martes, 8 de septiembre de 2026

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN: Una guía para la supervivencia (Parte 2 + Conclusión)

 





-. PARTE 2 .-

LO EXTERNO TAMBIÉN FORMA
PARTE DEL PROBLEMA


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[Y mientras tanto, tomamos una pastilla porque esa es la única forma de poder salir a la calle sin miedo a que la vida nos lleve puestos…]


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Silencio



   Un joven en medio de este caos decide terminar con su vida, y nadie dice nada. Alguien se queda sin trabajo y sucumbe a la desesperación y nadie dice nada, todos permanecen en silencio, intentando lidiar con sus vidas, para así lograr concentrarse mínimamente en sus propios intereses, siendo estos los únicos que les dan un refugio y los hace sentir seguros.

   Si miramos las estadísticas 一 que no son nada alentadoras一 los datos arrojan que el suicidio, tan sólo en el año 2025 (apenas hace unos ocho meses atrás) escaló a un veintitres por ciento, siedo en total cinco mil doscientas personas las que habrían decidido terminar con sus vidas, una cifra verdaderamente alarmante.

   Para lo que va de este 2026, la tasa aumentó un treinta y ocho por ciento de personas afectadas por el suicuidio y el problema es que sigue aumentando, debido a la gran crisis de salud mental, que se debe a la ruptura de un sistema económico, político y social en decadencia. Los grupos más afectados son los adolescentes, mujeres y adultos mayores. Sin embargo, las tendencias muestran que la mayor predisposición al suicido se da en hombres, con un promedio ¡del ochenta por ciento a nivel nacional! La tasa actual alcanza al once por ciento de los hombres entre cien mil habitantes. Por otro lado, las mujeres ocupan el segundo lugar y no han hecho más que aumentar en los últimos treinta años. En cuanto a los adolescentes, entre varones y mujeres, se dio un alza del doce por ciento cada cien mil habitantes. El promedio de edad de los chicos y chicas que toman esa drástica decisión rondaba hace un par de años atrás, entre los quince y los diecinueve años, pero ahora se ha visto que la tendencia está entre los diez y los diecinueve años. (Toda esta información se puede encontrar más detallada en el informe sobre «Suicidó en la Adolescencia: Situación en la Argentina»).

   Dentro de los adultos mayores se puede establecer, según nos dicen los datos, que hay cincuenta y cinco por ciento de adultos mayores de setenta y cinco años que deciden tomar la decisión de desaparecer de la peor manera, esto según lo que dijo la OMS (Organización Mundial de la Salud). Al parecer en las personas gerontes, existe una tendencia al suicidio ligada a la depresión severa, la soledad (sin vínculos sociales), la pérdida quizás de una pareja de toda la vida (viudez), la falta de una jubilación digna y un abandono por parte de familiares totalmente irresponsables.

   ¿Qué se hace entonces con toda esta información? Aparentemente nada. Las autoridades que tienen el poder de cambiarlo todo parecen guardar un oscuro silencio (casi cómplice me atrevería a decir). Según los datos obtenidos de varias fuentes y estudios, se puede aseverar que cada veinticuatro horas ocurre un intento de autolisis, que muchas veces supera ese intento y se cobra la vida de algún abuelo, una joven mujer de bien o un hombre honrado.

   La vida efectivamente se ha vuelto complicada, ya nada parece agradable, las calles son escenarios de pequeños actos de microviolencia, la economía asfixia,el trabajo agota más que nunca, el tejido social está completamente fracturado, todos estamos más violentos, hay guerras y crisis políticas a donde sea que uno dirija la mirada. Y mientras tanto, tomamos una pastilla porque esa es la única forma de poder salir a la calle sin miedo a que la vida nos lleve puestos, porque es eso o permanecer en el más completo ostracismo, alejado de todo y de todos. Y no es sólo el hecho de que tomemos un antidepresivo y ya está, sino a que además tenemos que lidiar con gente que cuestiona nuestra medicación, atribuyendo su carácter innecesario, como si tomar un psicofármaco fuera algo inútil, cuando se ha comprobado con estudios que el medicamento es una solución mucho más favorable que solo la terapia.

