Momentáneamente esta entrada no tiene título ni tampoco, como los actuales emprendedores del mundo digital (nombre científico CEO) denominan: meta título. Y no lo tiene por una sencilla razón, no encuentro uno que se adecue a lo que quiero transmitir, ya que por lógica, (el título) es una introducción o por lo menos un indicador, sobre lo que se va a exponer. Pero de todas formas no me preocupa, y en parte me agrada que no posea uno, creo que eso lo hace un poco interesante. A pesar de ello, me da pie para armar una pequeña introducción que sirva como un elemento para romper el hielo entre usted y yo.
Demás está decir que tampoco tenía pensada una introducción clara, las ideas que había diagramado en mi cabeza me decían que debía ir directo al grano o «cortito y al pie» como dicen en el barrio. Pero en vista de que me encuentro en medio de una plaza, a la luz de una farola mientras espero a mi novia que está a minutos de salir de su trabajo, se me vino de golpe, como por arte de magia, ésta introducción, obra de las musas de la inspiración espontánea.
Ahora si, ya no quiero andar con vueltas y adentrémonos en este camino un poco raro y personal. Verán, tengo 26 años, en Junio de este año cumplo los 27 y hace ya once años de mi vida que van dedicados a hacer terapia, pasando por psicólogos y psiquiatras, con los cuales actualmente continuó en tratamiento.
Sin lugar a dudas y a estas alturas de mi vida, aquellos profesionales se han vuelto más que una simple psicóloga o un común psiquiatra, pasaron a convertirse en mis maestros. Cuando llegué yo a ellos por primera vez me sentía abatido, completamente desubicado del mundo actual, con un solo problema que me persigue en varias ocasiones: la vida.
Desde que entré a este famoso mundo del ser adulto, me di cuenta muchas veces que la vida es literalmente una mierda, pero todo se complica cuando tienes que cargar con el peso de ser un poco ajeno a las interacciones con otros seres humanos. Y eso es verdad, soy alguien a quien le cuesta demasiado las interacciones con otras personas, sobre todo si las veo por primera vez. Aunque últimamente ese estado más retraído lo he podido dominar (no a la perfección), por lo que la afección que me ha acongojado durante un par de años, ha sido el miedo al conflicto o a situaciones que tengan que ver con enfrentar a otros humanos. Para muchos es fácil hacerle frente a los avatares de la vida, en mi caso, me cuesta mucho enfrentar un problema, pues cometo el error de ahogarme en un vaso de agua antes de tiempo (cosas de ansiosos).
De ahí que durante casi un año, y rodeado de conflictos del mundo adulto, cayera en la desesperación de no saber cómo hacerle frente a las cosas. Odio hacer trámites burocráticos, me desesperan las actitudes violentas de la gente y me pongo nervioso ante una escena de violencia callejera. Entonces acudí a mis maestros con esa duda, con esa desesperación de ya no amar la vida, sino odiarla y si es posible dejarla atrás, atravesar las barreras de la muerte y olvidar éste mundo físico. No entendía cómo, si supuestamente estamos aquí para ser felices, la vida resultaría ser más enfermiza y despiadada que nunca (similar a una torutura que nunca se acaba).
Me desvanecía durante las sesiones en sueños y utopías sobre lo que denominaba “una vida plana”, es decir: una vida en donde no hubieran problemas, donde todo fuera paz, donde levantarse cada mañana no costara esfuerzo, pues no habría ningún problema a la hora de encarar el día, no habría que liderar con los “viejos vinagres” y prejuiciosos, ni con las instituciones burocráticas sedientas de billetes frescos; imaginaba una vida digna de la “República” de Platón, pero no era más que eso, un sueño. Fue entonces cuando estos maestros me dieron la revelación que para muchos resultaba obvia, pero que yo, enceguecido por mi ignorancia, no podía (no quería) ver. Sus voces resonaron místicas sobre mi alma, me dijeron sabiamente: “Si la vida no tuviera problemas, no sería vida”.
Qué ciego había sido durante todo este tiempo, fue como si me hubieran sacado una venda pesada y gruesa de los ojos, a partir de allí comprendí todo, todo comenzó a embonar de una manera cuasi perfecta. Sentía entonces a cada cosa que en la vida mía sucedía, como un desafío del cual vale la pena pasar.
