miércoles, 28 de agosto de 2024

DIBUJOS AGOSTO

 

















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domingo, 25 de agosto de 2024

REFLEXIONES: PARTE XIII

 ESCRIBIENDO PARA MATAR AL VACÍO


LLORA.../EL ARTE ES UNA SALIDA/RENACIDO/PRIORIDADES/ATAJOS O SALIDAS DE EMERGENCIA/LA PROFUNDIDAD DEL ARTE


Por...MARK
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Llora...llora por todos nosotros. Muere...muere por todos nosotros. Renace...renace de entre las cenizas. Despeja el miedo y mírate al espejo ¿Qué has conseguido? No puedes ignorar tu orígen maldito. Eres parte de esto, todos lo somos. No hay lugar para el Uno si el Uno conforma el todo. Baila...baila de forma ridícula. No abandones el ritual, no bajes el ritmo, todos giramos en esta danza infernal llamada Vida.


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El escape humano es el arte. Ese es el refugio hermoso en donde nos escondemos cuando estamos desesperados. Ahí podemos soñar, reir, ir a ese lugar donde nos gusta estar. En una afirmación certera, el arte es el lugar en donde quisiera vivir. La realidad tangible hace daño, el arte es algodón tierno. La realidad palpable mata, el arte es un abrazo poderoso.

La realidad material castiga y excluye lo diferente, el arte no condena, el arte ama, el arte es libertad. Por eso me gusta el arte... Todo tipo de arte.


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Morir para renacer es una buena analogía. Es como hacer de los opuestos una semejanza inalcanzable, solo obstaculizada por el frenesí de mentes impotentes que quieren vivir sin morir ¿Es qué no piensan en ella? Pues es ahí donde la analogía se rompe, dónde todo adentro tuyo se rompe, porque no se puede tener la vida eterna, pero si por el contrario podemos gozar del descanso eterno proporcionado por la muerte.

Me aterra la vida eterna ¿Se imaginan seguir viviendo tras vencer al ángel negro? ¿Y tener que lidiar con seres egoístas y malévolos? No gracias, yo mismo me devuelvo a la tierra. Estoico en la muerte, pesimista en la vida.


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¿Por qué será que uno siempre prioriza la esclavitud antes que la libertad? Será porque estamos educados con el fantasma de la necesidad y para no tener que verlo salir debajo de la cama, nos aferramos a hacer cosas que nos quitan libertad. Esa podría ser una respuesta a porque tenemos vidas de mierda con trabajos de mierda.


Qué mezquinos que somos, negándonos a ver más allá, buscando el inútil conformismo que no hace más que volvernos miserables, renunciando a sueños que alguna vez iluminaron nuestros rostros.


Pertenecemos a una generación contaminada con la idea del sacrificio con tal de conseguir algo que nada tiene que ver con lo que somos realmente. Anteponemos las cadenas antes que las alas para volar y soñar. Como si soñar estuviera mal.


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Fui y vine más de cinco veces, morí y renací otras cinco, pero nunca logré completar la misión que vine a hacer. Cada vez que intentaba enfocarme en mis ideas y seguir lo que dictaba mi corazón remendado, me distraía con las luces de neón que me desviaban de la senda. En un mundo donde parece que todos los caminos conducen a Roma, uno se termina extraviando con los atajos que parecen hacer más corto el trayecto.

Estamos perdidos pero no queremos asimilarlo, por eso siempre la culpa es del otro, es del camino, es del atajo. Necesitamos explicaciones para todo y por todo, justificamos nuestras acciones por una nota en la internet. Caemos en lo más bajo para rascar algo que nos dé un significado. Los caminos que llevan a Roma se han pervertido.


La salida de emergencia es la más rápida, lastima que no nos deja vivos cuando la atravesamos. Esta tiene muchas formas, puede ser una pistola, una soga, un cuchillo, una pastilla, lo que cada uno desee, pues se adapta a las necesidades pero ¿vale la pena tomar la salida de emergencia? es solo cuestión de pensarlo. A veces para salir del laberinto en el que estamos inmersos, sacamos por un momento la lapicera de la hoja, y vamos a hacía la última página, para ver la solución ¿Eso es un atajo o una salida de emergencia?


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Veo que hay muchos artistas que hoy son grandiosos y respetados por estar en la cima, y pienso que realmente se lo merecen. Luego miró más para acá, a donde no da el filtro de instagram, y me pongo a pensar en los que se quedan en el intento y sufren la ansiedad de no poder hacer lo que les gusta. Se revuelcan en sus camas tratando de darle vueltas al asunto, pero parece que vivir del arte es una cosa complicada.


