PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS
MIS PRIMEROS PROYECTOS LITERARIOS
Por...MARK
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UNA HISTORIA DE HEROESLa Cucaracha
Si, quizás no fui el mejor, pero para muchas personas de mi generación me recordarán como un grande, aunque no me considere como tal atesoraré esos recuerdos tan hermosos de mi juventud. Muchos decían que desperdiciábamos nuestras vidas haciendo lo que hacíamos, yo sigo pensando en que hicimos lo correcto y que supimos aprovechar aquellos tiempos para hacer lo que nos gustaba más, si hablamos de golpear y encerrar criminales.
Ser héroes durante la década del 60' era como un símbolo para las personas que querían levantarse de la cama y ver una ciudad más segura. Las protestas en contra de un gobierno que quería hacer lo correcto, pero no le salía aumentaban, pero aun así eso no explicaba la falta de seguridad en las calles. Sin dinero la policía no trabajaba y sin policías la ciudad se volvía un caos, protestantes pacifistas, por un lado socialistas y republicanos por otro, era algo difícil de ver.
El presidente no tardó en nombrarnos seguridad ilustre de la ciudad, con una placa que colocamos en lo que nosotros llamábamos nuestro refugio secreto, ahora demolido y construido una prisión sobre él .
Nuestros primeros pasos en el mundo de la ley fue hacer cumplir las normas que imponían los gobernantes, debo admitir que algunas eran estúpidas, pero eso cambió cuando las personas maduraron. Con la llegada de nuevos movimientos sociales como las drogas y los
hippies, que imponían un cambio social radical con su estilo pacifista, se abría ante nosotros un nuevo panorama y por ordenes superiores, debíamos vigilarlos muy de cerca.
Cuando alcanzamos nuestra fama nos separamos de nuestros jefes y rearmamos el grupo sin cumplir ordenes que no tenían ningún sentido, desencadenando una era en donde cualquiera que no tuviese nada importante para dar podía ser superhéroe, aunque lo de
super no me lo creo para nada.
Recuerdo bien el lema de nuestro grupo “
Si puedes lo haces, si lo haces hazlo bien”, no se que se nos cruzó por la cabeza cuando inventamos esa frase, pero para aquellos tiempo sonaba muy bien. Teníamos que buscar algo que no fuera tan violento para no causar revuelos, se suponía que teníamos que hacer cumplir la ley no infringirla, pero terminamos siendo más perseguidos nosotros, quienes intentamos ayudar, que cualquier criminal común en la ciudad.
Las nuevas leyes elaboradas por reformistas corruptos no permitía cualquier intento de una persona a portar un disfraz que le diera una identidad de superhéroe, estaba terminantemente prohibido realizar acciones que demostrasen la cualidad de ser un héroe, con penas que iban de dieciocho meses a veinte años de prisión. Era un delito grave, pero por suerte nosotros logramos sobrevivir a esos años, claro que con el tiempo nos volvíamos más viejos y menos ágiles, hasta que decidimos retíranos a mediados de la década del setenta.
A partir de nuestra separación jamás nos volvimos a ver, excepto por algunas reuniones en mi casa, no somos más que viejos recordando nuestra juventud y nos reímos de algunas anécdotas que ya estamos cansados de escuchar pero que igualmente nos divierten.
Últimamente me he distanciado de ellos, ya que tengo mi propia familia a la que cuidar y con la que quiero pasar mi vida, tengo dos hijos grandes y una fiel esposa que me ama pase lo que pase, pero claro no puedo dejar de pensar en aquellos recuerdos tan gloriosos. Muchas veces sueño que vuelvo a ser joven de nuevo, pero me aterra tanto la idea de ponerme un traje y que por mi culpa mi familia amaneciera muerta al otro día, por mi incapacidad de poder salir y mostrar lo que soy. Cuando me despierto me dirijo a la parte de atrás de la casa y me pongo el traje para ver si me queda, eso me tranquiliza, no me hace sentir miedo.
Nunca pensé en ser un héroe que anda por la calle repartiendo seguridad, más bien pensaba en lo que todos piensan cunado están en la adolescencia, tener un trabajo, una familia, un buen auto, el dinero con el que poder subsistir, pero bueno nada sale como un piensa. Obtuve un empleo en una empresa de revistas, estuve dos años y luego me despidieron por fumar marihuana, nadie me quería aceptar después de lo ocurrido, así que termine como repartidor de leche, no era mucho pero por lo menos tenía para pagar el alquiler de mi departamento, que no lucía para nada bien. Lo de tener una esposa se cumplió una vez deje el oficio de héroe, el auto jamás lo tuvo hasta hace un año.
Entonces sin ningún propósito me convertí en héroe, claro que no tenía comparación con los de las historietas de los periódicos, pero por algo debía empezar. Realice algunos buenos arrestos a peces gordos, lo que me alcanzó para darme un poco más de gloria y de pronto para los años 60' ya estaba formada La Legión conformada por sus cinco miembros.
Todos éramos populares en aquellos tiempos, nombraban nuestros
nicknames y allí aparecíamos. Dicho de otra forma, hacíamos lo posible por cumplir la ley en la ciudad sin importar donde esté el mal. En aquellos tiempos se unió a nosotros una mujer, la quinta parte del grupo que éramos y única mujer entre cuatro varones, tuve un romance con ella, pero duro unos años, cuando quise volver a verla me entere que se había casado con un mujer.
Hacíamos un lindo grupo entre todos, nos respetábamos entre nosotros y cuando surgía una discusión tratábamos de solucionarla sin llegar a los golpes, creo que hacíamos lo correcto hasta que salió aquella ley que, bueno nos margino un poco, quietándonos gran parte de nuestro ser, hasta que después de tanto resistir no tuvimos más opción que separarnos.
Mi familia eran inmigrantes, vinieron a los Estados Unidos en los años treintas, los tiempos se habían vuelto difíciles con lo que se conoce como la gran depresión, pero supieron mantenerse en pie. Mi padre comerciaba telas en su local, en un pequeño mercado hasta que lo cerraron por no cumplir con las reglamentaciones, por lo que tubo que buscar otro trabajo y fue de obrero en una construcción.
Mi madre mientras tanto trabajaba curtiendo cueros en un lugar retirado de la ciudad, creo que aquellos químicos que le colocaban a las piezas de cuero terminaron de una vez con su vida. Cuando ella falleció yo tenía tan solo diez años, así que mi padre se encargó de darme la mejor educación y cuidarme, no teníamos mucho dinero, pero no me importaba, a pesar de que asistía a una escuela de la alta sociedad, yo solo era el hijo de un pobre diablo.
Recuerdo bien las veces que iba a la escuela con el guardapolvo manchado, pero fue solo fue durante la primaria, en la secundaria trabajaba y estudiaba para comprarme los materiales que necesitaba, ya que mi padre no tenía trabajo. Murió internado en un hospital cualquiera de la ciudad, a partir de ese día comenzó mi vida solo.
Sin problemas terminé mis estudios, no tenía el dinero suficiente como para pagar una universidad por lo que tuve que conformarme en trabajar en una empresa de revistas de la cual me despidieron, por razones que mencione antes, y así fue como nació La Cucaracha, recuerdo vestir el traje rojo que enmarcaba mis pocos músculos y con un par de antenas que no hacían más que darle un acompañamiento al traje.
Este disfraz era una escafandra, no tenía botas ni guantes, era asolo una tela completamente entera con la fona de mi cuerpo y una capucha que me cubría la cabeza dejando en libertad mi nariz y boca, era gracioso ver como aquella vestimenta me hacía parecer más grande de lo que yo era, aunque el nombre no era muy genial, salí a la calle he hice mi aparición salivando personas de robos comunes o asaltos en la calle. Salí herido muchas veces pero eso no me detuvo, carro no tenía ningún poder pero me la ingeniaba para hacer que las personas les atrajera lo que yo hacía.
El cincuenta porciento aseguraba que no era más que un loco que actuaba bajo el efecto de alguna droga. mientras que otros solo me consideraban nada más que una simple propaganda política para promover la seguridad, esto no fue hasta entrados los 60's cuando comprendieron que éramos héroes, que no teníamos nada que ver con organizaciones políticas.
Cuando comencé a aparecer durante los años 50's, un gran revuelo se armo entre las personas, apoyando mi causa de luchar contra el crimen, inspirando gente a vestir trajes de héroes para salir a la calle a mostrar el poder de la justicia, justicia que muchas veces dejaba en libertad a alguno de nuestros criminales apresados.
Para finales de la década y ya entrando a los 60's, se formo La Legión, éramos cinco héroes ocupándonos de la escoria de la ciudad, trabajábamos día y noche, jamás nos quejábamos de lo que hacíamos, pero las personas parecían no valorar lo que estaba sucediendo, nuevos movimientos creaban nuevos criminales, más trabajo y poco descanso. A veces creo que estuvo mejor aquella ley que surgió a finales de los año 70's, para el ´75 ya no existía más ninguno de nosotros, a excepción de algún programa al que éramos invitados, no se para que se molestaban en llamarnos si solamente no hacían nada más que criticarnos.
Una vez tuve que golpear al conductor, coloqué todo mi puño en su cara, estaba diciendo cosas malas de nosotros, nos hacía quedar como lo malditos villanos que atrapábamos, no pude contenerme, fue un escándalo, pero puede superarlo, nadie sabía quien había golpeado a ese conductor ya que nadie sabía quien era La Cucaracha.
En los 80's revelé mi identidad en un programa en vivo, jamás me arrepentí de lo que hice, claro que nadie le dio importancia ni se interesó en saber mi historia, pero sentí que me había liberado por completo de un gran problema. Después de lo que hice me llamaron a dos programas de televisión, no acepte ninguno, estaba harto de las críticas y de que siempre me estén insultando, no los culpo, pero me molesta.
Quiero llevar una vida normal, como cualquier persona, sin que me señalen por la calle como si fuera algún ser extraño, quiero hacer mi vida, muchos jóvenes pandilleros vienen a mi casa y pintan estúpidas figuras y malas palabras en la pared de mi dulce hogar o arrojan piedras durante la noche, tienen suerte de que soy alguien tranquilo, pero de todos modos es intolerable.
