miércoles, 10 de junio de 2026

HISTORIAS DE MI BARRIO (3)

 LA VETERANA 


Por...MARK
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ACTO PRIMERO

La Gladis era una viejita simpática y un personaje ya consolidado del barrio. Tenía fama de ser buena gente, al menos eso demostraba. Vivía al fondo de todo, casi en las últimas casas, las que están un poco maltrechas por el paso del tiempo. El techo de chapa por lo menos la protegía de las inclemencias del tiempo. 

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ACTO SEGUNDO

Gladis vivía sola, tuvo un hijo pero al no poder mantenerlo lo dio en adopción. Cuando el «chango» cumplió veinte años la fue a buscar, ella lo reconoció como su hijo. Él la quiso sacar de ahí pero no pudo, su vida estaba entre esas cuatro paredes destruidas.

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ACTO TERCERO

La viejita era un peligro, las escuchabas hablar y era para descostillarse de la risa. La Gladis había tenido una vida muy dura, desde muy chica creció en la pobreza, y solo pudo ejercer un único trabajo en toda su vida: la prostitución. Así es, la Gladis había sido prostituta y lo seguía siendo. No vaya a pensar usted que las arrugas y un cuerpo avejentado, están privados del goce sexual. Si piensa eso, se confunde mi estimado. La Gladis sí que sabía moverse, y si por ahí se sentía muy cansada, sabía muy bien cómo usar la boca.



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ACTO CUARTO

  Así como escuchan, la veterana nunca se contagió de ninguna enfermedad, ella siempre decía: «seré puta, pero soy limpia». No existe hombre en el barrio que no se haya acostado con ella. Hasta los pendejos de dieciséis a dieciocho años, hacen fila los sábados a la madrugada, para debutar con la jobata. Entiendan, no es el morbo de «moverse» a una jubilada, es más bien la sensación de victoria al saber que están haciendo el amor con La Gladis, una puta histórica.

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ACTO QUINTO

  Sobre el hijo que dió en adopción, se decía que había sido producto de una violación. Un cliente irrespetuoso que quiso tener el servicio sin pagar. La policía lo arrestó, pero al poco tiempo salió. Gladis cargó con ese embarazo en contra de las opiniones que decían que lo abortara. Ella era consciente de que no podía darle la vida que la criatura se merecía, por lo que desde un inicio pactó un trato con una familia que vivía en otro barrio, para que cuando el niño naciera, se lo llevaran para así darle una mejor calidad de vida. El bebé nació y el trato se cumplió. Después de la recuperación del parto, Gladis volvió al trabajo. Aquel incidente había quedado en el pasado y no le iba a impedir seguir haciendo lo que le daba de comer.



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ACTO SEXTO 

   La Gladis murió a los ochenta y cinco años, en su casa. Dicen que tuvo la mejor muerte, la que se produce mientras uno duerme. Hasta el último día de su vida siguió ejerciendo la prostitución, llevando con orgullo esa bandera. El barrio se vistió de luto. Después del entierro todo volvió a la normalidad. El hijo de la Gladis reformó la casa de su madre, y la convirtió en un centro de ayuda para las chicas que quieren salir de la prostitución. Todo un tipazo aquel hombre.

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ACTO SÉPTIMO

   Con el tiempo aquella mujer quedó olvidada, pero no fue hasta que Pocho, el kiosquero que está frente a mí casa, me trajo a la memoria la presencia de la Gladis, me dijo que nunca había conocido mujer más amable que ella, a pesar del trabajo que llevaba a cabo. La verdad que recordarla me hizo poner colorado, tengo tantas aventuras en la casa de la Gladis, que me dio vergüenza y me fui sin haber comprado ni la mitad de las cosas. Aunque mi relación con la Gladis, ya da para otra historia.


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CONTINÚA EN EL 
SIGUIENTE CAPÍTULO...






      

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