, y en parte es cierto, pero la violencia diaria se representa también en una sociedad que se ve amenazada por el paso del tiempo, por la falta de confianza, y lo más grave, por el miedo. Vivimos en esta modernidad hueca, formas de violencia como la censura (ahora devenida en autocensura), la crítica constante en redes, la marginalización de sectores sociales, el envío a la ruina de las mentes diferentes y otras tantas que entran dentro de una violencia pasiva, donde de a poco se empieza a moldear un pensamiento donde lo correcto es lo que piensa la mayoría, mientras que los alienados debemos tratar de adaptarnos o morir.



  Así resurge mi arte, con un compendio de crítica social, erotismo sangriento, BDSM, torturas y mucho gore, realzando la vision de una sociedad decadente, que quiere que sea aun un tabú cuestiones que son prácticas corrientes en el sexo, o la falta de honestidad al admitir que el dibujo no es más que un reflejo de la violencia vista y vivida, y no un invento de una mente que desvaría. Siendo sincero, tengo un poco de la locura del artista en mi ser, pero que la dejo salir como quien libera sus impulsos más hedonistas.

  Es el arte una expresión personal, una mirada indeleble sobre lo que yo como individuo veo, es mi mundo condensado en la brutalidad y lo sangriento, que grita a los cuatro vientos que el hombre está siendo otra vez un primitivo ser catastrófico que se autodestruye a la vez que destruye a otros. En mi arte hay una mirada médica de la situación, donde nosotros somos el virus y la cura es la liberación de anticuerpos a través de la expresión artística, siendo este un tapabocas eficiente para no caer también en esa locura posmoderna.

   No es algo raro que las personas de mi alrededor critiquen o miren raro la libertad sexual que hay en mis obras, mostrando sin ningún tipo de tapujo lo que pasa en la intimidad de todos, pero esa autocensura que hace su propia mente, porque no quieren ser excluidos socialmente, les hace pensar que mi arte es degenerado (como dirían hace algunos años los nazis), pero no caen en cuenta que el degeneramiento sigue estando, cuando en sus sillones o en sus habitaciones, se recuestan a ver cuerpos sexualizados en ritmos baratos de algún cantante de moda, moviendo sus curvas y pretendiendo ser validados como si su vida dependiera de ello en YouTube o Instagram, pero… eso es algo que está bien ¿No?



   Una vez un ex compañero de la escuela secundaria me dijo con toda franqueza que no entendía mis dibujos, a lo que dije que no era necesario entenderlos, puesto que en mi arte reina la anarquía, porque ahí hay un nido para la libertad. Y pese a todo, me toca desarrollar lo que hago en una pequeña ciudad con mentalidad cuadrada, que no comprende lo que es mirar más allá.

   Todo lo que yo haga puede tener uno o más sentidos, a veces solo quiero escandalizar, otras veces llamar la atención, otras solo comunicar algo y las más de las veces deseo que el espectador decida lo que quise decir, pues nunca va a haber una interpretación errónea sobre lo expuesto en una foto o en una galería. Por el contrario, el error es pretender juzgar sin saber, como alternativa lo mejor es preguntarse porque el artista plasma tal o cual cosa. Les aseguro que las respuestas les sorprenderán. Tenemos que entender que al juzgar por juzgar, solo creamos conflicto con la obra y su intérprete, porque no estamos haciendo ni el más mínimo esfuerzo en entender las emociones y sentimientos (en muchos casos pensamientos) que podemos experimentar cuando analizamos cualquier expresión artística.


 
   Pero mi relación con lo grotesco y lo oscuro se da en una etapa de transición, donde yo, pasando por una etapa negra de ansiedad y depresión, encuentro en la escritura primero y después en el dibujo y la pintura, un escape para alivianar el peso de mi mente, y hoy se ha vuelto una marca registrada de mi estilo personal, siendo lo depravado un símbolo de resistencia a la monotonía del arte moderno.

   Siempre me ha gustado el dibujo expresivo, ya lo comprendía a mis diez años leyendo historietas, me encantaba como con las líneas podían recrear expresiones de dolor, momentos de acción o tranquilidad, más adelante comienzo a explorar el mundo de la historieta independiente al estilo de Robert Crumb entre otros, y más que nada el fanzine punk, que con sus ilustraciones desprolijas me dieron un sentido mucho más profundo. Me empecé a apasionar por esas líneas descuidadas que daban como resultado una ilustración de línea peluda y bastante visceral, comprendía entonces que allí había otra dimensión del dibujo. Ya no se trataba de la prolijidad del cómic, sino que entraba en juego la liberación de la expresión y no esperar tanto un resultado al estilo más hiperrealista, sino que las sensaciones más puras estaban condensadas en los dibujos que parecen más simples en apariencia.




   Me gusta lo que dibujo porque es parte de mi esencia, es lo que me define y lo que soy. Muchas veces imagino que sería de mi existencia en otro país, y de solo pensarlo me aterra saber que quizás en otra vida lejos de esta, no hubiera conocido el amor por el arte y el arte por el arte.

   Otro elemento que me gusta es la libertad sobre la cual me puedo mover, no me limito en nada, no tengo ningún tipo de vergüenza en ilustrar lo más aberrante, porque se también ilustrar la belleza, pero por razones personales me quedé en el costado más hostil, que es el que siempre me ha acompañado. Pero no piensen que en mi vida son solo días malos, porque hasta en los momentos más felices he creado el arte más desagradable que haya visto alguna vez. Si bien depende mucho el dibujo de mis estados de ánimo, estos no son más que un añadido para fortalecer los conceptos.

   Y así sigo y seguiré dibujando lo oscuro del mundo, diseñando una ficción real de lo que veo, y quizás si un día la humanidad decidiera cambiar, volvería otra vez a la belleza, pero mientras tanto, seguiré ilustrando lo oscuro de la vida.


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