sábado, 10 de octubre de 2026

LA CUCARACHA: HISTORIA DE UNA ENTREVISTA - PARTE 2

 


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IV


   Su imagen me intimidaba más de lo que yo pensaba. Tenía todo el porte de un héroe. Emanaba de él un cierto magnetismo que me hacía poder mirarlo por horas, en su cuerpo no existía ningún signo de envejecimiento ni nada parecido. Estaba en una forma física similar a Superman, pero éste era argentino.

Se me quedó mirando por unos segundos hasta que rompió el silencio:

—¿No venía usted para hacerme una entrevista?— su voz sonaba con mucha autoridad.

— Sísí, discúlpeme... La entrevista sí—de seguro me puse un poco colorado.

Saqué el grabador de la mochila y lo asenté en la mesita en donde descansaban el vaso de agua y el de whisky. Luego extraje unos papeles, en donde tenía anotadas las preguntas y empecé con la interrogación.

— Señor Cucaracha ¿Es verdad que nadie sabe de su identidad? — pregunté tratando de mantener la compostura.

— ¿Qué clase de pregunta es esa?— me respondió riéndose.

— Bueno... Vamos con otra— tragué saliva y continúe— ¿Qué beneficios le ha traído ser un héroe?

— Mire señor, me niego a responder cada una de sus preguntas, más aún si éstas parecen formuladas por un adolescente con ganas de jugar a ser periodista— su mirada aparentaba una leve molestia.

   En ese momento no supe cómo continuar, tenía ante mí un personaje difícil. En mis veinte años como periodista, jamás había renegado con alguien, pero ahora era diferente ¿Quién se creía que era? Podría ser un superhéroe y todo lo que él quisiera, pero no tenía ni la más mínima idea de lo que era llevar a cabo una entrevista.

Nos quedamos en silencio un rato. Tomé la grabadora con la intención de apagarla y reiniciar la conversación nuevamente, cuando lo hice, él habló:

— Señor, entiendo que su tiempo es valioso, como lo es el mío también, por eso le ofrezco algo diferente, para que usted pueda aportarle a la revista para la que trabaja una visión distinta sobre quién soy yo— tomó un sorbo de agua— ¿Le parece bien?

Asentí con la cabeza. No me quedaba otra. Él se levantó y me pidió que lo siguiera.

—Como usted puede ver, esta casa tiene historia— me decía mientras caminábamos.

El ambiente en el que estábamos era grande, en él se encontraba una vitrina con algunas medallas, fotos viejas de La Cucaracha (posiblemente de la década del 50'). Después a la izquierda de la habitación se alzaba, también dentro de una vitrina, un traje que asumí debió ser el de los comienzos, por allá a principios del XX.

Pasamos por otras habitaciones, y había fotos de La Cucaracha junto a otros héroes, compartiendo una gran mesa, entre risas, comida y bebida. Eran personas divirtiéndose, en una época que seguro ya no volverá (asumí que la mayoría ya estarían muertos).

— Cuanta historia se encuentra entre éstas paredes— le dije examinando una foto.

— Así es —suspiró— Fue un tiempo en el que los héroes nacionales valían la pena. Éramos respetados, amados, tomábamos partido en las decisiones importantes, ahora no somos nada.

— Pero han logrado muchas cosas, el orden que hay en la ciudad lo han conseguido ustedes— dije tratando de levantar el ánimo.

— ¿Y de qué valió eso, si al final la idea central se desperdició?— su rostro se puso serio— Nadie toma conciencia sobre la importancia del bien y la ayuda mutua. Ese era nuestro mensaje.

— Sin embargo, creo que han logrado algo excepcional ¿Quién iba a decir que existirían héroes en la República Argentina?

— Lo sé, fue una iniciativa hermosa, lástima que los egos humanos nos quitan todo aspecto heroico—hizo una pequeña pausa — Yo me mantengo firme en esto, tratando de no echar a perder mi linaje.

— ¿Su linaje?— mi cara de extrañeza reflejaba mi confusión— No entiendo a qué se refiere...

— Ahora lo va a entender.

Hizo una seña para que lo siguiera, entramos a una habitación en donde había una puerta en el piso, curiosamente esta habitación estaba pobremente adornada, salvo por esa puerta que, a simple vista, parecía un sótano.

La pequeña puerta crujió y me hizo señas para que pasara. Bajamos por una escalera y cuando llegamos al final, unas luces incandescentes se encendieron solas, revelando ante mis ojos un mundo completamente diferente.



(Versión alternativa y mas moderna
del traje de La Cucaracha)



V


   Entramos a una base subterránea, perfectamente iluminada. Parecía que había hecho un viaje a una especie de casa futurista.

En medio de esta sala descansaban un par de autos de lujo, y todo alrededor estaba amoblado con equipamientos de última generación, armas impecables y otros artefactos desconocidos para mí.

— Sea bienvenido a mi base secreta señor— dijo sonriendo— Ahora si me permite, venga por aquí, quiero presentarle a mi familia.

Caminamos por un pasillo hacia una especie de cripta húmeda y antigua. Apenas cruzamos el umbral, una hilera de luces se encendieron, y ante mí se presentaron una serie de grandes tumbas, de aspecto imponente, finamente talladas y presentadas.

Me acerqué a ver y mi sorpresa fue increíble, aquí se hallaban las diferentes generaciones de La Cucaracha. Ahí entendí de que estaba hablando.

— Esto no es algo de todos los días señor, ser La Cucaracha es un trabajo que se traspasa de generación en generación, yo soy la décima generación y me temo que la última — dijo mientras apretaba un botón— Ya no hay nada que se pueda hacer, el mundo está ante el último eslabón de héroes nacionales.

