UNA CAMINO DE APRENDIZAJE PARA EL TRANSCURSO DEL 2026
TODO ES CÍCLICO EN ESTA VIDA
******
*
1- Si hay un símbolo que para mí es clave en el ritual que cierra un año que se va, y abre el nuevo comienzo, ese es Ouroboros [Úroboros o del griego «οὐροβóρος» = ὄφις (serpiente) οὐρά (cola) - βόρος (que come)], esa víbora [o dragón] que, en ese devenir cíclico, muerde su propia cola, simbolizando el repetitivo círculo que envuelve a la humanidad. Ese mismo círculo que se repite constantemente, que *marca la vida y la muerte de manera precisa, como afirmando que no existe ninguna forma de escapar.
2- Cada nuevo año representa una repetición de sucesos que nos han perseguido durante milenios. «Veo al futuro/repetir el pasado» cantaba la Bersuit, y no se equivocaba. Por eso decido hacer de Ouroboros el símbolo de este 2025 moribundo, y el símbolo vital del próximo año 2026 que ya está naciendo.
3- Es un recordatorio constante de que estamos programados para caer bajo la consecución de los mismos actos. No hay salida para la rutina humana de hacer siempre lo mismo, con la diferencia de que somos conscientes de que cada nuevo comienzo significa girar infinitamente con los mismos movimientos, tratando de llegar a algún lado.
4- Ouroboros [y esto es solo mi apreciación personal] nos enseña que no hay que olvidar de donde venimos [representado por la cola] y a donde vamos [representado por la cabeza]. Es una alegoría que nos invita a reflexionar sobre lo importante que es ese momento de evolución, a la hora de darnos cuenta que superamos a aquella antigua versión de nosotros mismos [por eso la cabeza se come a la cola].
5- De ahí viene la necesidad de la evolución, el viaje de la mejora contínua. Cada nuevo año es la representación de la evolución, es la ventana a una nueva posibilidad. Si bien Ouroboros no es un símbolo de esperanza, a pesar de que en la antigüedad [Roma y Grecia puntualmente] se lo utilizaba como un símbolo de protección. Ouroboros es más bien un símbolo «alquímico» de transmutación del ser, obligándonos a depurar lo malo que habita nuestro interior para dar paso a la luz.
6- Si algo he de señalar, es que Ouroboros no se detiene en ningún momento. Su continuo girar y girar, lo convierte en una transmutación constante, donde la mejora última siempre está por venir, aunque tengamos que seguir hasta el fin de los tiempos o hasta que seamos consumidos por la muerte.
7- En la coyuntura actual, la serpiente que se muerde a si misma, podría ser adoptada como un símbolo de resiliencia, teniendo como mensaje último lo posibilidad de que, ante cualquier caída, siempre está presente la oportunidad de levantarse. En una visión más familiar, el Ave Fénix es una representación también mitológica del eterno retorno, ya que siempre se está resurgiendo en esa circunferencia eterna de vida, rutina y muerte.
8- Rescatar la figura de Ouroboros no es casualidad, la misión es traer de regreso esa sabiduría espiritual antigua, que resguarda un conocimiento antiquísimo sobre los ritmos de la vida. Pero tampoco es que estamos ante una forma de conocimiento a la cual solo unos pocos elegidos pueden acceder, todo lo contrario, fuimos nosotros los que nos encargamos de sepultar esa visión con rutinas y dogmas religiosos, haciendo hoy que sólo parezca que algunos iluminados la conozcan.
9- Si nombré al Ave Fénix, tengo que hablar también de Jano, ese Dios romano bicéfalo, que mira para atrás y para adelante, simbolizando el pasado y el futuro, siempre en ese ciclo eterno. Podemos notar entonces que existen muchas miradas sobre éstas diferentes apreciaciones, que el hombre ha hecho para darle un sentido a la percepción del tiempo.
10- Por eso en esta fecha especial, cuando todos los relojes anuncien la media noche, la serpiente morderá su cola, para dar inicio al ritual constante de muerte y vida, de pasado y de presente. Nuevamente Ouroboros realizará con extrema paciencia, su trabajo.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario