domingo, 2 de agosto de 2026

ODA AL DESAHOGO - Sección B

CON EL ALMA EN LLAMAS


RENACER DESPUES DEL LLANTO



Por... MARK
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*

PARTE SEGUNDA




XIII


Me di cuenta que mi pesimismo es meramente filosófico, 
nunca voy a ensuciar con mi oscuridad la vida de los demás.
Siempre trato de dar un buen consejo.
Lo que yo opine de mi o los consejos que me de a mí mismo, 
sí están teñidos de negro, para los otros, solo les
ofrezco la poca luz que me queda.
Pero sepan entonces que es más que nada filosófico, 
porque es una crítica a la realidad, directa y sin tantos peros.



XIV


Creo que la enseñanza final de la vida es que pese a todo 
no hay que rendirse, el problema es cuando uno ya nació torcido, 
condenado, esclavizado.
Pero también soy consciente de que esa parte de «no rendirse»
está más presente que nunca, porque mientras más difícil
se me ponga conseguir trabajo, más duro seré en 
mis críticas contra el trabajo.
Mientras más les moleste lo que haga, más lo seguiré haciendo.
Mientras más impresión siga causando mi arte, haré arte aún más extremo.
Si al final no hay que rendirse
¿No es así?


XV


¿Cómo se puede pensar en progreso estando en este país, 
si al final los únicos que triunfan son los narcos, las putas y los políticos? 
Y tal vez algún empresario medio pelo con algún negociado medio turbio.
Ya no tengo más esperanzas.
Espero morir pronto.
Mientras más me esfuerzo por querer morir, más lerdo se me hace.
Maldito tiempo, quiero que se pase ya, que sus agujas ya no me persiguan,
que me deje descansar en paz, a varios metros bajo tierra.


XVI


Detesto mi cuerpo, lleno de olor, excremento, orina y granos, 
con una forma totalmente deforme, asquerosa a la vista.
Vomitiva para los ojos que se han acostumbrado a ver belleza.
Soy una abominación pensante o un intento de cosa amorfa 
que se acerca a lo que considero un pensamiento.
Siempre fui más despierto en ciertos aspectos de la vida, siempre
tuve como una madurez intelectual un poco más adelantada comparada,
por ejemplo, con mis antiguos compañeros de clases.
¿Qué me trajo eso?
Nada.


VXII


Ahora comprendo la sensación de vértigo que causa la autoconsciencia
y el estar despierto en una sociedad en la que todos están dormidos.
Es terrible ver al rey desnudo.
Es terrible ver que viene el lobo y nadie hace nada.
Pero, quién soy yo para juzgar, respeto que cada uno maneje 
sus inquietudes como quiera.
Te gusta dormir.
Te gusta estar despierto.
Cualquier cosa está bien.
Si total nos vamos a morir igual.
Aunque en ese caso, es mejor que nos agarre durmiendo.


XVIII



Vacío estoy de toda esperanza, ya no sé qué más 
hacer para sanar lo que siento.
La terapia es interesante, vas, te sentas a hablar
con el psicólogo/a, te dice un par de cosas.
Abandonas la sesión de ese día como si fueras a comerte el mundo.
Cuando pones un pié en la calle te das cuenta de
que es el mundo el que te va a comer.
Con esto no quiero decir que la terapia no sirva. 
Hace bien hablar de las cosas que nos pasan, pero 
tampoco tenemos que creernos inmortales.
Valoro más la terapia por el lado del desahogo, porque por lo
menos el psicólogo hace un esfuerzo por entenderte (para eso le pago), 
el resto de las personas generalmente no te escucha (ni aunque le pagues).


XIX


Sentirse solo es difícil para quienes tienen temor de verse a sí mismos.
Con la terapia me di cuenta que para mí siempre fue natural la soledad. 
Prefería (y prefiero) mil veces la comodidad de mi casa, 
antes que las discotecas o las fiestas tumultuosas.
Me gusta el silencio de la madrugada, cuando la ciudad duerme. 
Ahí me siento bien, lastima que el ruido de los autos y las motos
después lo contamina todo.
Además, siempre me gustó levantarme temprano, así siento que
puedo aprovechar más el día (mentira, lo hago para no sentir 
culpa por ser un inútil desempleado que duerme hasta tarde).


XX


Cuando estoy abrumado me pongo a dibujar o a escribir, así me calmo.
Es una forma de dominar a la bestia que quiere salir.
Aunque su expresión más real es la de hacer en mi mente
una herida tan grande que me vuelvo susceptible 
a recaer en una profunda tristeza.



XXI


Tomo pastillas pero no siento un cambio tan real. 
Es más pienso que todo sigue igual, o al menos yo sigo igual que siempre.
Con los mismos problemas.
Con las mismas ganas de querer morirme.
¿Debo echarle la culpa al psiquiatra o a mí por acostumbrarme tan rápido a ellas?
Estoy en contra de la droga pero la consumo de forma legal.
Son esas las ironías de la vida que me hacen reír cuando estoy solo.
Reírse en público de los problemas propios no me gusta.
Uno nunca sabe cómo pueden llegar a reaccionar aquellos 
que nunca han visto a alguien sufrir.


XXII



Ahora ya no se más que decir, creo que debo terminar
con esto de una vez, ya han conocido a profundidad lo
que me duele, es momento de que me vuelva a resguardar en
el cobijo de mis queridas catacumbas.
Cuando lean esto no piensen en mí como un ser humano,
más bien imagínense a alguien que ya no está.




*

FIN.




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