Entonces vino la muerte de mi perrita amada, la Lupina, un ser al que amo y amaré hasta el fin de mis días y después de ellos. Ahí comprendí lo efímero de la vida, algo que cada tanto me hace ser consciente de que muchas veces no estamos tan atentos a que en algún día, un hecho natural o accidental, puede hacer que ésta tragicomedia que lleva por nombre Vida, puede bajar el telón, aunque vayamos por la mitad, o el inicio de la obra. Es curioso, pero cada vez que en mi familia hay una muerte, es un momento en donde siento que el destino decide hacer un parate en mi vida, para invitarme a reflexionar sobre su finitud, y que solo estamos de paso. La perra Lupina, que murió un mes antes de mi cumpleños (Mayo del 2023), me dio a entender el valor de estar allí, de vivir el presente, del acompañar. Me hizo más fuerte su partida, y pude comprender aún más esos dos estados a los cuales siempre nos movemos, estoy hablando de la felicidad y la tristeza.
No voy a definir cada sensación o sentimiento, pero quiero explicar lo que logré comprender gracias a esa frase que me dijeron mis maestros. Supe entonces que ese es el equilibrio natural de la vida, todo está balanceado y justificado así por las leyes naturales que rigen la vida. Nada se escapa a la divinidad humana, y aun así nada es eterno. Sí es verdad, muchas veces la felicidad parece escabullirse entre los dedos como el agua, y la tristeza más de una vez sigue pinchando en la memoria, como una espina ya encarnada y difícil de quitar. Pero la felicidad y la tristeza son parte de lo mismo, solo varían en la diferenciación de intensidad (positiva o negativa). Veamos por ejemplo uno de los principios Herméticos que aparecen en “El Kybalion”, hablo del PRINCIPIO DE POLARIDAD: todo tiene dos polos, todo tiene su opuesto; pero en el fondo la diferencia entre ellos es la graduación de la intensidad. Podríamos decir que la intensidad del polo que produce el calor se debe a una elevación de temperatura [intensidad], mientras que el polo opuesto, el frío se produce por una baja [de la intensidad] en la temperatura.
Allí está presente la explicación sobre la felicidad y la tristeza, son parte de un mismo elemento, pero son diferentes escalas del polo. Aun así no existe un polo eterno, no podemos permanecer por siempre en la felicidad ni mucho menos en la tristeza. Hay que separar entonces la utopía de la realidad. El mundo del espectáculo actual nos enseña que debemos tener una vida super satisfactoria y vivir siempre felices y al máximo, pero eso no se puede, pues esa Ley Natural que los Hermética y la vida misma ha decretado, se rompería. Por otro lado, si tomamos a la tristeza, notaremos que se ha hecho de ella una gran maestra, como si la única forma de aprender las cosas fuera sobre el dolor y el sufrimiento. Aquí tenemos un error, las cosas se aprenden cuando realmente estamos dispuestos a aprenderlas, muchas veces sufrimos por cosas que no nos enseñan nada, y somos felices por aquellos conocimientos que aprendimos durante una buena jornada. Lo que sí debemos tener en claro es que, no podemos permanecer eternos siempre en un solo polo, pues siempre estamos oscilando de un lado a otro, permanecer siempre en uno de ellos puede hacernos mal. La felicidad muchas veces puede ser dañina ¿quién alguna vez no sintió culpa por sentirse feliz?, y la tristeza es necesaria para vaciar nuestros sentimientos más oscuros, pero debemos dejarla ir cuanto antes, de lo contrario alteraremos el órden de la vida.
