EL PROBLEMA DE LA AUTOPERCEPCIÓN
SER QUIENES SOMOS ENTRE REALIDADES INVENTADAS
Por...MARK
*******
********
1
AUTOPERCEPCIÓN, ANIMALES Y MUJER ROBOT
El problema con la autopercepción y esta idea absurda de sentirte como lo desees, termina siendo completamente contraproducente para colectivos que realmente luchan por ser reconocidos por lo que son y sienten, como por ejemplo el colectivo trans. Por eso el caso de esta muchacha que se cree o se siente robot, termina por derribar una idea que, en sus comienzos, iba bien encaminada, pero después se desvirtuó en un maremoto de formas de sentir, que ya no van ligadas siquiera al género humano. Para ilustrar más lo expuesto, veamos el caso de las personas transespecies, o los transedad, ideas tan disparatadas que nos hacen pensar que todo está realmente jodido. En el caso de la transexualidad es realmente entendible el hecho de ser y sentirse del género opuesto, pero ya identificarse con un animal, me hace pensar que estamos retrocediendo hacia una involución, donde lo humano o el «ser humano», es simplemente un aspecto, una skin de un videojuego, y que puedo el día de mañana autoconvencerme de qué tal vez soy un caballo en el cuerpo de un hombre.
Si lo miramos fríamente, vamos a tender a dudar sobre la estabilidad mental de esa persona que se considera un animal, cuando no lo es. En el caso de esta chica robot, no puedo pensar otra cosa más que en una obsesión por la ciencia ficción, y que por más chips y cosas tecnológicas que logre implantarse, jamás dejará de ser humana, jamás podrá borrar esa esencia que la hace una mujer de carne y hueso. Lo más loco de la autopercepción es que nos dice que podemos ser lo que queramos, pero de alguna manera estoy sujeto a comportamientos, pensamientos y sentires de un humano, por lo que estoy muy lejos de la frialdad de una computadora o de los sentires de un perro.
Si bien es cierto que tenemos derecho a decidir lo que queremos ser, considero que hay ciertos límites necesarios que no podemos cruzar. De igual manera, tenemos que entender que estamos sujetos a una cultura que está en continuo cambio, y en dónde la comodidad general ofrece el tiempo para cuestionar los valores sobre lo que somos. Es en la era digital dónde más se nota la necesidad de pertenecer (que de hecho es humana), como así también la necesidad de querer ser vistos, por lo que la comodidad de las redes sociales y la fácil virtualización del contenido absurdo, genera debates que plantean una «revolución» en términos de romper con lo que es propiamente humano, entonces surgen preguntas que para los autopercibidos algo son casi un éxtasis filosófico: ¿Por qué no puedo ser un perro? ¿Qué me impide ser un robot? ¿Acaso está mal sentirme de 14 años cuando tengo 45? Las respuestas son simples, en la primera me demuestra que sólo hay involución, es retroceder al humano un eslabón más abajo. La segunda me lleva a decir que, el día que se logren reemplazar todos los órganos del cuerpo por cableados, plaquetas y mecanismos eléctricos diré que estoy ante un robot. Y la última se responde por sí sola, pero voy a decirlo porque nunca está de más, sentirse de una edad que dista mucho de tu edad actual me da a pensar que es de una persona inmadura.
La autopercepción no es más que un engaño vil para que podamos desprendernos de nuestros nefastos orígenes, a sabiendas que jamás podré borrar la esencia humana. Les han vendido a las generaciones como la mía la libertad en bolsas de plástico, pero cada paquete estaba pinchado, y se han vuelto esclavos de lo que son, humanos que luchan para no serlo más, pero eso es como pretender que el agua deje de ser agua, el aire deje de ser aire, o el cielo deje de ser azul.
Ni yo en mis momentos de mayor misantropía he querido desprenderme de esta cáscara que es ser humano, porque un gran paso es asumir la responsabilidad de serlo. Ser humano es entender que pertenecemos a un flujo constante de vivencias únicas, es también comprender que tenemos visiones únicas de la realidad, y mayoritariamente nada es igual para todos.
En el caso de las personas trans, es sumamente entendible el hecho de querer ser lo que sus cuerpos no les brinda, y de hecho la necesidad que tienen muchas personas de autopercibirse cosas que no tienen ningún sentido, terminan ensuciando la lucha justa que llevan a cabo las chicas y chicos transexuales del mundo. La liviandad de sentirse uno lo que le salga de la cabeza, termina por tirar a la basura la lucha real de quienes exigen ser reconocidos por lo que son realmente. Después entonces vienen las malditas confusiones y la sociedad termina por meter a todos en la misma bolsa.
