CONFESIONES: Resultados de una catarsis
Yo y yo igual a vos
Por...MARK
***********
Cambiar la perspectiva de una realidad no parece tan fácil, estamos ante la decadencia de un mundo socialmente nefasto, movido por los propios egos, absorbido por la desagradable idea de aparentar, y es así como con todo esto, nos entregamos al mundo como si fuéramos simplemente seres que existimos solo por el mero placer, hedonismo absurdo que solo sirve para llenarnos de vanidad, angustia y desesperación. La relación del hombre con su entorno se convirtió en una tóxica e infinita autodestrucción, en donde circularmente terminamos siempre girando al compás del desprecio, de la envidia, de lo inmoral y lo poco ético. Buscamos satisfacer los deseos, cuando del otro lado del mundo alguien llamado Buda, dijo que eran la causa de nuestro males, pero un así nos cuesta ver lo que podemos llegar a ser si tomamos, aunque sea por una sola vez, las palabras de grandes personalidades religiosas, hasta incluso el mismo Jesús, cuya vida (y nadie puede discutirlo) era completamente anarquista, ligada siempre al apoyo mutuo, a la solidaridad con el otro, al amor eterno al prójimo, al no juzgar, en fin, tantos valores sanos para el alma, y no hablemos de las grandes figuras de la filosofía antigua, que ya proponían un camino elevado hacia una vida más sencilla, en donde el vivir significa un acto de ser y dejar ser.
Uno cae en la rutinaria condena del existir, donde parece que mirar al mundo es una viaje que causa dolor, vemos a la gente ir y venir, lastimándose, matándose entre si por motivos tan absurdos, que ya ni si quiera sabemos porque morimos o porque nos asesinamos. La vida ya dejó de ser feliz, ya perdió su magia, por lo menos para mí. No puedo creer que haya personas allá afuera que aún tienen ganas de festejar cuando en un rincón del país dos mujeres torturan y asesinan a su hijito de tan solo cinco años, como si fuera un saco de boxeo viejo.
Lucio Dupuy
**************
Esta puede ser tal vez la entrada más personal que haya escrito, pero revela mí necesidad de expresión como un joven que ve la vida desde una perspectiva de dolor. Observo a la gente y la veo sangrar, destilar odio y toda esa presión se convierte entonces en un motor que descarga ansiedad y otras afecciones. Comprendí que hay que aprender a ser como el resto, despreocuparse de los hechos esenciales de la vida—falsear para no ser afectado—, vivir como si nada de lo que pasa me toque, o sino volverse loco ante un mundo que no piensa como debería ser, que traga tus sentimientos y los escupe como si no fueran nada. De las dos formas, o de cualquiera de los dos caminos, la locura es hacia donde nos dirigimos todos. Podemos hacer como que nada pasa y seguir hasta que cuando menos lo esperamos terminamos enloquecidos, o podemos ir directamente de frente y enloquecer para por lo menos tratar de pasar el mal trago de una vida miserable. También, sea cual sea el camino, nos lleva a una vida miserable, levemente inspirada— elevada diría yo—, por una brisa de aire fresco, que se traducirá en algo que describiremos cómo pequeños halos de felicidad.
Yo puedo estar acá, entregado a mis pasiones, volcando mi existencia hacia el disfrute de esa pequeña felicidad, pero del otro lado del país, estalla una bomba que mata a ochenta y tres personas, por lo que es obvio, el dolor me va a invadir, después de todo son vidas humanas las que se perdieron, pero allí está el dilema que planteé arriba, si no me involucro en el tema, que se traduce en dejar que todo pase porque total no me afecta a mí directamente, me estoy convirtiendo pues en un ser que solo vive por sus propios intereses, por el contrario si enloquezco, es seguro que yo no podré tomar mi vida con tranquilidad, pues me veré afectado con cada cosa que pase sobre el planeta tierra. Equilibrar la balanza entre lo justo y lo injusto es el puntapié inicial, pero por otro lado hay una sensibilidad primitiva que habita en nuestro ser, que nos hace conectar con los otros, porque quizás esas ochenta y tres personas tenían familias que de seguro las estarán llorando. En esencia, esa sensación de afecto y preocupación por el otro, aunque no sepa de mi existir, es el impulsor de los grandes cambios, pues los que profesamos este amor, tenemos una elevación del espíritu que nos empuja a la ansiedad y la impotencia, por no poder hacer nada ante las vidas que se escapan. Nosotros ya estamos locos, por eso es que vemos lo real del mundo y queremos cambiarlo, aunque a veces me da más miedo aquel que festeja mientras todo se cae (la parábola del payaso).
