viernes, 10 de julio de 2026

HAY QUE VIVIR, NO QUEDA OTRA...

 CUANDO LA EXISTENCIA SE VUELVE UN DESAFÍO


¿QUÉ ESTOY HACIENDO ACÁ?


Por...MARK
*******

*


1


   Todo empieza en el momento en el que decidimos mirarnos más internamente y nos decimos a nosotros mismos: «¿Porqué me empeño en regresar hacia aquello que me produce un daño tan fuerte que no me permite después sanarme?» Será porque uno vuelve siempre a donde fue infeliz, es como si tratáramos con mucha fuerza de aferrarnos a esos momentos negativos o a esas acciones que nos causan dolor, pero, por más que lo intentemos, no podemos desprendernos de ellas tan fácil.

Hallamos en el sufrimiento una especie de cobijo incómodo, que nos ata a recibir siempre lo peor de la vida, y por más que nos quejemos, no lograremos nunca terminar de cortar ese hilo. Estamos cocidos a la desgracia, fuertemente amarrados a algo que nos sujeta con fuerza y no nos deja escapar. Es como reencarnar siempre en el mismo cuerpo, en pocas palabras: una tortura.

Sin embargo nos cuesta divorciarnos del dolor porque sabemos que es lo único real que tenemos, es lo unico importante que puede hacernos sentir la vida como lo que es, un agujero negro tan profundo que se traga todo lo que hay a su paso.

Más allá de todo, no soy pesimista ni nada que se le parezca, soy tan sólo un simple mortal que preso de su propia mortalidad se ve obligado a vivir, aunque no quiera. Porque créame que vivir bajo los mandamientos de esta era de la modernidad hueca, se siente como una obligación impuesta, dado que todos debemos tener un «porqué» para poder seguir vivos, una excusa que nos obligue a levantarnos durante las mañanas. Un placebo perverso que nos haga sentir que la vida vale la pena y que el hecho de que nos parezca una basura, es una mentira sin sentido.

Vivir se siente actualmente como una batalla de gladiadores en medio de un coliseo romano, en el que el público no para de mirar sus celulares mientras un guerrero termina herido por el espadazo del destino. Con esto quiero decir que entre tantas crisis económicas y tanta muerte organizada pareciera que ya nada importa, o lo que importaba ahora se ve sometido a los índices que miden si soy rico, pobre o indigente, cuando apenas puedo sostener un trabajo de mierda, que me da lo suficiente como para no morirme de hambre al menos, mientras trato de luchar para que no me echen.

Al final de todo, la vida moderna no dista mucho de la vida pasada, al igual que el hombre de hace dos mil años atrás, seguimos luchando por sobrevivir en un planeta donde supuestamente lo tenemos todo. Nunca hubo tantas oportunidades como ahora, pero sin embargo siguen estando tan lejos o completamente saturadas.

La búsqueda de sentido es la misma, si se fijan bien eso no ha cambiado, el hombre y la mujer, a lo largo de los siglos se ha preguntado sobre el camino que debe seguir, pero la respuesta no aparece o se hace difícil de encontrar y ahí, en ese momento de silencio nace la duda ¿Debo seguir intentándolo? ¿Esto me llevará a algún lado? ¿Vale la pena tomar este camino? Si bien cuestionarnos es una forma de saber por dónde estamos yendo, cuando se trata de responder el motivo de nuestro sentido, el alma se nos comprime y el cerebro entra en crisis. No sabemos para que estamos, más bien fingimos tener una vaga idea, pero no tenemos conciencia de hacia dónde estamos caminando.

Y así perdidos vamos. Tratamos de tantear el camino pero no podemos prever qué es lo que se nos avecina, solo nos queda la seguridad que ante la nueva crisis al menos ya tendremos el cuero bastante endurecido como para soportar otra embestida.




2


   Le tengo miedo a la falta de fé, tal vez por no creer en ella me perdí de la parte más dulce de la vida, pero a veces pienso que tal vez su poder no es como parece, a fin de cuentas no lo sé, todo puede pasar en este mar de posibilidades.

No quiero caer ante la desgastante idea de que la vida es mejor cuando se cree en algo. A pesar de que intenté de todo nada cambió en mí, bueno a decir verdad algo realmente funcionó, pude ver al ser humano como lo que es, una bolsa de carne llena de violencia e inseguridades, que no tarda en descargarse contra otra bolsa de carne que tal vez es violenta (pero reprimida) y llena de temores impuestos, para hacerla sentir aún más insegura y más temerosa.

La vida se resume entonces al atropello de unos sobre los otros, sin ir más lejos miramos por ejemplo a la casta política o a cualquier fuerza que puede actuar e influir sobre el ser humano de maneras negativas.

De eso también estoy cansado. El hombre no puede gobernar al hombre porque comparten la misma naturaleza y si ya de por sí somos seres malévolos, solo cierren los ojos e imagínense a alguien con el suficiente poder para controlar a toda una población. Por eso dejé de creer en la política y ya no voto. Una postura que no cambiará nada, pero al menos, como dije más arriba, me da un propósito y nadie logrará correrme de ese punto en el que estoy parado.

Mi inutilidad para las relaciones sociales se transforma en una lucha silenciosa contra los estamentos que conforman a la sociedad, despreciar la existencia actual es una de mis principales acciones. Mientras la realidad no cambie seguiré en mi burbuja de oscuridad, odiando a cada ser humano que se atreva a hacerle más daño a esta tierra moribunda.

Esta lucha nace de la protesta anónima en la que trato de ser cada día un poco más consciente conmigo mismo, pero parece una acción imposible ya que todo está hecho para matarte. Es como si el consumismo intentara crear el modelo de negocio perfecto, en el cual produce cosas que pueden llegar a destruirte, para después venderte la cura y después volver a matarte. Evidentemente si uno muere se les arruina el negocio, por eso mantenerte vivo y adicto es importante para su campaña.

Con todo esto que pasa ¿Cómo puede uno amar la vida? Si al final allá afuera hay gente que va a decidir por mí si debo seguir aquí o no.

Es muy duro el mundo cuando se lo analiza desde la verdadera óptica, por eso muchos prefieren estar anestesiados frente a la ola de sangre y cadáveres que cada día nos ahoga más. Yo desde mi parte no puedo permanecer aislado de todo, y eso me obliga a sufrir, después de todo prefiero seguir así y no ser un estúpido zombi, anestesiado por tanta información basura.

Pero a fin de cuentas hay que seguir viviendo, al menos mientras haya vida tal vez exista un futuro mejor.

¿Quién piensa en el futuro cuando el presente es tan oscuro? Yo creo que pensar en el porvenir es un acto normal, el problema es afrontar el temor de que tal vez ese futuro nunca llegue a manifestarse y si eso pasa ¿Estaremos preparados para la gran decepción? Sólo el tiempo es capaz de decirlo, mientras tanto nosotros tenemos que ocuparnos por seguir sobreviviendo aunque ya no tengamos ni fuerzas.



*










No hay comentarios.:

Publicar un comentario