   Ahora, hablando de medicamentos ¿Qué dicen los datos sobre esto? Según los datos del COLFARMA (Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires), los antidepresivos, ansiolíticos y derivados, han aumentado un treinta y un por ciento en hombres adultos y un catorce por ciento en mujeres adultas. Siendo más específicos se registra un siete por ciento en el aumento de ventas relacionadas con sedantes e hipnóticos, mientras que los antidepresivos han aumentado un dos por ciento de sus ventas. Estas tendencias, no se quedan acá, sino que van en un aumento constante debido a las situaciones de crisis económica, social y laboral, puesto que la gente está buscando una manera de poder calmar su mente y dejar de preocuparse aunque sea por un rato. Y lo entiendo, es muy complicado acallar todos esos pensamientos que nos atormentan y no nos dejan pegar un ojo. Hablando ahora de dormir, los medicamentos para el sueño y evitar el desvelo o el insomnio, han tenido un alza del siete por ciento, y generalmente la gente los compra porque están en una situación de estrés o ansiedad desbordante.

   Continuando con los medicamentos, es interesante hablar de sus elevados costos y el sacrificio que hacen muchos para poder llegar a comprarlos, con tal de calmarse un poco. Se cree que estamos hablando entre cinco mil y treinta mil pesos (como lo más accesible), hasta llegar a los cien mil pesos en algunos casos. Esto beneficia ampliamente al sector farmacéutico que lucra descaradamente con los padecimientos de los ciudadanos de un pueblo en decadencia.

   Ahora vayamos a otro punto ¿Qué hay de las sesiones psicológicas y psiquiátricas en estos tiempos? ¿Se tiene algún registro? Para sorpresa de nadie Argentina es el país con mayor cantidad de psicólogos per cápita, y aun así no basta para atender a toda una población. Guiándonos por las estadísticas se afirma que hoy, un veintinueve por ciento de la población total de Argentina, se encuentra bajo tratamiento psicologico/psiquiatrico, mientras que del otro lado, existe un cincuenta por ciento que no lo está, pero no porque no lo necesiten o estén «bien», sino que no pueden acceder a ella a causa de no poder pagarla. Siendo más detallistas, podemos argüir que tres de cada diez personas están actualmente trabajando sus problemas en terapia. De esa brecha de tres de cada diez, se dice que el cuarenta por ciento, ha encontrado 一o encuentra一 actualmente, muchas veces un impedimento económico que le impide ir a las sesiones de forma continua.

   Analizando todo esto vemos que la cosa es realmente grave y no se trata de un juego. La impotencia es contra el gobierno que no parece reaccionar y las políticas de cada provincia o municipio, que no quieren ofrecer ninguna solución adecuada que pueda subsanar este malestar, o al menos intentar generar un cambio medianamente positivo.

   La falta de personal capacitado para situaciones de emergencia o crisis y la marginalidad de muchas personas que deciden apartarse de la vida, porque saben que allá afuera no van a poder sobrevivir, es realmente triste y duele ver día a día el drama de quienes dan todo por un país que no les otorga nada ¿Es eso cierto? Si no me creen miren por ejemplo la cantidad de suicidios que se han dado en el ejército argentino, la ruina en la que se encuentran las mutuales, lo desamparados que están los hospitales, la falta de empatía con los médicos, enfermeros y docentes, ni hablar de las salitas asistenciales de barrio y de las clínicas privadas.

   Esto nos afecta a todos, independientemente de la escala social en la que uno esté posicionado o si está en el sector público o privado.

   Yo creo que llegó el momento de romper ese silencio, de mostrarnos más, hay que dejar de estar al lado del camino, tenemos que salir a hablar sobre lo que nos pasa en el diario vivir, no hay que esperar hasta que el estado haga algo (porque siempre pide algo a cambio), lo importante al final es el acompañamiento, el entendimiento real y el apoyo mutuo.


