lunes, 24 de agosto de 2026

LA VIDA SIN REDES SOCIALES - A CUATRO AÑOS DE UNO DE MIS ENSAYOS MAS IMPORTANTES

 LA DESINTOXICACIÓN DE LAS PANTALLAS (ACTUALIZACIÓN)


UN GRAVE ERROR Y UNA LECCIÓN APRENDIDA




Por...MARK
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EN CONTEXTO



   Desde la publicación de mi ensayo «Desintoxicación de las Pantallas» (2022), pasaron ya cuatro años. Cuatro años en los que no me volví a crear una cuenta en ninguna red social conocida y me mantuve siempre fiel al blog. Pero 2026 pintaba de otra manera, con mi incursión nuevamente a la escuela de Bellas Artes y al estar empezando un pequeño emprendimiento, era necesario (o al menos eso pensaba) poder tener una red social para compartir, por ejemplo, los productos integrales que estoy vendiendo y además, me parecía pertinente otra cuenta para poder mostrar mi arte y de alguna manera compartir también mis gustos en el cine, la música, etc.

Como todo buen inicio creí que yo tendría el control sobre la red social, puesto que después de estar cuatro años sin depender de ella, me creía superior, pero nunca hay que subestimar el control del algoritmo. Como una araña paciente me fue metiendo de a poco en su red, hasta que una vez ya me tuvo en su poder, me infectó con su letal veneno y volví a recaer en su juego perverso de manipulación. Otra vez me empecé a sentir extraño, siento que no logro tener realmente una identificación con lo que la aplicación me está mostrando, no produce en mí ninguna satisfacción su contenido, a pesar de sus intentos de querer brindarme todo el tiempo su gratificación instantánea, mostrándome más y más post sin sentido, más y más gente (que ni siquiera conozco) para que pueda conectar, aún así yo no de mi aprobación.

Otra vez me vuelvo a sentir prisionero sin querer estarlo. Hablo sobre lo que siento con respecto a estos acontecimientos, con personas que creo me van a entender, pero no lo hacen, no pueden procesar como una aplicación puede alterarme tanto, yo considero que eso se debe a que sus cerebros ya están demasiados quemados o acostumbrados a las idas y vueltas de su algoritmo. Yo, en cambio, cada vez que paso tiempo en estas benditas redes de infoxicación, me doy cuenta de que en realidad mi ser no está deseando estar ahí (porque no pertenece a ese entorno), lo hago porque es una forma de estar en el mundo, es una forma de demostrar que estoy existiendo, pero no necesito hacer eso, si yo ya existo en esta realidad.

De nuevo los pensamientos se me agolpaban en la mente, me sentía mal y no sabía que hacer, hasta que llegó el punto crítico, y decidí eliminarlas nuevamente. Creo que esta es la mejor decisión posible, para cualquier persona que esté atravesando una crisis por culpa de estas nuevas tecnologías. Lo importante es no pensarlo demasiado y dejarlas. Ni siquiera conviene avisar a alguien de que ya no vamos a usar tal o cual aplicación, mejor hacerlo silenciosamente, por lo menos hasta que nuestra mente vuelva a estar en orden, luego podremos lidiar con los comentarios de aquellos que no lo entenderán y te condenarán (como si eliminar tu cuenta de instagram fuera equivalente a un crímen).



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INDICIOS DE ARREPENTIMIENTO



   En estos cuatro años estuve bien, estuve tranquilo, pero probé nuevamente las redes sociales alrededor de tres meses y ya me siento destruido como aquella primera vez. Ahora solo tengo que esperar a que esta tormenta mental se calme y seguir con mi vida como si nada. Soy un convencido de que la red social no hace al artista, el artista es y lo será hasta el día que se muera, independientemente si su obra aparece en algún perfil de instagram.

