I
Entender a la antipolítica como una visión liberadora de las garras opresoras de un mundo completamente consumido por la corrupción y el desorden, nos puede iluminar el camino hacia un mejor vivir, alejados del caos político y sus «tejes y manejes» en contra del pueblo, que al fin y al cabo es el que siempre termina perjudicado en todo. Es el poder de los políticos un elemento punzante que rasga los enmarañados tejidos de la sociedad, a fin de cuentas el pobre o la clase media son siempre los que salen perdiendo en este jueo macabro, donde los grandes señores son siempre los campeones.
Para el político le es sumamente fácil hablar de economía y que debemos aguantar ante el aumento de precios y tarifas, cuando en una sesión se aumentan el sueldo de manera indiscriminada, llevándose unos jugosos siete millones al bolsillo, plata que ni yo ni vos vamos a ver en nuestras perras vidas. Nos toca ser el eslabón perjudicado a diario por estas gentes poderosas, tenemos que agachar la cabeza porque está prohibido morder la mano que nos da de comer, pero muchas veces este animal que habita en nosotros solo quiere ser libre de la responsabilidad impuesta por un ente patético como lo es la figura de un presidente o la de un diputado.
Somos nosotros, los que menos tenemos los que más damos, conformamos la lumpen de la lumpen, y aun así con nuestro aliento al borde del abismo, damos nuestras últimas monedas creyendo que todo eso será retribuido con buenas acciones por parte de la política, ese chiste si que hace gracia… Y luego nos culpan por ser inconformistas, por quejarnos a la hora de exigir un mínimo de justicia, por reclamar nuestra dignidad.
Pero somos conscientes que la salida es solo por medio de la unión de los nuestros y el destierro de aquellos que aplastan nuestras cabezas, y hacen festines con nuestra sangre. Hay que decir que el reclamo de la antipolítica es justo y necesario para el fortalecimiento de una sociedad más igualitaria, es una verdad contundente saber que nosotros, los oprimidos somos los únicos que tenemos la posibilidad de ser libres, pues los que están arriba caerán de su trono, como Lucier lo hizo de los cielos, y al estrellarse contra la realidad sabrán que la injusticia de la vida y sus asquerosos sinsabores es debido a sus inoperancias y malos tratos, al impedir el desarrollo normal y eficiente de un pueblo. LOS POLÍTICOS ATRASAN y lo digo en mayúsculas, son el sistema de un engranaje gastado en donde ya han quedado atascados en ideas y visiones solo beneficiosas para sí mismos.
Cuando finalmente la caída de los gobiernos sea un hecho factible, podremos demostrar entonces que no hay nada más poderoso que la unión social, demostrando la resistencia del pueblo, como un solo brazo fuerte alzado para noquear al oponente. La unión de pueblo es la más primigenia y única fuerza justa, los gobiernos fueron un invento para quitarle el poder a las sociedades, por aquellos tiempos libres, y así centralizar el poder en un solo séquito de supuestos superiores, al que en un momento fueron llamados señores feudales, también monarcas, reyes, o presidentes, diferentes nombres para el mismo parásito que son.
De todas formas la unión de una sociedad en nombre de la libertad, debe estar ausente de cualquier intento de toma del poder, pues a fin de cuentas se trata de eliminarlo para siempre, con el fin de llevar a cabo la utopía por la que muchos dejaron la vida. Esto está lejos de la unión sindical, pues son ellos otros esbirros del poder, quienes traicionaron sus valores iniciales por solo unas posiciones de privilegio.
Es la unión el eje central para la creación de nueva justicia, de una nueva visión que facilite el crecimiento de las sociedades y no perjudique a las mismas. Entiendo que esta lucha no es fácil, pero es la antipolítica el pie inicial para tomar el toro por las astas y salir a defender lo que es nuestro. Tampoco se trata de romper todo, sino en hacer la presión justa y necesaria para eliminar un sistema vetusto y encajar uno nuevo, acorde a las necesidades del pueblo, para que este sea escuchado de una vez por todas. Es sabido que no será para nada fácil, pues estos superiores están aferrados al cordón umbilical del sistema político, succionando el jugo fresco, que los mantiene siempre en buena forma, mientras se drogan con el opio de la insensibilidad, que los ciega o les incapacita ver que afuera la gente se muere de hambre.
