RECUPERANDO LA AUTONOMÍA
CAMINAR ES UN ACTO REVOLUCIONARIO
Caminar es un acto revolucionario, de eso no hay duda alguna, es una resistencia hacia el control que se ejerce sobre el tiempo. Quién camina no está sujeto a las normas establecidas de tener que llegar a algún lado, como el ajetreado apuro que tiene el conductor de cualquier vehículo.
Caminar es una acción que indica un desprendimiento de todo lo que entendemos como «acelerado». Quién decide caminar, de alguna manera está decidiendo poner un freno a las corridas de la rutina. Además, caminar es una forma de recuperar la autonomía del cuerpo, que tan acostumbrado está a los viajes en vehículos que tan solo facilitan el traslado, pero dejan poco a la libertad del ser.
Quién camina sabe también, que ese momento no es cualquier cosa, es un punto de reconexión con lo que somos, con lo que nos une a esta vida. Muchos de los grandes pensadores de la historia le han dado a la caminata un valor importantísimo, no solo para la salud, sino como una forma de poder aclarar la mente, despejar dudas y desarrollar ideas. (De hecho este ensayo está pensando mientras caminaba de mi casa a la casa de mi madre).
Ahora, en las épocas de la infoxicación, es importante realizar actividades que nos hagan conectar con la verdadera esencia de nuestro costado más humano.
Hay que dejar de lado los apuros y valorar más los tiempos muertos. Hay que dejar de ver al ocio como un mal y empezar a verlo como un bien que a corto plazo trae beneficios asombrosos. Pero el ocio real es aquel que nace del aburrimiento y no del sometimiento de la mente al cansino ritmo de los algoritmos. Ahí es cuando el caminar entra en acción y nos permite poder darle un espacio a la reflexión consciente y crítica sobre lo que nos pasa y lo que nos rodea.
Cuando el cuerpo entra en movimiento, toda la maquinaria empieza a funcionar y las ideas se empiezan a generar casi automáticamente, es un acto instintivo que lo hacemos sin darnos cuenta. Es como dicen: «la inspiración no llega sola».
Si miro en retrospectiva, la mayoría de las cosas que he escrito se han desarrollado mientras caminaba o en su defecto, en un acto interno de exploración e introspección. Nada está dejado a las manos del azar. Cada pregunta, cada cosa que surge en mi mente, prefiero consultarla caminando entre las veredas de la ciudad, perdiéndome en ella hasta dar con la respuesta, aunque por lo general termino siempre con más preguntas, para darme cuenta que todo se trata de volver al principio. El fin de la búsqueda está en el principio de esa búsqueda, es decir, en esas preguntas elementales a las que tratamos de darle una respuesta, por más que muchas veces nos sea imposible o nos parezca poco lógico.
Me gusta ver también, al acto de caminar, como una forma de terapia para bajar esas ansiedades que la vida misma nos hace sufrir. Son una medicina eficaz cuando las calles están en su mayoría vacías, puesto que la gente suele aturdirme con su ir y venir sin sentido. Al menos los que tenemos preguntas y buscamos la respuesta tenemos una dirección, pero hay otros que no saben ni siquiera a dónde van. Esos son los peores, los que se hallan perdidos, pero aun así ignoran que en ellos está la respuesta para salir de esa bendita caja que los mantiene sometidos al acoso contínuo de las malas experiencias.
Se que muchas veces hablar de autoconocimiento logra ser aburrido o suena como una especie de mito místico dicho por algún gurú de dudosa espiritualidad, pero es cuando caminamos donde más nos conocemos, porque nos permitimos ser, a nivel interno, nosotros mismos.
Ahora hay que hacer una pequeña salvedad, y decir que todo esto funciona siempre y cuando estemos dispuestos a ver el acto de caminar no solo como mover los pies o un mero ejercicio físico, sino como una forma de conectar con nuestra realidad interior. No por nada los expertos en salud mental recomiendan salir a caminar como una forma de reorganizar y poner en orden los pensamientos. Quién diga lo contrario es porque está aceptando su miedo a afrontar la situación de verse cara a cara con sus propios conceptos.
El caminante es siempre un ser pensante, continuamente está generando ideas, buscando soluciones y fomentando su mente creativa. Para el artista o para el creador, es indispensable tener una rutina que le permita caminar para llegar a las conclusiones que quizás de un tiempo para otro se conviertan en un futuro libro o en una obra de arte impresionante.
En los días de estar apurado, caminar nos obliga a bajar un cambio, a no tomarnos todo tan a pecho, a entender que toda cosa tiene un ritmo y muchas veces no necesita ser acelerado, de vez en cuando hay que relajarse y fluir con el ambiente.
Me parece interesante entender la acción de caminar como un potente generador de ideas, pero también como un calmante de ansiedades, beneficio que para los creativos y artistas locos viene de maravilla, pues muchas veces nos vemos sometidos a la presión de tener que hacer algo, y en ese estado de completo enceguecimiento, nos olvidamos de que por ahí, caminando todo se puede solucionar o al menos nos puede dar una perspectiva distinta sobre lo que estamos desarrollando.
Teniendo en cuenta todo lo expuesto arriba, puedo afirmar con mucha veracidad que ahora es cuando vale la pena el esfuerzo de «tocar pasto» como un ejercicio, parcialmente obligatorio, que nos permitirá de forma consciente recuperar nuestra merecida libertad.
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¡GRACIAS POR LEER!





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