sábado, 28 de septiembre de 2024

DIBUJOS SEPTIEMBRE

 

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Vuela alto nuestra querida Umi, por acá te vamos a extrañar.



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miércoles, 25 de septiembre de 2024

¿CÓMO NOS RELACIONAMOS?



 A la hora de afirmar cómo debe ser nuestro comportamiento para con los demás, es necesario entender las diversas cosas que nos atraviesan como personas a lo largo de nuestra vida. Personalidades tan ególatras como la del, para nada respetable, Temach, nos hacen caer en cuenta sobre el peligro de generalizar. Tratar de comprender, sin saber realmente, qué es lo que el otro quiere que haga o cómo desea que lo haga, termina generando una base para nada confortable, donde asumimos convencidos de que todos los hombres quieren lo mismo, y de que todas las mujeres desean lo mismo, dejando de lado las características individuales de los diferentes actores sociales. Afirmar que «todas las mujeres» quieren ser tratadas de la misma manera, nos hace ignorar que las relaciones interpersonales, están sometidas a múltiples variables, que muchos de los fans del Temach (y hasta el propio Temach ignoran), pues tener una relación— no exclusivamente de noviazgo—, es entender que me encuentro con un otro que desea ser tratado de una manera diferente y no quiere recibir maltratos, ya demasiado carga con los padecimientos de sus traumas, como para que venga un macho alfa que recién a leído «Meditaciones» de Marco Aurelio, y ya se cree lo suficientemente fuerte para imponerse sobre otros, siendo alentado por un influencer que es explícitamente misógino.

  Un signo de esta creencia sobre ser un alfa con tendencias a giga chad, es la idea absurda sobre las mujeres y sus conocimientos pseudo-psicológicos, al saber que es lo que necesitan, esta idea absurda de la idea de control sobre el género opuesto, lo que nos lleva siempre a un constante conflicto entre el hombre (que cree saber que desea una mujer), y la mujer que tan solo desea ser comprendida, valorada y sentirse especial, algo que los deforestados fans del Temach calificarían como simpear, sin entender que amar a alguien no es solo un acto emocional producido por la atracción física o la inteligencia, sino que es un acto constante de placer y discusiones en donde nadie es superior al otro, donde trato al amado como alguien que se merece todo y viceversa. Las relaciones de pareja buscan eso, un equilibrio parejo entre las dos partes— equilibrio que no es tan fácil de obtener— teniendo en cuenta que la otra parte es un mundo lleno de aspectos ultra positivos y costados sumamente negativos. Es necesario entender que cuando se está de novio, no se busca un sometimiento sobre el otro, sino más bien una necesidad de auto-vulnerarse, para encontrarnos así con corazones sinceros y no espíritus dominantes. Una pareja que se equilibra por el lado de una relación de poder desigual, es una pareja que está destinada al fracaso, al igual que intentar llamar la atención con comentarios para nada gratos. 

  Por eso es importante estudiar detenidamente los aspectos fundamentales de los seres que nos rodean, cada uno tiene su historia, sus traumas y dolores, que aprendemos a cargar incluso siendo bebés. Fortalecer las relaciones sanas está lejos del macho alfa o de las «temachinas oscuras», va más para el lado del escuchar y comprender a la otredad.

En conclusión a lo expuesto, las relaciones que brindan forcejeos de poder, en donde uno es superior al otro: hombre manda y mujer obedece, genera un ambiente violento, sumamente desequilibrado, invalidando las metas y deseos de la pareja. Las relaciones violentas y tóxicas terminan siendo dañinas para ambas partes. El amor «verdadero» es el amor que comprende y quiere ser comprendido, es el que escucha y es escuchado. Cualquier idea negativa que forme parte del vínculo amoroso, es completamente inaceptable en un noviazgo serio. No normalicemos las conductas tóxicas o el maltrato, para luego, al final de nuestros días preguntarnos por qué estamos solos.






viernes, 20 de septiembre de 2024

REFLEXIONES: PARTE XIV

 