Viendo aún más a fondo la situación no solo se trata de una guerra contra la «casta», porque generalmente cuando se habla de «casta», pareciera que solo se hace enfoque a un solo sector de la política, y ahí está el error más grande de todos, porque ser «casta» es también pertrechar en el tiempo el camino nefasto de la política sanguinaria y hambreadora, que vende datos manchados de relatos, que se corona con laureles por ser diferentes, pero termina votando a favor del aumento de su dieta, cuando anteriormente juró y perjuró que eso nunca iba a suceder. El actual oficialismo tiene en sus manos el poder de la «casta» que no duda en usar a su favor, porque por más resistencia que se le quiera hacer al poder, este termina aferrándose a esas personas, gangrenando sus cerebros. Por eso la «casta» no es uno, ni dos, ni tres son todos los que hacen negocios con los sueños de los pobres, los que solo se benefician a sí mismos, y los que mienten para engañar a la masa ignorante.
Un pueblo educado jamás será sometido, no es casualidad que educación sea lo que más hace falta, porque como dicen por ahí: con la democracia se miente, se roba y se lastima.
II
Si vamos a hablar de libertades para muchos el acto democrático de votar es la máxima expresión de libertad de los pueblos soberanos, pues se nos da la posibilidad de elegir a nuestros representantes, pero es la corrupción y la maldad, la que siempre termina resultando ganadora, pues en países como Argentina, la crisis sigue pese a los diferentes cambios de gobierno. Por lo tanto, desde la perspectiva liberadora de la antipolítica, se propone que el voto debe ser opcional, pues es una forma con la cual el ciudadano puede expresar su queja frente a aquellos candidatos, y las gestiones de ambos. El no votar es un derecho necesario para una democracia justa.
La antipolítica es el mejor escarmiento para los insensibles que están al mando del Estado, pues el sufragio, siendo un elemento clave en las seudo-democracias, pasaría a un total y completo último plano, porque el pueblo no tiene porqué seleccionar a sus futuros déspotas. La libertad de elegir entre este o aquél, radica en no elegir a ninguno en caso de que no esté de acuerdo ni con sus propuestas ni con sus acciones.
Aún así, esto no significa que se tiene que prohibir el voto, sino todo lo contrario, se trata de tener más opciones ya sea para llevarlo a cabo como no, pues no puedo votar por personas a las cuales les confío el destino de una nación, sabiendo que muchos de ellos solo ajustan sus discursos y acciones basados en el momento previo a la elección, porque no se trata de quién tiene las propuestas más interesantes o quien va a hacer mejor su trabajo, sino de quien es capaz de convencer a más adeptos a sus sectas venenosas.
Creer en la palabra de un político es síntoma de una falta grave de figura paterna y sobre todo de sentido crítico. No se trata de defender políticos, al fin al cabo son personas, sino que hay que debatir ideas, que es lo único que queda después de que pasamos a mejor vida. Por eso el voto no debe acompañar a las personas, sino las ideas que defienden, que son lo más importante. Es también importante reclamar aquello que no nos gusta y el voto nos da esa herramienta para hacer valer lo que elegimos en caso de que hayamos votado.
Para aclarar la mente de aquellos que aún hoy piensan que eso puede ser un completo caos, les digo que no es tan así, ya que si el o los candidatos desean ser elegidos tendrán que dar todo de sí para ganarse la confianza de la gente, tendrán que capacitarse en las materias, rendir exámenes y contar (en caso de que fuere elegido X o Y candidato), con un período de gracia de dos años, donde tendrá que probar que es el idóneo para el cargo asignado, sea presidente, diputado o senador. Durante sus cuatro años, que se dividirán en dos partes siendo dos de ellos ese periodo en dónde deberá trazar un plan y demostrar que es capaz de cumplir lo prometido, además de someterse a exámenes públicos. Ahora, una vez aprobado ese periodo «de prueba» de dos años, le quedan los otros dos para continuar su labor pero sin dejar de ser evaluado.