Ahora mi vida toma otro sentido, ya estoy viejo para seguir luchando, estoy retirado y con una familia, aunque no me llevo muy bien con mis hijos, ellos ya son grandes y manejan sus propias empresas, creo que la ida de ver a un padre que toda su vida fue un perdedor les hace sentir vergüenza, lo digo porque esa es la discusión que surge cada vez que vienen a visitarnos.
La vida siempre fue dura conmigo o yo soy el duro para la vida, no lo se, siempre me gustó la vieja rutina que tenía, pero ahora los tiempos han cambiado y estoy esperando a que mi destino me llame, no es que no estoy contento conmigo actualmente , pero es así, siempre estuve consciente de que algún día me tocaría morir, no le tengo miedo, solo intriga de saber como acabaré.
Mi esposa cree que estoy loco, durante muchos años e estado un poco ausente en mi casa sumergido en mis papeles, simples anotaciones sobre una vida pasada vivida gloriosamente, me regalaron una computadora, algo nuevo para mí, pero lo suficientemente entretenida como relatar lo que he vivido.
No comprendo lo de las redes sociales ni lo que es un chat, pero bueno vivo igual, no necesito de costosos aparatos para llevar mi vida adelante. Tengo una buena salud, hago ejercicio diario, llevo una vida normal El haber sido un héroe no me hace más ni menos persona. Con la nueva presidencia los que formábamos La Legión fuimos bendecidos con una especie de pensión, como la de los veteranos de guerra, son unos pocos billetes, pero bueno, no me quejo.
El tiempo pasa y las cosas cambian, tengo guardado mi traje, esta lleno de polvo y lleno de marcas que se fue provocando con el paso del tiempo, tengo mi “refugio” en un sótano, allí atesoro los recuerdos, tengo la foto que salió en el diario, cuando recién formamos el grupo, hasta el día en que estuve con el presidente, la proclama de la ley y la separación.
Poseo algunas películas viejas sobre nosotros con efectos especiales malísimos, pero que para aquellos tiempos eran espectaculares, aquellos que no interpretaban eran buenos actores, recuerdo haberme visto volando en algunas de estas historias ficción. Nos hacían luchar contra monstruos de la galaxia, que no era nada más que marionetas aparentando ser gigantes con un precario truco de cámara.
Debo admitir que extraño mis viejos tiempos, las reuniones para debatir como deberíamos actuar o que hacer en determinados momentos. Creo que fui un buen líder y que supe manejar al equipo con gran capacidad, pero nunca nadie me lo dijo, ni mis propios amigos me lo comentaron, en fin, ya no puedo lamentarme por el pasado, debo enfocarme en el futuro, ahora tengo una vida diferente, no se por cuanto tiempo la mantendré, pero estoy siempre abierto a lo que el destino me ordene.
Hay días en los que salir de mi casa me resulta difícil, temo a lo que puede decir la gente de mi, quizá sea lo que estoy viejo y cansado, no lo sé, no puedo entender por las personas son tan crueles con los que alguna vez hicieron algún bien por el país en el que hoy están viviendo.
La sociedad moderna a cambiado mucho desde mis tiempos, ahora los superhéroes son solamente hombres con habilidades especiales que solo viajan en las páginas de las historietas semanales o en película de ficción muchos mejores que la de mi época, el espíritu heroico y el respeto por los mas grandes se ha perdido, ya no somos tratados como debe ser, muchos caímos presos del mercado mundial que vendían nuestra imagen en figuras de acción que luego fueron quemadas en el 68 después de haber salido la Ley Antihéroe.
Espero que lo nuevos gobiernos aprecien a los jóvenes que intentan ser como fuimos nosotros, recuerdo haber oído unos años después del retiro, a periodista decir que nosotros éramos la principal causa de la delincuencia juvenil en la ciudad, quizá tengan razón, pero esos muchachos no eran delincuentes, si no revolucionarios que intentaban luchar por sus derechos como lo haría cualquiera, y que luego murieron en algún lugar del mundo. Muchos fueron enviados a la Guerra de Vietnam a morir por su país, por que las autoridades decían que no representaban el territorio.
Al principio no lo entendía, pero cuando pasan los años y te das cuenta de la injusticia que hay en el mundo, inocentes en las cárceles y criminales en las calles, la justicia parece no ser justa, una paradoja que durante mucho tiempo me a atormentado.
Intente formar a mis hijos para que siguiesen mi camino, “
estos tiempos no necesitan héroes” me dijeron, yo creo que alguien uno de estos días se cansara de todo lo que está pasando y saldrá a hacer justicia, yo ya lo hice, el problema es buscar a alguien que tenga el valor de salir a la calle, sin importar quien sea y defienda a los buenos y les de su merecido a los malos. Rezo para que ese día llegue, pero quizás justo en ese momento, yo ya este muerto.
Kittie
Entrar en La Legión no fue algo que tuve que pensar mucho, necesitaba darle un giro a mi vida, cambiar un poco el estilo tan deprimente de vida que llevaba. Buscaba algo de emoción, y la idea de atrapar criminales era bastante buena y algo alocada para la época en la que habíamos nacido, en donde las mujeres eran más "cuidadas", pero yo no tenía ningún problema, a decir verdad hacíamos un buen equipo, siempre recuerdo a mis viejos amigos de una manera muy agradable.
Creo que cuando sentí la necesidad de ayudar a personas, sabía que la única forma de hacerlo era uniéndome a La Legión, pero yo no conocía lo que era llevar una vida de superhéroes, así que tuve que pedir ayuda los muchachos, que me enseñaron un par de movimientos, que aún recuerdo y que eran los que me ayudaron en la calle.
Llevábamos un estilo de vida ultra-secreto, por decir así, con normativas que debíamos cumplir, y que La Cucaracha nos hacía obedecer de alguna u otro forma, como por ejemplo: nadie debía saber quienes éramos, algo tan difícil de hacer, porque te morías de ganas de decirle a la gente que tu eras la que se encargaba de patearle el trasero a los tipos que se pasaban de listos.
Me inicie en el grupo en el verano de 61 con el nombre de Kittie, una superheroína que podía romperte las piernas de una patada, eso decía para impresionar, o eso me hacían decir cuando salíamos en televisión, en programas que casi nadie veía y que estaban a altas horas de la noche.
Cuando nos llamaban en diversos programas siempre trataba de lucir impecable, con un traje planchado oliendo a lavanda fresca, que no era nada más que un suavizante barato comprado en una tienda a dos calles de mi casa. Siempre fui muy cuidadosa en los detalles que tuvieran que ver con mi línea estética, incluso hasta ahora.
Tenía el cabello hasta los hombros y ondulado en las puntas, me lo cuidaba y cepillaba casi todos los días, mi vestimenta era demasiado “atrevida” para la época en la que estaba, mi remera ajustada de color blanco y una torera de cuero color negro, con una falda que hacía resaltar mis piernas. Fui victima de muchas acusaciones que involucraban mi estilo de superheroína, diciendo que mis formas iban en contra del modelo de mujer de aquellos tiempos, era un mal ejemplo para la mujer moderna que comenzaba a tomar participación entre los hombres, pero eran más peligrosos los bandidos que una simple mujer que solo hacía lo que creía correcto.
Los 60's mostraron una época de revolución para los que intentaban ser libres de la opresión, luchando por una igualdad, muchos nos consideraron un ejemplo de revolución pero salieron rumores que éramos títeres del gobierno, claro que no estábamos con ellos, solo hacíamos lo que para nosotros era correcto, muchos tomaron nuestro trabajo en serio y salieron a la calle s con disfraces extraños haciéndose los héroes, a partir de ese año la ley prohibió a cualquier persona portar un traje y tomar un rol social que fuese igual al nuestro.
Con la ley proclamada nos alejamos un poco del negocio, ahora los buenos eran perseguidos por la ley, a si que sin tener más opciones no retiramos. Pensé un par de veces en volver a unirnos de nuevo pero ya nadie quería hacerlo, estaban demasiado cómodos o cansados de seguir con lo mismo, así que me di por vencida e inicie una vida alejada de todo lo que había vivido. Me case pero no podía dejar de recordar los viejos tiempos, creo que soy la única que se lamento por lo que pasó, el resto solo se retiro y no dijo ninguna palabra, ahora estamos olvidados por le tiempo, nadie se interesa por unos viejos como nosotros.
Suelo sentarme a recordar cuando era joven, tuve un montón de oportunidades para aprovechar la vida pero, lo único que hice fue meterme en el lado de los superhéroes, no me arrepiento de ello, es algo de los que estoy orgullosa.
Mis padres son de Nueva York, una ciudad que amo y amaré siempre, ya que he nacido y vivido mis grandes momentos en la vida de una chica joven, y los de una anciana por qué no, pero a decir verdad mi madre era descendiente de padres italianos y mi padre provenía de familia rusa, así que soy un poco de ambos, pero con la diferencia que nací en los Estados Unidos, manejo un poco de los dos idiomas, aunque no se me da mucho la facilidad para mantener una conversación fluida.
Terminé la secundaria con buenas calificaciones y comencé a trabajar en estudios de fotografía para una revista dirigida a personas mayores, hasta que fui contratada para filmar películas heréticas que eran trasmitidas en los famosos canales para adultos, aunque para aquellos tiempos eso era algo mal visto.
Mis padres no aceptaron que yo me ganase la vida de esa forma, pero yo no iba a renunciar algo que me proporcionaba dinero para subsistir, así que me marché de mi casa con tan solo dieciocho años. Renté un departamento, el más barato, en un barrio muy poco concurrido, de noche se oía a la policía arrestar a alguien o de vez en cuando algún tiroteo, pero solo fue hasta que compre la casa en la que hoy estoy viviendo.
Por la televisión se hablaba de un héroe misterioso que salvaba a las personas, era La Cucaracha, siempre pensé que estaba loco por hacer esas cosas pero al final de cuentas yo también comencé a contagiarme de esa locura. Todo comenzó cuando salía de una filmación, el productor Larry me esperaba para realizar una reunión sobre el siguiente proyecto.