**************
Nacemos para morir, de eso estamos ya hartos, pero no queremos irnos sin antes haber dejado algo por lo cual valga la pena haber vivido. Hace más de cuatro años que busco esa chispa que me de algo de aliento, una causa por la cual luchar, por la cual enseñar que vale más la vida. Caí hace más de seis meses en una espiral existencial en en donde los espíritus de la noche me guían por un laberinto oscuro, el lugar donde nuestras peores pesadillas se hacen reales, pero trato de mantenerme firme, sin que la depresión me gane, lo cual lo veo un poco imposible.
Me trastorna la mente la idea de irme de este plano y no haber dejado algo con lo cual pueda ser recordado, con lo cual la generación de mis futuros hijos, sobrinos y nietos puedan tener herramientas fundamentales para poder entender la vida. Me persigue la desmotivación, pues no hallo ningún propósito para mí, me agobia el paso del tiempo, todo lo que antes tenía brillo ahora ya se ha vuelto opaco, demacrado, perdí todo sentido en la vida, siento que no encajo en la generación que me toca vivir, pero no me queda de otra, tengo que seguir, para eso estamos, necesitamos avanzar, cargar con el dolor y arrastrar esas cadenas pero siempre mirando al frente. Siento que no comprendo el mundo ¿pero necesito realmente comprenderlo? A veces solo me consuela saber que el mundo es así y ya, no lo que debería ser, pero es que no puedo percibir las injusticias y quedarme callado, perdonen por ser de alma sensible.
De los momentos oscuros a veces se aprende y otra veces se aprende pero a la fuerza, sirven como una evolución, pero creo que hace ya muchos años que nos quedamos atascados en la oscuridad, pero no aprendimos ni si quiera a la fuerza. Repetimos los errores pasados en el presente ¿Qué nos libra de no repetirlos en el futuro? Quisiera que la generación de los niños de hoy crezcan en un mundo del mañana sano pero... el mundo es lo que es, no lo que debería ser, esa frase me mortifica cada día más, porque es el reflejo del conformismo moderno:
—El mundo fue, es y será siempre así, no hay otra alternativa.
Así se expresan los mediocres, los conformistas que se quedan es su posición cómoda, sabiendo que el poder del hombre como transformador de la historia es tan grande que quizás ahora podríamos estar en una sociedad más avanzada, más civilizada. Dejar todo como está es similar a barrer y guardar la basura debajo de la alfombra, cuando es más cómodo tirarla en su respectivo tacho. Es noble el corazón de aquel que trae consciencia pero se destruye cuando la humanidad toda se expresa en conformidad con lo que ya tiene.
En el plano de lo individual todos buscamos evolucionar, nadie quiere quedarse en la posición cómoda de «uno es como es», buscamos elevarnos en lo laboral, en lo económico, en lo espiritual, pero en el terreno social y humano nos convertimos en seres ambiciosos que pisamos las cabezas de nuestros semejantes para ser mejores, procuramos ser la nueva sensación, el mejor cuerpo, la mejor cara, el mejor salario...¿Alguna vez alguien pensó en mejorar su alma? ¿Nadie piensa en mejorar su mente? «Es que todo lo que tienes que hacer es ir en busca del éxito» dicen algunos «maestros» de la vida, a lo que yo me pregunto: ¿Eso va a mejorar la relación con mí hijo? ¿Me devolverá la relación con mí esposa? ¿Seré mejor persona? ¿Seré libre? Hablamos de éxito como si ese fuera el fin de nuestro camino, la meta a desear, pero déjenme decirles que ese no es un propósito real, tener éxito puede significar muchas cosas, por ejemplo, yo me siento pleno y exitoso cuando disfruto del amor de mí novia, de los mates a la mañana, de la música, del arte, los verdaderos valores del éxito residen en la vida misma, en lo placeres pequeños, no en la abundancia del dinero ni en el goce del despilfarro, soy feliz aquí y ahora. Perdonen si lo anterior sonó demasiado trillado, pero esa es la verdadera alegría, el placer de lo pequeño es más grande que la grandeza misma.