El que no puede hacerlo ve doblegada su voluntad ante una sociedad que celebra al arte y lo consume, pero el que quiere ser artista es a los ojos de esta misma sociedad doble cara, un muerto de hambre. La vida en esta tierra es falsa como las realidades de ficción de tu influencer favorito, aquí solo logras tus objetivos cuando ya te has saciado de pensar positivo, de mantenerte optimista cuando no tenías ganas de sonreir, y has caído en la depresión por fingir algo que no eres ni quieres ser.


La peor parte de la adultez es cuando te conviertes en ese enemigo que alguna vez juraste nunca ser. No hay peor versión humana que la de un artista frustrado, enojado con la vida, con el mundo, por verse obligado a complacer deseos y no salirse del cuadrado monótono de la sociedad moderna.


Ser artista es más profundo que pintar sobre un lienzo, o garabatear poemas, tiene que ver con la sensibilidad del alma, con las maravillas de una mente abierta, y la necesidad constante de crear. El artista es un ser imaginativo, que no se rige por los mandatos caducados de esta sociedad. El artista es un librepensador, es en toda su esencia, libre.





martes, 20 de agosto de 2024

FULL OF HATE N°2 (Fanzine)

 DSBM FANZINE



TRES ENTREVISTAS IMPERDIBLES A GRANDES EXPONENTES + RESEÑA DEL SPLIT «COLAPSO MENTAL»

Por...MARK
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jueves, 15 de agosto de 2024

EL BIENESTAR


SENTIRSE BIEN



¿UN ACTO EGOÍSTA O UNA ACCIÓN NECESARIA?


Por...MARK
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  Una de las cosas primordiales del ser humano es la necesidad constante de buscar el bienestar, ya sea mental, físico o espiritual. Hay una intrínseca relación entre el sentirse bien y el ser feliz, pues es en el abundante bienestar donde más felices somos, por eso no es de extrañar que día tras día busquemos espacios seguros que nos permitan poder obtener el placer de sentirnos bien, aunque sea por media hora. Estos espacios seguros no son más que un refugio artificial que nos distancia—para bien— de la vorágine del mundo actual, donde la presión y sus constantes exigencias nos terminan consumiendo. Es allí, en medio de ese caos de realidad mezclada con virtualidad, cuando decidimos buscar un momento de tranquilidad, detenerse un momento, tomar aire y descansar.

Pero la sociedad hiper productiva, no desea que encuentres el camino real hacia el bienestar, este mundo voraz y competitivo, necesita humanos que se comporten como máquinas, que rindan más pero que cuesten menos. A los grandes guardianes del capital, les importa poco si te sientes bien o mal, de cualquier manera debes dar el mil por ciento de tus capacidades, aún así te sientas a punto de morir.

De ahí viene que para muchos priorizar el bienestar sobre otras cosas, termina siendo un acto egoísta, como si se estuviera pensando en las consecuencias de sentirse bien, en lugar de disfrutar de sus beneficios. Cuántas veces nos habrá pasado por la cabeza, esa sensación de culpa por querer sentirnos bien, por poner en primer lugar nuestro bienestar físico o mental, ante situaciones que nos proporcionan estrés o nos disgustan. Pareciera que la sociedad solo quiere vernos destruídos en la miseria asquerosa en la que nos está metiendo, y solo debemos escuchar a esos falsos maestros millonarios que nos van a decir que es conveniente o no en nuestras vidas, a quienes debemos escuchar y que debemos evitar.


 
Si nos ponemos un poco quisquillosos, podemos encontrar muchos puntos negativos de esta sociedad decadente, que tira siempre para abajo, chupando hasta nuestras últimas gotas de energía vital. Hoy más que nunca es necesaria la búsqueda del bienestar y también hay que aprender a ser un poco egoísta con la gente que nos rodea y nos impide ser felices y estar bien. La vida depende solo de nosotros y en lo preparados que estemos para afrontarla, pero es importante contar con un estado de bienestar bien constituído, alejado del pensamiento ordinario.