También me di cuenta de lo pesado que es mantener un pequeño emprendimiento en redes. Uno convive con la presión de tener que publicar diariamente, para poder obtener vigencia o de lo contrario no será visto y eso es mucho para mí. Prefiero hacerlo a mi ritmo, publicando cuando pueda, cuando quiera y se me de la gana. Me di cuenta entonces que el mundo de las redes, en cuanto a empresas, se ha vuelto insoportablemente competitivo, donde todos batallan por el like, la atención o el obtener más ventas que la empresa rival. Ya hablando seriamente, puedo decir que el sistema capitalista le jodió la cabeza hasta a las pymes más chicas de mi barrio.

Por lo que estuve averiguando, el ritmo de publicación para poder llegar a potenciales clientes debe ser continuo, entre tres o cuatro posteos diarios, yo con suerte alcanzo a llegar a uno cada tres días, si es que ando con la imaginación necesaria para desarrollar un flyer publicitario llamativo. Al principio sentía culpa por no estar creando, luego me di cuenta que la clave no es correr como hace la gran mayoría, sino más bien ir al ritmo que me sale, que quien sabe tal vez me lleve a los mismos resultados. Entiendo que la inmediatez hace que todo sea más rápido, pero en ese aceleramiento puedo llegar a caerme si es que no me tomo mi tiempo.





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UN LIBRO Y UNA MIRADA


   Ahora solo me queda respirar y seguir, me doy cuenta que no necesito las redes sociales y eso me hace bien. Aprender durante cuatro años a no depender de ellas fue la mejor bendición de todas. Todo a partir de ahora seguirá igual, daré un par de explicaciones sobre por qué las borré (spoiler: al final no lo hice) y después el río seguirá su flujo, sin embargo este error ya no se repetirá, he aprendido mi lección.

Es importante volver a las raíces, a esos aspectos fundamentales, a la conexión humana que ahora está completamente por lo suelos. No existió en otros tiempos tanta capacidad de conexión como ahora, sin embargo estamos más solos que nunca. Nos mantenemos aislados en la virtualidad, quizás porque es una realidad mucho más agradable, acorde a nuestros gustos, sin saber que eso nos vuelve frágiles, porque destruye nuestra capacidad de atención, nos imposibilita la idea de pensar y nos crea un sinfín de problemas que la mayoría ni siquiera son nuestros (estoy hablando de cuestiones estéticas o físicas).

Hace una semana empecé a leer el libro «Anatomía de la Destructividad Humana», escrito por Erich Fromm, y en la segunda parte del libro planeta algo que ahora considero importante. Si bien es un manuscrito enfocado a analizar el concepto de la agresión dentro de la sociedad, creo que muchas de sus conclusiones (y no solo las de él, sino las de otros colegas) pueden extrapolarse al punto tecnológico y el uso de las redes (aún sabiendo que el libro fue escrito en el año 1973).

Lo que Fromm explica en la segunda parte, es muy importante y hay que saberlo valorar psicológica y filosóficamente. El autor hace un repaso bastante exhaustivo sobre las sociedades primitivas, en especial la de cazadores-recolectores y llega a la conclusión (después de analizar a múltiples historiadores) que el hombre primitivo era mucho menos agresivo que el hombre moderno. Algo que generalmente se podría pensar al revés, ya que el ser humano cuanto menos incivilizado más salvaje es, pero el curso de la historia demuestra lo contrario. A medida que la humanidad y las sociedades fueron avanzando, fueron sofisticando los mecanismos de agresión y con el paso del tiempo la guerra (por poner un ejemplo puntual) fue llegando a niveles tan bestiales e inhumanos que acabaron por darle vida a la bomba atómica.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con las redes sociales? Como dije más arriba, si extrapolamos la idea de Fromm de una sociedad más civilizada y más sofisticada en cuanto a la agresión, también tendríamos como resultado una sociedad más enfocada en el control de unos pocos sobre el resto de la población. La guerra no es lo único que ha dado un salto en su evolución, también lo podemos ver en los dispositivos de control de masas y cómo a través del discurso televisivo, radial, periodístico o digital, se logra manipular o engañar a la sociedad.