La oficina lucia bien ordenada, ni una mínima mancha o pelusa andaba dando vueltas por los aires, al principio me pareció una charla normal, pero luego las cosas fueron poniéndose un poco intensas y de repente el abusó de mi, después me dio un golpe en la cabeza y desperté tirada en un callejón con la ropa desgarrada y un fuerte dolor de cabeza.
Sin saber que hacer realicé la denuncia, esto fue en el 55, jamás lo olvidaré, les mostré a la policía donde estaba su casa y lo sacaron esposado, se inicio el juicio pero fue igual que nada, el maldito salió cinco meses antes por buena conducta, me enteré unos días después de el acoso de tres mujeres más, sentí una gran impotencia, entonces dije que jamás iba a permitir que algo así pasara, así fue como llego hasta mi La Legión.
Cada vez que golpeaba con mi puño en el rostros de algún bandido, sentía que por algún lado estaba haciendo algo bien, pero mi lado femenino me indicaba que eso no era algo para alguien como yo, acostumbrada a llevar una vida sin violencia, pero luego comprendí que la ley sin violencia no sirve, si no eres duro terminaran golpeándote por la espalda.
En el año 63 nos tomamos la foto grupal para un periódico local que se encargaría de contar nuestra historia a las personas que solían leer la prensa matutina, lamentablemente la cancelaron, a nadie le importábamos, se preocupaban por quienes eran los que robaron el banco en vez de los que lo habían evitado. Recibimos una condecoración del presidente por realizar grandes aportes en la policía ayudando a mantener las calles más seguras, seguras de ladrones y hippies protestantes, lo lamento por esas personas pero era nuestro trabajo. En esa época fue cuando surgieron las sospechas de nuestro labor conjunta con el gobierno, de hecho si teníamos algún acuerdo, pero nos traicionaron con el decreto de la Ley Antihéroe.
Años valiosos despreciados en el tiempo que no aparecimos, mientras más dejábamos de trabajar más incremento de robos y ataques a personas, me daban lastima aquellos ciudadanos que eran víctimas de los asaltantes o mujeres que eran golpeadas, pero infringir la ley del 68 me llevaría a la cárcel y sería un mal ejemplo, creando un mala reputación con respecto a mi persona, algo que no deseaba ni en broma.
´ Mi romance con La Cucaracha no fue algo muy emocionante que digamos, si teníamos nuestros momentos de pasión mezclados con el aroma de la intimidad, pero jamás paso nada entre nosotros. Me enamoré ciegamente de él pero no me sentía convencida de la relación que llevábamos, nos amábamos pero ese amor no era suficiente para mi, así que tuve que dejarlo.
Pasamos momentos lindos pero solo como héroes, cuando el se sacaba el disfraz era otra persona, era un poco más tímido y callado, eso me molestaba, casi no había ninguna especie de pasión que proviniese de mi para con él. Si estuve con el fue solamente por una necesidad, eran tiempos difíciles, necesitaba sentirme resguardada y consolada en los peores momentos de mi vida, creo que no lo quiere como el hubiera deseado, pero separarme de él tampoco me gustó.
Sentí una gran pena dentro de mi corazón cuando terminamos, llore toda la noche camino a casa, al año siguiente ya no estaba más La Legión, en los 90'2 hicimos una reunión en su casa, entablamos una relación de amigos, el tenía su esposa y yo ya había encontrado pareja.
En el 80 me enamore de Susan, una bella mujer con la que me case y vivo hasta hora, realmente nos amamos, hacemos una buena pareja y jamás esperamos nada de las personas, no nos importa que nos critiquen por nuestro estilo de vida, creo que las personas deben amarse sin importar su género.
Para el 88 yo había revelado mi identidad y mi romance con una mujer, eso fue algo de lo que me arrepiento, en ese mismo año comenzaron a llover acusaciones hacía mi persona diciendo cosas bastante feas sobre mí, adonde quiera que íbamos, recibíamos una ola de insultos muy groseros. Pintaron en el frente de mi casa palabras cargadas con mucho odio.
Pero los tiempos liberales llegaron y muchas mujeres comenzaron a amarse con otras mujeres, lo mismo con los hombres, yo mismo encebase la marcha del 98 por nuestros derechos, todavía me quedaba el traje para aquellos tiempos, pero me ajustaba demasiado y la torera parecía que en cualquier momento se rompería en pedazos.
Cuando éramos superhéroes y nos llamaron al primer programa de televisión, recuerdo que me preguntaban cosas como por ejemplo, si algunas vez no tuve relaciones con ninguno del equipo o si no me sentía incomoda siendo mujer entre un grupo de hombres, claro que no, eran los mejores amigos que había tenido y que tendré para siempre.
La amistad no pasa por simplemente conocer personas y reunirse, si no que es una especie de sentimiento compartido entre dos personas, que no tiene nada que ver con formar una relación de pareja, la amistad es una forma de compartir con el otro experiencias vividas, no me quejo de mis amigos y creo que ellos no se quejan conmigo, ninguno pensó en acostarse conmigo, el romance que mantenía con La Cucaracha era nada más que besos y abrazos y nunca pasamos de allí.
Me gustaría volver a esas viejas épocas, aun conservo el traje, algunas fotos y notas en periódicos, me llamaban para realizar ventas de productos para la mujer como cremas y esas cosas para el diario o mi voz se escuchaba en la radio anunciando lo que me pidieran.
Las películas son el mejor recuerdo que tengo, me hacen sentir joven cuando las miro, la actriz que tomaba mi papel era una modelo europea de las más famosas, ella era rubia pero tubo que teñirse a negro para parecerse un poco más a mi. Me parece que exageraron un poco con mis habilidades, ni si quiera portaba armas, en la película me hicieron con una especie de bastón con el que castigaba a los maleantes, me daba gracia verme a mi misma, pero las películas tuvieron poco éxito y fueron sacadas del mercado, las únicas copias nos las entregaron a cada uno de nosotros. Hice comerciales de televisión para marcas de ropa famosas de aquellos tiempos y alguno comerciales un poco subidos de tono sobre algún cabaret de lujo para ricachones que le eran infieles a sus esposas.
A pesar de todo lo que he pasado, lo de ser una superheroína fue lo mejor que m ha tocado, salvar personas te da una sensación que es imposible describir con palabras, por que sabes que lo que estas haciendo es lo correcto, jamás espere que alguien me agradeciera nada, nadie lo hizo, muchas veces piensas ¿para qué salvar a personas de algún ataque, si no te dan las gracias por ayudarlos? Simplemente me fui acostumbrando a este tipo de trato, llegue al punto de que ya no me importaba nada.
Las personas son crueles, creo que no aceptan que haya gente mucho mejor que ellos, por que así nos consideraban y eso me enfurecía mucho, ahora pienso que el retiro fue lo mejor que nos pudo haber sucedido, aunque me duela mucho tener que decirlo. Como los tiempos cambian y las personas no necesitan alguien que salga a salvarlos vestido como un estúpido.
Siempre hubieron personas que estaban agradecidas por nuestro trabajo, aran los humildes, para esas personas éramos más que héroes, representábamos una luz de esperanza mientras los ricachones se preocupaban por contar su dinero. Recuerdo cuando luchamos por darle un hogar al viejo Jack y a su familia, ya que la inmobiliaria se negaba, nadie nos agradeció excepto él y su familia y algunos vecinos.
Me sentí estupenda después de ese día, aquellas palabras de agradecimiento fueron más que simples palabras, es indescriptible como te sientes el saber que has cumplido con tu deber, haciendo algo por los demás y ellos te lo retribuyen con tan solo unas palabras. Esa era la razón por la cual luchábamos, lo hacíamos por las personas que no podían defenderse por si misma, esas eran las que realmente valía la pena salvar.
Ser superhéroe no es tan fácil como parece, muchos terminaron presos o encerrados en algún manicomio, no dudo en absoluto en decir que a nosotros no nos tratasen de locos, pero eran otros tiempos, escuché por la televisión que mataron a un hombre por intentar defender a una mujer de un agresor, y ese agresor es el que todavía sigue suelto. Nosotros nacimos de la injusticia, pero pasaran muchos años hasta que otros tomen nuestro lugar, pero sería algo difícil de ver en un mundo tan avanzado y con más posibilidades de triunfar de cualquier cosa que disfrazado y salvando gente. Las nuevas tecnologías brindan mejores cosas, los tiempos cambian, envejecemos y morimos con el pensamiento en la mente de que esperamos ver un mundo mejor, sin violencia y con una justicia de calidad, políticos con promesas reales y sueños cumplidos, pero vemos que este mundo avanza y en realidad seguimos siempre en el mismo lugar en el que estamos, pudriéndonos en la basura que nosotros mismo creamos.
Nosotros somos historia, pero una historia que jamás se dijo, no es una historia, me avergüenzo de las personas a las que salve, ahora me doy cuenta que ellos se avergüenzan de mi, pero no me importa en absoluto yo solamente hice mi trabajo, estoy conforme con mi vida, ellos no, yo pido ayuda cuando la necesito, ellos solo se limitan a solucionar todo con dinero, se creen independientes pero son la misma calidad de persona que nosotros, con la diferencia en que yo acepto todo lo que he aprendido en toda mi vida, incluso de mis errores, no tengo nada de que avergonzarme, solo hacía lo que creía correcto.
Troy
Que puedo decir, fueron tiempos buenos, llenos de emoción y decepciones, éramos tan jóvenes y con grandes sueños, que luego fueron aplastados por uno más grande que es el sentimiento heroico. Nadie quería ensuciarse las manos atrapando criminales, pero todos querían verlos en la cárcel pudriéndose como sucias ratas de alcantarilla. Así nacimos nosotros, seres mortales que hacían el trabajo duro para que los otros descansaran en una ciudad limpia y segura, nadie jamás se puso a pensar si en realidad éramos nosotros los que necesitábamos ayuda, ni si quiera la policía hacía nada.