Ser egoísta no es necesariamente negativo, pues si yo no pienso en mí mismo, nadie más lo hará, solo somos basura en un gran arenero que flota en la nada inmensa de un universo al cual le somos completamente indiferentes. Es importante aquí dejar de lado el altruismo barato de dar sin recibir nada a cambio, ya que cuando necesitamos alejarnos por un momento de aquellos, terminaremos siendo terriblemente defraudados, al ver que aquellos a los que les entregaba mi sudor, sangre y lágrimas, miran mal mi camino elegido de por primera vez ponerme yo como prioridad. Esto es algo que afecta cualquier componente humano, ya sea una familia, una amistad, una relación laboral o de pareja, etc., y ojo que no mencioné la idea de recibir algo a cambio, sino que el hecho de que esas personas ya no reciban mi ayuda, dejan de verme como a un amigo para pasar a mirarme con recelo.

Ser demasiado bueno trae sus consecuencias (al igual que ser demasiado malo), para ello es necesario el justo equilibrio, ya que al ser seres sociales podemos llegar a acuerdos y alcanzar así todos el pleno bienestar.

No es el bienestar una utopía, sino un desafío que las nuevas sociedades conformadas por las futuras generaciones, necesitarán aprender para llevar a cabo vidas más tranquilas y menos dedicadas a la explotación productivista, para evitar así, recaer en una sociedad cansada y deprimida, que parece no tener una salida clara.



sábado, 10 de agosto de 2024



  Momentáneamente esta entrada no tiene título ni tampoco, como los actuales emprendedores del mundo digital (nombre científico CEO) denominan: meta título. Y no lo tiene por una sencilla razón, no encuentro uno que se adecue a lo que quiero transmitir, ya que por lógica, (el título) es una introducción o por lo menos un indicador, sobre lo que se va a exponer. Pero de todas formas no me preocupa, y en parte me agrada que no posea uno, creo que eso lo hace un poco interesante. A pesar de ello, me da pie para armar una pequeña introducción que sirva como un elemento para romper el hielo entre usted y yo.

Demás está decir que tampoco tenía pensada una introducción clara, las ideas que había diagramado en mi cabeza me decían que debía ir directo al grano o «cortito y al pie» como dicen en el barrio. Pero en vista de que me encuentro en medio de una plaza, a la luz de una farola mientras espero a mi novia que está a minutos de salir de su trabajo, se me vino de golpe, como por arte de magia, ésta introducción, obra de las musas de la inspiración espontánea.

Ahora si, ya no quiero andar con vueltas y adentrémonos en este camino un poco raro y personal. Verán, tengo 26 años, en Junio de este año cumplo los 27 y hace ya once años de mi vida que van dedicados a hacer terapia, pasando por psicólogos y psiquiatras, con los cuales actualmente continuó en tratamiento.

Sin lugar a dudas y a estas alturas de mi vida, aquellos profesionales se han vuelto más que una simple psicóloga o un común psiquiatra, pasaron a convertirse en mis maestros. Cuando llegué yo a ellos por primera vez me sentía abatido, completamente desubicado del mundo actual, con un solo problema que me persigue en varias ocasiones: la vida.

Desde que entré a este famoso mundo del ser adulto, me di cuenta muchas veces que la vida es literalmente una mierda, pero todo se complica cuando tienes que cargar con el peso de ser un poco ajeno a las interacciones con otros seres humanos. Y eso es verdad, soy alguien a quien le cuesta demasiado las interacciones con otras personas, sobre todo si las veo por primera vez. Aunque últimamente ese estado más retraído lo he podido dominar (no a la perfección), por lo que la afección que me ha acongojado durante un par de años, ha sido el miedo al conflicto o a situaciones que tengan que ver con enfrentar a otros humanos. Para muchos es fácil hacerle frente a los avatares de la vida, en mi caso, me cuesta mucho enfrentar un problema, pues cometo el error de ahogarme en un vaso de agua antes de tiempo (cosas de ansiosos).

De ahí que durante casi un año, y rodeado de conflictos del mundo adulto, cayera en la desesperación de no saber cómo hacerle frente a las cosas. Odio hacer trámites burocráticos, me desesperan las actitudes violentas de la gente y me pongo nervioso ante una escena de violencia callejera. Entonces acudí a mis maestros con esa duda, con esa desesperación de ya no amar la vida, sino odiarla y si es posible dejarla atrás, atravesar las barreras de la muerte y olvidar éste mundo físico. No entendía cómo, si supuestamente estamos aquí para ser felices, la vida resultaría ser más enfermiza y despiadada que nunca (similar a una torutura que nunca se acaba).