Este caso de la mujer robot y sus anécdotas tan estúpidas como el hecho de contar que tiene relaciones sexuales mediante USB o que se implantó un chip con IA, no me dan otra cosa más que gracia y algo de vergüenza ajena. Nunca creí que la estupidez humana iba a llegar tan lejos, pero parece que en la modernidad buscamos competir para ver quién tiene la idea más estúpida, como si al final fuéramos a ganar un premio o un reconocimiento por querer simplemente llamar la atención. Y bien que lo logra, ya que está en boca de todos, pero siempre mirando lo sucedido con cierto recelo, comprendiendo que el otro no está más que desvariando.
Otro punto interesante es el victimismo que brota desde las raíces de la autopercepción. Si uno como humano más o menos centrado expresa su descontento con una mujer que se siente caballo, saldrá está y un montón de seres de IQ dudoso, a victimizarse por no ser aceptados tal cuál son, cuando en realidad desde fuera no hacen más que el ridículo. No se puede avalar aquello que va contra lo natural, y no lo digo despectivamente hacia otras comunidades como la LGBTIQ+ (movimiento al cuál defiendo), sino que mí crítica va dirigida a personas que ignoran que por razones obvias no pueden ser un animal, ni mucho menos un robot.
El victimismo barato no hace otra cosa más que generar visitas en internet y que algún medio de comunicación un poco marginado, hable un rato sobre Jorge que se siente un nene de 9 años a pesar de que va a cumplir 39, pero la sociedad no lo quiere aceptar y exige que se respete su derecho, como si la edad fuera algo dado al azar y no influida por el año el que le tocó nacer. Si bien existe este dicho popular que reza que la «edad es tan solo un número», pero se lo dice en un contexto donde se tiene asumida la edad real, pero a pesar de ello, la edad no es un impedimento, como el caso de algún jubilado que decide lanzarse por un paracaídas (nótese que es un ejemplo a modo ilustrativo).
Para cerrar este punto número uno, creo que la autopercepción no debe tampoco ser una forma de imposición, pues no puedo ver un perro donde hay un humano, y tengo el derecho a replicar que aquello no es lo que parece. Muchas veces se toma esto como una herida a la identidad del otro, cuando en realidad es el otro el que se hiere a sí mismo su propia identidad. Tampoco podemos pretender que todo el mundo acepte nuestra nueva versión, es por demás obvio que no todos vemos las cosas igual. La victimización no favorece en nada, al contrario expone al autopercibido como un sujeto sensible que depende de la validación del resto para sentir lo que quiere sentir.
2
NO ERES TU GÉNERO, NI TUS ETIQUETAS
Hubo un tiempo en el que conocí a una chica, que hoy es actualmente mi novia, y en una de estas escapadas románticas por el centro de la ciudad me preguntó que era yo. La pregunta me hizo gracia, porque no entendía a que se refería, hasta que supo explicarme a que inclinación pertenecía, pues ella siendo una chica trans, quería saber sobre mí sexualidad, si era gay, bisexual, pansexual o lo que fuera. Me tomé un momento para analizar la pregunta y le dije: «yo soy yo», ese es mí género, de hecho no tengo género, tampoco soy agenéro ni no binario, simplemente que Yo Mark soy eso Mark.
La charla quedó ahí, pero no dejó de hacer un sonido en mi mente, rebotando de un lado a otro, para buscar una respuesta aún mayor. Empecé entonces a escuchar a los maestros, leí libros sobre metafísica, espiritualidad, ocultismo y magia, para finalmente comprender que no estaba equivocado, Yo verdaderamente soy Yo.
Mark, quien escribe esto, es hombre, tiene actualmente 27 años, pero mi sexualidad no se sujeta a una etiqueta, porque mi esencia o alma, trasciende toda barrera, ya sea cultural, emocional, mental, económica, sexual, etc. Yo soy todo y nada a la vez, pues la esencia que compone nuestros cuerpos no se define por un gusto sexual, y esto va pensado para esas personas que basan su personalidad en una orientación sexual, que a fin de cuentas no es más que el placer de compartir un acto romántico con alguien. Tu no eres tu género, eres esencia que atraviesa todo, y eres unicx en todos los aspectos de la vida, de ahora en adelante, no hay nadie en el universo que sea igual a vos. Hay algo adentro tuyo que no puede ser replicado, y que no está ligado al sexo o al género.