Empecé a transcurrir los caminos de los superhéroes gracias a La Cucaracha, el mejor y más grande amigo que he tenido jamás en mi vida, cada tanto suele venir a visitarme, estamos viejos y cansados, ya no tenemos nada más de que hablar, nos hemos contado todo y siempre decimos lo mismo o nos reímos de los viejos tiempos, algo que extraño desde hace mucho, daría lo que fuese por volver a ser el joven que era antes.
Como decía, La Cucaracha me enseño como ser un héroe, todo lo aprendí gracias a él, fuimos los primeros en formar la liga, en ese entonces yo tenía veintitrés años y ya estaba casi conformada, la ultima en unirse fue Kittie, maravillosa mujer, empecé joven junto a La Cucaracha con tan solo dieciocho años, eran el años 1958, era tan joven, pero con un trabajo de adulto.
Al principio empezamos yo y Cucaracha, para la década del 60 comenzaron a surgir otros miembros del grupo, hasta nacer La Legión. Hacíamos un buen equipo, trabajábamos de cumplir con nuestro trabajo dividiéndonos en distinta áreas de la ciudad con el propósito de abarcar mayor terreno. Teníamos una pequeña camioneta como la de los hippies de los años 60's solamente que negra con la cual patrullábamos la ciudad durante todo el día, luego tuvimos que venderla, ya que necesitábamos el dinero para pagar el mantenimiento de nuestro refugio, un año antes de dividirnos.
Las misiones nocturnas eran para mi las mejores, quizá sea por que la noche genera cierto ambiente de misticismo dando cierta intriga a la persona que fue salvada, pero ni aun así lograba impresionar a las personas, parecía que no los conformábamos con nada, a lo mejor un superpoder pudo haber cambiado las cosas, pero claro eso solo pasa en las historietas y el cine.
Cuando las cosas se ponían difíciles muchas veces tratábamos de dar lo mejor de nosotros, claro que luego sufríamos las consecuencias, salíamos lastimados de algunos combates, terminé herido por un cuchillo en el hombro, todavía tengo la marca, terminé la pelea, luego me cambié y después fui al medico, tuve que decir que fue durante una pelea callejera debido a la apariencia de la herida. Estuve tres días hasta que me liberaron, para luego recibir un corte profundo y con hemorragia en las pierna, creo que las enfermeras estaban cansadas de verme, pero no podía decirles mi secreto, y aunque no sabía como reaccionarían.
Antes de formarse La Legión y mientras estaba junto a La Cucaracha me enamore de una bellísima mujer un año menor que yo, hacíamos una buena pareja, mentía sobre mis trabajos, para no contarle la verdad sobre mi vida, era algo secreto y Cucaracha nos hizo jurar que guardaríamos nuestra identidad, aunque en los años 80 quebranté esa regla que durante mucho tiempo, había sido tan sagrada para mi como para cualquiera del equipo, creo que causamos una gran decepción en él, pero bueno no todo pasaba por tan solo portar un traje y una máscara, creo que éramos algo más y nos merecimos un poco más de el éxito, aunque nos dijeran lo contrario.
Como estaba diciendo estuve enamorado en muchas ocasiones pero en aquellos tiempos amar era distinto, antes las parejas se querían y conversaban entre ellas, trataban cualquier problema con una charla afectuosa, pero ahora todo esta tan digitalizado, que la única conversación que tienen es a través de unos complicados celulares, no soy quien para juzgar lo que hacen las parejas modernas, pero antes el amor pasaba por otras cosas, antes se invitaba a una mujer a cenar, se le daban flores con chocolates, cosas así, aun hay parejas que yo llamo tradicionales y que hacen estas cosas, pero la comunicación sigue estando bloqueada por esos complejos aparatos.
Bueno no escribo esto para dar clases de romanticismo y tampoco me considero un romántico pero hacía lo posible por complacer a las damas con las que salía, pero nunca tuba mucha suerte en lo que respecto a la duración, las mayoría terminaba dejándome por tipos más fuertes, atractivos y con gran poder adquisitivo, en el ´56 conocí a Julieta, mantuve una relación de tres años apasionados, pero claro, yo no supe que ella estaba bajo un tratamiento psiquiátrico muy reservado, hasta el día en el que se suicidó.
Sus padres me confesaron que sufría esquizofrenia después de que la encontré muerta en la habitación, jamás supe como llegó ese revolver a sus manos, hasta ahora intento responder esa incógnita, según los padres ya había tenido varios intentos de suicidios pero esta vez lo había conseguido y yo había estado lo suficientemente ocupado como para evitar que lo hiciera, me había tomado muy enserio mi papel en le mundo de la justicia.
La llegada de La Legión me ayudó a superar un poco lo que había pasado, me volví a enamorar, pero me separé por que mi nueva novia me había encontrado con otra mujer, jamás tuve suerte para el amor, solamente era un seductor que intentaba hacerles pasar una buena noche a muchachas jóvenes con esperanzas de conocer a alguien.
Cuando nos separamos en el la década del ´70 mi vida no tenía ningún rumbo, estuve varios meses encerrado en mi casa pensando en que sería de mi vida, para mí todo había terminado aquella mañana del ´75, luego de vario tiempo analizando la situación pienso que fue lo correcto, aunque mi vida no mejoro demasiado.
Tratábamos de dar el ejemplo indicando que se debe hacer y que no, pero yo hice lo contario en el ´95 me arrestaron por consumo de drogas y por promover las drogas a jóvenes, estuve cinco años en la cárcel, tuve que aguantarme los peores insultos y maltratos de todo tipo.
Mientras estaba en prisión me encontré he hice trato con los perores criminales que se puedan imaginar, desde violadores comunes hasta grandes asesinos y mecanistas, tuve algunas peleas con un par de malditos que intentaban pasarse de listo, la mayoría que allí estaban habían sido mandados a prisión por La Legión, claro que en ese momento haber revelado mi identidad era algo de lo que me arrepentía.
La policía me trataba muy bien, ya que reconocían lo que había hecho aunque no sabía por cuanto tiempo, ya que se rumoreaba que me sentenciarían a muerte, pero fue solo eso, un simple rumor, lo que si recibí algunas golpizas, por miembros del grupo de guardias que se creían seres superiores, decían que nosotros le robábamos el trabajo, creo que ellos eran unos estúpidos al no comprender que no tratábamos de robarles nada, si no de hacer algo para que las personas se sintieran más seguras.
Regrese a mi casa después de mi estadía en la cárcel con mi vida completamente arruinada, nadie me quería hablar, muchos me insultaban y gritaban por la calle que había traicionado a mi país, eso es mentira, ni si quiera soy de aquí, mis padres eran de Rusia y yo me considero un ruso.
Mi padre y mi madre se conocieron en un pequeño pueblo en Rusia, eran de clase trabajadora, vivían con unos cuantos billetes, nace en medio del más crudo invierno. Con el estallido de la Guerra Fría, mis padres y yo con siete años de edad y mis tres hermanos vinimos a los Estados Unidos a cumplir la promesa del sueño americano que tanto prometía.
Llegamos a través de un barco pesquero, el olor que se sentía allí adentro hacía que cada vez que me levantara me dieran ganas de vomitar, pero en fin, mi padre siempre decía que seríamos muy bien recibidos, creo que el hambre y la falta de sueño lo hacían decir tonterías, jamás fuimos recibidos con agrado. Que más era de esperar, si proveníamos de un país que estaba en una guerra con el país al que íbamos a vivir.
La pasábamos mal con mis hermanos, no fuimos nunca a la escuela, no por no hablar ingles, si no que mi padre no conseguía ningún empleo, hasta que termino trabajando en un pequeño matadero faenando animales, de vez en cuando solía traer algunos cortes de carne o partes del menudeo. Solía volver con los zapatos manchados de sangre, mi madre se pasaba todo el tiempo limpiándolos, refregando con una pequeña esponja de acero, recuerdo bien esa agua roja siendo echada a la calle o muchas veces era usada para lavar otras cosas, ya que no teníamos agua corriente, así que sacábamos de un pequeño aljibe ubicado en el fondo del patio.
Mis tres hermanos murieron a causa de una extraña enfermedad, jamás me repuse de aquello, no podía ver a mis padres sufrir así que comencé a trabajar como vendedor de diarios, ganaba una miseria, pero no me importaba, todo termino cuando ellos fallecieron. En ese momento no supe como reaccionar, La Cucaracha me ayudó mucho en ese proceso.
UNA DE POLICÍAS...
Parte 1: Iniciación
Mi vida era tranquila, aunque muchos piensen que ser policía, conlleva una vida llena de peligros, pero no era mi caso, puesto que mi trabajo era estar sentado detrás de de un escritorio analizando casos que ya habían sido cerrados, de vez en cuando solía hacer trabajos de campo explorando pequeños recintos en donde las drogas y el alcohol barato inundaban los barrios bajos de Ciudad Marina, al norte de Buenos Aires.
Tenía una familia muy hermosa, casi perfecta podría decirse, compuesta por mi esposas Julieta y mis dos hijos Juan de tres años y Luciana de seis, éramos muy felices juntos, solíamos pasear por las tardes en el parque o vacacionábamos en algún lugar de la Argentina, pero por alguna razón de la vida tubimos que separarnos.
Esa fue una de las decisiones más difíciles que me tocó tomar, pero sabía que en algún momento pasaría.
Todo ocurrió una noche mientras descansábamos en un hermoso hotel en Salta, cuando unos tipos derrumbaron la puerta y se abatieron contra nosotros, hubo una balacera, recibí un disparo en mi hombro izquierdo pero logré poner en línea a los malditos, suerte que había traído mi arma, una Desert Eagle, que me habían regalado los compañeros de trabajo.
Al parecer este intento de matarme derivaba de el mafiosos más grande que haya existido, el era Ricky Santana, de origen norteamericano, venido a al argentina en busca de una mejor vida, o más bien de dinero fácil, primero se había iniciado en la venta de drogas a narcotraficantes latinos, luego se había dedicado a venderles armas a los terroristas del norte de Afganistán que se encontraban en estado guerra con las tribus árabes, finalmente se decidió por el tráfico de mujeres pero ese fue su último golpe, gracias a una investigación se encontraba culpable a Santana de homicidio contra un funcionario del gobierno que también estaba involucrado con la banda del americano.