Las lecturas que muchas veces me han resultado tediosas, hoy me dan provecho y me hacen comprender la vida, la terapia se volvió a su vez un espacio en donde le doy paso al autoconocimiento, a reconocer mis dones y a abrazarme para mejorar mis falencias. La terapia es un buen remedio para saber como uno verdaderamente es. Recuerdo los primeros días de terapia, incrédulo con que una psicóloga pudiera sanar (si me permiten esa palabra), aquello que en mi alma estaba roto. Que estúpido fui, me di cuenta que sabía tan poco de mi mismo al no poder responder preguntas tan básicas sobre mis gustos o aspiracione. Fue a los 16 años cuando un hecho fortuito hizo que tres años después alcanzara un estado de maduración, en donde el antiguo Mark había quedado sepultado por una nueva etapa de este renacido Mark. La maduración llegó a la par del entendimiento y la catarsis, preguntándome los por qué y los cómo de la vida. Aun así siempre tuve ese problema sobre la vida y sus vicisitudes, a las que no estaba dispuesto a afrontar, ya que según mi falsa consciencia, no estaba preparado para afrontar. Me sentía acorralado en lo que Carl Jung denominaba como “puer aeternus”, pero tampoco me sentía convencido con la vida que me tocaba, con el mudo en el que había nacido, en el país que me había dado una identidad. Me sentí entonces culpable por todo, por la falta de trabajo, por mi falta de actitud, por mi rechazo a lo nuevo, por mi crítica a las tendencias, por mi falta de modernidad, pero descubrí que aquello me hacía ser único, sobresalir en mi propio cosmos, siendo único e irrepetible en el universo. Solo faltaba cambiar el foco del asunto, una lente nueva me reveló lo siguiente: “no se trata de estar listo o de huir de los problemas, sino de no desesperarse, porque todo lo que pasa llega por algo y por algo se va, somos infinitamente minúsculos flotando en un a bola de tierra y agua por el espacio, a fin de cuentas a nadie le importa la debilidad del vecino o la riqueza de mengano, la vida se construye desde el peligro de ser diferente y la adrenalina de pensar distinto. Fueron las mentes más locas y megalómanas las que han cambiado el mundo, fue el diferente, el raro, el loco, el delirante, el que no tiene futuro, el que cambió el mundo”. Eso…eso fue revelado por mi propia conciencia, pues no existirá réplica como yo jamás, y es mi diferencia la victoria en las batallas del día a día. Pues había sabiduría en las palabras Herméticas, porque al final de cuenta soy parte de los dos polos, pues en esta situación tenemos de un lado a la singularidad, y del otro a la igualdad, mutamos entonces de un lado a otro, pertenecientes a nuestros rasgos característicos pues a veces partimos de uno directo hacia otro y viceversa. Somos distintos en pensamientos, tamaños y formas, pero somos iguales en estructura, capacidades y potencias.
Fue así como de a poco comencé a atar los cabos sueltos que me hacen ser yo, que me dan ese sentido que va con mi existencia, y esa idea de una “vida plana”, no desapareció, solo se conforma con parecerlo durante algunos periodos de tiempo. El problemas es que aun no logro controlar los niveles de ansiedad a la hora de afrontar una situación, pero cuando me siento a pensar en el problema que está frente a mí, descubro que es insignificante ante mi humanidad mucho más infinita y compleja ¡De qué me importa el qué dirán cuando me encuentro contento con esto que soy! Hoy pienso que la evolución se tenía que dar, al principio fue forzosa, porque me negaba a los efectos de la terapia, me creía incapaz de mover apenas un milímetro de lo que era, estoy seguro que si me hubieran dicho lo que sería en el futuro lo hubiera negado absolutamente todo. La terapia me dio herramientas, no las soluciones, todo se asemeja a intentar armar un rompecabezas infinito, donde todas las piezas están desordenadas y tiradas en algún lugar del universo. Es por eso que hoy recomiendo la terapia como elemento propicio para la sanación y fundamentalmente para el autoconocimiento. Sin embargo, no es una pócima mágica que le dará solución a la vida turbulenta que llevamos, sino más bien es el camino para reconstruir lo dañado y avanzar lo más derecho posible.
Tengo que reconocer que cuento con una ventaja ya que soy una persona interesada en la psicología, la filosofía y todo lo que gire en torno al cuerpo, mente y alma del hombre, por lo que pude aprender también de otros maestros en el proceso que me llevó a madurar psicológica y emocionalmente. No quiere decir que sea perfecto, pues no hay ser perfecto sobre la tierra (lo dudo en el Universo), lo que sí soy es alguien responsable con su salud mental y su interés por lo intelectual. Mi búsqueda me lleva a descubrir y descubrirme; escribir, dibujar y el arte en general no son más que un espacio en el tiempo donde poder volcar impresiones de un mundo hostil.
Soy hoy por hoy un sobreviviente más de la depresión y la ansiedad, que lucha por no ser presa fácil de las recaidas, que como demonios me jalan a ese mundo negro, donde alguna vez sentí comodidad. No me siento mal por ser un incomprendido, puedo distinguir un buen comentario de uno que solo quiere dañar, puedo saber los sentimientos que hay en las caras de las personas, porque mi singularidad, me hace ver la igualdad en todos. Nada se escapa a las reglas de la vida, si algo es así, es así y ya, las únicas reglas que cuentan con falencias son aquella que el humano erige en afán de querer dominar a otros, sabiendo que nuestro estado es la libertad.