Con el pasar de la vida, las relaciones personales más la maduración individual de cada ser, nos irán demostrando porque muchas veces nos da enojo las reacciones de otros seres humanos. Tomemos como ejemplo al trabajo, esa rutina cotidiana que miles y miles de persona hacen todos los días, en donde uno tendría que poder desarrollarse libremente, ya que debe ser un trabajo estable, con un sueldo que permita la vida, bueno eso es lo deseable pero no, nada es tan fantástico como lo deseamos. Muchas veces los mayores problemas que uno se tiene que enfrentar en los trabajos, más allá de la presión que puede suponer la figura de un jefe, son las luchas de egos, la competencia innecesaria entre empleados, la lucha por el ascenso, la batalla para saber quién es el mejor empleado, el que mejor chupe... las medias será el que deba ocupar tal o cual puesto. Hasta ese punto llegamos, que la vida se transforma en una carrera, ya no basta con cumplir horarios o ser bueno en lo que haces, ahora tienes que pelearte con tus compañeros, someter los egos a una balanza invisible que medirá quien sabe que.
Ustedes se preguntarán lo barato de mí filosofía, de mí forma de ver la cosas, pero que se puede hacer si con ésta economía uno tiene que aprender a conformarse con poco. Aunque hasta los barato sale caro. Ahora estoy en esa posición incómoda en la que el ángel y el simio luchan por mantener el control, muchas veces soy más creativo y soñador, pero otras solo me limito a lo básico de mí vida, pues creo que es también todo un trastorno por mí parte de no querer asumir la responsabilidad del paso del tiempo. Perdonen ustedes ésta catarsis, pero es interesante detenerse un momento a la hora de hablar del tiempo, esa noción del avance de la cosas, que se mide con un pequeño apartito que llegó, en épocas muy antiguas, a ser de arena.
El tiempo, como casi toda cosa en la vida, es una esencia incorpórea que puede ser percibida de muchas maneras, y no es para todos igual, así como el día para mí puede pasarse de manera lenta y aburrida, quizás para otro pueda ser rápido y todo un recreo. Considero que llega un momento en la vida en donde comenzamos a notar su avasallante paso, de vuelta caemos en lo mismo, podemos percibir que su avance es lento (como si tuviéramos tiempo de sobra) o podemos caer en cuenta de que su paso en tan rápido que los años se vuelven días. Ante éste último descubrimiento tratamos de hacer todo lo posible para sacar el máximo provecho que podamos a la vida, casi sin limitaciones y en total libertad. Lo que si podemos coincidir todos los seres humanos es que el tiempo pasa y para todos, tus hijos crecen, luego se van, el matrimonio envejece, y luego tus hijos y los hijos de tus hijos completarán eternamente ese ciclo, rueda eterna de la vida. Quizás pensarán que soy demasiado joven para pensar estas cosas, pero yo considero que estoy en el momento justo, estoy en una edad en la que mis padres ya se habían casado hace rato, ya habían tenido a su primer hijo (es decir mí hermano mayor), ahí es cuando se nota la diferencia, y para hacer más claro esto es necesario ver cómo los tiempos son fuentes de cambio. Es el choque generacional que hay sobre el uso del tiempo y lo que hacer con él.
Piensa por un momento lo que tus padres hacían a tu edad, y lo que vos haces, pero todo esto sin ánimos de caer en comparativas, puesto que es normal siempre buscar en quien reflejarnos para confirmar si vamos bien o nos falta más. Parte de las crisis pasan por no saber que hacer con la vida, pero también se relacionan con el uso del tiempo, puedes pasar tu vida en aquel empleo aburrido por la necesidad básica de la comodidad, o talvez dejarlo todo para seguir tu pasión o como alternativa común no tener ni lo más mínima idea de lo que queres hacer. La idea de vacío viene ligada a esa comparativa, entonces te dirán que el hijo del vecino ya habla tres idiomas, que tu primo ya entró en la universidad para estudiar esa carrera que tanto le apasiona, y que a uno de tus compañeros de la secundaria le dieron una beca en su universidad para ir a estudiar a Alemania. Ante todo esto no debes olvidar lo negativo que es la comparación, cada cosa tiene su momento y a cada uno le toca lo mejor en el lugar indicado. El aprovechar el tiempo presente habla mucho de nuestro futuro, son las decisiones de hoy las que nos van a ir llevando a ese camino. Tu elección ahora debe ser en decidir como y en qué vas a invertir tu tiempo, puedes trabajar, estudiar, escribir en un blog (jaja) o pasar tu vida pegado a las pantallas, solo una leve decisión puede llevarte de cero a cien en un segundo. Aquí nadie es un fracasado, el fracaso es solo un mal movimiento en el juego de la vida, nadie se muere por perder un trabajo, por quebrar la empresa de sus sueños o por un matrimonio desgastado por la monotonía, la clave del fracaso está en saber tomar impulso ante cada caída, porque así es como se aprende a caminar. Todos, desde bebés nos caemos, nos golpeamos y lloramos, pero ahora ya de grandes caminamos como unos expertos. Así como aprendimos el arte de caminar, hay que aprender entonces del arte de fracasar. Sepan perdonar otra vez mí concepto de la vida, pero en estos momentos es tan grande el desahogo que me encuentro elevado en todas las instancias de mí espíritu.