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Un día vas tranquilo por la vida, y descubres al doblar la esquina, que en ese momento sos vos contra el mundo. No es que quiera ponerme aquí en modo pesimista, pero llega un determinado momento de la semana en el cual sientes ese pesar, como si llevaras viviendo sin parar más de cien años, cuando recién tu calendario marca que es miércoles. Uno muchas veces se pregunta el porqué, pero le atribuimos a esas inquietudes respuestas rápidas que nos satisfagan más:«seguro es estrés por el trabajo», «solo es porque no estoy durmiendo bien», «seguro es porque no me estoy alimentando mejor». Tendemos siempre a encontrar la explicación más fácil para el consuelo momentáneo, intercambiamos la introspección por la respuesta más cómoda, y es que hoy en día ya nadie hace filosofía, ya nadie busca la complejidad de las cosas, nadie se pregunta el porqué de las situaciones cotidianas, da la sensación que solo somos autómatas dispuestos a satisfacer impulsos y disfrutar de aquellas cosas que entran dentro del rango de nuestro algoritmo biológico. Nos volvemos entonces dispositivos enchufados a otros dispositivos, ignorando las llamadas que recibimos del entorno real.

Ahora pareciera que todo cobra más sentido y que ese pesar no es solo estrés, de hecho oculta algo mucho más profundo, tiene una razón de ser, y se explica mediante las expresiones naturales o respuestas biológicas a situaciones y momentos, que evidentemente no son nada gratos, porque la vida tampoco lo es.

Es muy difícil aceptar que la vida es miserable, que estamos más para sufrir que para gozar, saber que la tristeza dura más que la felicidad, es algo que no nos gusta, nos hace sentirnos incómodos, desgraciados o hasta incluso malditos. Arrastramos con una existencia moderna en donde el vacío es más profundo, y se ha intensificado, podemos notarlo en los índices de depresión, en las tasas de suicidio que aumentan con el pasar del tiempo ¿Pero por qué? Se supone que estamos en la cima de lo humano, creamos tecnología que no solo proporcionan conocimiento, sino que han hecho evolucionar a la medicina, a la educación, a la comunicación, hoy en día estamos más conectados que antes, la esperanza de vida se ha alargado, pero aun así, el vacío persiste, tenemos todo pero nada nos tiene a nosotros. Las redes sociales nos han hecho ver a las relaciones interpersonales como conversaciones vacías en donde se simplifica todo con un emoji o un stiker, creemos que la pantalla de nuestros teles, de nuestras computadoras o teléfonos pueden abarcar la realidad, pero no es así, la realidad de las pantallas está moldeada para que creas que la vida allá afuera es todo como un día de verano. Los noviazgos no son como la relación perfecta de los influencers que admiras, el compromiso social va más allá de etiquetar a alguien en una frase para querer alegrarle el día.

Nuestra vida aquí es finita y lo único que hacemos es mirar todo como espectadores, hasta que nos duele la cabeza, porque estamos invadidos de realidad, y creemos que nuestra realidad no importa en un mundo donde hay personas más interesantes. El valor que cada uno tiene de sí mismo disminuye, y hay quienes adoptan posturas radicales para tener un valor más alto. Hoy el centro del mundo ya no es el hombre, sino su capacidad de poder comprender algo que no sabe porque lo está dominando.

La gratificación instantánea carcome los cerebros que no pueden aguantar una canción sin cortarla por la mitad para escuchar la siguiente y así hasta el infinito. Hay una parte de este mundo que nació desenchufada y se ha conectado a la fuerza, nosotros, mi generación y la que viene, ya nació y nacerá conectada a esta virtualidad falaz.

El destino del hombre y la mujer parece el de ser cada vez más idiota, consumiendo sus horas en actividades que acrecentan el vacío, pero que en fondo no cubren nada. Un like no es igual a un abrazo. Un comentario no iguala a un te quiero.

Sin embargo la mentira más salvaje es la que nos hacen creer que todo está bien, que nada más importa salvo ser feliz, que no hay que pensar en nada más que en la propia paz mental ¿cómo lo consigo, si el mundo en el que vivo cada día es menos pacífico? «¡No seas tan pesimista!» me dicen por ahí en alguna reunión «Todavía hay gente buena en el mundo» Aquí tengo que suspirar un momento, gente buena habrá ¿Pero cuántos abrazan la bandera del altruismo por una apariencia de redes sociales? Pareciera que no tuviera sentido lo que digo, porque muchos pensarán que es la única forma de hacer visible lo bueno sin embargo ¿no es eso fomentar aún más el espectáculo? ¿no se puede hacer lo que se ama sin exhibirlo?, no no se puede, porque todo lo que está al margen del espectáculo no existe, por eso la realidad no cabe en nuestras pantallas, por ende si yo Mark no tengo redes sociales, entonces no existo, y la no existencia es una forma de afrontar la vida, tal vez hasta de aguantar sus golpes, es como estar muerto, si no existo no siento nada, no hay dolor o felicidad que pueda tocarme. Eso es lo que busca la vida, matarnos en vida, hacernos insensibles ante el dolor, por eso cuando uno crece descubre la verdad tras el velo, la existencia es dolor, el dolor me hace estar vivo, por lo tanto a partir de ahora decido no existir, me mantengo a distancia de lo bueno y lo malo, soy solo un ente en la vida, un espectador, un autómata.

