HISTORIAS PARA NO PODER DORMIR
DOS RELATOS DE TERROR PARA MENTES INQUIETAS
Voy a comenzar a compartirles mi corta historia y qué mejor manera de hacerlo que por el principio. Igual tranquilos, no crean que esto tiene un final feliz, o es un cuento de hadas, al contrario, esta historia es desagradable, nauseabunda, como un cadáver. Quiero que guarden esa palabra, es muy importante para la narración.
Bien, ya sin más puedo empezar diciendo que mí familia no era lo más normal porque ¿Qué puede salir de un padre alcohólico y una madre que trabajaba de puta? Pues, tres hijas. Nosotras éramos tres hermanas: la mayor fue siempre la inteligente, y por eso siempre la odié, estudió hasta recibirse de abogada, la más chica, poco me importa, se convirtió en maestra, y yo, la imperfecta, la rebelde, o como me decían «la del medio» estudié, obvio que estudié, no quería ser una puta como mí madre.
Cómo bien dije, estudié duro hasta que conseguí mí título de doctora, debo decir que la medicina siempre fue mí pasión. Bueno en realidad no ¡No me interesaba en lo absoluto! Salvo todo aquello relacionado a la sangre y los muertos. Principalmente los muertos.
Cuando obtuve mí matrícula inicié mí labor en una morgue, no saben cuánto amé ese trabajo. Era un éxtasis mayor a un orgasmo acariciar esos cuerpos fríos, tiesos, que inmovilizados se dejaban tocar sin hacer ningún ruido. Recuerdo muy bien como me excitaba ese aroma a cadáver. Si, lo sé, pensarán: «¡Está loca!» Pero eso es porque no entienden.
Por ese tiempo conseguí mí primer novio, un muchachito tímido, muy lindo pero algo corto de cerebro, y no sabía bien cómo moverse en la cama, o mejor dicho se movía mucho, por eso prefería los cadáveres. Ellos no hacían ruido, no hablaban, solo permanecían ahí quietitos mientras yo disfrutaba.
Pero un día todo se fue al carajo, me descubrieron una noche tocándome frente al cuerpo de un anciano recién fallecido. El guardia me sacó de allí, y no tuvo mejor idea que llamar a la policía. Entonces comenzó la terapia, las pericias y determinaron en un informe mí locura. Por orden del juez me encerraron en una habitación con un compañero de celda que era un amor, demasiado tranquilo, y cuando los guardias se marchaban, sabía hacerse el muertito.
Y esa es mí historia. Por favor no digan mí nombre, solo llámenme como me decían mis padres: «la del medio». He borrado todo rastro de mí vida anterior, solo soy la hermana mediana, la loca, la repugnante.
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Dos años después
A pesar de estar muerta tengo el deseo de ser tocada por las manos delicadas de un forense, que recorra mí cuerpo y me haga llegar al orgasmo. Deseo ver mí cadáver siendo vilmente desollado mientras me hacen el amor, esa fantasía me hace sentir viva, porque aún pudriéndome no dejo de verme sexy ¿Quién se resistiría a tocarme? ¿A caso nadie quiere poseer este cuerpo? Estoy entregada a todas las ofertas. A veces confundo la necesidad con el deseo, pero como no estarlo cuando esos hombres se acercan a mirarme, siento entonces brotar un líquido espeso de mí vagina, y solo espero entregarme al amor.
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HISTORIA N° 2
LA PUERTA
(PRINCIPE OLDMOON)
Halloween es una festividad divertida, te disfrazas de cosas que te asusten y luego sales a pedir a dulces y arrojar huevos. Yo como un chico criado en el campo fuera de la ciudad jamás había escuchado acerca de Halloween hasta que me mudé a la ciudad por estudios. Aprendí que el 31 de octubre es el día de Halloween, me sorprendió que ese mismo día, en mi pueblo, se llevaba otra celebridad que a pesar de llevar otro nombre, también trataba acerca de cosas relacionadas con los espíritus del más allá. No digo el nombre de esta festividad por respeto a mi cultura ya que desde que somos chicos se nos advierte que nadie fuera del círculo debe saberlo, además de que el mismo nombre de la festividad es la frase que inicia la senda. Los ancianos nos preparan desde el 25 de octubre. Nos cuentan una historia de como espíritus malvados querían despojarnos y maldecir nuestras tierras para morir de hambre. Por ende del 25 al 29 de octubre los ancianos se encargarían de llevar a cabo raros rituales de protección. Mientras el resto de padres y madres se encargaban de cosechar el gran campo durante esos mismos días. Llegando el día 30 los padres y Madres de familia colocarían velas en las ventanas las cuáles llevaban a un altar en la cosecha que indicaría el camino para los espíritus buenos perdidos.
