martes, 23 de junio de 2026

HISTORIAS DE MI BARRIO (4)

 DON OROZCO 

Por...MARK
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ACTO PRIMERO

  Como ya han visto, en mi barrio hay todo tipo de personajes, y como es un clásico en todo el mundo, nunca puede faltar el típico viejo borrachín, que con el tiempo se vuelve un protagonista más de las calles. Este es el caso de don Martín Segundo Orozco, un anciano de unos setenta y pico de años, que vivía en las calles, dormía en la plaza, y subsistía a base de pequeños trabajitos que hacía para poder seguir alimentando su adicción. Era en definitiva un alcohólico empedernido. Juro que nunca había visto en mi vida a alguien tomar whisky de la forma en la que él lo hacía. 

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ACTO SEGUNDO 

 Don Orozco [como generalmente se lo conocía], no era para nada el estereotipo de borracho agresivo o que le gusta, después de un par de botellas, empezar a buscar pleitos porque sí. Al contrario, Orozco era tranquilo, evitaba siempre el conflicto. Cuando ya estaba pasado de alcohol, él solito se iba a buscar refugio, para descansar y que el efecto de las bebidas se pasara sin que nadie lo molestara. Para las mujeres siempre tenía un buen piropo [siempre muy educado] y para los hombres bien vestidos se le escapaba algún cumplido. Orozco era en definitiva un caballero ahogado en un alma alcohólica.


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ACTO TERCERO

  Así como la luna tiene su cara luminosa y su costado oscuro, Orozco padecía de lo mismo. Todos sabemos que quién entra en las adicciones lo hacen por dos razones: 1)- porque probaron y les gustó o 2)- porque quieren olvidar algo que sucedió en su pasado. Y en el caso de este borracho, la segunda opción es la correcta. Algunos decían que Orozco había sido un tipo de mucho dinero, pero que por unos tratos con la gente equivocada, perdió todo, incluido a su familia. Esa era la versión más extendida. Por otro lado, los más conspiranóicos, decían que en realidad don Orozco, había matado a su familia y para borrar ese recuerdo, se emborrachaba todos los días a cualquier hora. Eso evidentemente quedó desmentido, porque su ex mujer vive aún y sus hijos hoy ya son todos unos hombres, el más grande vive en los Estados Unidos, el del medio maneja unas pequeñas empresas textiles, y el más chico es ingeniero en el rubro de la construcción. Todos hicieron grandes cosas menos él.

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ACTO CUARTO
 
   Un día, cuando iba de camino al almacén, me crucé con la señora Jacinta, viuda de Torres, y vecina por más de veinte años de Martín Segundo Orozco. Le pregunté cómo era la historia de aquel singular personaje, porque se decían tantas cosas que ya no sabía que era real y que era parte del mito. Entonces la viuda me dijo que el borracho, no alcanzó a cumplir los dieciocho años que yo la habían llevado directamente a combatir a Malvinas. Estuvo una o dos semanas, vio cosas que para nada son agradables y automáticamente pidió la baja, se la negaron y tuvo que quedarse un mes más, finalmente tuvieron compasión y lo dejaron volver a su casa. Efectivamente las horrorosas visiones de aquel conflicto lo perseguían. Tuvo un buen trabajo, una linda esposa y tres hijos adorables. Pero los recuerdos de la guerra lo acorralaban. Se metió en el alcohol para tratar de evitar recordar. Casi sin darse cuenta terminó como su padre, solo, en medio de la calle y con la única compañía de una botella diferente todos los días.


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ACTO QUINTO

Entonces ahí me cerró todo y a partir de ese momento empecé a ver a don Orozco, ya no como el borracho del barrio, sino como un héroe atormentado. Fue un chico que tuvo que ser adulto a la fuerza, vio y vivió cosas que ningún otro adolescente de este país jamás va a presenciar. Ahora entiendo las noches en vela con la sola compañía de esas botellas que hacían una orgía de placer adictivo. Tenía un pasado que no todos están dispuestos a cargar, pero él lo hizo como pudo.

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ACTO SEXTO

A veces intento ayudarlo como puedo, pero no se deja. Es un tipo duro que quiere hacer las cosas a su manera y yo lo dejo ser. Que más puedo hacer ante un héroe de la patria.


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CONTINÚA EN EL 
SIGUIENTE CAPÍTULO...









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