— ¿Pero cómo funciona todo esto?— pregunté desconcertado.

— Ser La Cucaracha es el traspaso de un padre a un hijo. La Cucaracha anterior fue mi padre, y ahora estoy yo. Pero hoy tan solo cuento con treinta y cinco años, no tengo linaje y dudo que está tradición de sangre pueda seguir persistiendo.

Repentinamente la conversación fue interrumpida por el hombre que me había recibido apenas había llegado. Traía una bandeja con un vaso de agua y otro de whisky.

— Pero usted es un hombre joven aún, tiene gran porte, es un héroe reconocido— bebí un poco de whisky— Tiene tiempo de encontrar una bella mujer, que le pueda dar un hijo y así seguir manteniendo el linaje... Nunca es tarde para el amor.

— Si, lo entiendo, pero creo que ya encontré el amor en otro lado, en otros brazos — dijo con una risa de enamorado.

— ¿Y dónde está esa bella dama? — pregunté contento.

— Creo que no me ha entendido— hizo una seña y el hombre que había traído los vasos se acercó, lo abrazó y se besaron— Ahora ya comprende ¿No es así?

Me quedé un silencio un ratito, me bebí todo el whisky y luego sonreí.

— Ahora entiendo cuál es el problema— le contesté carraspeando.

— Pero para mí no es un problema — me respondió abrazando a su amante— Creo que ya es hora de que esto se corte, hemos hecho mucho por este país, me parece que ya es momento de descansar ¿No cree?

— Lo comprendo, no es fácil esta tarea, ni mucho menos es fácil mantener el orden en un país que está construido sobre los cimientos del desorden — dejé el vaso sobre una mesa — Espero de corazón que sean felices.

Se hizo un silencio, pero no incómodo sino agradable, hasta que la pareja de La Cucaracha habló.

— Ya van a ser las doce ¿Desea quedarse a almorzar? — me preguntó.

— Sería un honor quedarme, pero necesito volver a mi casa. Deseo ordenar toda esta información, para empezar a redactar la nota, que será publicada el viernes. Si le parece, el sábado puedo acercarle la revista para que usted la conserve y allí aceptaré la propuesta de quedarme a almorzar.

— ¡Me parece una buena idea! — dijo La Cucaracha.

— Pero antes debo pedirle un favor ¿No le molesta que le tome un par de fotos, para ilustrar la nota?— le pregunté sacando la cámara de la mochila.

— Para nada— dijo él — Pero vayamos arriba, comprenderá usted que este lugar debe permanecer lejos de las cámaras.

Subimos arriba por las mismas escaleras donde habíamos entrado. Le tomé un par de fotos junto a la bandera Argentina y al lado de su novio, luego sentado en un sillón y finalmente me marché.

Me despidieron muy cálidamente y dijeron que el sábado me iban a estar esperando. Mientras iba por la ruta tuve la sensación de que había estado en otro mundo completamente distinto, y había tenido la posibilidad de haber conocido a dos seres humanos increíbles.

Contemplé el reloj y eran casi la una del mediodía, el hambre me estaba apuñalando. Antes de volver a casa pasaría por el restaurante de «el Tano», necesitaba una buena dosis de pastas caseras.


VI


   Finalmente la nota fue publicada, y causó gran revuelo en la sociedad argentina. Todos habían conocido la intimidad de un héroe tan grandioso como el nuestro. El Gringo tenía razón, esa entrevista me había cambiando la vida, desde ese momento fui invitado de honor en múltiples programas de televisión y de radio para hablar de mi encuentro con aquel superhéroe. Estuve hasta en la mesa de Mirtha Legrand, hablando de La Cucaracha, la nota y todo lo vivido, ante la mirada atónita de los demás comensales que evidentemente tenían muchas preguntas para hacerme.

Pero antes de que todo eso pasara, como había sido prometido, le llevé a La Cucaracha el ejemplar de la revista y junto a uno del Gringo Rossi que lo quería autografiado.

— ¡Lindo personaje el Gringo! — me dijo con una una sonrisa mientras tomaba una lapicera de uno de los cajones de su escritorio.

— No me diga que usted lo conoce — le dije maravillado — ¿Cómo sabe usted de él?

La Cucaracha firmó la revista y me la entregó. Me miró a los ojos con una sonrisa pícara y me dijo:

—  Las cosas que pasan en la cama, deben quedarse en la cama — tomó un trago de agua.

Yo tragué saliva y miré para abajo, tomé la revista y la metí en la mochila. No iba a hacer ningún comentario al respecto, ya lo había dejado muy en claro.

Finalmente almorzamos, y a eso de las tres de la tarde me retiré demasiado agradecido con la calidad humana que me había encontrado. Me dijo que tenía las puertas abiertas para cuando quisiera, ya que había encontrado en mí un buen amigo.

Cuando iba por la ruta no lo podía creer, ni mucho menos todo lo que vino después. La «Entrevista con La Cucaracha» había sentado las bases de una historia increíble, llena de héroes y villanos.

Me apenaba un poco saber que el linaje de esta estirpe de nobles héroes estaba llegando a su fin, pero por otro lado sabía que ellos habían entregado su cuerpo y su alma por un bien mayor. En ese momento sentí una sensación hermosa dentro de mi cuerpo, me sentí orgulloso de haber nacido en ésta tierra.


FIN.



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VERSIONES ALTERNATIVAS

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APARICIONES PERIODÍSTICAS 

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QUE VIVA EL AMOR








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