Las fuerzas de poder, han sabido generar, mediante las redes sofisticadas, pequeños y medianos «gran hermanos», diseñados para organizar y dirigir nuestra vida, como así también influenciar en la forma que percibimos la realidad.

A mis ojos, esto tiene demasiado sentido. Entiendo que Fromm no tocó este tema pues no existían en ese momento las redes sociales y el internet era casi primitiva y exclusivamente para uso militar (ARPANET) ¡Qué casualidad!



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NO DESCUIDAR LO MENTAL


   No es tan fácil escaparse del control, nuestros datos ya están en casi todos los sitios en los que le damos acceso y esa puede ser una de las razones para borrar la cuenta en alguna red social.

Evidentemente existen muchos más puntos como el efecto distractor, el tiempo que se pierde y el más importante: la salud mental. Este último es vital para nuestro diario transcurrir. Muchas veces, de forma inconsciente, recaemos en prácticas que son de carácter tóxico como las comparaciones o el hecho de sentir que nuestra vida es aburrida frente a la de los demás.

Esa idea de que las redes sociales conectan, quedó obsoleta. Funcionó por allá en el año 2004 cuando empezó a verse el nacimiento de empresas como Facebook, pero ahora todos sabemos que esto no es así. Ahora todo esto que llamamos redes sociales, son entretejidos de mercado, que quieren venderte productos o vidas perfectas, y ahí es cuando uno cae en las crisis de ansiedad o en los bajones depresivos, porque uno no logra darse cuenta que esa es la estrategia. Los grandes CEOs de estas cuestionables, empresas ganan dinero con tu miseria, con ideas falsas cuidadosamente introducidas en tu cabeza en base a repetición continua de contenido que, siendo basura, no podés dejar de mirar.

Ahora, todo lo que antes era el disfrute y el compartir un momento, se ha convertido en una palabra que engloba todo en una acción mucho más repugnante: consumir. El contenido no está hecho para ser observado/leído, sino más bien consumido, dejando de lado los aspectos más vitales como el análisis. La vista y la mente se pasea de un punto a otro, pero no está recibiendo nada, solo está saltando de una información a otra, pero sin la existencia de un análisis previo o una toma de consciencia sobre lo que se está mirando. Eso evidentemente perjudica nuestra salud mental, porque nos quita capacidad de atención, nos imposibilita la concentración y nos somete al ritmo rápido de las cosas (la paciencia quedó en el pasado).

La incapacidad de poder sentarse a leer un libro sin tener que estar atendiendo a las notificaciones, o mirando cada quince minutos el celular, desgasta nuestra funciones cerebrales más primordiales, llegando incluso, en algunas personas, hasta imposibilitar la capacidad de sostener una conversación cara a cara.




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EL ESPÍA SILENCIOSO



   Otro punto central de mi (intento de) abandono de las redes, es el hecho de sentirme continuamente observado, vigilado por ojos que están con ganas de ver que hago, que digo o que publico. Ese es el problema del consumo, nos hemos convertido en espectadores de la vida de los demás, en vez de ser los protagonistas de nuestra propia historia.

Nos contentamos con saber de los demás ¿Pero por nosotros qué estamos haciendo? En definitiva debemos dejar de lado ese sentido de inferioridad y saber que nuestro destino es también interesante y no tiene nada que envidiarle a los demás.

Sentirse observado no es una sensación agradable. Parece que nos vemos obligados a ser sometidos bajo la mirada juzgadora de aquellos que analizan y critican lo que se sube. Caemos presa entonces de la tiranía de los likes* (algo de lo que ya hablé en su momento), perseguidos por el hambre de publicar algo que sea agradable o que nos haga destacar del resto, para obtener esas migajas dulces, propias de la validación.