Me desvanecía durante las sesiones en sueños y utopías sobre lo que denominaba “una vida plana”, es decir: una vida en donde no hubieran problemas, donde todo fuera paz, donde levantarse cada mañana no costara esfuerzo, pues no habría ningún problema a la hora de encarar el día, no habría que liderar con los “viejos vinagres” y prejuiciosos, ni con las instituciones burocráticas sedientas de billetes frescos; imaginaba una vida digna de la “República” de Platón, pero no era más que eso, un sueño. Fue entonces cuando estos maestros me dieron la revelación que para muchos resultaba obvia, pero que yo, enceguecido por mi ignorancia, no podía (no quería) ver. Sus voces resonaron místicas sobre mi alma, me dijeron sabiamente: “Si la vida no tuviera problemas, no sería vida”.

Qué ciego había sido durante todo este tiempo, fue como si me hubieran sacado una venda pesada y gruesa de los ojos, a partir de allí comprendí todo, todo comenzó a embonar de una manera cuasi perfecta. Sentía entonces a cada cosa que en la vida mía sucedía, como un desafío del cual vale la pena pasar.

Entonces vino la muerte de mi perrita amada, la Lupina, un ser al que amo y amaré hasta el fin de mis días y después de ellos. Ahí comprendí lo efímero de la vida, algo que cada tanto me hace ser consciente de que muchas veces no estamos tan atentos a que en algún día, un hecho natural o accidental, puede hacer que ésta tragicomedia que lleva por nombre Vida, puede bajar el telón, aunque vayamos por la mitad, o el inicio de la obra. Es curioso, pero cada vez que en mi familia hay una muerte, es un momento en donde siento que el destino decide hacer un parate en mi vida, para invitarme a reflexionar sobre su finitud, y que solo estamos de paso. La perra Lupina, que murió un mes antes de mi cumpleños (Mayo del 2023), me dio a entender el valor de estar allí, de vivir el presente, del acompañar. Me hizo más fuerte su partida, y pude comprender aún más esos dos estados a los cuales siempre nos movemos, estoy hablando de la felicidad y la tristeza.

No voy a definir cada sensación o sentimiento, pero quiero explicar lo que logré comprender gracias a esa frase que me dijeron mis maestros. Supe entonces que ese es el equilibrio natural de la vida, todo está balanceado y justificado así por las leyes naturales que rigen la vida. Nada se escapa a la divinidad humana, y aun así nada es eterno. Sí es verdad, muchas veces la felicidad parece escabullirse entre los dedos como el agua, y la tristeza más de una vez sigue pinchando en la memoria, como una espina ya encarnada y difícil de quitar. Pero la felicidad y la tristeza son parte de lo mismo, solo varían en la diferenciación de intensidad (positiva o negativa). Veamos por ejemplo uno de los principios Herméticos que aparecen en “El Kybalion”, hablo del PRINCIPIO DE POLARIDAD: todo tiene dos polos, todo tiene su opuesto; pero en el fondo la diferencia entre ellos es la graduación de la intensidad. Podríamos decir que la intensidad del polo que produce el calor se debe a una elevación de temperatura [intensidad], mientras que el polo opuesto, el frío se produce por una baja [de la intensidad] en la temperatura.

Allí está presente la explicación sobre la felicidad y la tristeza, son parte de un mismo elemento, pero son diferentes escalas del polo. Aun así no existe un polo eterno, no podemos permanecer por siempre en la felicidad ni mucho menos en la tristeza. Hay que separar entonces la utopía de la realidad. El mundo del espectáculo actual nos enseña que debemos tener una vida super satisfactoria y vivir siempre felices y al máximo, pero eso no se puede, pues esa Ley Natural que los Hermética y la vida misma ha decretado, se rompería. Por otro lado, si tomamos a la tristeza, notaremos que se ha hecho de ella una gran maestra, como si la única forma de aprender las cosas fuera sobre el dolor y el sufrimiento. Aquí tenemos un error, las cosas se aprenden cuando realmente estamos dispuestos a aprenderlas, muchas veces sufrimos por cosas que no nos enseñan nada, y somos felices por aquellos conocimientos que aprendimos durante una buena jornada. Lo que sí debemos tener en claro es que, no podemos permanecer eternos siempre en un solo polo, pues siempre estamos oscilando de un lado a otro, permanecer siempre en uno de ellos puede hacernos mal. La felicidad muchas veces puede ser dañina ¿quién alguna vez no sintió culpa por sentirse feliz?, y la tristeza es necesaria para vaciar nuestros sentimientos más oscuros, pero debemos dejarla ir cuanto antes, de lo contrario alteraremos el órden de la vida.