Si el político hace en esos cuatro años una gestión magnífica podrá volver a ser reelecto por una segunda y última vez, no así estará exento de estudios y análisis de su gestión. Ahora, si en esos dos años de gracia no cumple con las expectativas y demandas del pueblo, haciendo todo mal, automáticamente se dará de baja su candidatura (aún así vaya en los primeros seis meses de gestión o en el segundo año), y como castigo no podrá volver a postularse nunca más.
Para muchos esto puede sonar severo, pero les aseguro que así la vida social y política sería mucho mejor. El candidato cumplirá a rajatabla todas las demandas económicas y sociales que el pueblo le demandase, pues así la sociedad se garantiza que por lo menos, si optó por votar, este no fue en vano.
Las personas que no hayan participado de la votación, podrán reclamar aquellos aspectos que les parecen reprochables por parte de los poderes políticos. Aquí no se trata de dejar a nadie afuera, el votar no hace a las personas superiores, ni un candidato mejor que otro, a fin de cuentas es un ser humano que trata de administrar a favor (eso se supone) del pueblo.
El no votar, visto como un derecho vital de las democracias libres y un aspecto necesario a tomar en cuenta en el campo de la antipolítica, debe ser trasladado a cualquier acto electoral, sin importar las escalas de poder (debe ser completamente horizontal). Por ejemplo, debe funcionar de igual manera en una elección para un presidente de un club deportivo, en un ámbito educativo (escuelas, centros de estudiantes), asambleas vecinales (presidente del barrio y otros cargos), entidades públicas y municipales o sindicatos. En cualquier de los ámbitos mencionados, el estudiante, ciudadano o trabajador, puede abstenerse de votar o hacerlo sin presión alguna. Claro que esto tendrá algunas diferencias con las elecciones a nivel nacional, que explicaré en otra publicación posterior.
Quiero volver a enfatizar que no votar es también un derecho del pueblo, pues la obligatoriedad del mismo atenta contra lo que podríamos llamar: DEMOCRACIA.
III
Demás está decir, y como un punto interesante y que suma valor a este pequeño ensayo, es que la antipolítica se opone al adoctrinamiento, y fortalece la idea que las personas deben asumir la ideología o filosofía política (incluyendo a la antipolítica) de una manera libre y por su propia voluntad sin la necesidad de que terceros le hayan inculcado ideas o valores que no desee o no comparta.
Es por demás evidente que la antipolítica no es más que un camino a la libertad y la autonomía del ser, los únicos que serán objeto de evaluación o exámen serán los políticos, pues se trata de tener a lo mejor de lo mejor al frente. Por eso para que exista libertad no debe haber adoctrinamiento por parte de profesores en las escuelas por citar un ejemplo. Un niño es un ser indefenso ante un o una profesor/a que es capaz de meter ideas en sus cabezas.
Entonces aquí tenemos el eje central de la antipolítica, la emancipación de las secuelas que quedarán libre de cualquier tipo de carga ideológica y será una institución responsable en brindar educación de calidad.
Ya en otros niveles, las universidades y en algunas escuelas secundarias, se deberá eliminar por completo sistemas políticos como los centros de estudiantes, ya que las instituciones del saber no son bases en las cuáles militantes pueden pasar por ahí durante años, sin acceder a algo valioso como el poder instruirse.
Las escuelas y universidades no son búnkers políticos, por eso si así lo quieren deberán afiliarse a un partido político concreto, y el centro de estudiantes será eliminado. Son en cierta medida estos centros de estudiantes aparatos de presión que buscan atraer adeptos a su secta, quitándoles a muchos alumnos la posibilidad de tener una educación de calidad.
