EL ARTE Y LA CREACIÓN DE CONTENIDO EN ÉPOCAS DE ALGORITMOS
SEGUIR TENDENCIAS
VS
SER AUTÉNTICO
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La presión actual que sufre el creador de contenido se halla presente en la cuestión central de todo acto creativo ¿Por qué hace lo que hace? Ahora, con respecto a esa pregunta elemental, existen muchas visiones de por qué uno puede tirarse a la pileta de los medios digitales, buscando tal vez un hueco en el cual poder expresarnos como se nos de la gana. Pero ahora, en esta era del consumo masivo 一 donde el contenido ya no se ve como una pieza auténtica, sino más bien como una mercancía coleccionable, en la cual uno va acumulando horas y horas de información, que difícilmente luego podremos recordar 一 nos encontramos con el desafío de entender el porqué de cada cosa. Es decir, situar en un contexto los motivos que nos empujan a querer conectar con un público, mediante nuestra propia expresión individual.
Las razones son diversas y hay tantas como personas en el mundo, sin embargo la cuestión central está en que ahora ya parece que el acto humano se perdió, estando obnubilados por el feedback, nos olvidamos de aquello que nos convierte en eso que queremos mostrar. Ya, a mi parecer, las interacciones humanas, como la expresión de las emociones y el disfrute de una obra sublime, se ven tristemente afectadas, pues muchos artistas asumen que si no se cumple con cierta meta de «me gusta» o visualizaciones, se puede dar a un proyecto por fracasado o poco suficiente.
Aparece entonces aquí la cuestión más importante: ¿Qué tanto definen nuestros proyectos los likes y las estadísticas? A priori, parece que son una parte importante de la vida del creador, pero si me pongo a ver más de cerca, no son más que una estructura para definir de form medible lo que a ciertos grupos puede llegar a gustarle o no, pero entiendo también esa sensación de no haber llegado a ese público objetivo, y eso evidentemente nos obliga a caer en «la tiranía de los likes».
Desde el surgimiento de las métricas y el estima exagerado hacia el «pulgar arriba», nos han ido empujado a redireccionar lo que hacemos, ya no con el fin de intentar ser mejores, sino de querer capturar esos likes perdidos, siguiendo como borregos las tendencias que nos son impuestas, pues no queremos estar afuera, y sin bien sabemos que las redes no son la vida, de alguna manera se nos termina yendo la vida en ellas.
Podríamos decir que nunca tuvimos tanta libertad como artistas y creadores para poder hacer y mostrar lo que se nos antoje, pero parece que sin embargo seguimos atados a los gustos y los objetivos de un algoritmo que nunca estará contento, pues se encuentra en competencia absoluta, buscando satisfacer las demandas continuas de los usuarios que no pretenden hacer el esfuerzo de buscar algo nuevo, sino que prefieren seguir con el mismo refrito de videos y tendencias basura.
Tenemos todo al alcance de la mano para ser innovadores, o en el mejor de los casos, ser auténticos con lo que hacemos, sin tener que copiar un modelo de éxito, que ya fue copiado por veinte personas más antes que nosotros, pero decidimos irnos por el camino del crear para el like y no para nosotros, de ver que le gusta a los demas y despues vemos si conforma o no al propio intérprete.
Desde el surgimiento de las métricas y el estima exagerado hacia el «pulgar arriba», nos han ido empujado a redireccionar lo que hacemos, ya no con el fin de intentar ser mejores, sino de querer capturar esos likes perdidos, siguiendo como borregos las tendencias que nos son impuestas, pues no queremos estar afuera, y sin bien sabemos que las redes no son la vida, de alguna manera se nos termina yendo la vida en ellas.
Podríamos decir que nunca tuvimos tanta libertad como artistas y creadores para poder hacer y mostrar lo que se nos antoje, pero parece que sin embargo seguimos atados a los gustos y los objetivos de un algoritmo que nunca estará contento, pues se encuentra en competencia absoluta, buscando satisfacer las demandas continuas de los usuarios que no pretenden hacer el esfuerzo de buscar algo nuevo, sino que prefieren seguir con el mismo refrito de videos y tendencias basura.
Tenemos todo al alcance de la mano para ser innovadores, o en el mejor de los casos, ser auténticos con lo que hacemos, sin tener que copiar un modelo de éxito, que ya fue copiado por veinte personas más antes que nosotros, pero decidimos irnos por el camino del crear para el like y no para nosotros, de ver que le gusta a los demas y despues vemos si conforma o no al propio intérprete.