Las lecturas que muchas veces me han resultado tediosas, hoy me dan provecho y me hacen comprender la vida, la terapia se volvió a su vez un espacio en donde le doy paso al autoconocimiento, a reconocer mis dones y a abrazarme para mejorar mis falencias. La terapia es un buen remedio para saber como uno verdaderamente es. Recuerdo los primeros días de terapia, incrédulo con que una psicóloga pudiera sanar (si me permiten esa palabra), aquello que en mi alma estaba roto. Que estúpido fui, me di cuenta que sabía tan poco de mi mismo al no poder responder preguntas tan básicas sobre mis gustos o aspiracione. Fue a los 16 años cuando un hecho fortuito hizo que tres años después alcanzara un estado de maduración, en donde el antiguo Mark había quedado sepultado por una nueva etapa de este renacido Mark. La maduración llegó a la par del entendimiento y la catarsis, preguntándome los por qué y los cómo de la vida. Aun así siempre tuve ese problema sobre la vida y sus vicisitudes, a las que no estaba dispuesto a afrontar, ya que según mi falsa consciencia, no estaba preparado para afrontar. Me sentía acorralado en lo que Carl Jung denominaba como “puer aeternus”, pero tampoco me sentía convencido con la vida que me tocaba, con el mudo en el que había nacido, en el país que me había dado una identidad. Me sentí entonces culpable por todo, por la falta de trabajo, por mi falta de actitud, por mi rechazo a lo nuevo, por mi crítica a las tendencias, por mi falta de modernidad, pero descubrí que aquello me hacía ser único, sobresalir en mi propio cosmos, siendo único e irrepetible en el universo. Solo faltaba cambiar el foco del asunto, una lente nueva me reveló lo siguiente: “no se trata de estar listo o de huir de los problemas, sino de no desesperarse, porque todo lo que pasa llega por algo y por algo se va, somos infinitamente minúsculos flotando en un a bola de tierra y agua por el espacio, a fin de cuentas a nadie le importa la debilidad del vecino o la riqueza de mengano, la vida se construye desde el peligro de ser diferente y la adrenalina de pensar distinto. Fueron las mentes más locas y megalómanas las que han cambiado el mundo, fue el diferente, el raro, el loco, el delirante, el que no tiene futuro, el que cambió el mundo”. Eso…eso fue revelado por mi propia conciencia, pues no existirá réplica como yo jamás, y es mi diferencia la victoria en las batallas del día a día. Pues había sabiduría en las palabras Herméticas, porque al final de cuenta soy parte de los dos polos, pues en esta situación tenemos de un lado a la singularidad, y del otro a la igualdad, mutamos entonces de un lado a otro, pertenecientes a nuestros rasgos característicos pues a veces partimos de uno directo hacia otro y viceversa. Somos distintos en pensamientos, tamaños y formas, pero somos iguales en estructura, capacidades y potencias.

Fue así como de a poco comencé a atar los cabos sueltos que me hacen ser yo, que me dan ese sentido que va con mi existencia, y esa idea de una “vida plana”, no desapareció, solo se conforma con parecerlo durante algunos periodos de tiempo. El problemas es que aun no logro controlar los niveles de ansiedad a la hora de afrontar una situación, pero cuando me siento a pensar en el problema que está frente a mí, descubro que es insignificante ante mi humanidad mucho más infinita y compleja ¡De qué me importa el qué dirán cuando me encuentro contento con esto que soy! Hoy pienso que la evolución se tenía que dar, al principio fue forzosa, porque me negaba a los efectos de la terapia, me creía incapaz de mover apenas un milímetro de lo que era, estoy seguro que si me hubieran dicho lo que sería en el futuro lo hubiera negado absolutamente todo. La terapia me dio herramientas, no las soluciones, todo se asemeja a intentar armar un rompecabezas infinito, donde todas las piezas están desordenadas y tiradas en algún lugar del universo. Es por eso que hoy recomiendo la terapia como elemento propicio para la sanación y fundamentalmente para el autoconocimiento. Sin embargo, no es una pócima mágica que le dará solución a la vida turbulenta que llevamos, sino más bien es el camino para reconstruir lo dañado y avanzar lo más derecho posible.

Tengo que reconocer que cuento con una ventaja ya que soy una persona interesada en la psicología, la filosofía y todo lo que gire en torno al cuerpo, mente y alma del hombre, por lo que pude aprender también de otros maestros en el proceso que me llevó a madurar psicológica y emocionalmente. No quiere decir que sea perfecto, pues no hay ser perfecto sobre la tierra (lo dudo en el Universo), lo que sí soy es alguien responsable con su salud mental y su interés por lo intelectual. Mi búsqueda me lleva a descubrir y descubrirme; escribir, dibujar y el arte en general no son más que un espacio en el tiempo donde poder volcar impresiones de un mundo hostil.