Repitan conmigo: LAS ESCUELAS Y LAS UNIVERSIDADES NO SON LUGARES PARA HACER POLÍTICA.
IV
Desde que la figura del ahora presidente Javier Milei se paseaba por los medios de comunicación nacionales, con sus discursos anti casta y su visión ultracapitalista en relación a las funciones públicas y de mercado, se empezó a gestar por otro lado, más que nada en el de la fastidiosa oposición, de que Milei propiciaba un terreno fecundo para el crecimiento de ideas antipolíticas que, según sus propias palabras, «ponen en riesgo a la democracia». Lastimosamente para estos periodistas, la antipolítica significa un desarraigo de las ideas tradicionales con las cuáles se viene manejando la política actualmente, y es en efecto, un corte en los privilegios de los serios conductores de noticias que veían en el gran miembro del Estado, una fuente inagotable de dinero a la que se sometían día tras día, siendo bendecidos con grandes eyaculaciones, que los mantenían siempre fieles, mamando y mamando hasta con la boca al acalambrada.
Aquí nos encontramos con una dura verdad y no somos capaz de ver como los serios canales de noticias apoyan a regímenes tan lamentables y a dictadores en piel de cordero, dando aires de revolución y jugando a un día ser oposición y al otro aliados de la causa más noble. El periodismo argentino, y no tengo ningún reparo al decirlo, desde el año 2020, aprovechando la explosión de la pandemia, se encargó de negociar con el miedo de la gente, y no tuvo pudor en cobrar jugosas sumas de dinero por hacer con los muertos por el Covid, un gran circo.
Mucha gente murió de miedo por culpa de una manipulación despiadada, defendiendo políticos y funcionarios de aquél gobierno absolutamente olvidable.
Por eso, en la sociedad antipolítica el miedo dejará de ser una herramienta para lavar cerebros bobos, de hecho serán responsables los medios de comunicación y deberán pagar el precio, por alimentar el miedo en la sociedad. Medios libres igual a mentes libres.
Ahora ya veo a los eruditos de las ciencias políticas afirmando que la antipolítica es un medio de censura y dictadura, pero no podrían estar más que equivocados. La antipolítica es la plena libertad y la vida pacífica, completamente por fuera de los círculos duros de adoctrinamiento y formadores de pensamiento. Es de alguna manera volver a componer la grieta, tratando de repararla, volviéndola a unir otra vez.
V
La utopía que la antipolítica debe tratar de perseguir como una meta inalcanzable, es la de la total y completa disolución de las barreras ideológicas más extremistas que no valoran el diálogo pacífico, y solo buscan la imposición de sus ideales. En pocas palabras, necesitamos más grises entre los blancos y los negros, para difuminarlos, dándole paso a una mayor pluralidad para generar mejores consensos. Nuevas ideas y visiones del mundo pueden aportar un valor agregado a lo ya establecido, fructificando las mejoras y reparando las fallas.
No es de extrañar que la política sea una ciencia extremadamente compleja, cuyas variables pueden tener impactos de buen grado en el estilo de vida humano ¿Cuál es la clave entonces? Visibilizar la antipolítica como herramienta positiva para la implementación de nuevas normas que regulen a los entes políticos y deje actuar en libertad al pueblo. La política debe dejar de ser un círculo de poderosos egoístas y ser un puñado de gente verdaderamente cualificada que esté al servicio de la sociedad. Para eso necesito como primera instancia desnudarse de toda grieta y fanatismo absurdo y ser más solidario para con la gente que lo único que quiere es recibir una respuesta a sus problemas.
Es evidente que intervenir un lugar tan oscuro como el Estadio sería desbaratar con negociados mafiosos, corrupción indiscriminada, narcotráfico entre otras cosas. Por eso el pueblo debe ser mantenido al tanto de todo lo que pasa en instituciones como la Casa Rosada. Esa transparencia será la clave entre el fondo del abismo o la luz salvadora.