Finalmente fue apresado pero sus contacto seguían libres, y fueron esos contactos los que intentaron asesinarnos en el hotel, al día siguiente mi esposa me hacia tomar la decisión más difícil, en parte tenía razón estaba exponiendo la vida de mi familia en peligro pero a la vez era mi trabajo, no tuve opción me despedí de mis hijos y me marché sin un rumbo fijo.
Dos días después de mi separación Ricky era liberado gracias a su potente y eficaz ejército de abogados, antes de abandonar la prisión había jurado vengarse de mi por ser quien lo arrestó, aunque esas palabras no tuvieron ningún efecto en mi, será por que lo peor ya había pasado, o por que sabía que en cualquier momento caería de nuevo. Las noticias fueron rápidas, con la extradición anulada Santana volvía las calles para reinar, la ciudad estaba ahora dominada por un capo de la mafia, se decía que tenía de su lado el apoyo de su país o mejor dicho sobornado a su gobierno.
Conseguí alquilar una casa para mi a las orillas de un lago, pero no todo salía como lo planeaba, cierto noche mientras volvía a mi casa luego de unas largas horas de investigación, tome mi chaqueta y antes de irme salude a Tomas que estaba haciendo guardia hasta mañana a las siete de la mañana. Subí a mi auto, hacia frío pero no el suficiente, lo puse en marcha e inicie el viaje hasta mi destino. Luego de hacer unas cuadras pude notar que otro auto venía detrás de mí, siguiéndome, y con las luces apagadas, hice muchos intentos para quitármelo de encima tratando de tomar caminos distintos por los que siempre transitaba, sin más remedio aceleré.
Llegue a mi casa primero que ellos, abrí la puerta y saqué mi arma, me acomodé entre la pieza y el baño en donde tenía un abuena posición de tiro, podía sentir sus voces allá afuera, con fuerza derribaron la puerta, sin pensarlo mucho realicé los primeros disparos sin darle a nadie, pensé que tenía una oportunidad si me enfrentaba a ellos pero eran demasiados, cinco en total.
Salvajemente me golpearon hasta que se cansaron, podía sentir como se reían con mi sufrimiento, quise responderle a su agresión pero no tenía fuerzas suficientes así que me desplomé en el piso, acostado vi como uno se llegaba hasta el auto y volvía con un bidón de combustible que desparramaron por el piso y otros lugares, antes de irse, encendieron un cigarrillo y lo tiraron sobre los muebles rociados, y luego se marcharon.
Toda la casa estaba ardiendo, podía sentir el calor tocar mi cuerpo, sabía que si no salía de allí acabaría asándome, con las pocas fuerzas que me quedaban comencé a arrastrarme hasta llegar a la puerta trasera, como pude trepé la tapia y caía a la calle, a lo lejos una sirena de bomberos que acudía a un incendio.
Me tomo dos semanas recuperarme, pero fue rápido, había conseguido hospedaje en un hotel que parecía caerse a pedazos, pero era todo lo que podía pagar, había leído en los diarios la noticia de un policía muerto, ese era yo, por eso ahora debía usar otra identidad, tenía la sensación de que a nadie le gustaría saber que aun estaba con vida. Conseguí un pequeño empleo que me daba lo suficiente para la renta, la comida y algunos gastos extras, aunque la mayor parte de lo que me sobraba era guardado para planes futuros.
Con una nueva identidad supuse que podía iniciar una nueva vida, pero aun tenía en mi mente la duda de por que querrían asesinarme, recordé luego la venganza de Ricky sobre mi, sabía que yo era uno de sus peores enemigos, yo era quien podía volverlo a meter tras la rejas si se presentaba la ocasión y decidieron borrarme del juego pero yo a este juego ni si quiera lo había jurado, ahora era el momento de comenzar una nueva partida, pero ¿por donde empezar a buscar datos?.
Mi contactos en la policía habían desaparecido después de que supuestamente había muerto, pero no del todo, tenía un amigo en la jefatura, Lucas Méndez, oriundo de Tucumán, se había mudado con su familia hacía poco más de un año, había trabajado juntos en muchos casos, él era mi única salida pero como acercarme sin levantar demasiado polvo. Recurrí entonces al teléfono del hotel que estaba cerca de mi habitación, busqué su nombre en la guía y lo llamé, a panes escucho que era yo no pudo contenerse las ganas de hacer un enjambre de preguntas, pero le comente que debía guardar todo en secreto, le dije sobre mis supuestas sospechas sobre la banda de Santana y en seguida accedió a ayudarme. Cada copia del archivo de Ricky sería enviada directamente a mi de la mano de Lucas, era en cierta forma me proporcionaba una gran ayuda, mientras el hacía el trabajo de escritorio yo hacia el de campo.
Necesitaba obtener un poco más de información así que en vez de esperar decidí ir a buscarla yo mismo, en el camino me tope con mi primer informante, de nombre Pol Sinigan pero se hacia apodar El Ejecutor, puesto que era el encargado de eliminar a lo enemigos de Ricky como y cuando el se lo ordenara, era un hombre conocido por ser muy limpio a l ahora de asesinar pero tenía una gran debilidad por la bebida y las mujeres, muchas veces terminaba demasiado borracho como para matar a alguien y por suerte esa era en uno de los estado en lo que lo encontré, aunque un golpe seco en la nuca pone a dormir a cualquiera.
El susto de aquel delincuente fue grande cuando se encontró atado de manos y pies en una vieja silla de madera en el interior de una casa abandonada y a unas horas de ser demolida. El sujeto no hacía nada más que gritar desesperado.
-¿Quien mierda me hizo esto? ¿ Por que no se enfrenta a mi directamente o a caso no tiene el valor suficiente?- Decía completamente fuera de sí.
- No esfuerces la voz, la necesitaras para decirme algunas cosas que quiero saber- Le dije.
-¿Quien eres? Muéstrate imbécil- Dijo desafiante.
-Tu no me conoces pero te daré una pista, hace un par de semanas tu y tus hombres intentaron matarme en mi propia casa- Le dije seriamente.
-Eso es imposible, nosotros vimos como la casa se consumía en las llamas, esto tiene que ser una broma- Su rostro comenzaba a cambiar.
- Si una graciosa y divertida broma, todos nos estamos divirtiéndonos- Hice una pausa y dando un paso al frente deje salí de las sombras y dejé mostrar mi rostro- ¿Sabes cual es la gracia aquí? Que yo estoy vivo y no se tu si lo estarás para mañana.
-¿Que quieres de mí?- Preguntó.
- Información, toda la que puedas darme sobre tu jefe, quero nombres y todos sus próximos golpes- Dije mirándolo.
- Estas loco, jamás te diré nada, hice un juramento que no voy a romper- Dijo firmemente.
- Estúpido hombre, resguarda su vida con un juramento que su jefe jamás valorara- Me voltee hacia una mesa media desecha y tome una pinza- Estoy seguro de que me dirás lo que quiero saber- Me giré hacia él.
- Olvídalo, no te diré nada- Estaba convencido en que jamás confesaría pero yo tenía otros planes.
- Veras amigo, mientras estudiaba para ser policía me enseñaron a como hacer hablar a una persona, hay varios método pero yo prefiero algo más elegante, por no menos doloroso, que prefieres primero las uñas o los dientes- Dije acercándome con mi pinza.
Podía sentir su miedo, coloque mi mano en su pecho, el corazón le latía descontroladamente, coloqué la pinza sobre una de sus uñas, estaba convencido de que no tendría que arrancársela, pero debía hacerlo si era necesario. La presión era grande, apreté la uña y le di un pequeño girón a la pinza, el hombre no pudo evitar un grito, el sudor le recorría su rostro, comencé a tirara de a poco, podía sentir como se despegaba de la carne, finalmente no pudo más y accedió a darme lo que necesitaba.
Confesó todo lo que yo esperaba y más, incluso lo de la muerte del funcionario, hasta el tráfico de mujeres, dijo que Ricky tenía contactos en todo el mundo de los que él ni conocía, hasta me confeso el próximo golpe que la banda daría.
-Ya escuchaste todo lo que querías ahora déjame ir, por favor- Suplicaba.
- Lo siento, pero cometiste el error de meterte con migo- Le dije y me marche.
Podía oír sus gritos desde afuera, pero no le di importancia agarré el auto y me fui de allí, al día siguiente se anunciaba que se había encontrado un cuerpo dentro de la estructura demolida de una vieja casa abandonada. Apenas salí de la cama me comunique con mi compañero en la policía para comentarle lo que me había enterado, le comente sobre el nuevo golpe de Santana, vender armas ilegales a unos sicarios árabes, se verían dentro de tres días en el muelle, le dije que llevara a una patrulla con él, yo me encargaría del hacer salir a las ratas de su agujero.
La noche en el muelle era fría, podía ver a los maleantes reunirse en el punto de control, dirigí mi mirada hacia arriba y pude ver hombres apostados en los techos para vigilancia. Sabía que debía actuar rápido, así que trepe por una escalera que desembocaba a una casa cercana, lentamente me acerqué a un guardia tomé su cuello t lo rompí, tomé su comunicador y respondí a la llamada de unos de sus colegas. Continué por los techos eliminando a cada oponente, cuando termine mi trabajo descendí por otra escalera y me apoyé sobre un conteiner justo cuando uno pasaba cerca de mí, desenfunde mi arma estaba listo para disparar si era necesario pero luego se marcho. Lo seguí y me llevó hacia donde se encontraban los otros, tuve que eliminarlo, antes de que me descubriera.
Había una gran concentración afuera, cuando divisaron unas luces en el mar todos se pusieron como locos, era lo que estaban esperando. El navío estaciono en el muelle, soltaron el ancla y un grupo de unos diez hombres se bajaron, todos estaba vestidos muy elegantes, con carísimos trajes, mantuvieron una conversación y diez minutos después unas cajas fueron depositadas en el barco, tenía que actuar rápido o de lo contario esas armas caerían en las manos equivocadas, pero cuando me disponía a marchar un par de patrulleros estacionaba detrás de donde estaban reunidos los malditos.
