viernes, 20 de marzo de 2026

NEO NÔUS- CAPÍTULO 3

 


   Todos los seres que caminamos alrededor del planeta, tenemos una relación especial con el Universo. Este capítulo es una forma de retractar mi incredulidad, y dejar de pensar que a lo mejor para el Universo yo era completamente insignificante, y tal vez ahora, después de tantas búsquedas, quizás algo le importo. 

   Lo principal para afrontar el cambio es entender que no puedo ignorar algo que es infinitamente superior, y que en su magnanimidad ha desempeñado un papel importantísimo a la hora de mantener al hombre en el deseo de una mejora contínua.
  
   El Universo actúa siempre bajo la fuerza de la voluntad, es importante entonces entender que la probabilidad de que algo que deseamos se cumpla, va a depender de cuánta voluntad tengamos. Y aquí viene el punto fuerte, puesto que nunca tuve la suficiente fuerza de voluntad como para creer que realmente el Universo podía escucharme. Ignorante de mí, que me sentía completamente aislado de la divinidad, creyendo que si adoptaba una especie de nihilismo light, iba a lograr sobreponerme a los diferentes obstáculos que me pusiera la vida.
  
  Creí que ignorar el llamado que me invitaba a caminar hacia algo mucho más grande que mí existencia, me iba a hacer sentir superior ¡Que error tan grave señores! Debemos entender que es imprescindible volver al origen y que el ser humano tenga la posibilidad de volver a conectar con esa divinidad que mora en nosotros. Somos átomos en el mundo de Dios.



   ¿Dios? ¿Pero no soy acaso yo uno de los detractores de su persona? Si, pero me di cuenta que efectivamente la lucha no es contra Él, su inmenso poder no debe nunca ser subestimado. Mí problema son los que dicen ser fieles a Él, y ni siquiera pueden sostener el cumplimiento de ninguno de los puntos que rezan los diez mandamientos. 
 
   Cuando escucho a los sacerdotes o a los predicadores hablar en nombre de Dios, noto cuan falsos son sus argumentos, pues en nombre de Dios siembran el odio y la muerte; separan a los unos de los otros, como si los «unos» fueran mejores; no enfrentan a la política, se lucran de ella; causan el mal al igual que los demonios; dominan con el miedo. 

   La religión es una empresa que triunfa aplastando a sus fieles hasta que de ellos han drenado hasta el último centavo. La iglesia es una suerte de empresa explotadora, que mantiene a todos callados mientras manosea por debajo de las faldas a una quinceañera virgen.

   Pero el Universo es distinto. Dios y el Universo son Uno, este último no puede existir y permanecer sin la Voluntad de Dios, y en tanto Dios no podría morar en él si no existiera. Por lo tanto la voluntad de Dios es la voluntad del Universo, que luego descenderá hacia nosotros en forma de milagro o señal. 

   Quién dice que deposita su fe en el Universo la está depositando en Dios, independientemente de sus creencias. Es evidente que en la Alta Magia, en la Magia Talismánica, o en cualquier doctrina oculta, la imagen de Dios está presente, ya sea como Universo o como Dios, la esencia de las cosas no cambia el significado. Más allá de que la práctica pueda ser tachada de pagana, no deja de ser una forma de alabar a la Divinidad.



   Ahora, es evidente que la Voluntad del Universo es realmente positiva, pues al igual que Dios [y como son Uno], ese amor es pues la fuerza vital que desciende hacia nosotros. 
  
   ¡Pero, ay del hombre que con saña lastima más de lo que ama! Por eso me aferro al ideal del Universo, porque es la única opción que me queda para encontrar un aliento que me motive a hacer lo que realmente siento, y a tratar de amar, en la forma que me sea posible, a cada criatura que pisa la tierra o echa sus raíces en ella.

   No existe en esta galaxia o en otra, un sentimiento más grande que el amor. El Universo entonces gira bajo la conducción de ese sentimiento, que por razones que aún desconozco, no alcanza a llegar con suficiente fuerza a este planeta. Las guerras, la violencia, la falta de esperanza y las crisis económicas y sociales, pintan un panorama tan desalentador, que muchas personas optan por abandonar la vida. De ahí surge la siguiente pregunta ¿Esto va a cambiar en algún momento? El cambio [según mi parecer] es inminente, el problema es saber si estamos listos para poder afrontar dicho proceso de transformación.



   Todo cambio produce siempre una sensación de desequilibrio, es como una especie de vahído intenso, que descoloca al cuerpo y lo deja agotado, es preciso entonces prepararnos con antelación antes de que sea demasiado tarde. El cambio de consciencia será un hecho pero ¿Quiénes estarán dispuestos a soportarlo? No todas las mentes están capacitadas para un cambio tan radical. Es importante entonces adiestrar al cerebro y a nosotros mismos para así aguantar lo más que se pueda el impacto de la luz Universal.

  ¿Y cuándo será ese cambio? Al final nadie lo sabe, pero sería interesante irse preparando con antelación, no vaya a ser que el inicio de la nueva era de la humanidad, nos agarre desprevenidos.

   Cuando el Universo habla, no da fechas, él está por fuera de los relojes humanos y de la forma que tenemos nosotros de medir el tiempo. De allí que su interés por cumplir lo que la humanidad desea, no está sujeto a un reloj, y su voluntad se haga solo cuando él lo desee. De ahí que algunas cosas se hagan mucho tiempo después de que nosotros le hayamos implorado.

   Ante todo tenemos que tener algo claro, nada es imposible ante la Voluntad del Universo/Dios, solo que el milagro obra de acuerdo a los tiempos divinos, tiempos que nuestra mente no puede entender, pues escapan por completo de nuestra limitada interpretación humana.

    Para cerrar este capítulo, diré que lo importante es voltear siempre hacia ese lugar que nos ha engendrado y ahora nos cuida desde la distancia. Volver a origen no es más que una forma de aceptar que no nos podemos separar de nuestra relación Universo-Dios-Hombre [miren como se forma cierto trino especial]. Somos en nuestro interior chispa divina que debe ser cuidadosamente atendida, y para evitar que se extinga, debe estar guiada siempre bajo la Voluntad divina del Universo. Al fin y al cabo, somos sus hijos, porque venimos de esa fuente y hacia esa fuente iremos, cuando la materia que nos compone se degrade en un ataúd.
   




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