Hablar de esperanza es hablar de la posibilidad de que la humanidad tenga una chance más de poder ser algo mejor de lo que siempre fue. Es el paso gigantesco a evolucionar más allá de los límites, y mejorar como raza, pero no es que ésta idea sea descabellada, ni que las esperanzas que en algún momento tuvimos estén perdidas, sino que ya las agotamos a todas.
De todas formas no todo está perdido, siempre se encuentra la luz sobre el manto de oscuridad, y puede que todas las personas alrededor del mundo unidas podamos llegar a ese ideal tan hermoso de ser una sociedad mejor. Todo en lo que se basó este escrito no es más que mi visión del individuo, la sociedad y del mundo moderno, que cada vez más es consumido por lo superficial, por lo material, pero también por la avaricia, los egos, la maldad. El mundo está enfermo, pero enfermo de nosotros, y como somos ya a esta altura una enfermedad incurable, necesita vomitarnos como a cadáveres malolientes. Es en conclusión, despegarse de nosotros, para que la Tierra vuelva a su estado de bonanza original.
De todas formas— y volviendo a contradecirme— no creo que todas las esperanzas están perdidas, no creo que todo ser humano sea malo y repugnante por naturaleza, aunque parece ser que son los únicos que triunfan, o sobresalen por encima de los buenos. Si alguien hoy me pregunta si hay esperanzas y si confío de que vamos a poder salir de ésta decadencia, yo solo me limitaré a decir que NO lo sé, quizás si, quizás NO, es algo que depende enteramente de nosotros, pero conociendo muy bien al ser humano moderno, puedo intuir que es demasiada responsabilidad puesta sobre sus hombros, y dudo que estará dispuesto a aceptarla.
Si bien esto no requiere de un trabajo individual ( y reconozco que soy demasiado individualista), sino de un trabajo colectivo, «la unión hace la fuerza» comentan por ahí, y creo que es verdad.
Como verás nada es cierto, nada es tampoco tan real como parece, solo se trata de limitarse a creer de que algo va a cambiar, de que se «podría» cambiar, que «tal vez» se lograría, pero no hay una palabra para definir con una seguridad del cien por ciento, si realmente se llevará a cabo un cambio radical que mejore todo esto, no lo sé, no lo sabes, y no lo sabemos.
Hablar de la esperanza, es como hablar de paz en tiempos de guerra, y más cuando la guerra apenas comienza. La creación de consciencia sobre el mundo, una visión de mejora, una ambición de ser superiores a lo que antes fuimos, debe ser mayor que la amargura que hoy tenemos. Y ante todo, el cambio debe darse en las pequeñas cosas, en olvidar las banderas, en olvidar las guerras por ideas, si al final de cuentas solo somos carne, huesos, y un poco de sangre fluyendo sobre éstos, mientras caminamos sobre un pedazo de tierra que flota en el espacio, lo cual nos hace ser hermanos y hermanas, y como tales sabemos que a veces podemos tener diferencias, pero éstas se dejan a un lado cuando gana el cariño sobre ellos.
Seamos pacientes, tengamos algo de esperanza, estamos preparados para lo mejor como también para lo peor y dejamos que el tiempo diga la verdad, porque no hay nadie más sabio, ni un juez tan inteligente como él en estos asuntos.
El pensamientos de los hombres mediocres y conformistas nos aportan detalles inútiles para ésta vida moderna, mientras que sus acciones se ven cada vez más relacionadas a la condena, utilizando sus manos para destruir la propia Tierra en la que han nacido. Desde que el ser humano vio su potencial para crear destrucción, la perversidad, y la violencia lo consumió, pero a partir de allí, ésta raza de mediocres, no son más que seres consumidos por la ambición de superioridad, y el hambre tan grande de poder.
Los hombres mediocres, los que son conformistas, siempre han tenido de enemigo, o por envidiado, a aquellos que son capaces de pensar por su propia cabeza, porque saben que no hay nada más peligroso que las ideas propias. De todas formas el hombre diferente por su capacidad de pensar, no se prenderá en estos juegos de miserables, porque reconoce que hay algo mejor más allá de los límites, y que pese a su pérdida fe en las personas, sabe que puede volver a recuperarla cuando las cosas comienzan a hacerse adecuadamente, aún así la fe en el humano se pierde tan rápido y tan fácil, pero su recuperación es tan difícil, y lenta, lo que hace que todo se vuelve complicado.
El perro que muerde una vez, vuelve a morder otra vez, y el humano no dejará de clavar sus dientes hasta que la última gota de sangre sea drenada del cuerpo enemigo, o amigo en el peor de los escenarios.
Si hay algo que nos caracteriza es que somos en el fondo animales, y a pasar del uso de nuestra razón, y lógica, muchas veces las ignoramos para darle cabida a los instintos más bajos, y depredadores, traicionando la confianza. No digo que haya perdido toda la fe en la humanidad, se que por allí, ocultas en la sombra de la marginalidad, viven personas buenas, sabias, que hacen el bien por sobre el mal. Pero temo que llegue el día en el que el mal se apodere de todo y el mundo sea un lugar peor de lo que es ahora ¡De todas formas, oh Dios, no se que pensar, y no quiero desperdiciar la vida en falsas esperanzas, o en ciega fe innecesaria! Pero nadie sabe qué pasará, nadie sabe qué será de nosotros. Puede que esto no suene muy alentador, pero no veo un futuro demasiado agradable y puede ser que me equivoque, pero a causa de todo lo que vivimos, y presenciamos a lo largo de la historia, todo puede ser que esté perdido, aunque aún nos queda jugar la última carta, y tenemos una sola oportunidad para hacerlo bien.
Hacer pasar la mentira por verdadera es un truco muy usado por las lenguas hábiles, para susurrarle los oídos más manipulables. Véase por ejemplo los poderosos discursos de cualquier político ¡Oh nótese con qué efusividad, con que fiereza e inteligencia hablan estos hombres y mujeres de prestigiosa (o dudosa) reputación! Si parece que nunca se equivocaran o se enredaran en sus palabras, y aún así hacen pasar muchas veces a la derrota como victoria, o a la mentira como verdad. Pero las víctimas de todo esto suele ser siempre la clase más pobre, la que se traga todo ese discurso pomposo, adornando de palabrería barata e inteligente a la vez.
Siendo un poco más inteligentes podemos darnos cuenta, con solo mirar un poco dentro de nuestras pantallas, que la mentira es la forma más eficaz de disfrazar la realidad (derrota es igual a victoria), porque a fin de cuentas es eso, la mentira es decirle a la gente lo que verdaderamente quiere oír; un político jamás admitirá que es corrupto; un policía jamás admitirá que mató por matar; un empresario jamás admitirá sus trampas, y la verdad es todo lo contrario, es decir lo que nadie quiere escuchar, es no darle con el gusto a nadie, es por ello que la verdad duele tanto, porque nadie está preparado para escucharla, y cuando comienzas a gritarla, eso molesta, y no hay nada más molesto que el poder cuando es mandado al frente.
Todos sabemos que en éstas situaciones nada más importa que la verdad, y esa puede ser nuestra última carta para un cambio real. La mentira ya no va más, la vida requiere de hombres y mujeres que sean sinceros, que amen sus ideas, que no se dejen manipular, y por sobre todas las cosas que sean poseedores de una propia mente, de un propio pensamiento. Esos pues son los hombres y las mujeres del futuro, personas que saben diferenciar la mentira de la verdad, y que hablan por supuesto con la verdad, con palabras sabias para el común progreso del mundo.