Recuerdo una vez, a principios del año 2022, cuando acudí a una sesión con mi psicóloga, llevaba en ese momento una campera negra que había pintado con acrílicos la cara del luchador mexicano Dr. Wagner, y a los costados había escrito la palabra lucha (en la manga izquierda) y libre (en la manga derecha). Había caído esa mañana en su consultorio porque me sentía consumido por una paranoia que me hacía sentir sensible ante la mirada de la sociedad. La salida a la calle después de la pandemia, me había hecho sentir incómodo cuando caminaba por la calle, pues sentía las miradas acusadoras y juzgadoras de los demás sobre mi, examinando cada paso que daba. Me sentía en ese momento preso por esa sensación al cual me había rendido antes de intentar vencerla. Pasé entonces a su consultorio y después de exponerle lo que me agobiaba me dijo:
一 ¿Qué dice esa campera?
一 Lucha Libre, yo la pinté.
一 ¡Ahí tenés la respuesta!
一 No entiendo qué me querés decir.
一 Lo que ahí mismo dice: tenes que ser libre. No lo había captado, era mi ceguera, esa venda pesada, que al aflojarse un poco me hizo dar cuenta que vivimos rodeados de tantas señales, que a veces nos las vemos por más claras que sean.
También en mi vida probé otras terapias, más que nada por caprichos de mi madre, al principio no sabía qué le pasaba, después descubrí lo que es el amor de madre cuando lo inundaba la desesperación, empujándola a hacer cualquier cosa con tal de salvar a su hijo. Fui a las famosas Misas de Sanación (un teatro donde señoras se tiran al piso como desmayadas por el poder de Dios [?]), un tiempo después fui a donde una amiga de mi tía, que se dedicaba al Budismo Zen y había nacido con un don espiritual que le permitía leer los famosos Chakras, algo que ni yo en ese mismo momento podía explicar, pero fue esa mujer la que plantó inconscientemente la semilla de la búsqueda, de lo que podríamos llamar: saber espiritual. Después probé más en la actualidad, en el año 2022, con un chanta que hacía una especie de terapia extraña, una reprogramación mental a través de la palabra. Recuerdo que fue una sesión gratuita, vía Zoom, donde duró cerca de dos horas, ocupada en meditación absurda y palabrería sin sentido. Ocurrió algo muy curioso ya que le llamó la atención mi seudónimo, me dijo:
一 ¿Por qué ocultas tu nombre?
一 No lo oculto, es un sobrenombre, que lo uso en homenaje a una historieta que me marcó cuando era chico, “Mark contra los Mutantes”.
一 Pero de alguna manera querés ocultar tu identidad detrás de un apodo. No me iba a poner a discutir con él sobre un personaje de ficción, ni porque el nombre de Mark me hacía entender que era igual a Marcos, pero en inglés.
Sí, tuve muchas experiencias en el terreno de lo mental-espiritual, pero fue el psicoanálisis lo que más valor y autoconocimiento me aportó. Soy un convencido de que la terapia es para todo aquel que tenga ganas de cambiar su vida, a fin de cuentas lo digo porque todo el trabajo recae en uno.
Hoy, llegado a este punto, escribiendo con un poco más de diez años en terapia, y tomando de manera consciente la medicación psiquiátrica, me encuentro en un balanceado estado de ánimo, en donde puedo procesar lo que pasa y lo que me pasa, donde ya trato de no perderme las gozosas verdades del mundo y a la vez siento alivio, porque cada día es un paso más a ese camino para ser quien soy. Eso se ejercita diariamente, no hay recetas, pastillas, ni inyecciones, solo ganas, fuerzas y voluntad. La recompensa puede que no sea mucha, pero vale más que todo el oro del mundo.
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Este texto se ha extendido más de lo previsto, sin lugar a dudas entiendo que el lector sabrá apreciar lo expuesto y tendrá el criterio justo para valorar lo leído, luego de su meditado análisis. Considero que esto fue un acto de magia, una jugarreta de las musas que me inspiran y mueven mis manos por el teclado de la computadora como John Lord lo hacía durante la tan conocida canción “Smoke on the Water”.
Hasta aquí llega mi compañía, ya rebasamos las cinco páginas y el reloj me dice que es la hora de los mates. Por favor, si le ha gustado este testamento, puede compartirlo, replicarlo en sus redes sociales, fanzines o hacer lo que desee con él. Fue un agrado poder haber expresado este monólogo ante alguien tan comprensivo/a como usted.
Un cordial saludo.