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El colapso de la productividad


   Quiero ser directo con esto, por lo que voy a ir inmediatamente al grano, dejando las introducciones largas o medianas para los capítulos siguientes y pasaré a los datos más importantes que atañen a esta parte del escrito. Bien, yendo ya al asunto, se estima que en la Argentina se han perdido trescientos treinta mil puestos de trabajo, por ende a su vez muchas personas han perdido su poder adquisitivo. En un análisis micro se ve que el terreno de la construcción y la industria ha sufrido una caída de sesenta y un por ciento de puestos de trabajo formales, mientras que el comercio y los servicios representan cifras similares.

   Esto evidencia un grave problema a nivel estructural en lo que respecta a lo económico. Tomando como ejemplo el comercio, ha habido una caída no solo en falta de empleo sino en el propio consumo de las personas, demostrando que en algunos sectores del país, mucha gente se priva de alguna comida porque no llegan con el dinero. Esta parálisis de la economía, afecta indudablemente a la cuestión mental, sumándole también el aumento de la desnutrición infantil y de la marginalización, que lleva a muchos a tener que buscar en la basura algo con lo que poder llenar sus barrigas.

   A toda esta situación la bauticé como el «colapso de la productividad». Se nos ha enseñado desde que somos niños, que nada más que el esfuerzo duro y el trabajo continúo nos puede llevar a un éxito rotundo (meritocracia), cuando en realidad no es así. Esa mentira nos la hemos tragado sin protestar, pero nunca nadie nos explicó que ese éxito es aleatorio y no depende únicamente del «trabajo duro» y el «esfuerzo sobrehumano», sino que existen otras variables de esta realidad, entre ellas la más importante: el aspecto económico del país. Un país en crisis económica y política (podría decir social y cultural también) muchas veces no ofrece una posibilidad material para transformar la vida mediante la necesidad de «trabajar duro».

   A los ojos de todos, podemos atestiguar que la meritocracia no funciona de la forma tan bella en la que se nos presenta, porque sin oportunidades de acceder a trabajos formales, bien remunerados (con todo lo que eso conlleva) es imposible. Y luego nos dirán «las oportunidades hay que crearlas uno» ¿Y cómo hago para crearme una «oportunidad» cuando económicamente todo está en la quiebra? ¿Cómo se le explica a alguien que estudió tres, cuatro o cinco años una carrera universitaria y no encuentra trabajo, que se cree una «oportunidad»?

   Pero atención, no me respondas todavía, miremos estos datos. Según el promedio general del país, nos encontramos con un diecinueve por ciento de jóvenes que comprenden entre los dieciocho y veinticuatro años que no pueden acceder a un trabajo formal, con el fin de pagar una carrera por ejemplo. Ahora, según el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) esta cifra ha tenido un incremento de un siete por ciento en lo que va del año. En cuanto al famosa «brecha de género» (y para aquellos que la niegan) el mismo INDEC certifica que el cuarenta por ciento de las mujeres no pueden acceder a un trabajo y se encuentran, hoy por hoy, en un sector bastante vulnerable, mientras que hay un veintitrés por ciento de hombres que no puente conseguir trabajo.

   Hablando de sectores vulnerables, existe un treinta por ciento de jóvenes que viven en la pobreza o en una situación de indigencia, y están prácticamente aislados de cualquier sistema laboral o deben ejercer trabajos informales (en negro) a cambio de unas pocas monedas y sufrir una explotasión desmedida.

   Tocando el tema del trabajo informal, debido al echo de que no está registrado, eso dificulta la capacidad de medirlo, se presupone que hay un setenta y cinco por ciento de jóvenes en situación de trabajos en negro, mientra que hay entre un quince y un dieciocho porciento de jóvenes que trabajan de forma registrada (en blanco). Nótese pues la diferencia ¿Eso es lo que brinda la meritocracia? Déjeme decirle que para mí, eso es un subproducto de la injusticia.