Ahora, déjame decirte que no necesitas likes, comentarios o visitas para saber que lo que estás haciendo vale la pena. Un like no va a certificar tu atractivo, ni mucho menos si tu arte es digno o no, lo que importa es lo que uno como persona sienta, lo demás son solo aditivos que, psicológicamente hablando, simulan una falsa apariencia en la que un «corazoncito rojo» significa aprobación, cuando en realidad no sabemos qué hay detrás de ese like, que muchas veces puede ser dado de manera desinteresada o por compromiso, en vez desde un sentir real.

No hay que dejarse engañar por todo lo que brilla. Las redes sociales prometen mucho pero se quedan cortas, fomentan el espionaje hacia la vida de los demás y vulneran las barreras de la vida privada. Ya nada se mantiene en la esfera de lo íntimo, todo está estrechamente relacionado con el interés de mostrarse porque es la única forma de validar nuestra existencia.

Desde mi punto de vista prefiero vivir sin redes sociales, y de eso me doy cuenta ahora. Los cuatro años en los que estuve sin ellas, aprendí a ser yo mismo, como me dijo una vez alguien: «Sos una especie en vías de extinción», cuando le decía que no tenía Instagram o Facebook y que no me interesaban.

Después también descubrí una gran cantidad de jóvenes que han decidido alejarse de las redes, y han comentado su experiencia en youtube o en blogs y eso de verdad no me hace sentir solo. Me doy cuenta que existe, por parte de un núcleo jóven, una sensación de disgusto general sobre el funcionamiento de las redes sociales y sobre todo del mismo aparatito (celular). Son estos chicxs los despiertos, los que no quieren someterse a nada y reivindican lo que realmente profesan: la libertad de vivir sin ser controlados.


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PEQUEÑA CONCLUSIÓN



   Mi postura de resistencia es clara: en los cuatro años que no dependí de esas redes, me di cuenta del valor que tiene esa pequeña libertad de no pertenecer a algo, pero no por la necesidad de demostrar que uno es diferente, sino más bien por el hecho de que obtengo, al final del día, un beneficio a largo plazo del cual puedo gozar.

No hay que tenerle miedo a ser un perro verde**, todos tenemos diferencias y visiones distintas sobre las cosas, lo importante es vivir acorde a lo que cada uno siente. Mientras no le produzcamos ningún daño a otros, tenemos el derecho y la obligación de vivir como nos plazca y bajo las ideas que más se adapten a nosotros.

Lo que importa aquí es la libertad.





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- NOTAS: 
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* Link a la entrada antes mencionada «La Tiranía de los Likes»: 
https://dibujoseinspiraciones.blogspot.com/2026/05/la-tirania-de-los-likes.html

**Existe un dicho popular en argentina que hace alusión a las personas que salen de lo común o tienen una forma de ser excéntrica, cuando la ven dicen: «Este/a es más raro/a que un perro verde»  


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PD: ACTUALIZACIÓN DEL CASO

18/7/2026

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¿Dependencia o algo más?


   Bueno, una nueva actualización al respecto de este tema tan importante (al menos para alguien como yo). Al día de hoy, volví a instalarme las benditas redes sociales. Debo confesar que muchas veces la cosa se siente como una especie de noviazgo tóxico donde uno sabe que la pasa mal, pero de igual manera se ha vuelto cuasi adicto a esos momentos (negativos), es como que necesitamos esa confirmación de que las redes nos hacen mal y es ahí cuando entramos en el círculo vicioso de querer salir para después volver y volver a salir de nuevo (así hasta el infinito y más allá).

Lo importante en estos casos es el autocontrol, pero no es tán fácil, quien es adicto algo, muchas veces se quiere auto-convencer diciendo que tiene el control sobre esa adicción, cuando en realidad todos sabemos que no es así. Las redes sociales hacen que perdamos el control, nos vuelven sumisos, y consumidores pasivos de contenido hueco, cada tanto hay algo que nos hace reaccionar, pero es como que su efecto dura poco, instintivamente nos han dopado. Al tirar abajo nuestra capacidad de atención y al demostrar lo fácil que podemos volvernos completamente adictos a los estímulos, deja en claro que en realidad no tenemos el cien por ciento del control de todo nuestro cuerpo, ni de nuestra mente.