Soy hoy por hoy un sobreviviente más de la depresión y la ansiedad, que lucha por no ser presa fácil de las recaidas, que como demonios me jalan a ese mundo negro, donde alguna vez sentí comodidad. No me siento mal por ser un incomprendido, puedo distinguir un buen comentario de uno que solo quiere dañar, puedo saber los sentimientos que hay en las caras de las personas, porque mi singularidad, me hace ver la igualdad en todos. Nada se escapa a las reglas de la vida, si algo es así, es así y ya, las únicas reglas que cuentan con falencias son aquella que el humano erige en afán de querer dominar a otros, sabiendo que nuestro estado es la libertad.

Recuerdo una vez, a principios del año 2022, cuando acudí a una sesión con mi psicóloga, llevaba en ese momento una campera negra que había pintado con acrílicos la cara del luchador mexicano Dr. Wagner, y a los costados había escrito la palabra lucha (en la manga izquierda) y libre (en la manga derecha). Había caído esa mañana en su consultorio porque me sentía consumido por una paranoia que me hacía sentir sensible ante la mirada de la sociedad. La salida a la calle después de la pandemia, me había hecho sentir incómodo cuando caminaba por la calle, pues sentía las miradas acusadoras y juzgadoras de los demás sobre mi, examinando cada paso que daba. Me sentía en ese momento preso por esa sensación al cual me había rendido antes de intentar vencerla. Pasé entonces a su consultorio y después de exponerle lo que me agobiaba me dijo:

一 ¿Qué dice esa campera?

一 Lucha Libre, yo la pinté.

一 ¡Ahí tenés la respuesta!

一 No entiendo qué me querés decir.

一 Lo que ahí mismo dice: tenes que ser libre.


No lo había captado, era mi ceguera, esa venda pesada, que al aflojarse un poco me hizo dar cuenta que vivimos rodeados de tantas señales, que a veces nos las vemos por más claras que sean.

También en mi vida probé otras terapias, más que nada por caprichos de mi madre, al principio no sabía qué le pasaba, después descubrí lo que es el amor de madre cuando lo inundaba la desesperación, empujándola a hacer cualquier cosa con tal de salvar a su hijo. Fui a las famosas Misas de Sanación (un teatro donde señoras se tiran al piso como desmayadas por el poder de Dios [?]), un tiempo después fui a donde una amiga de mi tía, que se dedicaba al Budismo Zen y había nacido con un don espiritual que le permitía leer los famosos Chakras, algo que ni yo en ese mismo momento podía explicar, pero fue esa mujer la que plantó inconscientemente la semilla de la búsqueda, de lo que podríamos llamar: saber espiritual. Después probé más en la actualidad, en el año 2022, con un chanta que hacía una especie de terapia extraña, una reprogramación mental a través de la palabra. Recuerdo que fue una sesión gratuita, vía Zoom, donde duró cerca de dos horas, ocupada en meditación absurda y palabrería sin sentido. Ocurrió algo muy curioso ya que le llamó la atención mi seudónimo, me dijo:

一 ¿Por qué ocultas tu nombre?

一 No lo oculto, es un sobrenombre, que lo uso en homenaje a una historieta que me marcó cuando era chico, “Mark contra los Mutantes”.

一 Pero de alguna manera querés ocultar tu identidad detrás de un apodo.


No me iba a poner a discutir con él sobre un personaje de ficción, ni porque el nombre de Mark me hacía entender que era igual a Marcos, pero en inglés.

Sí, tuve muchas experiencias en el terreno de lo mental-espiritual, pero fue el psicoanálisis lo que más valor y autoconocimiento me aportó. Soy un convencido de que la terapia es para todo aquel que tenga ganas de cambiar su vida, a fin de cuentas lo digo porque todo el trabajo recae en uno.

Hoy, llegado a este punto, escribiendo con un poco más de diez años en terapia, y tomando de manera consciente la medicación psiquiátrica, me encuentro en un balanceado estado de ánimo, en donde puedo procesar lo que pasa y lo que me pasa, donde ya trato de no perderme las gozosas verdades del mundo y a la vez siento alivio, porque cada día es un paso más a ese camino para ser quien soy. Eso se ejercita diariamente, no hay recetas, pastillas, ni inyecciones, solo ganas, fuerzas y voluntad. La recompensa puede que no sea mucha, pero vale más que todo el oro del mundo.