Me trepé a un conteiner a esperar a ver que sucedía, enseguida sorprendieron a los delincuentes, hubo un pequeño tiroteo pero nada que la policía pueda controlar, revisaron la embarcación y encontraron las armas que le había indicado a mi compañero.
La operación había salido un éxito, mientras todos se dedicaban a inspeccionar, mi teléfono vibraba, Lucas me llamaba, y decidí atenderlo, le dije mi ubicación y enseguida apareció. Se sintió sorprendido al verme, tanto que me dio un abrazo.
-Déjate de tontearías ¿Tenes lo que necesito?- Dije seriamente.
-Claro que si, toma- Saco de su saco un sobre de papel madera- Allí está todo lo que necesitas, pero escucha deberíamos reunirnos para hablar de esto, explicarme por que estás en contra de ese mafioso.
- El intentó matarme para quitarme del camino- Guardé el sobre en mi chaqueta.
- ¿Y que tiene eso? Por cada una hora un policía muere en la ciudad- Comento con cierta melancolía.
- Quiero saber por que me mataría, se que juró vengarse de mí, pero no pensé que lo haría tan pronto- Dije mientras me marchaba.
-Recuerda no meterte en problemas, quizás esta vez no tengas tanta suerte- Me gritó.
Suerte, era lo que más necesitaba en este momento, llegué a mi apartamento y encendí las luces, dejé los documentos obre la mesa, busque algo de beber, una botella de agua mineral era lo único que tenía y un sándwich de hacia unos días, tranquilo me acomode en mi asiento y abrí el sobre, lo primero que apareció era una foto del mismo Santana saliendo de un auto y otras dos con un par de hombres, seguramente miembros de su banda.
El informe no daba nada nuevo, hasta que encontré otro archivo metido entre las páginas del que sostenía, lo abrí y allí había una foto mía, la casa quemada y otra de Santana, allí explicaba mi muerte, supuestamente accidente doméstico mientras prendía una estufa, también se agregaba datos de mi familia, hasta mi separación, misteriosamente había involucrado a mi esposa, ex esposa, con un trato con Ricky pero, eso era imposible, no lo podía creer ¿ ella haciendo tratos con un bandido? Imposible pero si era sí debía investigarlo, necesitaba alguna respuesta y de inmediato.
La noche del día siguiente estaba un poco más cálida, llegue a la casa en la que solía vivir cuando tenía una familia, estaba igual que siempre, dos árboles al frente, un jardín con rosas que le daban vida, un porche de madera de cuyas columnas trepaban unas verdes enredaderas, la puerta de maderera que mi padre me había comprado, las ventanas con las cortinas cerradas y una luz de adentro encendida.
Me introduje en la casa por la puerta trasera que daba al patio, no había nadie en la sala de estar, en un rincón una estufa hogar ardía apasionada, cuando voltee me encontré cara a cara con Julieta, por el asombro dejó caer el baso de vino que traía en sus manos, me acerqué a ella pero solo recibí un empujón, me gritó que no me acercara y sacó un arma, parecía decidida a terminar con mi vida.
-¿Qué es lo que esta pasando aquí Julieta?- Le dije enfadado.
-No tengo por que darte explicaciones a ti- Contestó, parecía estar asustada y a la vez molesta.
-¡ Que demonios pasa aquí, primero me traicionas y luego me matas!- Mi mirada iba directamente a sus ojos.
-No entiendo que quieres decir- Estaba confundida o fingía estarlo.
-Creo que tu sabes todo mejor que yo, primero te separas de mi y luego haces tratos con la mafia- Le contesté tranquilamente.
-Creo que no se de que me estas hablando, yo no soy esa clase de persona- Dijo un poco más calmada, pero todavía en sus ojos e podía ver el miedo.
La miré fijamente y arroje sobre el suelo unas fotos en la que se encontraba ella y Ricky, soltó el arma y se dejó caer de rodillas, no pudo contener el llanto. Me acerqué a ella y la levante y la coloque sobre el sillón, le acerque un poco de agua, para que estuviera más tranquila, cuando pudo hablas, lo confeso todo.
Había trabajado para la banda desde hacía ocho años en trabajos de infiltración, se encargaba de destruir a las grandes mafias por dentro dejándole el camino libre a Ricky, para que tomase el control, confeso haber planeado mi intento de asesinato e incluso aquel tiroteo en el hotel, querían eliminarme y ahora empezaba a entender por que. Resulta ser que yo era la única persona calificada para encerrar a Santana un buen tiempo, entonces decidieron eliminarme, pero por alguna razón fallaron., pero yo estaba consiente que no fallaría.
-Perdóname no quería hacerte esto- Dijo entre lágrimas.
-Lo se, lo se- Le di un beso en la frente y la taje contra mi pecho.
-Ahora me mataran- Comento sin despegarse de mí.
-No nadie te matara, yo te lo aseguro- Le dije convencido.
-¿Por qué lo dices?- Pregunto secándose las lágrimas.
-Por que yo me encargaré de protegerte de ahora en adelante, pero debes jurar que no le dirás a nadie sobre nuestro encuentro- Le hice prometer.
La besé en los labios y me retire, sabía que la banda no tardaría en enterarse y yo no permitiría que le hicieran daño a mi familia, la protegería con mi propia vida, al llegar al departamento un escándalo se había desatado, dos vecinos intentaban frenar a un tipo, al parecer aquel hombre había ido a buscar a su novia, el tipo había bebido un poco de más y la muchacha se había resistido, el hombre reacciono violentamente y con una navaja cortó el rostro de la muchacha, los huéspedes que habían presenciado la escena acudieron en su ayuda, pero el hombre se resistía y había dos heridos.
En el momento en el que hombre intentaba asestarle un golpe a otro le frene el ataque agarrándole la mano y doblándosela por detrás de la espalda, el atacante quiso tomarme por la cabeza pero el dolor se lo impidió, le saque el cuchillo y se lo puse en la garganta, en pocas palabras le dije que se marchara o de lo contario acabaría con su vida, el olor a wiski barato y drogas inundo mi nariz, di media vuelta y lo empujé sobre la callé, el hombre se levantó y se quedo parado gritando insultos en contra de su novia. Intenté resistirme pero no pude, saqué mi arma y le apunte directamente a la cabeza, pero cuando me disponía disparar se marchó asustado.
Al otro día el mismo hombre se encontraba pidiendo disculpas a su novia, le confesaba haber dejado el alcohol y las drogas, amor de jóvenes, quien lo entiende, ni si quiera yo puedo manejar mis sentimientos. Reflexione todo el camino sobre lo que había pasado anoche, aquel muchacho provenía de algún tipo de bar ilegal, me había parecido que traía en el bolsillo de su campera una tarjeta de Insomnio un boliche bailable, yo mismo había encabezado la investigación sobre ese lugar, de día se mantenía oculto bajo el nombre de Charles bar, un lugar tranquilo y apacible, que no levantaba ninguna sospecha, a la mañana podías tomar un café y no darte cuenta de que allí se corría la venta de drogas ilegales. Su dueño era Rooney Santana hermano de Ricky, los dos andaban en el mismo negocio, solamente que Rooney sabía como trabajar en secreto, pero no todo se puede ocultar. Durante mi tiempo en la policía realice investigaciones sobre el menor de los Santana, Rooney, pero parecía estar todo en orden ni un acto delictivo o trato ilegal, sabía como no levantar sospechas, era astuto, sabía como manejar las palabras, tuve la oportunidad de hablar con el un par de veces, era alguien en quien podías confiar pero hasta cierto punto, por que tarde o temprano terminaría matándote por la espalda.
Tenía planeada una visita con Rooney pero no era como el esperaba, regrese esa mañana a mi departamento, con una bolsa de compras, subí la escalera y allí estaba el muchacho de la otras noches sentado en la escalera, dejé lo que traía en la mesa y me volví hacia él, lo tomé por la remera y lo introduje en la habitación, cerrando y trabando la puerta.
-Oye que te pasa, no quiero problemas con nadie, entiendes- Protesto.
-En eso estamos de acuerdo, ahora siéntate, quiero que hablemos- Me senté frente a él y con el arma en la mesa.
-¿Qué quiere de mi?- Pregunto temeroso.
-¿Cómo te llamas?- Le dije mientras tomaba un trago de agua.
-Máximo es mi nombre señor, pero puede llamarme Max, todos lo hacen- Estaba asustado y nervioso.
-Bien Max, dime lo que sabes sobre Insomnio, se que tu asistes a sus fiestas, solo quiero nombres, entendido- Acaricie mi arma.
Según parecía Rooney trabajaba no solamente con su hermano sino con un grupo de inversionistas quienes se encargaban de la comercialización del producto, esto eran Roy Maculligan y Alan Mord, empresarios de gran reputación, desconocidos para mi. Las mujeres que trabajaban allí eran simples rameras que no tenían otra opción para mantener a sus hijos, y sus maridos eran uno vagos que buenos para nada, miembros de distintas bandas que trabajan en conjunto con un mismo fin, el dinero.
La luna llena se asomaba sobre el cielo negro amenazante con su brillo blanquecino, bajo ese resplandor me introduje en aquel boliche, el lugar estaba abarrotado de gente, la música alta penetraba mis oídos haciendo retumbar mi cerebro, me abrí paso entre la multitud y llegué a la barra, y pedí hablar con el dueño del lugar, el barman me miro fijamente y me hizo una seña hacia unas escaleras del fondo, asentí con la cabeza y camine unos pasos hasta las escaleras, a medida que avanzaba la música se oía cada vez menos, me encerré en un baño y marque el número de mi amigo Lucas, era hora de entrar en acción.
Salí del recinto y seguí subiendo por otras escaleras hasta una gran sala, al final de la misma se hallaba una puerta protegida por dos hombres al parecer fuertes que restringieron mi paso. Debió ser por las cámaras que me vieron que se les dio la orden de que me dejaran pasar, los dos hombres se hicieron un lado y me abrieron la puerta. El interior del lugar era realmente fantástico, no parecía un edificio sacado de un lugar bailable, era como una mansión encerrada en un gran cuarto. En una mesa se hallaba un hombre sentado y otros dos parados, caminé lentamente hasta ellos, uno se adelanto y me frenó, gracias a la orden de Rooney el hombre se apartó de mi.
