UN MUNDO INCOMPRESIBLE
LA REALIDAD CARECE DE SENTIDO/ LO HUMANO SE CONVIERTE EN UN CICLO VACÍO Y REPETITIVO/VERDADES Y MENTIRAS/JOVENES REBELDES
Por...MARK
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I
La inteligencia artificial ha reemplazado las interacciones humanas, a tal punto que la vida se ha transformado en una realidad paralela donde el valor de lo digital ha ocupado la vida real.
II
Pretender conformar a todos es una opción poco inteligente para aquellos que deciden andar por la vida, pero los que tenemos el vacío en el alma, creemos que con eso vamos a poder tapar lo que sentimos.
III
¿La compresión de que la vida es vacía significa entonces que puede llenarse?¿Si la vida es sufrimiento, significa pues que puede haber una contraparte positiva?
IV
Si la vida que llevamos es sufrimiento, entonces podemos desear (y sería lo más justo), otro tipo de existencia que pudiera aportar un valor positivo. Si la vida actual es mala, debería existir una negación de esa misma vida que sea positiva, en ese caso la no-vida sería ese costado positivo de la existe presente.
La no-vida es la posición que se adoptaría para tratar de vivir fuera de las presiones negativas de una sociedad hueca. En la no-vida existiría la libertad, no habría guerras, no habría explotación ¿Una utopía tal vez? No lo sé, solo permitanme soñar un poco.
V
Entender la estética de lo feo y de lo bello es materia de estudio. El libro sobre lo que es lindo o feo en el arte, del filósofo y pensador Rosencranz, abre una puerta interesante al debate, aporta pues una mirada diferente sobre aquello que podemos llegar a calificar de hermoso u horripilante.
Podríamos decir que lo bello es todo aquello que se acerca a la pureza, que reboza alegría, que evoca un aire de positividad. Lo feo por el contrario representa lo grotesco, lo nauseabundo, la impureza y lo negativo. Pero la visión del filósofo se ajusta a una mirada analítica, más que subjetiva.
¿Quién puede determinar con certeza que es bello o feo? Poder juzgar de manera objetiva sería caer en el sesgo de confirmación, pues tenemos claro en nuestra mente las definiciones de lindo y feo, pero estas están sujetas a nuestros propios juicios sobre lo ya mencionado. Lo feo puede ser lindo para algunos, y lo bello puede ser horrible para otros.
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VI
El vacío es esa sensación vertiginosa y agridulce que devora hasta la última esperanza. Pero de ninguna manera es un obstáculo para vivir. Es ahí cuando el vacío se vuelve absurdo, y lo absurdo no es un fin para la vida, sino más bien un comienzo.
VII
Último mes del año y se siente adentro del cuerpo la incertidumbre de un nuevo comienzo. Un nuevo año es una nueva vida, o por lo menos intentar una nueva vida. Es la oportunidad de realizar esas fantasías que por ahí se postergan o se dejan atrás por creerlas imposibles.
Me siento bien por los progresos, pero tengo esa sensación de impotencia al preguntarme ¿Qué hice durante todo el año? Solo me siento a observarlo pasar, mientras que la edad me marca a su paso. Solo queda esperar que el próximo también este lleno de oportunidades.
VIII
La idea de que el trabajo dignifica es absurda, puesto que el humano es digno por si solo. La veredadera dignidad del hombre o la mujer, está en lo que le apasiona, en lo que le motiva, sus gustos, sus pensamientos, sus ideas. En fin, la manifestación de la libertad.
El trabajo no dignifica porque se ha vuelto una obligación, por ende quita libertad. Es una obligación fundada en un mito como el de la realización personal ¿Pero cómo puede uno realizarse libremente siendo obligado a hacer?
IX
a-
Decir la verdad es un acto de extrema valentía, requiere mucho más coraje que enfrentar el juicio por haber mentido. Pero a veces, ese coraje o esa energía no es tan fácil de liberar, pues en consecuencia decir la verdad tampoco lo es. La verdad trae aparejada un doble sentido en el significado de la vida, por un lado refleja sinceridad, pero en el otro extremo llega a ofender, hasta incluso puede herir a las personas.
En el común del vientre social, decir la verdad es un acto de honor absoluto, por la tanto su antítesis es la mentira, algo que hacen los cobardes. Pero como podemos afirmar que una verdad es verdadera (valga la redundancia), si al final este don tan precioso que tenemos todos, llamado lenguaje, me permite modificar mí vocabulario para tal vez ocultar información o hablar las cosas desde una perspectiva en donde la verdad no sea realmente LA VERDAD.
Todos recurrimos al acto de ocultar cosas, pero también cedemos paso a poder mentir mientras se dice la verdad. A veces un: «estoy bien, no pasa nada», puede ser una simple mentira cuya verdad interior es: «no estoy bien, necesito ayuda».
Pero las preguntas que me hago ahora mismo son: ¿Hasta cuándo se puede sostener una mentira? ¿Es tan convienente decir la verdad? Bueno, creo que todos en algún momento tenemos esa duda, lo que si es cierto es que las mentiras «tiene piernas cortas», y terminan cayendo porque su propio peso las hace insostenibles. Pero tampoco podemos decir abiertamente la verdad, porque cedemos al hecho de que muchas veces la verdad ofende; la verdad entonces es un arma de doble filo, y sobre todo es decir lo que otros están negados a escuchar, por eso la ofensa, por eso el ataque a sus voceros.
b-
Pero cuando se habla de «decir la verdad», se refiere más que nada a hechos que tienen que ver con la visión personal de la vida y del mundo, o mejor dicho de la realidad. Es obvio que todos conocemos verdedes universales que son irrefutables, pero en el plano de lo personal y a lo que se manifiesta como verdades personales, que no son más que el fruto del vivir, la experiencia y la compresión propia de una realidad basada en nuestra propia percepción. Tenemos entonces como conclusión verdades propias que, como todo en esta vida, pueden gustar más o menos, y chocar en mayor o menor medida con las verdedes internas que otro ser humano sostenga.
