SELECCIÓN DE ALGUNOS TEXTOS MALDITOS
AVIVANDO EL MITO...
Por...MARK
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TEXTO PRIMERO
¿Qué tiene este día que me hace sufrir tanto? Es que no encuentro consuelo para afrontar la pérdida de tu amor y de tu cuerpo.
Ayer nomás eras toda luz, toda vida, ahora no eres más que un amasijo de carne dura, pálida, sepultada en ese claustrofóbico ataúd.
Te fuiste joven, te fuiste sin poder decirme adiós.
Eso me rompe. No haber podido escuchar tu voz una vez más, me hace sentir un dolor pesado y profundo en el centro del pecho. Es como si alguien hubiera arrancado mi corazón, mientras aún latía.
Pero se que no todo está perdido. He visto tu fantasma rondando estos muros. He escuchado tus lamentos, esos gritos desesperados pidiendo ayuda, porque te arrepentías de haberte abierto las venas de tus brazos.
Cuando te encontré, flotabas en un mar de sangre. Misma sangre que, a veces, como una ilusión, parece brotar del piso, justo en el momento en el que tu espíritu decide aparecer, tal vez para hacerme saber que aún estás aquí conmigo.
Celebro el fantasma que ahora eres, pero tengo que dejarte marchar. No me puedo aferrar a tu imagen de mujer perfecta, porque así nunca encontrarás la luz.
Debes huir, amada mía, hacia el paraíso, hacia ese lugar de reposo eterno al que debes pertenecer.
No le creo nada al sacerdote de la iglesia que está cerca de nuestra casa, cuando me dijo que los suicidas no van al cielo.
¿Por qué no deberían de ir? ¿No somos todos hijos de un mismo Dios?
Te siento deambular por los rincones de este hábitat que una vez fue nuestro nido.
Pero sabes muy bien que tengo que olvidarte. Esto ya me hace enloquecer.
¿Para qué estás acá? ¿Para volverme un paranoico? No quiero sufrir más.
Necesito soltarte.
Ya pasaron seis meses y siempre se siente igual.
Creo que estoy deprimido.
Creo que ya no quiero estar vivo.
Quizás en el mundo de los muertos ya no hay dolor, ni preocupaciones.
Mientras vivimos en la tierra, procuramos morir ¿Pero qué se hace en la tierra de los difuntos? Me da la impresión de que el hastío debe ser total.
¿Por eso vienes a verme? ¿Por eso no quieres irte de aquí?
Estás aburrida.
¿Me extrañas?
¿Sigues sintiendo amor por mí después de muerta?
Hace ya más de un año tomé la decisión de vender la casa.
No puedo convivir con el recuerdo.
La noche que pasé en mi nueva propiedad, fue horrible. Soñé con ella, que clamaba mi nombre con gritos angustiantes.
Me desperté a mitad de la noche y allí estaba ella, blanca, pura, ante la luz plateada de la luna. Su cara era perfecta pero sus ojos estaban libres de cualquier ánimo de vida.
Me miró fijo y sonrió.
Y como por un efecto del destino desapareció.
Al otro día comprendí que habías venido a decirme adiós.
Tal vez el poco rastro de razón que le quedaba en su esencia de espíritu, le hizo entender que esto no era más que un ciclo que debía cerrarse.
Ella se quedó tranquila de que todavía, a pesar de no estar más, la seguía amando.
Y yo, estaba feliz de saber que donde estuviera se sentía mejor.
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TEXTO SEGUNDO
Si te miro directamente a esos ojos fríos, no puedo verme. Mi reflejo permanece borrado.
Soy ante tu presencia, un sombra que ya desapareció.
...Es raro, eso me pasa con los espejos.
Me siento como un recuerdo fugaz en una mente demenciada.
¡No temas mi amor!
No te asustes al ver mi imagen.
He renacido como un nuevo ser, pero en esencia sigo siendo yo.
Pero, más allá de todo, te sigo amando.
Nada cambiará este sentimiento.
Sé que estás preocupada.
Me he ganado la eternidad.
¿Y tú sigues siendo mortal?
No por mucho tiempo. Dame un beso, un beso que contagie esta necesidad de no querer morir.
Haz el ritual que nos mantendrá unidos. Dame la bienvenida a tu sexo interno.
Desnúdate en la noche de las sombras bajo la luz de la luna roja.
Mira a Cristo llorar. Quiso salvarte pero no pudo.
Dame lo más preciado que tienes.
Muéstrame ese cuello seductor.
Déjame saborear de él la sangre roja de mujer ultrajada por mil demonios.
Sacrificaré cien carneros.
Nos bañaremos en su sangre y te haré el amor hasta que ya no puedas más.
Y cuando pase la noche, te habrás despertado renovada.
Espiritualmente hermosa.
Humanamente inmortal
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TEXTO TERCERO
Besé tu boca por última vez, esa tarde triste en la que te ibas, con un sol tímido que no se animaba a despejar lo nublado.
Tu adiós se sintió tan frío, que hizo que mis labios se paralizaran.
Esa noche, nevó en la habitación.
Entonces, con las lágrimas a punto de salir, recordé las palabras que el sabio brujo pronunciara alguna vez: «Ir en busca de lo perdido, es perder dos veces».
Te di por perdida.
Sin embargo, esta historia que tuvimos — que fue escrita con pasión— no morirá.
Fuiste el capítulo más importante en el drama de mi vida.
El final fue triste, con gusto a poco.
Esto no es una superproducción Hollywoodense.
La realidad es mucho más cruel.
La vida duele.
No tengo la belleza de los actores de las películas.
No tengo el cuerpo de alguien que pueda volver a intentarlo (porque éste está desgastado).
La soledad quedará como mi premio consuelo...
«Perder dos veces»...
Es como querer insistir en algo que el destino fuerza para que no prospere.
Tú adiós se sintió como un iceberg, mi corazón se hundió como el Titanic, solamente que aquí no hay sobrevivientes.
El barco chocó.
Empieza el drama del hundimiento.
Me ahogo en un mar de dudas.
Y en el instante final antes de morir, mi último pensamiento eras tú.
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TEXTO CUARTO
¡Atrás! Aleja por lo que más quieras tu cuerpo seductor de mujer virginal, saca de mi mente la figura blanquecina de tu cuello aún no saboreado por mis largos colmillos.
Tu sangre alimentará mis deseos. Encenderá la pasión que alguna vez perdí.
Tu sangre es pura, aún no ha sido contaminada con las inmundicias del mundo. Pero temo enamorarme cuando logre penetrar esa piel de porcelana.
Estuve demasiado tiempo solo, que hasta el amor me espanta.
No te pongas mal, no es que no te desee, es que hasta en el candor del verano, tengo adentro un invierno que me obliga a acurrucarme en la apretada calma de un ataúd.
Allí lloro por no poder estar contigo.
Allí me lamento cuando mirando a la nada maldigo a esta inmortalidad.
Y ahora estás frente a mí.
Quieres, con la apresurada necesidad de sentir afecto, que yo sea tu maestro.
Tú cuerpo sexualmente impoluto me visita en los sueños, con visiones eróticas de sangre y lujuria.
¿Qué poder tienes que lograr turbar mi mente? ¿Eres una hechicera que ha conjurado alguna especie de magia para impedir que pueda olvidarte? ¿O soy yo acaso, el débil y milenario vampiro que no sabe ponerle un freno a lo que siente?
De igual manera, cada vez que te visto en tu habitación, y veo tú cuerpo rozar las telas que te tapan, me siento poseído por un deseo incontrolable.
Pero esta vez no lo voy a dejar pasar.
Esta vez, la joven virgen será mía.
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