Tener la mente creativa solo maquinando mil y un formas de generar interacciones o volverse viral, solo desgasta al creador de contenido, que ahora está preocupado porque algunos de sus videos o publicaciones no alcanzaron el nivel de visualizaciones esperados.
Debemos retomar el gusto por lo artístico y auténtico, dejar de compararnos con los demás y tener la mente en nuestro presente, buscando ser en cada obra lo mejor posible, luego llegarán los likes, las visualizaciones y la viralidad. Lo importante de este camino no es lo que diga un algoritmo o lo que nos quiera vender un grupo de analíticas, lo que importa es el componente humano. Quizás tu obra no superó el millón de me gusta, pero tal vez le llegó al corazón a algún espectador y eso vale más que cualquier métrica.
Como propósito principal el artista debe comprometerse a ser más humano, dejar de lado la frialdad tecnológica y recuperar su esencia, a fin de cuentas eso es el arte, conectar con nuestra humanidad, con nuestros sentimientos más puros.
La tiranía de los likes es pasajera, el amor y la pasión por el trabajo en el campo de la creación y de la creatividad, es eterna, nos acompaña desde que nacemos y nos seguirá hasta el día que estemos muertos, mientras que la tendencias y los gustos de la gente son tan efímeros como un suspiro en el viento.
Recuperar la originalidad no es tan difícil, se consigue mediante la expresión de uno mismo, siendo reales, mostrando nuestros fracasos y nuestras victorias. Si, lo entiendo, todos queremos enseñar el mejor dibujo o la canción que va a ser la nueva sensación del verano, pero a veces, entender que muchas veces ese dibujo no fue lo suficiente o que esa canción no la pegó, nos ayuda a internalizar que tal vez no importa si no fue un éxito, al menos logramos hacer algo que nadie más que nosotros puede hacer. El estilo, la técnica, la capacidad de ejecución y demás, son cosas tan personales, que no pueden estar regidas por ningún algoritmo y una parte importante de eso, se halla presente en nuestra individualidad.
El arte logra su meta o el contenido impacta, cuando no se trata de forzar lo que se quiere mostrar, porque «es lo que vende», de lo contrario muchos grandes artistas, a lo largo de la historia, no hubieran logrado trascender hasta nuestros días, y lo han hecho tan solo por ser ellos mismos. Te entiendo, es muy caro el precio que hay que pagar por ser uno mismo, pero si al final no me puedo cambiar, no puedo dejar esto para pasar a ser otra cosa y creo, de forma contundente, que el arte nunca miente.
Los algoritmos y las métricas ya tendrán su tiempo de caída, pero nosotros somos los que debemos levantarnos y enfrentar de forma positiva una realidad que pretende envolvernos en su nube de contenidos poco irrelevantes. Creo yo, que la originalidad o ese valor de ser uno mismo, está en la posibilidad de ofrecernos así como somos.
Si las redes son (de forma metafórica) nuestra ventana al mundo, que mejor que ser auténticos, por más que todos quieran vivir en el hecho de copiar a otros y copiarse a sí mismos.
Hoy, vale la pena jugársela por hacer algo arriesgado o poca veces visto, la comodidad fría de lo conocido nos aleja de lo que realmente somos, hay que dejar esa zona de confort, y afrontar la realidad artística desde un plano real, en cuanto a estilo y producción. Ahora, se valora más la cantidad, dejando de lado la calidad, lo cual no solamente implica que la obra debe verse estéticamente correcta, sino que va más allá de las proporciones o las teorías del color. La calidad artística se halla presente en esos detalles propios, en esas pequeñas expresiones, en esa búsqueda por crear una obra que se reinventa y se supera a sí misma.
Por seguir el trend o hacer el challenge, dejamos de lado lo que nos gusta y lo que nos hace sentir bien, con tal de agradar a una audiencia/comunidad, para ver si así podemos sacar una tajada generosa de ese algoritmo tan manipulador.
A la guerra contra las presiones y ansiedades que nos imponen los algoritmos y las redes, se la gana entonces con más originalidad, con más autenticidad y con un enfoque claro en nuestros sentimientos por sobre las expectativas del mundo digital.



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