   Este es el resultado del colapso de la productividad, ya nada es tan fácil como parece, y lo peor de todo es que esa franja del cuarenta por ciento en mujeres y del veintitrés por ciento de hombres, que están desempleados, no es porque quieren, sino porque se ven imposibilitados. A partir de esa problemática se despierta el auge de la ansiedad y de la depresión, porque el sistema productivista condena a aquel que no está haciendo nada y lo maneja con un solo medio, tan efectivo como letal: la culpa.

   No hay nada más horrible que sentirse un inútil a los ojos de los demás, pero los demás no hacen nada por hacer más llevadera la vida de los que sufren, solo complican aún más la existencia de los desdichados, mediante sus juicios y malos pensamientos.

   Efectivamente, esta crisis de la productividad solo vino a realzar de forma esperpéntica la naturaleza maliciosa del ser humano.


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El consumo para no pensar



   Cuando un número de jóvenes se encuentra entre la crisis económica, el desempleo y la falta de esperanza, se produce entonces el caldo de cultivo perfecto para que nazca el consumo y el abuso de sustancias, como un medio que proporciona una forma de distracción de la realidad, para tratar (en vano) de esquivar un poco el malestar.

   Un sector mayoritario de la población joven, y no tan joven, a veces recurre a la droga, al alcohol, al cigarrillo o hasta el consumo desmedido de pastillas con el fin de soportar la existencia.

   Se analiza que el cincuenta por ciento de jóvenes que están transitando una etapa de desempleo son propensos a caer en el consumo, en especial de cannabis y otros psicoactivos. La vida nocturna, y la falta de una responsabilidad clara incrementan las acciones. Las salida de los fines de semana que acaban en borracheras o en trifulcas violentas, son cosecuencia de ese descontento reprimido, que muchas vece no se puede expresar en palabras.

   La familia también influye, puesto que quienes vienen de un hogar que está en la lucha diaria por poder conseguir dinero, y la carga emocional de los hijos (o el hijo) por sentirse culpable al no poder ayudar a los que le dieron la vida, generan una serie de conductas que pueden impulsarlo también hacia los caminos menos buenos, como la delincuencia, algo que a nivel juvenil va en aumento.

   La falta de una seria expectativa laboral desgasta a cualquiera, y más a alguien que tiene que ver como sus sueños y sus deseos de progreso se caen a pedazos. Eso evidentemente genera un daño, en la mayoría de los casos irreversible, porque ata al sujeto a la idea de una especie de inutilidad perpetua, donde tiene que verse obligado a dejar de lado todo lo que alguna vez soñó, para agarrar cualquier trabajo que le permita hacer algún dinero, con el cual seguir alimentando la rueda del vicio.

   Muchos de los jóvenes que se encuentran en trabajos precarios, ven al abuso de sustancias como una vía de escape segura, para evadirse de una realidad que lamentablemente siempre va a estar allí. También puedo verlo como una forma de protesta ante un sistema que no defiende los derechos de los más jóvenes, aunque ese tipo de manifestación no hace más que destruirlos en un corto o largo plazo.

   Es muy triste ver como hay personas que se autodestruyen solamente por no encontrar un lugar, que en definitiva les ha sido negado, pero que en vez de resignarse, solo quieren morirse. Es lo que podría catalogarse como: un suicidio lento.

   Mi visión personal no puede entender al consumo de sustancias como una forma de afrontar la realidad (aunque no lo es). Yo, a pesar de haber estado y seguir estando en la lona, sin terminar de levantarme, nunca pensé recurrir a las drogas, el alcohol o al cigarrillo. No se si se deba al hecho de que tengo demasiado metida en la cabeza la ideología Straight Edge, o que sinceramente no lo necesito.

   De cierta manera entiendo a quienes buscan alternativas para escapar de la agobiante sensación de estar vivo. No los justifico, pero si puedo dejar un mensaje importante en este capítulo, es que las drogas nunca serán la respuesta y no sirven en ningún aspecto de la vida.

