miércoles, 1 de abril de 2026

NEO NÔUS- CAPÍTULO 4

 



   Todos somos un gran sueño, pero cuando la mente del Creador deja de soñarnos, definitivamente no desaparecemos, sino que seguimos rondando en esa supraconciencia, que es infinitamente superior y sobre todas las cosas, inmortal.

   Si usted entendió lo que dije entonces podrá saber que el sueño es la vida [la existencia material], mientras que una vez que dejamos de ser soñados [morimos] pasamos a otro plano. En cierta medida lo mismo sucede con nuestros recuerdos, por más que ya no los tengamos, ellos siguen vivos en lo profundo del inconsciente. Por ende, la muerte no es el fin de la vida, es la permanencia de la esencia en otro plano que no es material.

   «Vencer a la muerte» es una expresión que me encanta, es una forma de mitificar al humano y elevarlo a ese estatus de ser que no perece. Porque en definitiva, la vida no se acaba cuando el cuerpo fallece, uno sigue siendo esencia aunque ya no tenga materia. 

   El soma no es más que un vehículo que puede ayudarnos a experimentar la vida, pero no deja de ser algo absolutamente descartable, y es evidente que hay cuestiones del cuerpo que nos hacen dudar sobre si es tan importante o no. 

    A través del cuerpo podemos gozar del placer de otro cuerpo o de los dolores más incómodos de una enfermedad. 

    Gracias a los sentidos podemos procesar lo interno y lo externo, el acto de sentir placer o dolor con el cuerpo, no es más que una forma de poder experimentar la realidad. 

   Esto no significa que tengamos que ignorar al cuerpo—aunque lo que importa está adentro— más sin embargo al cuerpo hay que cuidarlo, pues es importante que se mantenga sano para así poder prolongar la vida y disfrutar un tiempo más de la existencia.

   Hay quienes plantean a la muerte como el fin de todo, pero no es así, evidentemente es el fin de la materia, pero lo que nos habita adentro es inmortal. La esencia o alma que está implantada en cada uno de nosotros, no sabe lo que es fallecer, por lo tanto, la idea de muerte es solo una percepción del ser en cuanto a su finitud en el mundo físico. 

   Es importante tener conciencia acerca de la muerte [es algo vital y que nos diferencia del resto de seres vivos]. Saber que somos seres mortales nos hace apreciar más lo que tenemos y lo que nos rodea. Es en la finitud de este cuerpo, cuando puedo darme cuenta que uno nunca ha amado lo suficiente o nunca ha sentido el verdadero placer de estar vivo.

  «Vencer a la muerte» es evidentemente importante, pero «conquistar la vida» lo es aún más.