Siempre el que pregunta, en la mayoría de los casos, obtiene sin lugar a dudas una respuesta, o dicho de otra manera: «el que busca siempre encuentra». Nada está tan velado al ojo humano como parece, ni siquiera los conocimientos que se dicen «ocultos» permanecen por siempre bajo esa categoría.
Todo está ahí servido para que el humano atentamente llegue a ellos mediante la revelación de la sabiduría. Es en ese estadio de plena curiosidad, donde el hombre puede acceder a esos aspectos que en primera instancia parecen ocultos.
La iluminación— que se da a través del conocimiento— llega cuando somos capaces de aplicar lo aprendido en las tareas de la vida, puesto que, si no somos capaces de poner a prueba lo aprendido en la cotidianeidad, significa que aún no estamos listos para esa misma iluminación.
Sin embargo, el conocimiento debe ser democratizado para que cualquier persona común pueda acceder a él, sin ningún tipo de intermediarios. Así, con un poder de conocimiento general, no existirá ninguna distinción entre el sabio y el común de los hombres.
Lo «oculto» generalmente es aquello que está a simple vista, pero permanece invisible ante los ojos ciegos de vanidad y egoísmo. Hablé una vez sobre lo que yo llamé «egoísmo de la sabiduría», es decir cuando aquellos que se dicen sabios se guardan todo para ellos, y no tratan de acercar los conocimientos al populacho, que está deseoso de una salvación.
El conocimiento está evidentemente creado para ser compartido, y si es necesario que aquella persona que va a a recibir esa enseñanza requiera de una preparación previa, deberá de dársela para así evitar que se procese de manera poco grata la experiencia del conocimiento.
Todo en cuanto sea experiencia o cualquier materia transformadora, debe ser debidamente enseñada a aquellas mentes que tengan la predisposición de escuchar. A los oídos sordos, más vale ignorarlos, pues solo retrasan el trabajo del sabio.
Del total de la humanidad que hoy camina con nosotros por la senda de esta modernidad, nos encontramos con un cincuenta por ciento que vive en la ignorancia porque así lo quiere, y hay otro cincuenta por ciento que quiere salir de ese estado, pero no sabe cómo, y de ese cincuenta por cierto que quiere despertar se desprende un diez por ciento que ya lo logró, mientras que el cuarenta por ciento restante, no lo ha conseguido y cae en las trampas de los falsos maestros [esto se debe a la desesperación que a veces causa el querer despertar].
En estos caminos del conocimiento, una de las pruebas más difíciles [pero fundamentales para el avance], es la de saber discernir entre un verdadero guía, de aquel que solo quiere nuestro dinero o nuestra energía.
Por eso, en el año 2025, cuando escribí «El Desarrollo Personal Esotérico», hice demasiado hincapié en los únicos guías que realmente valen la pena: los textos antiguos [y no tan antiguos]. Desde La Biblia, pasando por La Torá, llegando a los textos Herméticos, hasta desembocar en los libros de filosofía y hasta en aquellos que pueden ser de ficción o no ficción [porque no necesariamente tienen que ser libros místicos o «ocultos»], con esto podemos notar entonces, que todo suma para la creación real de la experimentación de la realidad —valga la redundancia.
En definitiva, lo que quiero decir es que uno puede salir de la ignorancia y elevar su estado de conciencia, buscando en los textos las palabras, las frases o la motivación perdida. Por eso es importante mencionar los libros de ficción, ya que por más que no toquen temas místicos o esotéricos, no significa que no podamos hallar en ellos grandes revelaciones.
Debe leerse entre líneas, que este discurso solo tiene el propósito de ensanchar el mundo con lecturas, porque la ignorancia voluntaria sólo lleva a un pueblo hacia la ruina.
Por eso empecé diciendo que hay que preguntar y obtendremos respuestas. Esas respuestas evidentemente no serán tan claras como pensamos, pues debemos usar nuestro intelecto para descifrar qué es lo que nos está queriendo decir el Universo, el Destino o Dios, con esto que me sucede o con tal persona que ahora ha entrado en nuestra vida. Si no podemos leer y entender un texto en su profundidad, porque deseamos permanecer en la completa miseria del no-saber, jamás podremos entonces separar un milagro de una señal, lo que terminará por dificultarnos más el camino.
El problema de la ignorancia no es sólo un mal que le pone trabas en el mundo netamente material, es también un problema del mundo metafísico-intelectual, que nos aleja lastimosamente de la verdad.
¿Qué es la verdad? No es más que una etiqueta para una idea que no puede ser refutada porque es un hecho comprobable en sí misma, por ejemplo: el fuego quema, el frío congela, esas son en definitiva verdades porque se pueden comprobar en si mismas: si yo toco el fuego me quemo, si me quedo mucho tiempo en el frío me congelo.
Ahora, en el campo de los saberes, es muy difícil comprobar si realmente existe una verdad absoluta. Si, en dicho caso existen verdades en definiciones filosóficas, por ejemplo: existe la definición de alma, la definición de mente, la definición de materia, la definición de Cosmos, pero no existe una definición sobre las ideas. Por ejemplo, no existe una filosofía que lleve de manera honrada el título de «verdadera», más bien existen—al igual que las religiones— diferentes miradas sobre la misma cosa, pero que cada alumno de las diferentes posturas tomará como verdad.
Yo no puedo decir que la filosofía de Aristóteles sea la verdadera filosofía, o que la filosofía de Schopenhauer sea la única que vale la pena ¿Entonces, como debo proceder? Bueno, evidentemente, cierta corriente filosófica será verdadera [para nosotros] dependiendo de cómo sea nuestra experiencia con ella, y si realmente logra responder a las preguntas más profundas. En caso de que no responda a esas preguntas, es importante que mantengas la calma, pues no pasa nada, debes seguir buscando, seguir leyendo, hasta dar con el movimiento que sea indicado para vos.
En las corrientes de pensamiento oculto también pasa lo mismo, porque todo es bueno, más no todo me es beneficio. Con esto quiero decir, que existen cosas que evidentemente no combinan con nuestra esencia o nuestra moral/ética, y no es del todo recomendable tomar por verdad algo que no compartimos y que puede llegar a afectarnos física, mental o espiritualmente. Conviene siempre estudiar aquello que está a nuestro alcance, esa es una observación muy poderosa.
De todas formas, el conocimiento no es nada si no se ejercita el pensamiento, y se consigue entonces, madurar el concepto del «pensamiento propio» que va de la mano del «pensamiento crítico».
Para practicar los dos tipos de pensamiento mencionados arriba, hace falta en primera instancia leer, empaparse de conocimiento, en segunda instancia, hay que digerir la información [esto puede llevar unos días], en tercera instancia, tenemos que analizar de maneras lógica y crítica lo leído o aprendido, y ya en una cuarta instancia, desarrollar, gracias a los pasos anteriores, una visión propia que funcione como complemento a lo leído y posteriormente analizado.
Una persona que logra los dos estados de pensamiento: el propio y el crítico, es alguien que ha logrado vencer por voluntad propia, a la ignorancia y que se resiste al hecho de repetir como loro, los viejos discursos ya establecidos.
Como conclusión a este capítulo tengo que decir que la modernidad, prefiere entonces, seguir repitiendo los mismos conceptos, sin la necesidad de cuestionarlos. Finalmente el que cuestiona, es quien, en definitiva, será libre.
Busca y encontrarás.







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