 (Evidentemente estoy dejando de lado los psicofármacos o los medicamentos tradicionales, que si realmente son necesarios y muy beneficiosos para nosotros).


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Políticas ineficientes



   Son alrededor de un millón las personas alcanzadas por el desempleo y los desajustes económicos (en todo el país), a su vez por lógica, podríamos decir que tal vez cerca de medio millón de personas están ahora padeciendo un trastorno mental a causa del desempleo, e incluso hay quien estando en un trabajo, también padece alguna afección. Lo importante es ver qué medidas han tomado los gobiernos argentinos en los últimos tiempos, y al parecer no existe ninguna que venga a darle un mano a los que la están peleando día a día con su depresión o ansiedad.

   Podríamos decir que después de la ley 26.657 (Plan Nacional de Salud Mental y la integración de la atención comunitaria) no ha pasado más anda, de hecho, muchas de las personas que están padeciendo un trastorno mental se encuentran limitadas, por culpa de un sistema de salud que no sabe cómo responder ante tanta gente que acude con urgencia a los hospitales y clínicas.

   Si bien la Integración Comunitaria (parte de la ley mencionada arriba) promueve el abordaje en centros de atención comunitarios, la realidad es que estos no dan a basto o en su mayoría, no cuentan con los profesionales necesarios para, por ejemplo, ayudar a una persona que se encuentra en una crisis grave y está pensando en suicidarse. Esto se debe a que no todos los psicólogos están capacitados para atender las diferentes situaciones que el mundo de ahora ofrece, y hay quienes realmente se especializan, pero acceder a ellos suele ser costoso.

   Otro punto que evidencia la falta total de políticas públicas, es el recorte presupuestario, haciendo que por ejemplo las mutuales no le pagan a los psicólogos y estos tengan que encarecer sus consultas o que se vea interrumpida la distribución de medicamentos, al producirse una escasez. En cuanto al desfinanciamiento, por ley el estado debe asegurar un piso del diez por ciento de su presupuesto al tema de la salud mental, sin embargo eso no se respeta, dejando a las personas a la deriva (o a la buena de Dios para ser más exactos).

   Con estos datos, estamos en condiciones de afirmar que no existe una verdadera ayuda gubernamental ni un consenso de todas las provincias para poder, de una manera contundente, subsanar este asunto de la salud mental y ayudar de una vez por todas al pueblo argentino.
   Una vez más 一 y para sorpresa de nadie 一 el estado vuelve a defraudarnos.


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De carácter urgente


   Es de extrema necesidad que el gobierno nacional se ponga de una vez por todas a trabajar, para dar una respuesta ante la oleada de afecciones mentales que asolan a este territorio. Deberá rever su ley y generar espacios de contención para quienes quieren hallar un poco de seguridad, además de capacitar a todos los profesionales (o lo que quieran) para saber cómo afrontar este tipo de situaciones y así salvar la vida de muchas personas.

   Esto no es un interés económico o de aspecto político, no me interesa la línea de ningún gobierno, solo quiero las soluciones necesarias que el estado argentino (y cualquier estado del mundo) debe darle a sus ciudadanos. La tranquilidad, la seguridad, la educación y la salud son también aspectos que hacen de la vida más llevadera. No deberá descuidar a la población más joven, que es la que recibe los coletazos más duros de toda ésta situación, siendo más vulnerable. Así también no debe olvidarse de los sectores LGBTIQ+, las mujeres y los adultos mayores. Tendrá que buscar la forma de equilibrar su presupuesto— quizás incrementarlo — para que pueda alcanzar a todos y nadie se quede afuera.

   Por otro lado, es responsabilidad de los ciudadanos acompañar a los que la pasan mal, escuchar sin juzgar y estar en lo posible presentes, aunque la otra persona no desee tener alguna interacción social. Lo digo con conocimiento de causa, porque yo también, en los momentos de crisis prefiero huir de todos porque siento que no quiero molestar, y eso está mal, lo importante es buscar personas con las cuales sentirse seguros, entendidos y abrazados.