Unas mujeres sueltas de ropas me dieron una silla y me alcanzaron una copa de vino a la que rechace, confié que no me reconocería pero esta vez la suerte no estaba de mi lado.
- Si no lo veo no lo creo, pensé que habías muerto- Dijo Rooney sonriendo.
- Como verás estoy vivo, por una falta de aprendizaje de los hombres de tu hermano. Conteste sarcásticamente.
- Al parecer mi hermano no tiene el talento de un profesional como yo- Decía mientras se servía una copa de vino más.
- Es una lástima que ese talento se desperdicie por mucho tiempo en la cárcel- Lo miré fijamente.
-¿Pero que estás diciendo? ¿Yo en la cárcel? No me hagas reír- Parecía despreocupada.
-Por que no miras por la ventana. Dije haciendo una sonrisa.
La policía ya se encontraba afuera, Rooney quiso salir huyendo pero lo agarré justo a tiempo, encañonándolo con mi pistola en la cabeza le dije a sus hombres que no dispararan, uno se quiso pasar de listo, y la cabeza de el menor Santana fue perforada por un balazo. Hice el cuerpo a un lado y me lancé disparando contra los demás, mi intención no era matarlos solamente herirlos, por lo que los disparos iban a las piernas y a los brazos, para cuando la policía llego yo ya me había ido.
Dos días después me encontré con Lucas, en un bar ubicado en una esquina, la gente era poca así que no tuve problema de meterme allí, cuando me vio se acomodó en su lugar y me señaló una silla. Me senté a su lado y pedí un café negro solamente, mientras esperaba iniciamos una charla.
-¿Por que mataste al menor de los hermanos?- Preguntó dando un trago a su cortado.
- Necesito llegar como sea a Ricky- Le dije, el café ya estaba sobre mi mesa.
-Esa no es forma de hacer el trabajo de buena manera- Di una mordida a su gran medialuna rellena de dulce de leche- Que mierda te pasó, tu no eras así.
-Te diré que paso, no puedo soportar que alguien que esta libre por la ciudad sigua haciendo de las suyas por que la policía no puede tocarlo. Te diré que pasó, no puedo descansar en paz hasta encontrar al tipo que dañó a mi familia- Di un trago al café, estaba caliente.
-Quizás podrías volver a la policía, nos encargaríamos de explicar tu muerte- Dijo con una sonrisa.
-Olvídalo, ahora todo depende de mí- Me levanté de la silla, saque mi billetera y dejé el dinero sobre la mesa- Escucha bien Lucas, ahora trabajo por mi cuenta.
Regresé con Julieta al anochecer, la sorprendí por detrás, estaba parada en el jardín esperándome, había preparado la cena, pasta como a mí me gustaba, comimos hasta llenarnos y luego nos sentamos en el sillón con una copa de vino cada uno, estuvimos los dos recordando viejos tiempos de una pareja joven.
Entre copas y copas fui perdiendo el sentido, me había parecido sentir un sabor raro en aquel vino, para cuando quise darme cuenta no tenía reacción, era incapaz de mover un músculo, la vista se nublaba, era como estar conduciendo sobre un camino lleno e niebla. Podía descifrar alguna palabas de Julieta pero no podía entenderlas con claridad, de pronto todo se oscurecido, cuando desperté un grupo de personas estaban al rededor mío, una figura se acerca mi, no podía distinguir quien era, pero su voz me resultaba familiar.
Cuando pude reaccionar me encontraba atado de manos y piernas por unas cadenas sobre una fría cama, la cabeza me daba vueltas, estaba mareado, los brazo me dolían al igual que mis piernas, era como si me hubiera golpeado. La puerta de la habitación se abrió y la repugnante figura de Ricky Santana, acompañado de dos médicos, o eso me pareció por su vestimenta y una mujer muy bien arreglada, nada m{as y nada menos que Julieta.
-Maldita traidoras, como pudiste- Le grité enfurecido- Había vuelto a confiar en ti.
-Déjala en paz policía- La voz de Ricky era grave y parecía tener cierto grado de autoridad.
-Tu... bastardo infeliz, eres el culpable de todo esto, juro que te mataré- Estaba dominado por la furia.
-Di lo que quieras, pero primero déjame presentarte a mis dos grandes amigos, los dos son médicos recién salidos de la universidad, ambos quieren aprender los gajes del oficio y que mejor forma que empezar que contigo- Ricky tenía una sonrisa malévola.
- ¿A caso soy tu ratón de laboratorio Santana?- Pregunté.
- Mas o menos así. Te lo diré mejor, primero ensayaran contigo lo efectos de un mortal virus de invención propia, por que aunque que no lo sepas siempre tuve grandes aspiraciones hacia la ciencia- Miro a los dos doctores- Listo muchachos pueden empezar.
No se que me enfurecía más, la idea que estaba bajo las manos de la muerte o que un gran villano estaba suelto y haciendo lo que quería por las calles. Estaba tan enfurecido que era capaz de luchar contra cincuenta hombres, pero luego de analizar las opciones sabía que no tenía oportunidad.
Cuando pensaba que todo estaba perdido y que la muerte me esperaba, un ángel me salvo de morir, era Julieta que me había salvado la vida eliminando a aquellos doctores, me libero y me entregó mi arma. Salimos juntos por un pasillo angosto que nos condujo hasta una habitación muy bien adornada, con lujosos muebles y pintorescas cuadros, ella iba al frente, de vez en cuando surgía la idea de que quizás esto era una trampa prepara, así que no podía confiar en ella, más aun sabiendo que en cualquier momento podía traicionarme.
Atravesamos una puerta y salimos al techo de la estructura, allí me di cuenta que estábamos en la sima de un edificio, divisé una helicóptero, Julieta le hizo señas y la misma descendió hasta una marca en el centro del sitio, nos acercamos para subir pero fuimos detenidos por unos tipos que no tardaron ni un segundo en desenfundar sus armas, int6entamos salir por la puerta por la que habíamos llegado pero Ricky nos cortó el paso con sus hombres, vimos la helicóptero alejarse, y los dos comprendimos la gravedad de la situación.
Nos esposaron y luego nos llevaron hasta un gran salón, allí estaban esperándonos nuestros hijos sentados en unas sillas vigilados por otros dos miembros de la banda. Hicieron que nos arrodilláramos, el piso de madera estaba frio al igual que las esposas. Me levantaron a la fuerza y mientras otros me tenían los demás me golpeaban, la sangre recorría mi cara y sentía su sabor en mi boca, cuando finalizaron me dejaron tirado en el piso completamente lastimado.
Uno se adelantó con el arma dispuesto a matarme pero Santana lo frenó y se acercó a mi, su voz era un poco burlona y sarcástica.
-Pagaras por lo que has hecho, ese es lo que te mereces- Me dijo sacando su arma.
El cañón frio se posó sobre mi pecho, podía sentirlo, era como tener los dedos de la muerte en tu cara tocándote, sabía que esta vez no tendría oportunidad de sobrevivir, la suerte me había abandonado. El ruido destapó mis oídos y la sangre formo un charco a mi alrededor, después todo se volvió negro y el silencio inundó el lugar. No escuché nada más pero mis sentidos sintieron el frío andar del agua.
Parte 2: Nace el especialista
Desperté en la cama de un hospital, era la mañana de un jueves de marzo, las enfermeras dieron la alarma y los doctores vinieron a examinarme, quería hablar pero las palabras no me salían, estaba como en una especia de trance debido a los daños que mi cuerpo había sufrido, sumado a eso, las drogas que me inyectaban para calmar el dolor.
Estuve tres semanas internados, bajo atención médica especializada, a la primer semana ya mostraba grandes cambios, pero debía esperar a las otras para ver como evolucionaba. Nunca nadie había recibido un disparo en el corazón y había vivido para contarlo, este era un caso médico en un millón, y al parecer yo era esa única persona.
Tenia pocos recuerdos de como había llegado hasta este hospital, los recuerdos que venían a mi mente eran solo gritos y voces hablando en un tono alto, luego luces blancas dándome en la cara, figuras sin forma alguna que me observaban y hablaban entre ellas y de pronto. Dolor, después sueño y luego desperté en un estruendoso grito. El cuerpo me temblaba completamente como si tuviera frío, tuvieron que anestesiarme para poderme acostar, me sentía relajado, pero a la vez tenso, sentía que era demasiado bueno para ser quien soy.
Pasaron los tres semanas y me dieron de alta, ya estaba listo para volver a las calles, me dolía el pecho y el cuello, pero no era nada exagerado. Llegue al departamento la puerta estaba abierta, maldecí por no tener un arma, por suerte no había nadie allí, solo encontré unos papeles sobre la mesa, tenían el sello de la policía, me senté en la mesa, tomé las ojos y una nota de Lucas que me dejaba sus condolencias me sorprendió quizás pensó que estaba muerto, o llamaría luego. Comencé a leer el informe, la policía había apresado a cuatro miembros de la banda en el muelle, revisaron sus autos y encontraron tres cuerpos uno grande y dos mas chicos, en ese instante me detuve un momento.
No supe como reaccionar a la noticia, me quedé pausado un momento quería llorar pero una parte de mi quería volarme la cabeza de un disparo, continúe con la lectura y no pude más, mi cuerpo temblaba, los tres cadáveres pertenecían a ellos. Arrojé las hojas al suelo y salí de allí, necesitaba caminar un poco, pero eso no fue suficiente.
Entré a un pequeño bar y pedí un trago pero no fue solamente uno, estuve embriagándome durante dos horas y luego me salí de allí, estaba mareado, me dolía el estómago, jamás ingerido alcohol, así que tuve que vomitar en un pequeño tacho de los residuos, me sentía un completo fracaso, toda mi vida protegiendo a mi familia, y no fui capaz de evitar su muerte.
Llegué al departamento y comencé a llorar, seguramente si mi padre estuviera allí diría que soy un imbécil bueno para nada, jamás le perdón esas palabras ni mucho menos cuando murió, estaba convencido de que algún día me perdonaría pero eso nunca paso, fui un tonto en creer eso. Después de tantos años sin él, creo que esas palabras son las únicas que comienzo a tener.