Funcionamos casi igual que las máquinas, pero con la diferencia de que nosotros somos conscientes del grado de estupidización al que estamos llegando. Las grandes empresas y los viles tecnócratas, han convertido nuestro sufrimiento en su mina de oro. Lastimosamente no todos comprenderán las consecuencias de esto (esos son los mismos que a mi me tildarán de loco por no querer estar metido dentro de un mundo virtual ficticio). A ver, siendo sinceros, a la realidad se la entiende desde la misma realidad, no mediante un post de instagram o un hilo en X (Twitter) y es que de eso nos han convencido, hemos hecho de las redes un elemento revolucionario, sin darnos cuenta que no es más que un teatro diseñado para creernos libres, porque en realidad está todo controlado, si no fuera así ¿Por qué las aplicaciones eliminarían cierto contenido que puede ser peligroso (por su discurso)? Ahí, déjenme decirles, no hay libertad.

La premisa de las redes como bastiones importantes de la libertad de expresión, ya quedó en el pasado. A medida que estos aparatos se fueron sofisticando, el acto democrático de la libertad de expresión se fue perdiendo. Evidentemente esto arruina las posibilidades de negocios futuros, ninguna empresa querrá poner su dinero en una plataforma en la que cada uno puede decir lo que se le antoje. De ahí que muchas veces el algoritmo y su dictadura de la seudoverdad, apremie a cierto sector político-social-cultural y perjudique a otro, solamente porque las formas en las que se expresa ese grupo (o el tipo de discurso implementado) no beneficia la imagen de la red de infoxicación social.

Esto no es nada nuevo, lo podemos ver tranquilamente con Youtube, en los años 2010 a 2016 (más o menos), la plataforma era otra cosa completamente distinta (los oldschool sabrán de lo que hablo) después con la llegada de empresas millonarias que se decantaron por apostar en en la publicidad online, la misma plataforma se vio 一 seducida por el vil capital 一 a tener que coartar la libertad de aquellos que tan sólo querían expresarse.

Todo gira en torno al dinero y la capacidad que tienen estos sistemas algorítmicos de manipularnos para hacer una cosa o la otra. Lo importante para mí, va a ser aprender a controlarme y tratar de no depender de este tipo de aplicaciones que sin lugar a dudas son nocivas para la mente, distraen y nos alejan de hábitos sanos.



Los que no entienden (y nunca entenderán)


   Después hay quienes no van a entender mi postura y con esto quiero ser breve (considero que ya lo expliqué demasiado). Las personas que no entiende el porque uno desea alejarse de las redes, ya sea tomarse un tiempo o dejarlas para siempre, esta relacionado con lo efectos psicológicos, que van más allá del propio «brainrot», sino que se relacionan con efectos tan negativos como: la sensación de soledad (independientemente del número de seguidores), la necesidad de compararse (más aún entre mujeres y gente en general del rubro artístico), el propio hastío de que cusa el uso prolongado de la aplicación (ya no hay nada interesante para ver, todo es repetitivo) y así podría seguir enumerando punto por punto.

Si alguien es afortunado por usar las redes sin recaer en la adicción o en algún complejo, realmente lo felicito, pero no por eso hay que invisibilizar o menospreciar a aquellos que tienen una experiencia negativa con la aplicación. En este mundo estamos hechos para experimentar y nadie vive la misma experiencia de idéntica manera, cada uno percibe las cosas desde su mirada y sensibilidad especial.

Tampoco hay que darle muchas vueltas a la tuerca, cada quien elige lo que es mejor y lo que no lo es para su vida. En definitiva no hay que ver de manera extraña a aquel que no tiene redes, y entender que es su forma de disfrutar la vida. Porque sí, para sorpresa de muchos, las redes no son la vida.


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