Ante esta espantosa experiencia de vida, te vuelves un sujeto enfermo para la sociedad, porque no solo formas parte de la locura del mundo, sino que además la reconoces y quieres cambiarla. Lo difícil de todo esto es que te encuentras «remando en dulce de leche», porque el veneno del mundo se te suministra en pequeñas (pero potentes) dosis, y eso te traerá enfermedades comunes como la depresión y la ansiedad, sufrirás jaquecas, te darán pastillas par volverte a reinsertar y que creas que el mundo que te rodea es así y punto. Hay que ser mezquino de alma y corazón, para querer aceptar que nada de lo que nos rodea se puede cambiar.

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Hace apenas horas acabo de leer algo que no sólo reafirma una verdad, sino que también demuestra lo inculto que son ciertos movimientos sociales, que piden por sus derechos pero desconocen su historia. Esto que voy a decir no tiene ningún secreto ni es algo confidencial extraído de los archivos ocultos de la CIA, es solo realidad histórica pura y dura, que revela lo peor de una época y la ignorancia de las generaciones futuras, que por picardía o desinterés intelectual buscan aquellas cosas que irradien verdad —su verdad—, descartando aquellos datos que ponen en tela de juicio sus débiles creencias. Después se preguntan porque nadie les cree, si lo que hacen es pronunciar una y otra vez el viejo discurso, como loros parlanchines, sin averiguar antecedentes de lo que están diciendo, ni siquiera hacen el mínimo esfuerzo neuronal por cotejar ideas o intentar al menos que el archivo no convierta en finado a sus argumentos.

Para mi asombro a todo esto, y desde marzo del presente año, cuando publiqué un trabajo de investigación sobre lo mal que la pasó la comunidad LGBTIQ+ en épocas de dictadura (1976-1983), sentí una conexión con las historias tan fuertes que han vivido personas por el hecho de ser distintas, que me involucré demasiado buscado archivos y revistas de la época, donde encontré una joya perdida.

Revista «Somos» número 2, editada en febrero 1974 por el F.L.H (Frente de Liberación Homosexual), unas cuatro páginas dedicadas a la marginalización y el maltrato que recibían los homosexuales durante y después de la revolución Cubana. Sin dudas un archivo sumamente interesante ya que critica duramente al régimen del dictador Fidel Castro, mostrando cómo son sometidos los homosexuales a trabajo forzado en campos de concentración (pasó Hitler y dijo que eso ya es demasiado)

Sin lugar a dudas eso es algo que la comunidad gay argentina o latinoamericana ignora, pues si supieran de esto pensarían dos veces antes de poner al «Ché» en una bandera gay.

De todas formas la información no se queda allí, como en el caso del número 4 de la revista «Somos», editada entre agosto y septiembre de 1974, donde cierran la presente revista, con un poema de José Mario, poeta homosexual Cubano condenado a trabajos forzados por la dictadura de Fidel Castro. Una prueba más de la falta de investigación de quiénes defienden la dudosa «libertad y autonomía» del pueblo Cubano.

Pero como dijo el loquillo de Homero Simpson «¡Auuunnn hay más!». Revista «Somos» volumen 5 (posiblemente publicada entre finales de 1974 y principios de 1975 — ya que no especifica año o fecha de publicación), vió la luz una artículo titulado: «Más de Cuba», aquí el F.L.H comparte un artículo bastante extenso, redactado por el norteamericano Allan Young, miembro de la agrupación «Panteras Negra», donde se explaya de manera crítica contra el maltrato y el sufrimiento que Cuba le infringe a los homosexuales cubanos, sometiéndose a ocultar quienes verdaderamente son, o de lo contrario deberan pagar la condena de ser marginados y llevados a campos de trabajos forzados. A su vez Allan Young reflexiona sobre el rumbo completamente desviado que está llevando la «nueva izquierda», en dónde prometía libertad pero termina transformándose en un nuevo tipo de dictadura al estilo old school del fascismo más derechista.
 