**************
El deseo material genera en la mente la idea primigenia de un consumo perverso, basado en la utilización innecesaria de productos que luego se convertirán en la chatarra del futuro. La sociedad del consumo debe dar paso a la sociedad del medio, es decir una concepción social de la vida más simple, en una completa armonía con el ambiente que nos rodea. Ahora es cuando muchos dirán: «No puede ser, está bajando línea política de corte socialista o en su defecto comunista», y es ahí cuando se equivocan, hoy en día hablar de cualquier tema que toque levemente a la sociedad capitalista es básicamente ser un comunista; querer un mundo mejor y más igualitario es ser comunista; buscar crear una sociedad consciente es ser comunista. Hemos llegado a un punto en nuestra historia donde las idea pasaron a ser bandos y la calle campos de batalla ¿Para qué? ¿Para darnos cuenta qué al final somos todos iguales? ¿O a caso no vivimos todos bajo el mismo suelo? Las divisiones solo causan desesperación, empobrecen, aleja al humano de su centro, lo social es su centro, por ende no puede simplemente apartarse de él como si de un exiliado se tratase, la unión es el significado más profundo de una sociedad que sabe mirar de diferentes maneras, pero que aún así sigue hasta nuestros días condenando al homosexual (y a cualquier integrante de la comunidad LGBTIQ+), a los negros, a los diferentes, a los pobres ¿Cómo podremos pues, forjar una sociedad mejor, si aún continuamos prejuzgando? Y luego somos los primeros en hablar de perdón.
El perdón, cuántas veces insistimos con él en situaciones tan comunes de la vida, pero de vez en cuando, nos cuesta perdonar las dolorosas acciones de los demás. Perdonar es a su vez es cambiar, todo cambio genera un acción puramente ligada al avance del tiempo, o más bien transformar el tiempo hacia un crecimiento más amplio. El perdón es el camino del amor, que genera redención en el alma, pero no todo perdón debe ser tratado del mismo modo. Muchas veces, en la cuestión religiosa tenemos el significado del perdón como un acto sanador para mí, es una comunión con mí propia alma, pero el mundo moderno exige otras cosas, el perdón ya no tiene una responsabilidad religiosa, sino se relaciona de una forma con un compromiso con uno mismo, es más bien una forma de estar en paz, o de lavar una culpa (aunque desde ese punto de vista también entra el punto religioso). Perdonamos todo el tiempo, pero muchas veces es más que nada una relación la paz mental, creemos que con el perdón el dolor queda zanjado, pero son pocas la veces en la que perdonar libera. A ver por favor, somos seres humanos, a veces amamos, otras odiamos, tenemos que aprender a convivir con ello, y el mal es algo que está presente, la sociedad de hoy en día lo sabe, perdonar a alguien muchas veces es una forma de decirnos que es hora de dejar pasar, pero de una forma u otra el dolor siempre está. Somos seres que sentimos, no se puede eliminar el sentir con una palabra y digan la verdad ¿Quiénes son los que fríamente pueden perdonar una injusticia?
Llegar a este punto me hizo reflexionar sobre lo que es impartir un mensaje, hay que tener mucha consciencia, hay que tener ideas, desde este momento decido consagrar mí vida a una causa más justa y más noble que mí propia vida, una causa en donde lo importante sea el porvenir, porque la vida es siempre futuro. Todo lo que han leído es el legado de un pensamiento que durante un par de meses me ha carcomido, y es la idea de vivir para darle contenido a una existencia que ahora parece vacía, pero que con el tiempo me dará alegrías y felicidad.
FIN
--------------------------------
Muchas gracias por leer, muchas gracias por llegar hasta acá, sin dudas esto es algo muy personal que necesitaba ser expulsado.