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Este texto se ha extendido más de lo previsto, sin lugar a dudas entiendo que el lector sabrá apreciar lo expuesto y tendrá el criterio justo para valorar lo leído, luego de su meditado análisis. Considero que esto fue un acto de magia, una jugarreta de las musas que me inspiran y mueven mis manos por el teclado de la computadora como John Lord lo hacía durante la tan conocida canción “Smoke on the Water”.

Hasta aquí llega mi compañía, ya rebasamos las cinco páginas y el reloj me dice que es la hora de los mates. Por favor, si le ha gustado este testamento, puede compartirlo, replicarlo en sus redes sociales, fanzines o hacer lo que desee con él. Fue un agrado poder haber expresado este monólogo ante alguien tan comprensivo/a como usted.

Un cordial saludo.




lunes, 5 de agosto de 2024

SOBRE LO HUMANO

 EL HOMBRE COMO ABSTRACCIÓN



DE LA IGUALDAD INMATERIAL QUE COMPONE NUESTRA ESENCIA


Por...MARK
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  Estamos destinados a pasar gran cantidad de nuestras vidas con otros seres humanos, por más que muchas veces tratamos de apartarnos aunque sea un pelín de las interacciones sociales, porque verdaderamente a veces logran agotarnos, no podemos evitarlo. Y es esta constante exposición a otras personas lo que puede producir un pequeño desgaste en el núcleo social, generando conflictos, luchas de egos y violencia. Es evidente de que por más que existan diferentes contratos sociales tácitos, muchas veces renegamos de la sociedad por el hecho de sentirnos un poco alejados de la cultura dominante o del pensamiento que impera en determinado contexto histórico, ya que a decir verdad, lidiar con el humano puede ser una tarea bastante agotadora.

Las relaciones interpersonales nos llevan a depender de otros para poder subsistir o alcanzar determinados objetivos, por lo tanto cada nuevo día es un contacto con otro ser igual de raro que yo, con un microcosmos en su interior, lleno de pensamientos, felicidades, dolores y vacíos, eso genera muchas veces discrepancias en la sociedad, por lo que es necesario un diálogo claro entre las partes para poder llevar a cabo una vida medianamente tranquila, por lo que podemos afirmar que el noventa por ciento de nuestros problemas cotidianos son con otros humanos, y el otro porcentaje restante lo dejamos a causas externas y no humanas.

Unos de los miedos principales de las personas introvertidas, tímidas o poco sociables es no animarse a entablar una relación personal con otra persona, y no estoy hablando en cuestiones de pareja o amistades, sino de un miedo a la reacción del otro y el daño que ese otro puede generarnos con sus palabras.

Existe este argumento que dice que las palabras no pueden herirnos, pues son simplemente palabras, pero no se trata de una herida física, sino de una rotura del alma, dañando irremediablemente (en la mayoría de los casos) la capacidad de interacción con otras personas, impidiendo poder tener desde conversaciones casuales en la sala des espera del odontólogo, o en el acto de conseguir pareja. La herida que dejan las palabras nos pueden hacer sentir rechazados y marginados, porque nos terminamos creyendo aquello que nos dicen, y es obvio que esto refleja una baja total del autoestima, pero es que para las personas que somos introvertidas (aunque yo me califico más como un hombre de pocas palabras), nos cuesta diferenciar el dolor físico de una palabra, ya que tiene el mismo impacto. Tal vez alguien con el ego por las nubes, no le afecta que le llamen idiota (aunque sea en chiste), pero alguien que tiene un autoestima tan bajo, puede causarle un dolor emocional gravísimo. De ahí que muchas personas que pertenecen a las características de seres introvertidos o tímidos, decidan medirse a la hora de entablar relaciones nuevas que les aporten novedosas experiencias para sus vidas.


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Seamos sinceros, si pudiéramos nadie querría tratar con otro ser humano, pero el hecho de desarrollarnos como animales sociales, nos lleva a involucrarnos con seres tan raros como nosotros, algunos buenos, otros malos, pero eso no significa que tengamos que restringir nuestras interacciones sociales, de hecho lo mejor es ser inteligentes y entender al otro que está frente a mí, como un humano, es simplemente eso, un compendio de músculos, huesos, piel, órganos y cerebro, que tiene la capacidad milagrosa de comunicarse mediante la palabra, que tiene autonomía, que posee algo tan preciado como la razón, pero sin embargo es solo un humano.