El contrastar verdades genera debates, y de los debates surgen grandes pensamientos. Pero las personas que se cierran en sus verdades terminan siempre cayendo en un punto extremista, en donde no toleran más que su pensamiento. De ahí nace el fanatismo, una enfermedad silenciosa que recorre cada vena y arteria del cuerpo, negando cualquier otra verdad. Por eso se dice que el fanático no piensa, puesto que lo único que hace es repetir el cassette que tiene introducido en su cerebro, sin analizar o cuestionarse, si lo que está vociferando tiene contradicciones o incongruencias. El fanático cree que su verdad es única, por eso no puede tolerar lo que otros piensan.
El mayor error del ser humano es creerse el conocedor de todo, pero en el fondo sabe que no sabe nada (valga la redundancia). Pero volviendo al punto, la verdad puede ser dolorosa o sanadora. El proceso de enfrentarse a la verdad al principio resulta duro, es parte fundamental de darse cuenta que uno estaba equivocado, y es obvio que si a todo el mundo le gusta tener razón, también a todo el mundo le disgusta saber que en algo se está equivocando.
Pero aceptar la verdad del error es entender que es un paso más para el crecimiento personal (no hablo de esa mierda del desarrollo personal), de los errores se aprende, y para nuestra fortuna no tenemos un contador de equivocaciones, por lo que podemos hacerlo las veces que sea necesario, pero el error no vale por si solo, si es que detrás de él no viene una enseñanza. El recocer que hemos errado en nuestro comportamiento, en nuestras palabras o pensamientos, es el primer paso tras haber chocado con la verdad. El camino fácil para todo esto, y para no enfrentar el dolor de la realidad, sería autoengañarnos para hacer de cuenta que todo está bajo control, pero es una mentira que en nuestro interior es insoportable de tener.
La equivocación debe ser tomada como un aprendizaje, pero siempre teniendo en cuenta que la verdad duele y no ofende. Ahora bien, este es un punto importante, ya que hay personas que se pueden mostrar gravemente insultadas o injuriadas por haberse topado con alguien que les dijo la verdad. Ante esta respuesta emocional de frustración ante el reconocimiento de la otra persona sobre mis errores propios, el sujeto ofendido reacciona así porque él o ella estaba consciente, o no, de lo que estaba haciendo, pero era incapaz de reconocer ese error, y mucho menos pensar que otros se lo marcarían. Es decir, muchas veces nos enfadamos con las personas no porque nos hayan dicho la verdad sobre nosotros, sino porque nos avergüenza que otros (aparte de nosotros), reconozcan nuestros errores. Es muy fácil ver en qué el otro se está equivocando, pero cuando miramos para nuestro lado, es la negación la que nos impide reconocernos también como personas que se equivocan.
X
La compresión de que mí arte se está volviendo más violento que antes, es profundamente sincera y verídica ¿Pero es qué acaso el mundo no lo es? Bien podría disponer de mis manos y mí creatividad para sacar una visión hermosa de una sociedad perfecta...pero sería mentirme.
Si es cierto que en mis trazos, en mis representantaciones pictóricas, se puede notar cierto halo de pesimismo, de agresividad, como si no hubiera esperanza. De igual manera el mundo no es ajeno a todo esto. Todo se basa en una lectura de la realidad, de la cual no hay un escape aparente.
XI
Nos toca transitar un mundo en donde las nuevas generaciones se niegan a tratar de vivir como lo hemos estado haciendo últimamente. Estamos ante un grupo de jóvenes inconformes con los mecanismos de subsistencia actules, donde no les convence el hecho de dar más a cambio de nada.
Me toca formar parte de una generación que quiere eliminar—o por lo menos rechazar— los valores establecidos en esta sociedad capitalista. Quieren brindar una nueva alternativa, que ponga un fin a la lucha de clases, que sea más inclusiva, que forje políticas educativas, económicas y de salud, para que faciliten el común progreso.
Tenemos jóvenes que hacen lo que tienen que hacer, entendiendo que es lo que les toca, pero con esta diferencia: lo que una persona a los 20 años de edad hacía hace treinta años atrás, no es lo mismo que hace un joven a sus 20 años en la actualidad. «Cada generación aprende a vivir con lo que le toca, no con lo que vivieron otras», decía Pepe Mujica.
Obviamente que aportan un modelo disruptivo, que atenta tal vez con los valores morales y éticos de la sociedad moderna. Pero si los jóvenes son el motor que impulsan los cambios, «son la levadura moral de los pueblos» (José Ingenieros). En definitiva es ese espíritu rebelde el que busca el cambio. Ajeno de ideas antiguas, el joven busca cultura, divertimento, pasiones, enriquecimiento positivo.
Rechaza lo rutinario por lo poco convencional, se niega a desprenderse de ese adolescente incendiario que habita en su alma. La percepción de la adultez ha cambiado a pasos agigantados, los compromisos serios como el matrimonio o el tener hijos, quedan en un segundo o hasta en un tercer plano. Las metas y los sueños se diversifican, el placer se encuentra en otros mundos que las generaciones pasadas no han tenido.
Pero no todo es placer, la intervención de la tecnología devino en una generación que estando a punto de despertar, se vio adormecida por el uso indiscriminado de las pantallas. Han perdido el valor humano, y ya las causas positivas se celebran con un emoji.
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