Vemos reflejado en éstos archivos de oro, que no todo aquello que idolatramos termina siendo igual de bueno. A veces la realidad puede ocultarse, disfrazarse o manipularse, pero la verdad siempre estará allí para salir a la luz y patear los culos de los ignorantes.

IMÁGENES DE ARCHIVO



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Se han robado nuestro futuro, nos han violado como a vírgenes adolescentes en este juego donde parecemos los más tontos de la competencia. Nos culpan por formar parte de una generación sumida en la distracción y en la desesperación, entreteniendonos hasta la muerte, como si nosotros fuéramos los responsables de las malas prácticas económicas, de las pésimas decisiones políticas, del aumento de los alquileres y de la caída del empleo injustamente asalariado. No somos responsables de esta debacle, en donde repetimos el mismo mantra que alguna vez cantaron los Sex Pistols, «no hay futuro» gritaba la garganta de Jhonny Rotten a una generación de jóvenes desesperanzada, viendo como ese futuro prometedor que han gozado las generaciones de antaño, ahora se les hacía una utopía.

No es que no tengamos ganas de pelearla día a día, no es que estamos deprimidos porque elegimos el camino fácil, todo lo contrario, renunciamos a la esperanza ficticia de un futuro que es imposible vislumbrar en un mundo con tanta neblina. Dejamos de lado las falsas expectativas a expensas de renunciar a nuestros sueños más placenteros, por conseguir el primer empleo que logre cubrir los gastos materiales de un universo capitalista o post-capitalista. No resignamos a sanar esa herida que nos dejó la ignominia de habernos traicionado a nosotros mismos para complacer mandatos e ideas inconcebibles.

Seremos la generación de los temas de los Sex Pistols, pero nunca unos lamebotas del poder, ni mucho menos de las exigencias sociales.

Somos la generación de la resistencia cotidiana que se niega a aceptar que «el mundo es así y no se puede cambiar», un dicho solo reproducido por una masa genuflexa, que le temía al cambio, porque en ese comfort idiota estaba la condena que tan feliz lo hacía, pero no se daba cuenta que solo hacía girara el engranaje perverso de este sistema que no le quitaba las botas de encima, y le exigía más y más. Debían olvidarse de sus dolores, de sus ansiedad y perturbaciones mentales, en esos tiempos no había lugar para las enfermedades mentales ¿depresión? quién te ha visto y quién te ve, eso es solo un problema para las personas adineradas, que pueden darse el gusto de quedarse cómodos en sus camas sin trabajar, porque su cabeza les juega una mala pasada. Que fácil era engañar a las mentes jóvenes de aquel entonces, que ahora ya de adultos alzan la bandera de la lucha por el trabajo sin tiempo de experimentar la vida, ante una nueva generación que se encuentra entumecida entre tantas luces de neón y tantos estímulos que ya ni sabe cómo manejarlos.

Las nuevas juventudes atraviesan crisis silenciosas, sufren en secreto para no ser escuchados y cuando lo exponen lo hacen con personas que sí los entienden, pero que están allá afuera, lejos de los muros territoriales. Es en la internet donde se encuentra el refugio, donde los adolescentes de hoy se sienten queridos, pero no libres del sojuzgamiento ajeno. Allí descubren que hay un espacio para ellos, que no están solos. Ah si tan solo escucharan lo que tenemos por decir, lo que queremos gritar pero nos callamos para no hacer de nuestro pensamiento un escándalo público.

No tenemos futuro pero allá vamos, construyendo nuestros sueños rotos, calladitos la boca porque si osamos dirigir la palabra hacia algo que nos molesta o nos enfurece, entramos inmediatamente al club de la «generación de cristal». Término que al día de hoy perdió todo sentido y ya ni siquiera tiene un significado fidedigno. Grupo que no representa a nadie pero nos agrupa a todos a la vez.

Lo que los demás ignoran es que somos una generación consciente, indomable e inteligente, a la cual intentan subestimar, y es ahí cuando más alto debemos gritar, no importa la etiqueta que nos pongan, nosotros sabemos muy bien quienes somos en realidad. Somos defensores de la libertad, somos homosexuales, heterosexuales, lesbianas, trans o lo que sientas. Somos de izquierda, de derecha, somos blancos, negros, marrones y de todos los colores. Somos alma latiendo en la unidad tácita de nuestro silencio, porque cuando defendemos algo, estamos defendiendo el interés de todos, y aunque no tengamos futuro, tenemos la seguridad de que no estamos solos ante la mar caótica que es esta sociedad vacía de almas y corazones.



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