Si el no estaba equivocado después de todo, me paré, sentía en mi cuerpo una sensación de valentía, aquella frase, había causado en mí un efecto distinto, pro primera vez aquellas palabras tienen cierto grado de certeza, pero no iba dejar que eso me superase, saldría adelante, llevaría este caso, pero no como el detective y ratón de escritorio que siempre fui, esta vez pasaría a la acción directa, esta vez sería el especialista.
Bajé una caja del armario y en su interior encontré el dinero que estaba ahorrando saque más o menos lo necesario y lo coloqué en un cajón de la mesita de luz junto a mi cama, tenía pensado muchos planes con ese dinero, planes que involucraban entre otras cosas, artefactos personales, necesitaba un buen equipamiento, si iba a afrontar esto yo solo.
Gaste parte del dinero ahorrado comprando un poco de armas, la otra parte la invertí en la renta del lugar, y con lo demás compré algunas elementos esenciales como sogas, granadas y un par de cuchillos, me sobraron unos cuantos billetes con o que compré una botella del mejor licor, estaba desesperado y necesitaba ahogar mis penas, sabía que eso no me devolvería a mi familia, pero me mantenía controlado.
Sentía una gran responsabilidad sobre mis hombros, hacerme cargo de un trabajo que ni la policía podía hacer, requería de una gran responsabilidad y riesgos que estaba dispuesto a correr. Todo parecía tan fácil dentro de mi mente, pero no era así, para acercarme a Santana necesitaba utilizar métodos un pocos más elevados, últimamente estaba muy difícil hacer hablar a una persona, pero mis métodos eran un poco sofisticados pero no causaban menos dolor.
El primero en ser interrogado fue Homero Martelli, italiano de mala reputación, se caracterizaba por la forma de hacer cantar a lo gallos, por decirlo así, pero sabía que el no estaba a mi altura. Para que me dijera lo que necesitaba fue solo cuestión de minutos, ni si quiera pude hacerle nada, pero los datos que me dio fueron válidos, la ultima palabra que dijo antes de que lo matara fue... ninguna, a decir verdad, el hombre manejaba muy poco el español, no comprendo como la mafia tiene hombres tan ignorantes.
Tenía la información sobre un trato de Ricky con los Yakuza en Japón dominados por su jefa Miyara Toshiba, conocida en todo el mundo por su lealtad hacia las viejas costumbres de su país, poseía una gran pasión hacía la historia de los guerreros samurái, se decía que ante cualquier acto de traición obligaba a aquel que cometió la acción a realizar el auto suicidio muy utilizado por los estos guerreros de antiguo Japón denominado Seppuku.
La segunda víctima, como me gusta llamarlo, era Wesley Morphy, norteamericano de nacimiento e intimo contacto de Ricky en el exterior, hablaba diez idiomas incluidos mandarín, ruso, turco, español y latín, un experto en el arte del convencimiento, era un manipulador profesional sediento de dinero. Me costó un poco hacerlo hablar, pero en cuanto el ácido toco su piel, no tuvo más opción que confesar lo que sabía, a penas dijo todo lo dejé ir, me parecía un buen hombre, dos días después, lo hallaron muerto y con una nota declarando todo lo que había cometido.
Al parecer Santana no era nadie estúpido como imaginaba, estaba planeando reuniones con grandes capos de la mafia, de pauses como Italia, Rusia, incluso despiadados sicarios árabes. No tenía bien claro por qué lo hacía pero sentía en mi que tarde o temprano lo descubriría, esperaba que fuese más temprano que tarde, y por arte de magia el deseo se cumplió.
Mi objetivo era ahora Robert Malconi, principal asesor de Ricky, el sabía cada acción que se realizaba en la empresa Santana, era mi respuesta, el boleto que me dejaría un paso más cerca de cumplir mi misión, no tenía ni la más mínima idea donde encontrarla, así que le pague a un informante para que me ayudara.
Malconi era un hombre de oficina, jamás se habían ensuciado las manos, más que con la tinta de su lapicera, pero detrás de su aspecto serio y recto se hallaba un hombre divertido y alocado, solía transcurrir por boliches gay donde se aprovechaba de jóvenes muchachos que buscaban un poco de acción. Su lugar frecuente era Sarcasmo, un boliche gay, todas las noches iba a bailar, bebía unos tragos y luego se acostaba con cualquiera en las habitaciones del lugar.
Lo encontré acostado disfrutando de la noche, le tendí sus ropas y de un golpe seco en la cabeza lo desmaye, pesaba bastante, por lo que me costo un poco de trabajo meterlo en el auto. Cuando estuvo despierto se encontró atado de cabeza, completamente desnudo, el aire frío lo hizo reaccionar y comenzó a gritar pidiendo auxilio.
-Puedes gritar todo lo que quieras, nadie te oirá- La dije acercándome a él.
- ¿Qué es lo que quieres? Si es dinero puedo darte mucho pero por favor déjame en paz- Suplicaba.
- Digamos que el dinero no es mi prioridad ahora, en otro momento te lo aceptaría- Le aseste un golpe en el estómago.
- Por favor... déjame en paz. Mira, si me dejas ir tendrá lo que tu quieras- Intentó convencerme.
- Muy bien es un trato, ¿Qué sabes de lo que esta tramando Santana uniéndose con la grandes mafias del mundo?- Quise saber.
-Mira no puedo decirte eso, es algo confidencial- Dijo sonriendo.
- Entiendo, bueno si no quieres hablar empezaré yo, que pasaría si alguien se enterara de que sales con otros hombres, es algo que nadie había pensado de ti- Dije con tono sarcástico.
- Espera por favor, no me hagas esto, solo quiero decir que eso es algo privado, por favor, déjame ir y no diré nada de esto, lo juro- Parecía que estaba a punto de llorar.
-Veo que no entiendes nada, quizás te lo haga entender de otra forma- Saqué de mi chaqueta una navaja recientemente comprada.
-Que mierda vas a hacer con eso- Intentó liberarse pero las cadenas eran resientes.
- Mira en mi opinión esto es algo que no me gusta hacer, pero verás no me dejas opción, que prefieres, una oreja o cualquier parte más interesante- Tome su oreja y realice un pequeño corte.
- Esta bien diré todo lo que necesites, pero por favor ya déjame- Suplico con lágrimas en sus ojos.
Lo dejé libre de las cadenas y le devolví su ropa, mientras se cambiaba me conto todo con lujo de detalle, dando información clave, a cambio de mi silencio de todo lo que sabía, le di mi promesa y lo dejé ir.
LA MAGIA DEL GUION
Guion de Magia
El mago sin poder saber por que no podía agradarle a la gente con sus trucos recurrió a la ayuda profesional de una terapeuta, para hallar una respuesta más certera de sus problemas.
Psicoterapeuta- Hola, soy Clara, me da gusto charlar con experto en magia.
Mago- Quizá para usted sea fácil ver a un mago hacer un truco pero el problema es qu eyo hago todo lo posible y no consigo nada.
Psicoterapeuta- Esto puede suceder en cualquier mago.
Mago- No en todos hay quienes hacen algo simple y se ganan a la audiencia pero yo por más que me esfuerce no veo ningún resultado.
Psicoterapeuta- Quizá lo que usted necesite se un poco de paciencia con sigo mismo, no todo se puede hacer en un mismo tiempo.
Mago- Decirlo suena más fácil.
Psicoterapeuta- Pero hacerlo es mucho más fácil todavía.
Mago- Yo no pierdo el tiempo en descanso.
Psicoterapeuta- Puede ser ese el problema, demasiado trabajo y tiempo de estar pensando hace que sus trucos pierdan un cierto grado de interés.
Mago- Cuando recién empezaba con esto me sentía como el más grande del mundo era feliz pero con el paso del tiempo fui perdiendo todo ese entusiasmo que antes me llenaba, ahora estoy vacío, sin la magia no soy nadie y menos sin un público a quien impresionar.
Psicoterapeuta- El problema no reside en el público si no en usted, el deseo de ser alguien importante le esta jugando en contra.
Mago- No lo creo, por que yo se que doy lo mejor de mí.
Psicoterapeuta- A veces dar lo mejor de uno no es lo necesario. En estos minutos que hemos estado charlando veo que teme a que las personas lo abandonen.
Mago- Puede ser, pero es que sin ellas no soy nadie, mi trabajo se basa en impresionar a personas con deslumbrantes actos de magia, las personas son las bases de la magia.
Psicoterapeuta- ¿Qué piensa del dinero?
Mago- Es algo en lo que siempre me he fijado, por momento me siento alguien famoso y en otros un imbécil, muchas veces el dinero me ayuda, pero con poco me conformo.
Psicoterapeuta- Si le preocupa la gente pero no el dinero ¿Por qué es mago?
Mago- La verdad es que todos en mi familia eran magos, mi padre y mi madre eran grandes magos y yo decidí seguir el camino de ellos por se él único hijo.
Psicoterapeuta- Entiendo, veo que la solución a esto es simplemente un tiempo de descanso, no este pendiente de lo que hace y lo que va a hacer.
Mago- Será difícil per lo intentare, si usted lo dice. Que me recomienda hacer.
Psicoterapeuta- Lo mejor en esto momentos es que se busque otro trabajo, pero sin dejar la magia.
Mago- ¿Tener dos trabajos?
Psicoterapeuta- Depende de usted elegir cual será su trabajo de verdad.
Mago- Entiendo perfectamente.
Psicoterapeuta- Mejor así, ya se nos ha acabado el tiempo lo espero en la próxima sesión.
Dos días después el mago consiguió trabajo, de día era una persona pero de noche, el público de a montones aclamaba su nombre.
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Estos escritos fueron realizados en el año 2017, cuando empezaba a desarrollar de manera más "profesional" los pequeños textos que producía. Es la primera vez que los muestro en público ya que creía que no tenían el nivel necesario para ser publicados, pero a fin de cuentas así son los inicios y es interesante poder ver como la evolución en el trabajo se hace presente.