Después por supuesto debe de haber un trabajo social para dejar a un lado el orgullo y empezar a visibilizar seres humanos en vez de ideologías. Son los fanatismos huecos, los responsables de la violencia y un gran culpable de que muchos ciudadanos tomen la vía de odiar a la política.
Es entonces que la antipolítica se antepone como una solución, utópica si se quiere, pero no imposible.
VI
Lo que es necesario destacar es que como ciudadanos tenemos el derecho absoluto de poder expresar aquellas cosas que nos gustan o no nos gustan de los partidos políticos, así sea el partido que nosotros militamos o votamos. Es indispensable hacerle saber a los representantes que están obrando mal en alguna cuestión, y se debe luchar para que nuestro llamado sea correspondido. Con esto quiero decir que la antipolítica es la manifestación de la queja y del desapego incluso, del sistema partidario del que formamos parte.
Nuestra misión como ciudadanos es vigilar que los empleados rebeldes que tenemos en los cargos de más alto poder político (intendencia, gobernador, presidente) respondan de una manera eficiente a la solución de nuestras demandas. En respuesta a la inutilidad de un sistema político la antipolítica surge como una medida necesaria.
Algunos afirman que la antipolítica es un invento poco útil, pues como sea el ser humano es un animal político, vivimos y hacemos política constantemente en la calle, las escuelas o en los trabajos, pero ¿No es acaso la política ciudadana, llevada a cabo por el hombre de a pie, mucho más eficiente que todo el poder de un Estado? Pues lo es y la historia puede comprobarlo al analizar los grandes avances y las ayuda que ha dado el pueblo organizado hacia aquellos que más sufren. Las luchas sociales pasan a ser políticas, son en esencia la verdadera política, porque es aquella que se hace para subsanar necesidades que todos podemos tener. El único problema de las políticas sociales hechas por el pueblo suele ser su fácil corruptibilidad por parte de la influencia perversa de sectores políticos que solo ven esclavos y ganancias.
El estado no tiene ni un pelo de tonto, pues sabe analizar muy bien su entorno, y puede penetrar en las masas decididas pero debiles, sin nigun problema. Eso trae como consecuencia rivalidades y fanatismos divididos en luchas que a los ojos de hoy, perdieron todo su sentido.
Tenemos que entender que para el Estado no somos más que un ser sin identidad, al gobierno le damos igual, somos números de documentos andantes que van por la vida creyendo que forman parte de algo más grande, pero siempre somos olvidados. Aunque siempre de formas mágicas el Estado se acuerda de nosotros cada vez que hay elecciones, porque de alguna manera quiere verse beneficiado por el voto popular, es allí donde usará sus estrategias de manipulación para robarte el voto, por eso éste debe ser opcional.
Por medio del voto «democrático» ellos pueden obtener beneficios dignos de tiranos ¿Qué pasó con las promesas de campaña y los planes de una mejor nación? He…bueno, digamos que eran mentiras piadosas. Pero no oses gritar a los cuatro vientos que te han estafado, pues solo serás tratado como un enemigo del poder político, serás perseguido y enjaulado. Así funcionan las relaciones de poder.
Tenemos que garantizar como parte fundamental de la antipolítica, el ejercicio legítimo de la libertad de expresión, es ella un derecho humano, y está por encima de cualquier derecho político. Curiosamente una de las estrategias de los dictadores como Nicolás Maduro es, no solo poseer una presencia estatal fuerte que persiga y castigue, sino a su vez ser dueños de los derechos humanos, algo que los golpistas militares hicieron en las dictaduras de la América Latina ¿En qué se diferencian entonces? La diferencia radica en el uso político del término dictadura, a la hora de hablar de gobiernos de facto militares se habla de atroces crímenes, persecución al que piensa diferente. Cuando fijamos el ojo en países tale como Cuba o Venezuela notamos como el lenguaje cambia y todos esos elementos tienen automáticamente otro significado, se lucha contra el imperialismo, contra el capitalismo, contra la opresión, y cualquiera que piense diferente a la idea dominante es un traidor a la patria y a la revolución. Es ahí cuando no importa la censura, ni las desapariciones, o el hambre, pues todo es un sacrificio necesario para la gran revolución de la Patria Grande Latinoamericana (revolución que murió con el Che y ya hoy quedó vieja).