Y esto no es espiritualidad barata, es solo el reflejo de sabernos únicos, y que en esa unicidad, no hay definiciones concretas, porque las definiciones son inversiones sociales, para catalogar y sectorizar a las poblaciones, es como querer definir la normalidad, dando por entendido que existe algo que se escapa de lo normal, pero cuando uno pregunta qué es la normalidad, casi nadie sabe dar una mirada clara sobre lo que es ser realmente alguien normal.
Tenemos que saber que ante todo somos completamente irrepetibles, por lo que en la realidad palpable poco importa nuestras relaciones con los demás, es a ojos sociales la condena, pero tenemos que enfocarnos más en nuestros sentimientos, que en lo que dicen los otros.
Entonces allí encontré la respuesta, me di cuenta que yo era más que una identificación o una etiqueta, porque no soy un producto que se acomoda en las góndolas de la vida, soy más bien un alma libre, que tiene la libertad de amar a quien quiera, ya que en mi mente no entran genitales, sino almas y corazones, lo cual involucra el mirar más allá de lo físico, para penetrar esa coraza y llegar al lado más humano, pero que hace de esa persona única e irrepetible también
Con esto no quiero decir que esté mal salir del closet o tener una etiqueta, lo que quiero mostrar es que no tener una etiqueta es mucho más liberador, porque le das más atención a tu humanidad interna, que a los modelos sociales. Por eso la autopercepción fracasa en los aspectos donde decide apartarse de lo humano, para sentirse robot o perro, pues allí no se comprende que nunca podrá desprenderse de su identidad humana, de su unicidad como individuo en medio del universo. Pese a que se considera única y diferente por sentirse robot, no está generando más que una falsa idea sobre lo que es y hasta cierto punto le falta el respeto al género humano. No se pueden abandonar las raíces que corren por nuestras venas, somos esto y no lo podemos cambiar, entonces ¿Por qué buscar definirnos cuando con solo ser nosotros mismos ya basta?
La verdadera autenticidad del ser, no radica en sus puntos de diferenciación del resto, sino en reconocerse a sí mismo en todos, ya que ocupamos el mismo espacio, y compartimos las mismas características, pero al traspasar las barreras más importantes como la del género, estamos demostrando que somos infinitos en la finitud de la vida. Incluso hasta nuestros nombres son una limitante, ya que mi esencia no tiene nombre, porque no la necesita, porque es imposible que se confunda con otras esencias, si son todas de distintas formas. Vuelvo a lo mismo, nunca en la historia habrá alguien igual a tí, aprovechemos esa hermosa oportunidad que nos da la vida, de ser distintos, en dejar de cargar con etiquetas baratas, somos todos ciudadanos del mundo, somos todos humanos.
3
LA LOCURA POR SER
Todos cargamos entonces con la locura de querer ser. Deseamos muy internamente ser alguien que destaque, que tenga dinero, que posea poder, que sea famoso, y para lograr dichos objetivos logramos ponernos obstáculos que no son más que cargas propias que debemos afrontar para llegar a ser algo. El camino para ser algo en la vida radica hoy en la venta de la propia dignidad, como si tuviéramos que pasar de bufones a reyes, para conseguir algo mejor. Las redes sociales son entonces la potencial forma de alcanzar la fama, porque le da entidad a personas que basan sus vidas en estereotipos que reflejan tan solo un costado de lo que son, terminan por volverse al final de día un producto defectuoso, que arriesgan su dignidad por conseguir un poco de atención. Y ahí está la importancia de la autopercepción, en la búsqueda de llamar la atención destacando como algo diferente, para que validen mi decisión o de lo contrario son discriminadores.
La autopercepción no es nada más ni nada menos que un engaño a la consciencia, en donde los que se auto perciben algo, viven en la realidad ficticia de que la realidad real (valga la redundancia), se va a amoldar a sus necesidades fantasiosas, pero no es así, por eso se frustran y por eso, para que sigan viviendo en la distopía que ellos crean por intentar ser algo, terminan por volverse caricaturas decadentes, personas poco respetables y figuras que son emanadoras de vergüenza ajena.
La necesidad de ser algo, nos termina convirtiendo en competidores, donde ganar la carrera es igual a conseguir lo que siempre quise, ignorando que hay cuestiones sociales que no son tan fáciles de saltear. Después de todo, si empezamos a ver la realidad de forma subjetiva y a percibir al otro como algo subjetivo, estamos distorsionando la realidad circundante, para adaptarla a un guión descabellado, donde lo humano desaparece para moldearse a sí mismo en otras versiones u animales.
Por eso es que la autopercepción es un arma de doble filo, por un lado da libertad, pero por el otro, nos mete en una jaula mental que nos hace sentir de una forma que no cuadra, o parece no encuadrar con lo que somos.