   Es de carácter urgente la acción necesaria y conjunta para afrontar la crisis de salud mental. Si todos tiramos para diferentes lados, es imposible que lleguemos a un lugar concreto. Ahora, si todos vamos hacia un mismo objetivo, definitivamente saldremos victoriosos. Llevará su tiempo, pero ya llegará el momento de festejar el triunfo.

   También, es de carácter urgente dar charlas y discusiones en las escuelas sobre la importancia de la salud mental, y lo vital que es hablar sobre lo que uno siente. Hay que promover desde una edad temprana que nadie puede juzgar nuestros sentimientos cuando peor lo estamos pasando, porque quien se sincera sobre lo que está sufriendo, es porque realmente está absolutamente desbordado. Hay que enseñar también la importancia de una escucha atenta, que no critique a quien se encuentra mal, que no juzgue sus pensamientos y que sea más bien, esa escucha, un acto de amor absoluto.

   Es de carácter urgente, un poco más de paciencia, un poco más de amor con aquellos que están derrotados por la vida y se hallan sumidos en la oscuridad.

   Es de carácter urgente que se puedan hablar las cosas y no haya que fingir estar bien para no querer mencionar aquello que lastima sólo por miedo o vergüenza.

   La crisis de salud mental saca a relucir las diferentes falencias de una sociedad fragmentada, sin trabajo y económicamente rota. Por eso estás propuesta y por eso todo este escrito, que no tiene otra intención más que la de poder acercar un granito de arena a la lucha contra ese Goliat que parece hasta incluso, casi vencernos. Lo demás ya queda en las manos de los profesionales y en la de los que hoy ocupan un cargo público y se hacen ricos con el dinero robado al pueblo (a estos últimos les aseguro que ya les llegará la venganza).

   Mientras tanto, la ciudadanía debe seguir enfocada en mejorar, en no dejarse vencer, en buscar alternativas, en nunca perder la fe, y sobre todas las cosas, nunca debe dejar de creer en sí misma ni en su poder.


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-. CONCLUSIÓN .-


   Vamos a cerrar este ensayo diciendo que todo en cuanto sea posible requiere de la cooperación de cada una de las personas, con el fin último de querer salir adelante, de querer crecer como seres humanos íntegros.

   Aquí me centré un poco en mi historia y mi visión de la situación desde una perspectiva personal, aunque sin ahondar en ciertas cosas que son de carácter privado y no deseaba mencionar. También puse sobre la mesa las fallas del sistema de salud, propias de un gobierno que hace caso omiso al reclamo de sus ciudadanos y que deja a muchas personas en la ruina absoluta. Nada aquí fue dicho en vano, cada dato está completamente respaldado y puede ser constatado tan solo con darse un tiempo al navegar en las redes sociales.

   Ahora, en este apartado de la conclusión, quiero ser breve, y más que nada hacer un llamamiento a todas las personas, para que sepan que no están solas en esto y que existe para todo una salida posible. Claro que también el entorno influye, muchas veces de forma negativa, pero no hay que dejarse doblegar. Por eso ya desde las primeras páginas de este texto, los aliento a buscar ayuda, porque la soledad en estos casos agrava el asunto. No tome mi ejemplo, yo no soy una brújula moral ni nada por el estilo, pero también escribí esto, porque es una forma de redimirme ante mis actuaciones tan erráticas.

   Si de algo estamos seguros es de que la unión hace a la fuerza, por eso rodéate de gente positiva, que te ame y aprecie como eres. Siéntete bendecido de tener un círculo de contención (hay personas que ni siquiera tiene algo así) y si puedes, se vos también el pilar de contención para alguien más que también te necesite.

   Si algo me ha enseñado la depresión y la ansiedad, es que siempre hoy es por mí y mañana será por tí… Así que por favor, no te rindas.



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SIGUE EN LA PRÓXIMA PARTE...







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