LA MODERNIDAD ES LA CONDENA
EL ESTADO ES EL PROBLEMA/SOBRE LA EPIDEMIA DE SOLEDAD/PROSA INQUIETA/LAS SOMBRAS DE LA MUERTE/ROSARIO/LA MALDAD MATO A DIOS/MÁQUINAS VS HUMANIDAD
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1
Directa o indirectamente el Estado es un ente no solo antinatura, sino ajeno a la presencia de lo humano. Llámese feudalismo, monarquía o presidencia, éste no es más que un medio de acaparamiento de riquezas, control y sometimiento de los pueblos libres.
Si tenemos sobre nuestros hombros el peso de un sistema que se mantiene en base a exprimir a un pueblo, no puede ser visto (el Estado), como algo bueno. El hombre nació libre, pero hay quienes desean dominar «por la fueza o por la explotación» a sus semejantes.
Es tremendamente ilógico tener un Estado rico y un pueblo pobre. Sea un gobierno socialista, comunista o capitalista, siempre que haya poder entremedio, no dudará en volverse una tiranía.
La libertad del pueblo se da cuando logra desprender ese tumor que lo mantiene debil y obediente. Es pues el Estado un mal innecesario, pero de todas formas no podríamos vivir sin él, estamos tan acostumbrados a sus latigazos que vivir sin él nos resulta molesto.
Pero por otro lado se tiene al político, ese gérmen parasitario que cree saber que le conviene a cada ciudadano, cuando en las sombras se roba todo lo que puede.
Pero el político es la cría del Estado, que al igual que la loba del mito romano, alimenta con sus senos a muchos Rómulos y Remos. Beben de la teta del estado y detentan el poder como verdaderos jerarcas.
La ley es otra trampa del estado, es un instrumento persecutorio para enrredar y capturar en sus pútridas telarañas a los inocentes, a los librepensadores y al perejil de turno. Las fuerzas del órden son títeres corruptos que alimentan este maldito aparato.
2
«Lämna Mig Ifred» es una canción sobre la soledad, sobre esa agobiante necesidad de estar solo, de no desear ver a nadie. Refleja esa intención urgente de querer huir de todo lo que nos rodea, incluso hasta escapar de la vida.
La obra refleja un sentimiento que ahora más que nunca ha cobrado vida y se ha cobrado la vida de muchos jovenes.
La epidemia de soledad se ve reflejada en la vida cotidiana, donde el contacto con el otro (que antes ocupaba un lugar físico), ahora es suplantado por una virtualidad agresiva que nos separa de ese otro y nos deshumaniza.
Cosas tan nefastas como los «amigos virtaules» (IA programadas para conversaciones) o las desagradables páginas de «novias virtuales», no son más que el reflejo de una sociedad que está cada vez más desconectada de lo real.
3
Tengo una visión del mundo, pero es una visión extraña, por eso no la comparto, por eso siempre la cuido y la mantengo lejos del alcance de las mentes extraviadas, que quieren a toda costa saber lo que contiene esa visión. Pero yo me opongo, no quiero contaminarla con los ajenos.
Un día conocí a una mujer cuyo nombre era Sinceridad, me dijo que podía confiar en ella, pues estaba condenada a decir siempre la verdad. Me preguntó como me llamaba, le dije que no tenía nombre, mis padres habían muerto ni bien nací. Nadie me dio un nombre.
Me preguntó si estaba triste. Le dije que no. Me preguntó si había algo dentro de mí que se mantenía oculto. Le dije que si. «Quiero ver de que se trata» dijo ella. «No puedo» le respondí. «¿Por qué no?» pregutó. «Es un secreto» dije apartando mi vista de su faz.
«Puedes confiar en mí, soy Sinceridad, no te haré daño ni le contaré tu secreto a los otros» dijo y me convenció. Abrí la boca y le dije que mirara adentro de ella; y entonces vió dolor, muerte, sangre, podredumbre, moscas negras y gracientas, filas de cadáveres, niños raquíticos, reyes envueltos en oro, guerras, hambre.
Vi su rostro espantado y cerré mi boca. Tenía la piel pálida, y enseguida salió corriendo, espantada. Al rato vino ella con un grupo de aldeanos. Sinceridad les confesó lo que había visto adentro de mi boca. Yo no corrí, aunque supiera que sería mi fin.
Entonces me pusieron un nombre, por primera vez en mi vida tenía un nombre, me llamaban Locura. No me desagradaba, pero creí saber que ni mis padres me hubieran puesto un nombre mejor.
4
Las sombras de la muerte se movían por entre la impenetrable oscuridad, sus vestidos blancos y vaporosos flotaban suavemente ante la ausencia de viento, eran las almas en pena de aquellos que, sin pensarlo, habían muerto en un espantoso sufimiento.
Son los muertos los que reinan más allá de la vida, y es la vida el límite con el que podemos jugar el papel que nos han dado en esta tragedia griega.
El fantasma es solo un elemento decorativo, que nos da un aliento posotivo para intentar creer que más allá de todo, aun sigue reinando la vida.
5
Es increíble como la violencia y la droga, hacen descender a un país, hasta los confines de la decadencia, volviendo sus calles rios de sangre de inocentes.
Y un sector político y social, es responsable de cada muerte, sobre todo del crecimiento de estos movimientos narcos que son la ruina de la Argentina.
Las armas matan y la droga también, la sangre roja y tibia de las víctimas de un sistema que nunca fue cortado de raíz, nos ahoga en grandes mares, y sus cadáveres recién sepultados agonizan espantados.
También hay que hablar del sector cultural y su mensaje nefasto, de la mano de imbéciles como el seudoartista L'gante o la desagradable de la Joaqui, o impresentables como Duki, Cazzu, el Nova, que han hecho una oda a la delincuencia y a la droga.
Ni hablemos que el municipio de Rosario homenajeó a L'gante, como si su «poesía» (nótese el sarcasmo), fuera de lo más elevada y constructiva.
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«En esta puta ciudad todo se incendia y se va
Matan a pobres corazones
Matan a pobres corazones
En esta sucia ciudad no hay que seguir ni parar
Ciudad de locos corazones
Ciudad de locos corazones»
(Fito Páez - Ciudad de Pobres Corazones)
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6
1Entonces levanté la cabeza sobre la roca en la que me había recostado para tomar un descanso, y los ví allí; el Diablo reía como desquisiado, y Dios lloraba como un niño de pecho.
2En eso el cielo crujió y descendieron seres bestiales, tirados por carrozas de fuego rojo. Vi como esparcían la maldad. Compredí que la vida era eso, un gran cementerio de muertos vivos.
3De pronto una luz cegadora, y cayó sangrante la cabeza de Dios, que aun emitía algún movimiento, pero solo lograba ahogarse con su propia sangre.
4Pero quien empuñaba la espada era un gigante que tenía por nombre «Humano». Y así quedamos, sin gloria ni piedad. Matamos a Dios, nos suicidamos a nosotros mismos.
7
El problema con la IA está relacionado con el echo de querer agregarle valor humano a una máquina. Eso es por lo tanto quitarnos humanidad, generando una especie de alterego del ser humano mismo.
Dudo que las inteligencias artificiales puedan superar nuesta propia complejidad y que pueda por ejemplo sentir lo que es la depresión o por el contrario, sentir placer.
Tampoco se trata de querer tirar por el lado del primitivismo al que apuntaba el Unabomber. Pero, es necesario reflexionar sobre las consecuencias que la tecnología tan avanzada puede traernos.
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