Desestructurar al ser que hoy físicamente componemos puede ser la clave para entender cómo lidiar con ellos y con nosotros mismos. Realizar una abstracción del humano, y centrarlo sólo en un sistema inteligente, sintiente y sufriente, que muchas veces tiene miedo, dudas y rara vez es feliz, nos da una pista de lo que debemos hacer ante este choque que muchas veces se nos presenta frente a otros humanos.

Con quien ahora estamos charlando es solo una masa de carne que adopta una forma única a lo largo de su paso en el tiempo de la vida y del universo, pues no existe en este planeta Tierra nadie que sea igual a vos o igual a mí, somos únicos e irrepetibles en el tiempo, pero somos iguales en componentes, tenemos dos ojos, dos orejas, una naríz, una boca, pelos, manos, piernas, etc. somos lo mismo pero diferentes. Por eso no te amargues cuando una relación social sale mal, cuando otro humano nos confronta o nos pone en situaciones difíciles, estamos lidiando con esa misma masa de carne que cuenta con mis mismos componentes, pero que no deja de ser una mínima molécula en el espacio, cuya existencia o no existencia, no cambia nada en el órden natural. El humano muchas veces se cree más importante de lo que realmente es.


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Tenemos que aprender a mirarnos como seres abstractos desde la simple, y como seres profundos desde lo interno. Cada partícula, molécula y átomo que compone lo que somos, no es nuestro, nosotros no somos nuestros nombres, ni nuestro género, ni nuestros órganos, somos solo esencia que ocupa un recipiente al que nosotros llamamos cuerpo. Pero tenemos conciencia de lo que somos, fuimos y posiblemente seremos, tenemos la capacidad de hacer el bien como así también el mal, de ayudar o mirar para otro lado.

Sí, es verdad que somos seres complejos, llenos de banalidades y prejuicios, pero si has prestado atención a lo que he escrito, sabrás entonces la respuesta ante aquel comentario negativo, ante aquellas molestas situaciones por parte de otros humanos. La cosa es tomar las palabras y las acciones como de quien vienen, otro ser igual de insignificante que yo, cuyas presiones sociales (impuestas por otros seres masivamente insignificantes), nos van cercando a un mundo con el cual nos sentimos cada vez menos identificados, pues este dejó de ser un lugar seguro desde muchísimo tiempo.



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No hay nada más seguro que la muerte, pero no podemos depender de ella para tratar de subsistir pensando en que algún día ella nos dará el beso final que nos haga cruzar el umbral. Como anexo a esto, y como dato histórico además, encontré en Youtube una conferencia sobre una religión practicada en la antigua Grecia, conocida como Orfismo, en donde se asegura que si el hombre había sido engendrado de la sangre de los titanes (según la mitología Griega), y estos eran (los titanes) de alguna manera despreciados por los dioses, era normal entonces que la vida fuera vista como un castigo más que un goce, por lo que la muerte, llegada a su debido momento, era el acto de libertad absoluto, librándonos de la condena de vivir.

Para los Órficos la vida era miserable por el odio y el rencor que nos tenían los dioses, actualmente nos hemos desprendido de toda esa idea, y podemos entender que la sociedad, atravesada por la política, la economía, las leyes, los conceptos morales y éticos, terminan convirtiéndose en una traba para cualquier persona.

Desde un punto de vista capilar, es decir desde lo micro que es la vida social e individual, nos damos cuenta que solo triunfan los que pueden estar bien con Dios y con el diablo, pero sabemos que el dicho dice todo lo contrario.

Si analizamos más a fondo las barreras sociales, notamos entonces como tomar al ser humano como un concepto abstracto y de ahí deconstruirlo, notamos entonces que no hay nada que nos delimite ni nos diferencie. Ser humano es cargar con ideas de lo que somos, o creemos que somos, pero, despejados de las vanidades y las ropas, somos iguales. Variados en tamaños, pesos y colores, pero seguimos compartiendo actitudes sólo de humanos, rasgos que no podemos compartir con los perros o gatos.

Del reino animal, somos los más desarrollados pero los menos adaptados a la vida social moderna. Tratamos de meternos en nuestras burbujas para que nadie nos moleste, pero también somos nosotros los que podemos molestar a otros. La dualidad de estar de un lado u otro de la balanza, nos hace poder jugar los diferentes papeles que nosotros decidimos interpretar en este gran cabaret llamado vida.

Somos todos partes de lo mismo, cada una de éstas piezas componen los progresos y maravillas que hicimos y haremos a lo largo de la historia. Pero, pese a tener lenguajes súper desarrollados, aún así nos cuesta entendernos y relacionarnos. La solución dependerá de cuán comprometida está la sociedad para hacer de la vida un gran disfrute.

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