Es en esos contextos de desequilibrio y tortura, donde es necesaria la antipolítica para restaurar la libertad, la verdad y la justicia. Todo ciudadano tiene el derecho de despegarse de cualquier aspecto político y nadie puede exigirle nada. Solo un tirano puede obligar a sus fieles a obedecerle como perros mansos.
La antipolítica es la cura contra las deformaciones tiránicas de los señores del poder, pero son estos países completamente vapuleados por el machaque continúo del adoctrinamiento político y del uso político de la miseria.
Allí un pobre ser humano no tiene el derecho de pedir una mejor vida, por eso, antes de hablar de la antipolítica se deben analizar los porqué de las elecciones de la gente. Lástima que a los estados les cuesta mucho hacer autocrítica. Para ellos el sueño de un país bien encaminado, va en conexión con su visión de un mundo paralelo.
VII
Imaginemos ahora las escalas del poder político en comparación con la sociedad. Ilustremos esto con dos pirámides, una de ellas tiene al pueblo en la base y en la punta se halla el poder político como una forma de mantener su poderío en esta democracia falsa, la segunda pirámide representa en la punta al pueblo y en la base a los políticos, esta última pirámide es la representación real de la democracia absoluta, tal cual como los griegos lo pensaron.
Por eso el pueblo es el arma ideal para la creación de la antipolítica, que ahora aflora como una verdad que gana adeptos día tras día. Por eso lo que tenemos que hacer es revertir el orden de la primera pirámide y ascender a ese nivel en el que nosotros somos los que verdaderamente mandamos.
Un pueblo libre es aquel que vela por sus derechos y pone el bienestar social en primer lugar antes que renunciar a sus derechos básicos. La libertad no se negocia.
VIII
En fin, debemos entender a la antipolítica como una medida legítima que el pueblo adopta cuando su descontento con aquello que llamamos política, termina decepcionando a las personas.
Termina siendo adoptada como una medida contestaría ante el avance inescrupuloso del desorden y el caos, propio de Estados ineficientes.
Durante mucho tiempo fuimos creciendo con la idea hueca de un «estado presente», que termina a la larga siendo perjudicial a nivel social, convirtiéndose en una fuente paternalista en donde no está en ningún lado a la vez, salvo beneficiando a los propios.
El dinero apartado de manera obligatoria por el contribuyente por medio de los impuestos, solo termina llenando los bolsillos oscuros de una política poco seria. Sus responsabilidades en materias como salud o educación quedan en una evidente no-existencia, cuando al golpearse el pecho adjudicándose la creación de nuevas escuelas o centros de salud, nos damos que si ineficiencia se hace notar cuando las aulas de estos nuevos centros educativos no tienen calefacción en invierno, ventilador en verano, cuando llueve se inundan porque entra agua por todos lados ¿Y qué decir de los hospitales? Que a duras penas tienen que lidiar con los techos que se llueven, la falta de insumos y aparatología. Podríamos afirmar entonces que el dinero es mal gastado con el fin de hacer ver que de alguna manera es bien empleado. (No entremos en el tema de los famosos «elefantes blancos», porque este apartado sería larguísimo).
Felizmente no tendríamos que tomar el camino más contestatario, de no ser porque tenemos una porción joven que pertenece a una generación que se vio defraudada por el poder político y sus representantes, y es por eso que la odia. Dicho de otra manera, se cansaron de que les mientan en la cara.
Ante todo, debe ser bien entendido este rechazo a la política, y no hacer de la antipolítica un enemigo a destruir, pues desilusiones con diferentes temas hemos tenido todos.
Es necesario hacerle saber a la política que nuestro disgusto es real y sincero, y que perdurará en el tiempo si las cosas no cambian.