Los ancianos hacían equipos con los niños bendecidos. Y cada equipo tenía sus labores. Yo siempre estaba en el equipo de "la puerta", un ritual que se hacía en un lado de la cosecha que no ha sido cosechada, la cual era tan alta que estos seres podían esconderse en ella, este grupo de la puerta era liderado por un anciano experimentado en los espíritus negativos. Nosotros éramos encerrados en un enorme círculo de plantas benditas bañadas en alcohol. 10 minutos antes de que cayera el 31 de octubre. El anciano, en medio de el circulo de plantas era rodeado de un disperso grupos de niños dentro de los cuales estaba yo. El anciano gritaría el nombre de esta tradición y era el indicado para que nosotros empezáramos a bailar. Nuestra labor era muy importante ya que el baile y las máscaras de calabaza atraían a los malos espíritus, separándolos de los espíritus buenos los cuales se dirigían a el altar en medio de la cosecha. Los ancianos reiteraron que jamás dejáramos de mirar hacia el frente, ya que de mirar hacia al centro del círculo, el círculo pensaría que somos parte de los malos espíritus gracias a esta misma máscara de calabaza que nos servía de camuflaje ante malévolos entes. Los malévolos entes harían de todo con la intención de hacernos voltear, nos tocarían la espalda, hombros y piernas. Pero no importa que pase jamás debías dejar de voltear y tampoco quitarte la máscara, pues de quitártela, todo el esfuerzo de los demás se destruiría, pues los entes descubrirían nuestra trampa. Mientras bailábamos el anciano nos daría indicaciones de qué hacer. Mientras decía frases en un idioma antiguo. Y parecía que había jadeos de dolor y cansancio. Cuando el anciano paraba de sufrir. Las plantas mágicamente se prendieron en fuego. El fuego quemaba a todos los entes negativos que estaban al rededor de nosotros. Y nosotros al mirar al frente, podíamos llegar a verlos tenuemente en el fuego. Nos sentíamos orgullosos porque según la tradición, de aparecer una sustancia viscosa rosada, rojiza o marrón en medio del círculo habíamos hecho un excelente trabajo distrayendo a los malos espíritus. Y nuestra recompensa sería un inimaginable puñado de dulces... Fueron puñados de dulces que me dan asco y coraje recordar. Cuando hablé de mi tradición con mis amigos de la ciudad, fuera de sorprenderse de mostraron preocupados, mirándose incómodamente unos a otros. No fue hasta que Ben preguntó por la vestimenta que usaba el grupo de la puerta que mi amiga Margy comenzó a llorar y querer abrazarme. Pues Margy al igual que yo, fuimos víctimas de abuso sexual infantil, a cambio de dulces. Me pregunto si yo fui demasiado tonto por no verle lo malo a no tener vestimenta en absoluto mientras un viejo jadeaba detrás de nosotros mientras bailábamos desnudos con la condición de no quitarnos la máscara y nunca voltearnos atrás, mientras aquel enfermo hombre nos decía que hacer para repeler los espíritus. La mancha viscosa no era más que una evidencia de su decadente salud testicular. Era más que obvio que aquello que tocaba a las niñas dentro de los círculos no eran los malos espíritus. Nuevamente, no hay nada más aterrador que el ser humano.
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FELIZ HALLOWEEN QUERIDOS COFRADES
BUENAS NOCHES Y QUE DESCANSEN...BIEN